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domingo, 29 de agosto de 2021

Encontro de poetas en Quiroga

 Un año más nos damos cita en Quiroga para recitar, leer... en la casa de la cultura de esta localidad gallega, que forma parte de la llamada Ribeira Sacra, lo que es siempre motivo de alegría. Y con este ya son varios los años que he podido asistir, incluso como mantenedor (bueno, ese año precisamente no pude asistir, lástima, aunque sí mandé texto para que allí se leyera).

Raquel Villanueva y Emilio Vega
Y se lo envié, por supuesto, al organizador del acto, el poeta berciano Emilio Vega, que ya lleva algún tiempo como responsable de tal evento cultural. 

A Emilio Vega lo conozco desde hace años, incluso he tenido la ocasión de entrevistarlo para la fragua literaria leonesa y hasta un prólogo le hice para uno de sus poemarios. Con lo cual hemos mantenido contacto y amistad a través del tiempo. https://www.ileon.com/cultura/036895/emilio-vega-mis-paisajes-interiores-apuntan-a-los-valores-inherentes-a-los-seres-humanos 

https://cuenya.blogspot.com/2016/07/emilio-vega-poeta-del-amor.html

Este año la mantenedora fue la narradora Raquel Villanueva, a quien le doy mi enhorabuena. Y a quien también he podido entrevistar y hacer el prólogo de uno de sus libros. A Raquel la conozco desde hace tiempo y nos une una buena y saludable amistad. https://www.ileon.com/cultura/043729/raquel-villanueva-lo-que-somos-esta-en-lo-que-escribimos-en-lo-que-contamos-y-en-las-personas-que-amamos 

Dúo Yotón

En efecto, Raquel, la belleza será comestible o no será. Como nos dijera el genio paranoico Dalí en respuesta al surrealista Breton, para quien la belleza será convulsiva o no será. Siempre en busca de la belleza, esa que engendra verdad y bondad, como me gusta decir, y como dijera a propósito del poema inédito que le dedicara allí mismo y le dedico a Lidia como tejedora de sueños y palabras. 

Siempre es una alegría, decía, reunirse en torno al fuego sagrado de las palabras, que dicen y piensan, porque el lenguaje es pensamiento. No me canso de decirlo.

Javier R. Sotuela

Y tal cual escribe uno, así deja plasmado su pensamiento, su forma de entender la vida o mismamente de entenderse a sí mismo. La palabra también se emplea con fines curativos, como hace el psicoanálisis, que es un modo de darse cuenta de lo que a uno le ocurre, y para ello el primer paso es la verbalización de lo que está sucediendo. Si bien las palabras también pueden herir en lo más profundo del alma. El lenguaje es una herramienta poderosa. Y la palabra poética dice más de lo que a priori parece. Por eso es poética, además de que pueda resultarnos bella, emocionante. 
Edith y Noe


Me gustó volver a ver a poetas conocidas como Noe Estévez Rionegro (galega de A Rúa, que a uno se le antoja berciana) y Edith Fernández: https://www.ileon.com/cultura/111477/edith-fernandez-la-musica-es-poesia-y-la-poesia-tiene-musica O bien al narrador y poeta Antonio Esteban: https://www.ileon.com/cultura/055927/antonio-esteban-gonzalez-por-que-no-se-promociona-mas-la-literatura y el cantautor Javier R. Sotuela: https://cuenya.blogspot.com/2016/01/javier-rodriguez-sotuela.html, que en otros tiempos fuera conocido como el cura rojo en la localidad de Matarrosa del Sil. Él fue quien bautizó al humorista Leo Harlem.

Elisa Vázquez

Un hombre comprometido con las nobles causas, que figura en más de una ocasión en mi más reciente libro Desde las entrañas, del que por cierto leí ayer mismo en Quiroga la cuarentena. 

Un placer compartir escenario con Manuel Blanco (otro veterano de Quiroga), y los debutantes en esa localidad lucense como los amigos Ruy Vega, María de Miguel y Elisa Vázquez. 

http://cuenya.blogspot.com/2017/05/la-fragua-literaria-leonesa-ruy-vega.html 

Ruy Vega

https://cuenya.blogspot.com/2019/05/maria-de-miguel-luz-y-sonrisa.html

https://www.ileon.com/cultura/044882/elisa-vazquez-a-pesar-de-que-en-el-lenguaje-sigue-habiendo-una-gran-dosis-de-sexismo-en-mis-libros-no

Sil olvidarme de Gregorio Esteban Lobato, con quien llegué a compartir otrora trabajo en la ex Escuela de cine de Ponferrada y Chelmick, P.J., que es un habitual del Ágora leonesa, con su verbo siempre arriesgado y transgresor. 

María de Miguel

Y mis felicitaciones para el dúo Yotón (Toni y Yoan), que amenizó con su música el encuentro poético. 

Un placer compartir con todos ellos, con todas ellas, además de otros y otras poetas de Galicia este Encontro y posteriormente una velada con cena incluida, que se me hizo en excelso cortita. 

La próxima vez, eso deseo, a ver si nos quedamos hasta el amanecer charlando.  

*En calidad de fotógrafo, si tal puede decirse, ni siquiera aparezco en la foto de grupo. 

domingo, 22 de agosto de 2021

La bahía de Santander

 Dejo Oviedo con nostalgia. No en vano pasé algunos años/cursos en la Vetusta de Clarín. Y me lanzo a la aventura, es un decir, con el fin de conquistar (otro decir) la ciudad de Santander, que visitara por primera vez siendo un jovencito, con las ilusiones intactas. Me gusta decir esto de las ilusiones intactas. 


Santander me devuelve a una época de descubrimientos. Y me traslada a un tiempo en que escuchaba con devoción a los Supertramp. La música de este grupo británico me hace recordar la capital cántabra. Qué curiosa asociación. La música como nutriente espiritual. Siempre. Y en todo momento. La música amansa a las fieras. Y procura emociones intensas. 

Santander me devuelve, de un  modo inevitable, a mi pueblo porque de esta tierra era Pilarín, vecina y casi familiar (aunque no lo fuera de sangre). Incluso llegó a ser socia de la revista La Curuja. 


Siendo un rapacín, me resultaba exótico que Pilarín (simpático nombre, pues los puristas del lenguaje dirían Pilarina, supongo) fuera de Santander. Exótico o algo que se le podría asemejar. 

Pilarín, quien ejerció como maestra hasta su jubilación en Santander, al igual que su marido Miguel -el cual era originario del útero de Gistredo- se pasaba los veranos en Noceda. O ese es al menos el recuerdo que tengo de ellos. Lástima que Miguel falleciera relativamente joven. Y Pilarín, con unos noventa años, nos haya dejado no hace tanto tiempo. En su última etapa de vida solía verla a menudo en el pueblo. Que fuera de Santander es un recuerdo que me marcó. También en Cantabria, en concreto en Torrelavega, vivían y siguen viviendo familiares de Miguel y Pilarín, que son asimismo oriundos de Noceda.


Y en Cantabria nació Beni, vecina de cuarenta y dos años que, a resultas de una trombosis, nos dijo adiós recientemente, a la cual le dediqué unas palabras en un post de Facebook, que bien podría recuperar para este blog. Y Beni era a su vez familiar de Miguel y Pilarín (o sea, sobrina nieta). Y podría seguir mencionando a nocedenses de algún modo han tenido relación con Santander, con lo cual esta palabra 
me suena desde que era un crío. Y esto deja huella. Da la impresión de que estuviera haciendo un autoanálisis, que quizá así sea. Indagando en mi subconsciente. No puedo evitarlo. 

12 de julio (Facebook)

La bella y portuaria ciudad santanderina me recibe con lluvia cual si estuviéramos ya en la entrada del otoño. Este julio no parece que en el Norte vayamos a pasar calor, cuando en el Sur se están asando a la parrilla. No obstante he podido darme un largo paseo a la orilla de la mar, que es algo que un tipo de tierra adentro como uno valora mucho. El mar es pura magia. Y uno tiene tendencia a irse a los lugares con agua, ya sean ríos, regueras o mismamente playas y puertos marítimos. Tengo la impresión de redescubrir esta ciudad después de tanto tiempo.


Llego a Santander como en una nube, con la sensación de no haber puesto los pies en esta ciudad nunca en la vida. Con ojos de asombro. Como un niño que la mirara por vez primera. Esa es la primera impresión. No obstante, en cuanto pongo los cinco sentidos en su bahía es entonces cuando regresan a mí tantos recuerdos. Y sí, en ese momento reconozco la ciudad en la que estuviera hace tantos años, aunque confieso que durante los últimos años sí he visitado Cantabria, la Cantabria infinita, la Cantabria del chistoso Revilla, que por cierto está casado con una ancaresa o ancareña de Lumeras (Candín), tal y como me contara, no hace mucho, el bueno de Daniel Higinio, que hasta me dijo: "ese señor, con el que acabas de hablar, es el hermano de Aurora, la mujer del Presidente de Cantabria, el señor Revilla". Pues qué bien. 


La belleza de la bahía de Santander resulta inspiradora o inspiratriz, sobre todo cuando uno la recorre en barco. Una sensación realmente agradable. Una experiencia estupenda. Se cuenta que es una de las bahías más hermosas del mundo, formando parte del Club de las bahías más bellas del mundo. Con la ensenada de El Sardinero, donde se halla  la isla del Mouro (figura mítica ésta en el Bierzo) y la península de la Magdalena (con su palacio de estilo inglés, que fuera residencia de verano de Alfonso XIII) se alza como un sueño o una alucinación.


El Sardinero, con su gran hotel y casino, que es como adentrarse en alguna escena de Amarcord de Fellini. El arenal del Puntal con sus dunas. Sólo por este recorrido en barco y por acercarse hasta la Magdalena ya merecería la pena una visita la ciudad. 


Sin olvidarnos, claro está, del paseo Pereda (en honor al autor, entre otras obras, de Peñas arriba), que cuenta con su estatua, con sus jardines, el palacete del embarcadero, el edificio del Santander (el banco) y el centro Botín. Aprovecho la ocasión para decir que de Quintana de Fuseros (población cercana a Noceda) es José Antonio Álvarez, el consejero delegado de este Banco. 


13 de julio (Facebook)

Sólo por acercarse a La Magdalena, a la península de esta ciudad cántabra, que es un fantástico mirador al mar Cantábrico, ya merecería la pena visitar la ciudad de Santander, que estoy redescubriendo con satisfacción. Es una gran belleza este lugar. La grande bellezza. Tal vez podría ser la magdalena de Proust. Mientras me quedo hipnotizado contemplando las olas que vienen y van, rememoro un mundo pleno, tal vez el tiempo de la infancia y aun de la adolescencia. Es probable que Santander sea una de las primeras ciudades, aparte de León, que visitara siendo un tierno infante sin infantado de realeza. O tal que así.


El novelista Pereda me hace recordar, como no podía ser de otro modo, al amigo periodista y escritor (también editor, traductor, librero y músico) José Luis Moreno-Ruiz, que falleciera hace tan solo unos meses, dejándonos huérfanos a quienes, con absoluta devoción, seguíamos sus escritos y por supuesto aquel memorable, esencial, insustituible programa de radio conocido como Rosa de Sanatorio en referencia al homónimo y clorofórmico poema de Valle Inclán. Pues Moreno-Ruiz escribió, entre otras, una novela titulada Pereda Cebú. Cabe recordar que él era santanderino de origen. Y hasta llegó a tener una librería en esta ciudad. Pero creo que no le entusiasma mucho su ciudad natal, dicho sea de paso, llegando a vivir en países como Puerto Rico o México. 


Recuerdo con cariño su paso por Bembibre cuando lo invité a participar en Tardes Literarias. Y, después de un paseo por la Villavieja, llegó a decirme que le parecía un buen sitio para vivir. Bene vivere. Así era él. 

La bahía de Santander me ha llevado por los recuerdos. Y me ha devuelto a mi tierra. Buena suerte, Rosa, con tu hostal en la capital cántabra. 


La bahía de Santander me ha arrullado con el vaivén de sus olas. Me siento impregnado de mar. Me entusiasman los espacios con agua, los ríos, las regueras y reguerinas, los lagos... me gusta el mar y todo lo que fluye. Sigamos fluyendo por la costa... hacia Santoña. 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Verano para viajar

Si las bicicletas son para el verano, como nos dijera el todoterreno Fernán Gómez, el verano es para viajar (incluso al interior de uno mismo), para excursionar, salir al campo, explorar el entorno próximo y aun otros entornos y lugares en el mundo. 
Costa Vasca

El verano, que sigue siendo la estación más lírica del año, puede dar mucho de sí, y da mucho de sí si uno se dedica a visitar y recorrer espacios, tal vez también tiempos, lo que ayuda a cargar pilas. El sol es un venero de inspiración. Los días iluminados invitan a estar en mejor estado de forma. Por eso es tan importante la luz solar, que además embellece los sitios. Y procura asimismo que uno pueda hacer foticas, que siempre se agradecen como recuerdo. 

Biarritz

Este verano, como casi siempre (aun a pesar de la pandemia), se me está antojando hermoso. Y me ha permitido viajar a diferentes lugares y encontrarme con gente que realmente merece la pena. Que los afectos es lo verdaderamente importante en un ser humano ya lo había descubierto. Los afectos y la salud física, psíquica/emocional. Lo demás resulta secundario, incluso en este mundo en el que el tener está muy por encima del ser.  

A ver si algún día invertimos el tanto tienes, tanto vales, y logramos pasarnos al: tanto eres, tanto vales. Porque uno acaba siendo todo aquello que vive, que siente de verdad, todo aquello que aprende y comparte con los demás, todo aquello que ama, con lo que se emociona. 

La vida es tan breve, lo sé ahora más que nunca, que conviene sentirlo todo y de todas maneras posibles, que así es como le gustaba viajar al deslumbrante Pessoa. Viajar para sentir. Viajar para posteriormente recordar. Vivir para contarlo o contarla. Para contárselo a uno mismo y al tiempo contárselo a los demás. Qué a todos nos sirva el viaje, sea éste al interior o al exterior. Pues el interior también será exterior para quien sepa mirarlo, verlo, observarlo con detenimiento.  

Bahía de Santander

El mes de julio me ha permitido por ejemplo viajar a Asturias, Galicia y Cantabria, donde también estuviera el pasado verano pandémico, aunque en esta ocasión pude volver a Santander después de tantos años. Después de tantos años pude viajar a aquella ciudad marítima que visitara por vez primera, creo recordar, siendo un tierno adolescente. Un viaje que me permitió acercarme a la Santoña anchoera y a Laredo (poblaciones que se miran a través del espejo marino frente a frente), algo sobre lo que profundizaré (no sé si este es el término más adecuado, porque creo que no voy a hacer una inmersión marina, o sí, ya veremos) en una próxima entrada. 

Santoña

No obstante, algo conté en su momento a través del Facebook a este respecto, aunque fuera algo breve. También en el mes de julio visité el poniente astur, con Tapia de Casariego a la cabeza, que ya se ha convertido en un mapa afectivo, entre otros lugares, con el encanto suficiente como para que uno vuelva a ellos, porque, como nos recordara el Nobel Saramago, convendría visitar en verano lo que se visitara en invierno, de día lo que se hiciera de noche, etc. Y así en este plan. "En plan...", como dicen ahora, a modo de muletilla, los guajes de nuevas hechuras.  Lugares, decía, como Ribadeo, Taramundi, A Fonsagrada, Navia de Suarna... en los que uno se siente en casa.  

Castro Urdiales

Y llegó agosto, ferragosto, en esta ocasión con menos frío en el rostro, que me permitió adentrarme en el País Vasco, en concreto en la costa, incluso en la corniche y la costa francesa, a partir ya de la bella Castro, Castro Urdiales, que, aun siendo cántabra, se toca con Euskadi. Qué belleza, la costa. En realidad, las costas, la costa, que se me antoja universal, con su aroma a algas y salitre, a mar que bate sus olas. Sobre todo esto tengo intenciones de escribir largo y tendido, o breve y distendido. Ya iremos viendo, porque el verano, aun siendo lírico, también llega a su fin. Y los recuerdos comienzan a amontonarse. Y a diluirse. 

La corniche francesa

El encuentro literario en el útero de Gistredo, que celebráramos recientemente, también fue un momento memorable para compartir emociones, memoria afectiva, en torno al amor sagrado de la palabra, de esas palabras que dicen y piensan, como bien sabe la filóloga y escritora Margarita Álvarez, que estuvo presente en el evento. Gracias, Margarita, por tu buen hacer, con tus textos que rescatan la memoria de la lengua, de nuestras palabras, de lo ancestral que forma parte de nuestro acervo cultural. De esa tu Omaña  hermanada con el Bierzo. 

Duodécimo Encuentro literario. Foto. Jesús Madero

Y mi agradecimiento por supuesto al resto de participantes en este encuentro (el duodécimo), a saber, Alicia López, poeta y narradora astur-leonesa de alto voltaje, que nos dejó con un nudo en la garganta, sobre todo con la lectura de uno de sus relatos; Marisé Prieto, a quien agradezco su cariño, su hospitalidad y por supuesto su profesionalidad como profesora y escritora;

Foto de Álvarez
Dionisio Álvarez por amenizar el encuentro con sus letras poéticas y su música, con sus canciones y ese sabor a vendimia de otros tiempos en los que éramos felices y tal vez no lo sabíamos, y Camino Pastrana, joven y luminosa periodista y narradora que se metió al auditorio en el bolsillo con la magia y la emoción de sus palabras, con su presencia escénica absolutamente extraordinaria. Sin olvidarme, claro está, de la poeta y narradora Lidia Fos que estuvo arropando el acto en todo momento.

Encuentro en Noceda

Mi gratitud y todo mi cariño para ti. Para quienes estuvieron presentes y ayudaron a crear un clima que sentí realmente entrañable, entre ellos Jesús, que hizo un excelente reportaje fotográfico (te agradeceré mucho, Jesús, que me lo pases), Antonio y Benjamín, que incluso nos acompañaron en la velada, Ana y Javi, Alberto, Carlos y José Manuel, Marta y Emilio, algunos familiares, etc., etc. Siento que, gracias al afecto de tanta gente, el encuentro literario tendrá su continuidad. Ojalá. 

Los Montes de la Ermita
El verano es para viajar y encontrase con amigos. Para salir al monte, a la Naturaleza, en busca de aire puro, de sol. Tan importante la vitamina D para la salud. Y volver a aquellos lugares de infancia tatuados en la retina de la memoria. Esos mapas afectivos como Urdiales de Colinas y Los Montes de la Ermita, incluso Igüeña, que se ha convertido ya en lugar de peregrinación, o mejor dicho en un sitio de relax, en un punto gastronómico (ahí están Roberto y su hija Estefanía, los dueños del bar restaurante Sabugo, que sirve unas viandas exquisitas y abundantes). También en Igüeña están Casa Aníbal y La playa como templos gastronómicos. güeña, con su río Boeza y su playa fluvial y su valle de Bubín, donde otrora hiciéramos un encuentro literario dedicado al Tío Perruca, me late cercano, familiar. 
Los Montes
Los Montes de la Ermita, que he podido visitar recientemente en entrañable compañía, me invita a la fabulación, como le ocurriera al director de Albares de la Ribera Chema Sarmiento, que le dedicó un mediometraje que se mueve entre lo real y lo surreal, como si nos adentráramos por la puerta del realismo mágico. 

Los Montes
"Los Montes ya no figura en el mapa como pueblo", dice un oriundo, que está pasando unos días en su casa. "Sigue sin luz, aunque sí tenemos agua corriente gracias a nosotros mismos", añade. 

De repente, me asalta la ocurrencia de que no existe un pueblo así en ningún otro país, al menos de la Europa Occidental. Con lo cual es un privilegio estar en este espacio sagrado y remoto, un escenario novelesco, como la Luvina o Comala de Rulfo. O bien el que nos muestra Julio Llamazares en La lluvia amarilla.

El Bierzo Alto, tan desconocido incluso entre los habitantes del Bajo, es un ejemplo de lo que se ha dado en llamar la España vacía y vaciada, la España desatendida, la España olvidada. Por fortuna, un rebaño de vacas con sus xatines cruzan por la vereda y colman de placer al excursionista (y por supuesto a la excursionista). Antes de alcanzar la aldea, se divisa el pico Catoute al fondo, que es todo un mirador a la hoya berciana y aun a otras tierras.

Urdiales
Por su parte, Urdiales de Colinas, al que se puede acceder desde el mismo punto al que se va a Los Montes -Urdiales a la izquierda y Los Montes a la derecha, a unos tres kilómetros antes de alcanzar el pueblo de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano yendo desde Igüeña-, es otra aldea enclavada en las estribaciones de la Sierra de Gistredo, a la que en tiempos de infancia y adolescencia íbamos los rapaces de Noceda después de coronar el alto del Xafra. Una experiencia mística inolvidable, en alguna ocasión amenizada con la música psicodélica de los Pink Floyd. Si bien en esta reciente ocasión, realizamos la excursión en coche en compañía de Benjamín y Jesús. 
Iglesia de Urdiales

Benjamín, aun siendo nocedense, nunca se había allegado a Urdiales. Y Jesús, con su potente cámara fotográfica, tampoco había puesto los pies en esta aldea deshabitada, o mejor dicho poblada por un rebaño de vacas, aunque esta vez sólo vemos una que parece ensimismada. 

La pista de terracería hasta Urdiales no está en el mejor de los estados, salvo para todoterrenos. Y uno se pregunta, una vez más, que si Urdiales estuviera en la Europa verdaderamente desarrollada, entonces tendría un camino asfaltado o algo similar que permitiera un buen acceso. Y en manos alemanas, francesas o suizas, por ejemplo, sería un lugar conocido en el mundo entero por su singularidad, como un museo al aire libre.

Urdiales

El tan cantado turismo rural es una milonga. Aunque es cierto que algunos pueblos como Bárcena Mayor, enclavado en la Cantabria profunda, se conserva estupendamente, porque el acceso al mismo, una vez más, es estupendo. Y es que todos los sitios más visitados del mundo tienen las mejores comunicaciones del mundo... también (valga la redundancia rebuznante). 

La visita a Urdiales, en compañía de Benjamín y Jesús, resultó estupenda. Y a uno le encantó volver a esta aldea, que podría ser un magnífico escenario novelesco. Como lo es Los Montes de la Ermita. Su iglesia, restaurada, no da la impresión de que fuera la de un pueblo deshabitado y en cierto modo en ruinas en al menos una parte, porque sí que existen casas recuperadas, incluso hermosas. 

En Urdiales no encontramos ni a un alma, tal vez sólo las almas de los difuntos, que vagaron entre nosotros sin que nos percatáramos de ello. 

Urdiales

Lástima que al regreso nos topáramos con que el vehículo estaba pinchado. "Esta rueda parece que tiene poco aire". "Estas ruedas no pinchan", aclaró Benjamín.  Pero no tardaríamos en confirmar lo que suponíamos en cuanto comenzamos el descenso hacia Igüeña por la pista. La rueda delantera de la parte derecha, a medida que se iba desinflando, comenzó a dar problemas, incluso un tufo a quemado. Pero era necesario llegar a Igüeña como fuera, porque, entre otras razones, los móviles, ninguno de los tres, tenía cobertura. Y no era posible dar señales de emergencia. Ni siquiera los coches que nos seguían, ya en la carretera asfaltada, que va de Colinas a Igüeña, parecían darse cuenta de nuestro entuerto. Y acabamos llegando a Igüeña echando humo... por las orejas, es un decir. La idea inicial de acercarnos a Colinas había quedado desbaratada. 

Igüeña

Al final, sin entrar en detalles, se resolvió todo. Disfrutamos de una suculenta comida en el Sabugo, gracias a Roberto y su hija Estefanía. Y uno incluso logró echarse una breve siestecica en el mismo exterior del ayuntamiento mirando hacia la playa fluvial y el grafito del minero. Un sueñecito reparador. El pasado minero de esta tierra sigue presente. Y las ganas de este viajero por seguir recorriendo lugares continúan intactas.