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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Juan Goytisolo, Cervantes



Una maravilla que el extraordinario narrador y ensayista Juan Goytisolo haya conseguido, por fin, el Premio Cervantes, aunque él se sienta un apátrida, defensor de la inmigración, los valores de la cultura islámica, la sensualidad arábiga frente a lo cutre y monacal de la cristiandad vieja, la vida en su estado primigenio, alejada de la asepsia moderna, que nos convierte en monstruos nucleares, guerreros atómicos; porque siempre ha ido contracorriente. Y la suya es una prosa libre y cosmopolita, abierta a todas las voces y lenguas.

Goytisolo es uno de los pocos escritores españoles que habla árabe. “Aprendí el árabe dialectal escuchando a los narradores que cada noche se dan cita en la plaza de Xemáa-el-Fná”, me dijo en aquel encuentro con él en el Café de France de Marrakesh. Y también me confesó que la provincia de León era una de las pocas que no conocía de España.


Deudor de la literatura oral, de ahí su devoción por los cuentistas de esta fascinante plaza marrakchí, su narrativa, digamos prosódica, está concebida para ser recitada más que para ser leída. En otras épocas, sobre todo en el Medievo, los autores escribían para ser recitados –asegura–. Incluso en ‘La Celestina’ o en ‘El Lazarillo’, hay una prosodia extraordinaria, que reaparece en el siglo XX con escritores de la talla de Céline o Joyce. Su reivindicación de este tipo de literatura, y por consiguiente la declaración de la Jemáa-el-Fná -un inmenso libro abierto, como ‘Las mil y una noches’, al amor/calor de las lámparas de gas y el sonido hipnótico de músicas bereberes- como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, hacen de este escritor uno de los más interesantes de nuestro panorama literario.
Descubrí su figura y su obra durante mi estancia en Almería, a finales de los 90, leyendo entre otros sus ‘Campos de Níjar’ y ‘La Chanca’, lo que me permitió asimismo cruzar el estrecho, en busca de ese mundo, tan diferente al nuestro y a la vez tan familiar, que tanto ha marcado nuestra cultura y nuestra lengua, y por ende nuestro pensamiento. Conviene recordar que nuestro idioma cuenta con unos 4.000 vocablos de origen árabe.


Tánger, donde escribiera su ‘Reivindicación del Conde Don Julián’, fue su siguiente destino y punto de encuentro de escritores de la Generación Beat. Su condición de exiliado lo ha convertido no sólo en un gran escritor sino en un viajero en constante búsqueda de valores esenciales, tanto en los países donde ha vivido como los que ha visitado, que son varios. Por eso el autor de ‘Makbara’ se merece no sólo el Cervantes sino muchas más glorias.




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