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jueves, 1 de noviembre de 2012

Diario de 1999: Impresiones y genuflexiones


Volveré a México habiendo leído la obra completa de Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Mariano Azuela.

Pedro Páramo es una delicia literaria, un chile chipotle regenerador. El laberinto de la Soledad es un hachazo magnífico a la Chingada. Cambio de Piel, La región  más transparente y La Muerte de Artemio Cruz son algunas de las grandes obras de Fuentes. 

Volveré a México y me convertiré en una calavera de descojone y colegueo, adentrándome en el barrio  de la Merced, que huele a papaya fresca y nutritiva... 

México lindo, qué jodido sería estar inválido, mutilado,  ciego, como lo fuera Borges en sus últimos años. 

Borges en El Inmortal se muestra fantasioso, como flotando en el país de los trogloditas, que devoran serpientes, y luego se  arrastran por el Túnel de Sábato. 

Pobre César Vallejo, debe estar aterido en la tumba en Montparnasse. Yo también nací un día que Dios estuvo enfermo, grave. 

Nietzsche le metió una puñalada (a diosito) en el corazón, y éste se transformó en un vampiro con apariencia de Conde Drácula.

Huxley y la mescalina me sonríen desde el Colorado. Jim Morrison no quiso aceptar la fama y se suicidó en París. Père-Lachaise sigue siendo la casa de los muertos gloriosos. Montparnasse es el cementerio de mis padres literarios. 

Me gustaría ser un dandy como Oscar Wilde y Baudelaire. Me gustaría ser un rentista para poder recorrer el mundo. Me apasiona el fantasma de Wilde y su Crítico Artista.  
Me gustaría viajar como Simone de Beauvoir y el propio Sartre: hoy desayuno en París y almuerzo en Venecia. Mañana ceno en Roma y al día siguiente desayuno en Londres. 

Umbral es el Miller español. Quizá haya muchos que no estén de acuerdo conmigo. Henry Miller ha influido decisivamente en Umbral y eso se nota en sus Ninfas, en sus memorias prematuras, en sus memorias eróticas, en su obra en general, lo cual es muy saludable.

Umbral sabe apropiarse de lo potente y nos lo muestra con decisión y entrega.  Por su parte, Manuel Vicent es muy viajado. Se ve que conoce el Barrio Rojo de Ámsterdam, y que se ha movido por sus garitos nocturnos. En la literatura de Vicent se nota  ese saber meterse en el fondo de las cosas. 

La balada de Caín es un divertido viaje a través del paraíso terrestre. Caín es un músico de jazz en un antro de Nueva York. Un libro éste que me recuerda la mejor literatura picaresca de Quevedo, pasando por Mateo Alemán, Vélez de Guevara y López de Úbeda,  sin olvidar La vida y hechos de Estebanillo González.  

Hay que recorrer las calles, los bares, los antros... para sentir el mundo y las palabras escritas, es necesario acostarse con las palabras y seguir conservando una temperatura onírica, la temperatura  adecuada para poder decir algo interesante. 

Juan Manuel de Prada es un joven escritor (lo era) que dice escribir bajo temperatura onírica. Me levanto aún con legañas en los ojos, enfundado en pijama, y comienzo a escribir en hojas usadas por una cara. Esto es más o menos lo que dice/decía el tal de Prada. 

A Juan Manuel de Prada  no lo conozco lo suficiente para valorarlo. Me gustaron algunas páginas que leyera de su libro Coños, donde cita a Miller. 

Henry Miller, por su lado, escribía en estado de trance y sueño, alucinando maravillas y atrocidades conmovedoras. 

Esta obra, Coños, toma su inspiración de Senos, del gran Ramón Gómez de la Serna. 

A decir verdad, Automoribundia, las memorias de Gómez de la "Sorna", es una gran obra de arte. 

Sánchez Ferlosio, Ramón Irigoyen, José Luis Moreno-Ruiz (no confundir con el capullo de los muñecos) son algunos de los escritores a los que aún les queda bilis en la pluma y sexo en el sistema límbico. 

Industrias y andanzas de Alfanhui es un hermoso y pícaro cuento. 

El Humor de los Amores es un interesante y humorístico conjunto de relatos. 

Ángeles  en mis cojones es una frase  que José Luis Moreno-Ruiz tomaría prestada de Francesc Pujols para el título de su librito. “Los ángeles son una cosa de la que nosotros, los hombres, tenemos los cojones llenos”, escribía Pujols. 

José Luis Moreno-Ruiz presentaba, en los ochenta del pasado siglo, un excitante programa en Radio 3: Rosa de sanatorio, así se llamaba el programa. 

Luego Moreno-Ruiz trabajaría como redactor en la revista Interviú. 

El Cela de Cristo versus Arizona y el Manhattan Transfer de Dos Passos son auténticas inyecciones de adrenalina y buen hacer literario.

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