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lunes, 16 de mayo de 2011

El gran dictador

"Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes, no habría podido rodar la película; no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis" (Chaplin).

El genio Chaplin, que nunca tuvo intenciones de filmar una película verdaderamente sonora, se atreve con El gran dictador, su primer largometraje hablado y una de sus obras maestras. Una cinta demoledora en la que el director nos da su particular visión del nacionalsocialismo -en concreto de Hitler aunque también aparece parodiado Mussolini-, y de los horrores de la guerra.  Tras su apariencia de burla y ridiculización, se trata de una crítica feroz a los fascismos y sistemas totalitarios. No obstante, Chaplin se encarga, al final y para quitarnos el sabor amargo, de lanzarnos un claro e intenso mensaje democrático de esperanza, paz y libertad.
El rodaje de esta peli coincide, curiosamente, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, y se estrenó en Nueva York en 1940. A título anecdótico, cabe decir que en España estuvo censurada hasta la muerte de Franco. Y por supuesto estuvo prohibida su exhibición en Alemania y en Italia durante muchos años.
Aunque Chaplin tuvo muchos problemas -presionado por unos y otros, incluso por los medios de comunicación-, logró realizarla con gran éxito y enorme rentabilidad económica. Lamentablemente, y a pesar de que la peli contó con cinco nominaciones a los premios Óscar, al final no llevó ninguno. Así funciona la industria del cine, que no deja de ser una poderosa arma propagandística, ideológica, de comunicación de masas.
Chaplin fue, además, acusado y perseguido por ser considerado antiamericano, y tuvo que abandonar los Estados Unidos: país en el que residía en esa época.
Una vez más, este cómico universal y todoterreno del cine se encarga del guión, la dirección y la producción de esta película, en la que interpreta magistralmente un doble papel, como Hynkel, el espantoso dictador de Tomania y como inocente barbero judío. Ambos de asombroso parecido físico, lo que da un gran juego dramático. A uno lo confunden con el otro y al otro con el uno. De hecho, la estructura dramática de esta película insiste en esta sistemática oposición entre dos personajes unidos por un idéntico bigote.
El gran dictador es una síntesis cómica, dramática y aun trágica en la que se nos muestra lo grotesco y a la vez siniestro que puede llegar a ser un tipo que se cree un superhombre y piensa que sólo tienen valor su opinión y su palabra. No en vano, Chaplin, que nació el mismo año que Hitler, se pasó dos años de su vida estudiando el personaje que acabaría inspirando el protagonista de esta historia.


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