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lunes, 17 de febrero de 2025

El año pasado en Marienbad, de Resnais

 Tras un pasillo y una puerta

Que se abre a otro pasillo, que

Sigue hasta perderse

Desde un pasaje que conduce

A la escalera que remonta

A las terrazas

Donde la luna multiplica

Las rejas y las hojas

Hasta una alcoba en la que espera

Una mujer de blanco

Al término de un largo recorrido

Más allá de una puerta y un pasillo

Que repite las puertas hasta el límite

Que el ojo alcanza en la penumbra

Por un zaguán en el que hay una puerta

Cerrada, que vigila un hombre

En una operación combinatoria

En la que el muerto boca abajo

Es otra indagación que recomienza

Ante un espejo que denuncia

O acaso altera las siluetas.

Julio Cortázar, Homenaje a Alain Resnais 


A partir de la novela La invención de Morel del escritor argentino Bioy Casares, el también escritor francés Robbe-Grillet -impulsor del llamado nouveau roman- construye el guion de El año pasado en Marienbad (1961), una película onírica y enigmática, entre la realidad y la ilusión, dirigida por Alain Resnais, uno de los representantes de la Nouvelle vague francesa, que también nos cautivó con su Hiroshima mon amour (1959), basada en la novela homónima de Marguerite Duras. Una película, Hiroshima...,  construida a partir de uno de los mejores guiones de la historia del cine, escrito por la propia Duras, donde la palabra es esencial, aunque la imagen la eleva y la potencia. Imagen y palabra, fotografía y poesía, a menudo separados, se funden en esta película para darse sentido mutuo y retratar la descomposición del mundo y de la vida, reducidos al olvido. Una poderosa reflexión sobre la memoria y el olvido. 

“El año pasado en Marienbad es la historia de una persuasión. Se desarrolla en un gran hotel, una especie de palacio internacional inmenso, barroco, de decoración fastuosa y fría: un universo de mármoles, de columnas, de arabescos de estuco, de dorados, de estatuas, de personas de actitudes fijas. Una clientela anónima, educada, sin duda rica, ociosa, que observa seriamente pero sin pasión las reglas de los juegos de sociedad (cartas, dominó, etc.): bailes mundanos, conversaciones vacías, tiros de pistola”. 
                        (Robbe-Grillet)  

 El inicio de El año pasado en Marienbad está emparentado con Hiroshima, mon amour. Y nos remite asimismo al inicio de Rebeca, de Hitchcock, que es un director de referencia para Resnais. 

En los primeros minutos de la película del director francés, la cámara se pasea por pasillos interminables, mostrando detalles de columnas y barrocos decorados mientras una voz en off acompañada de un sostenido musical dice:  “… atravesando corredores, salones, galerías por esta lúgubre mansión, esta enorme y lujosa mansión donde corredores interminables suceden a otros corredores silenciosos, desiertos, sobrecargados de un decorado sombrí­o y frí­o …”. 
Resulta realmente importante la arquitectura (el marco envolvente) en esta obra, el modo coreográfico con que se trató la imagen y la trama, los elementos arquitectónicos a través de los cuales se nos muestra la soledad o la incomunicación entre los personajes. Por tanto, el espacio es una metáfora de la mente de los personajes, de modo que nos adentramos en el laberinto de la psicología humana en esta película de repeticiones, fragmentaria, obsesiva y laberíntica, la cual nos hace sentir angustia como espectadores. Durante estos primeros minutos vemos, fugazmente, a un hombre avanzando por un pasillo. Y la primera vez que se nos muestran los personajes, aparecen petrificados, como estatuas, formando parte del decorado, mientras asisten a una función teatral.

 Se cuenta que en su primer borrador del guion para El año pasado en Marienbad algunos de los personajes tenían nombres hispanos, había situaciones similares y el escenario de la historia era una isla, como en la novela de Bioy Casares. Sin embargo, el guionista de El año pasado en Marienbad dijo en una entrevista que no veía la influencia de La invención de Morel en la película dirigida por Resnais. Aunque La invención de Morel también trate de un hombre que se enamora de una mujer en una isla llena de voces. 

El año pasado en Marienbad es una obra innovadora, con una atmósfera ensoñadora, con una narrativa onírica y fraccionada ("totalmente onírica, que trata de profundizar en las raíces del sueño"), como una alegoría sobre la muerte, una coproducción franco-italiana filmada en un bello castillo del siglo XVIII en Baviera y en estudio en París, que obtuvo cinco nominaciones, incluida una a los Óscar al mejor guion para Robbe-Grillet, y otros galardones como el León de oro en la Mostra de Venecia. Si bien el productor estuvo a punto de que no se estrenara nunca por tratarse de una obra "maldita". 

La puesta en escena de Resnais y el guion de Robbe-Grillet desconcertaron en su época a críticos y espectadores, marcando un antes y un después en el cine como arte conceptual, porque nos adentran en un enigma, en un laberinto barroco de infinitas posibilidades, procurando que a través de las imágenes y las palabras logremos capturar lo intangible: el tiempo, la memoria y los sueños. Un nuevo concepto del tiempo, cuya característica fundamental es la simultaneidad. El tiempo psicológico, el tiempo de la memoria, el tiempo del presente. Los tiempos del pasado o los tiempos de la imaginación o del sueño. 

“Una película clásica no puede traducir el ritmo de la vida moderna. En un día, uno hace veintiséis cosas distintas. La vida moderna está hecha de rupturas (…) ¿Por qué el cine no ha de testimoniar(lo) (…), en lugar de persistir en una construcción lineal tradicional?"

                (Resnais)

 Esta película, contada de forma hipnótica, rompe con la estructura cronológica mediante una puesta en escena desconcertante, laberíntica, coreográfica, como si fuera una danza en sí misma, con la repetición de planos, travellings, saltos de eje (como si los personajes miraran hacia otra parte o como si hablaran uno al lado del otro en vez de estar situados cara a cara), ruptura del tiempo y el espacio, sintonizando lo narrado en off con lo visualmente mostrado. 


Una vez más, al igual que ocurriera con Hiroshima, mon amour, imágenes y palabras producen en nosotros un efecto hipnótico, con una banda sonora, a través de una música de órgano recurrente, que resulta turbadora. 

Esta película tuvo gran influencia en realizadores como Bergman, Fellini, David Lynch, Buñuel (véase El ángel exterminador), Kubrick (véase también la atmósfera inquietante y laberíntica de El resplandor), Nolan (acusado de copiar esta película de Resnais en su film titulado Inception, cuya estructura narrativa juega con la percepción del espectador de la realidad y explora diversas capas del subconsciente) o Greenaway (véase por ejemplo El contrato de un dibujante, entre otras). ​

Para el director británico Greenaway El año pasado en Marienbad es la única pelí­cula que se puede llamar obra de arte cinematográfica: “Hay pocos, muy pocos filmes en los que puedo pensar como creadores de verdadero cine. El año pasado en Marienbad, tal vez, sea lo más cercano que puedo sentir. Se acerca a la noción de verdadera inteligencia cinemática. No está esclavizado al texto. No está esclavizado a la narrativa. Deconstruye todos estos fenómenos y crea un producto que es verdadera y absolutamente cinemático, porque no puede existir en ninguna otra forma”. 

Greenaway llega incluso a admitir que ha estado siempre intentando rehacer Marienbad trabajando con el director de fotografía Sacha Vierny. A este respecto, cabe señalar la fotografía en blanco y negro precisamente de Vierny (director de fotografía también de películas como Belle de jour o El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante), convirtiendo cada plano en una obra de arte, a la vez que subraya la artificialidad, como si los personajes fueran piezas de ajedrez en un tablero organizado. A ello se suma el vestuario de Coco Chanel, que dan esa elegancia intemporal y etérea a los personajes.

https://cuenya.blogspot.com/2024/02/el-cocinero-el-ladron-su-mujer-y-su.html

La fotografía y la dirección artística, muy cuidadas, nos conducen a los espectadores por un espacio inmenso lleno de pasillos interminables con decoración barroca, oscura y fría, en la que abundan los espejos simbólicos y suelos dameros (como si la vida fuera un juego de ajedrez). Un espacio que cuenta además con un jardín enorme sin árboles frutales ni flores, de disposición simétrica y arbustos recortados en perfección geométrica, decorado con numerosas estatuas (como símbolo de una vida congelada, inerte), cuyo estilo visual ha sido incluso imitado en desfiles de moda y anuncios televisivos. 

"Pasillos, alfombras, estucos, espejos y más pasillos, alfombras…", narra constantemente la voz en off, verdadera protagonista. Pasillos y/o caminos que no siempre llevan a alguna parte, como las escaleras de Escher*, un problema matemático que utilizó Christopher Nolan en su película Inception, que tanto le debe a El año pasado en Marienbad.

*Escher fue un artista neerlandés, maestro de las figuras imposibles, las ilusiones ópticas y los mundos imaginarios.

"No importaba tanto lo que se relataba, sino cómo se relataba", llegaron a expresar tanto su director como el guionista acerca de El año pasado en Marienbad, cuya trama nos cuenta la historia de un hombre (interpretado por Albertazzi) que intenta convencer a una sofisticada mujer (encarnada por Delphine Seyrig) de que ambos tuvieron una relación amorosa el año anterior en Marienbad (acaso un lugar maldito en el que conviven seres aletargados, una ilusión, según Resnais, un no-lugar, donde la realidad, los recuerdos y la imaginación se entremezclan), aunque ella parece no recordar nada o niega de un modo deliberado ese supuesto encuentro entre ambos.

Además de estos personajes protagonistas, existe otro hombre (interpretado por Sacha Pitoëff), que es un jugador empedernido y acaso celoso, probablemente el esposo de la mujer. Es como un narrador que jugara con el tiempo, incluso lo manipulara a su antojo. Los tres conforman un triángulo amoroso, con la mirada perdida, como si se resistieran a despertar de un sueño o pesadilla. No expresan emociones. No muestran afecto. Estos personajes mantienen ambiguas conversaciones a través de flashbacks y cambios de tiempo y lugar. Son seres vacíos y superficiales alejados de la cotidianidad del vivir, incapaces de superar sus miedos y salir de su letargo, habida cuenta de que habitan un espacio anodino en el que parecen atrapados (como los personajes de El ángel exterminador de Buñuel), "matando" el tiempo con juegos de mesa. https://cuenya.blogspot.com/2018/12/el-angel-exterminador-de-bunuel.html


El año pasado en Marienbad es un relato fragmentado donde el pasado y el presente se difuminan, de modo que los espectadores no llegamos a saber dónde empieza el sueño y dónde la realidad.

El guion amplifica esta incertidumbre porque la forma en que se nos cuenta esta historia está basada en la repetición y la variación, como si intentara capturar el flujo discontinuo y oscilante de la memoria. 

El año pasado en Marienbad presenta una estructura circular, que se parece más a un poema visual que a un relato tradicional, donde se nos muestra un extraño y desconcertante mundo por el que transitan autómatas de clase alta, zombis o muertos desde mucho tiempo atrás, los cuales vagan como sonámbulos, con lentitud, por los corredores de una mansión, por sus pasillos y estancias como si fuera un laberinto en que estuvieran extraviados, del que no pudieran salir. 
Estamos, pues, ante una película de culto, cine de autor, cine experimental, cine surrealista, cine de intriga, un drama fantástico de uno de los autores más singulares de la Nouvelle Vague francesa y del cine mundial. 

domingo, 16 de febrero de 2025

Blanco, de Kieslowski

 Me fascina el cine de Kieslowski y por supuesto me encanta su trilogía dedicada a los colores de la bandera francesa, Azul, Blanco y Rojo, que en verdad hacen referencia a los ideales revolucionarios, a saber, la libertad (Azul), igualdad (Blanco) y fraternidad (Rojo), que por desgracia no se dan entre la población mundial como quisiéramos. Ni siquiera se dan. La libertad y la igualdad son una quimera. La libertad sin igualdad es un engaño. La fraternidad, la amistad o el afecto, se dan de a poquito. 

Además de esta trilogía, me apetece también rememorar películas como La doble vida de Verónica (acerca del mito del doble https://cuenya.blogspot.com/2020/04/poe-su-corazon-y-su-mascara-roja.html, tan sustancioso asimismo en la literatura, una película arriesgada, de gran belleza visual y musical, con una estupenda Irène Jacob, a quien también vemos en Rojo) o No amarás (película que he reseñado en este mismo blog: https://cuenya.blogspot.com/2011/02/no-amaras-de-kieslowski.html)


Kieslowski, que es un cineasta existencialista, espiritual, trascendental, capaz de plasmar lo intangible, como lo hicieran Dreyer o Bergman (de nombrar lo innombrable, como hacen los grandes poetas), se formó en la Escuela de Cinematografía de Lodz, en el centro Varsovia, escuela en la que también estuvieron otros excelentes cineastas polacos como Andrzej Wajda (Danton, entre otras películas) o el enorme Polanski. https://cuenya.blogspot.com/2014/12/polanski-y-su-lunas-de-hiel.html

Cabe destacar que la Escuela de Cine de Lodz es una de las principales en Europa. Con un gran prestigio como lo tienen la Femis de París o la Famu de Praga, escuelas con las que llegamos a establecer relaciones en mi época al frente de la Escuela de cine de Ponferrada. 

En la Femis de París impartió también clases el director berciano, de Albares de la Ribera, Chema Sarmiento, el creador de la genial El filandón. https://cuenya.blogspot.com/2012/02/el-filandon.html

Con su Decálogo (Dekalog, 1988), Kieslowski, un director único e irrepetible, consigue componer una obra colosal y exitosa, conformada por diez películas de unos 55 minutos de duración media, a partir de los Diez Mandamientos, que realizó para la televisión polaca en el año 1988 y le abrió las puertas a la producción internacional, lo que le permitiría realizar la primera coproducción en Francia con La doble vida de Verónica (1991) para continuar dos años después con la extraordinaria trilogía Tres Colores (Trois Couleurs, 1993-1994), que sería su último trabajo antes de fallecer de forma repentina a resultas de un infarto. 

Si bien las tres películas son obras de arte, me apetece reseñar Blanco. Antes, sin embargo, diré que Juliette Binoche está maravillosa en Azul, película con una espectacular puesta en escena, que sobresale precisamente por el empleo del color azul y la sobrecogedora banda sonora de Preisner, colaborador habitual en el cine de Kieslowski, que hace un magistral uso de de la música -una genuina protagonista- sobre todo en la secuencia final. De una belleza inolvidable. https://www.youtube.com/watch?v=TffwSRuxrWw

La relación entre Azul y el resto de la trilogía contiene varios guiños al resto de películas. Y en Rojo vemos a la cautivadora Irène Jacob en el papel de modelo, y al gran Trintignant en el papel de un juez retirado que espía a sus vecinos. https://www.youtube.com/watch?v=7q1klfV61YQ

Rojo finaliza, como las dos anteriores películas, con el amor como redención.  



Blanco


Blanco es una película puente entre Azul y Rojo, que comparte con éstas, como ya había apuntado, el amor como salvación. Aunque se trate de un amor rencoroso e imposible en el caso de Blanco. 

Resulta conmovedor el final de la película, en el que vemos a Karol deshaciéndose en lágrimas mientras contempla con los prismáticos a Dominique en prisión. Ella también lo ve a él. Y le pide con gestos volver a ser su esposa. 

¿Habrá una segunda oportunidad cuando Dominique abandone la cárcel? 

Una película tragicómica, en la que abundan los primeros planos y  travellings, donde todo parece mandarlo el dinero (el capitalismo salvaje), que reflexiona asimismo sobre el concepto de igualdad, una igualdad entendida como contradicción. 

"Esta es una historia sobre la negación de la igualdad. El concepto de igualdad sugiere que todos somos iguales. Sin embargo, yo creo que esto no es cierto. Nadie quiere ser el igual de su próximo. Cada uno quiere ser más igual”, según el propio director. 

En realidad, aborda la relación entre desiguales, entre la Europa occidental y la Europa del este a través de sus protagonistas, donde el color blanco cumple una gran función narrativa. 

Blanco es una película rodada entre Francia y Polonia, donde la ciudad de París se nos muestra como un escenario gris, sombrío, frente a Varsovia, que aparece teñida por el blanco de la nieve. En todo caso, en Blanco también aparece el rojo (las sábanas en que yacen los protagonistas) como prefiguración de la siguiente película. 

Una gran maleta en la cinta transportadora en un aeropuerto centra nuestra atención desde el arranque. Y nos mantiene en alerta. A continuación vemos a alguien caminando. Se dirige a un lugar donde está citado. Es el palacio de justicia de París. La gran maleta sigue dando vueltas a través de la cinta del aeropuerto. Asistimos al juicio que formaliza la separación de una pareja, con la presentación de sus dos protagonistas, Karol (interpretado por el genial Zbigniev Zamachowski) y Dominique (interpretada por la fotogénica Julie Delpy), un matrimonio polaco-francés que está en pleno trámite de divorcio. https://www.youtube.com/watch?v=b9thDfTNtZI

 Dominique, que es avariciosa y fría, acaso narcisista, expone ante el juez que su relación matrimonial debe acabarse porque Karol no pudo consumar el acto el día de la boda. Él, en su defensa, dice que antes de casarse sí tenía sexo con ella. La impotencia sexual como motivo de ruptura. ¿Dónde queda el supuesto amor matrimonial? 

Tras el divorcio, y la humillación pública de Karol ante la justicia francesa, es de nuevo humillado socialmente al serle embargados sus bienes materiales, incluso es vejado antes del juicio porque hasta una paloma le caga encima del hombro en las escaleras del Palacio de Justicia de París. Podría hacernos recordar, de un modo humorístico, El proceso de Kafka. Karol, después de ser encausado, se encuentra en la calle, no tiene pasaporte, ni dinero y encima lo busca la policía, con lo cual no puede regresar a Varsovia. Karol es un inmigrante sin papeles, sin derechos para la justicia francesa. Dominique acaba incendiando el local de su ex marido denunciando que él ha sido el autor. 

Cuando Karol se queda sin mujer y sin casa, tampoco tiene trabajo a pesar de ser un peluquero reputado, pasa las noches en el metro como músico callejero, donde interpreta, con un peine y un pañuelo como instrumentos, una triste melodía polaca y, al oírla un compatriota, Mikolaj (Janusz Gajos), se detiene a su lado, y acaban entablando conversación y empatizando. Mikolaj le propone a Karol deshacerse de un hombre “cansado de vivir”, bajo una suculenta recompensa. El azar juega un papel relevante en esta película como suele ser habitual en su cine. También por azar, a resultas de un accidente, se encuentra la modelo y el juez en Rojo.   


Karol lleva un jersey rojo y Mikolaj lleva una bufanda roja y va a ser la persona que lo salve y lo lleve de vuelta a Polonia. El rojo representa la fraternidad que se forjará entre Karol y Mikolaj porque primero será Mikolaj quien ayudará a Karol a regresar a Polonia (el secreto reside en la gran maleta que vemos al inicio de la película, algo también kafkiano), y luego Karol salvará a Mikolaj, alentándolo a seguir viviendo (extraordinario ese giro narrativo), un hermoso canto a la vida gracias al cariño y la amistad que se profesan. Antes de regresar a Varsovia, Karol, con unas últimas monedas, llama a Dominique desde una cabina, y Dominique, en el colmo del paroxismo vengativo, le retransmite por teléfono un apoteósico orgasmo. La cabina se traga sus últimos dos francos que él le reclamará al taquillero con agresividad verbal desesperada: il fault rendre l'argent. Al llegar a Varsovia intenta olvidarse de Dominique, pero no puede.  

Karol, a través de su amigo, regresa a la peluquería que ahora regenta su hermano, quien le da cobijo, hasta que puede dejar su oficio para comenzar a trabajar para la mafia. Gracias a su astucia, sirviéndose de una triquiñuela, Karol consigue enriquecerse, vendiéndoles a los mafiosos para los que trabaja un terreno por un valor diez veces superior al que él lo compra. 

Mikolaj, también de vuelta a Varsovia, se convierte en su socio, ayudándose mutuamente. Incluso los vemos disfrutar de su relación fraternal revolcándose en la nieve. Durante este tiempo Karol sigue recordando con amor a Dominique. Y para verla de nuevo, para asegurarse de que viaje hasta Polonia, Karol finge su muerte, designándola heredera universal de todo su patrimonio. Karol, como “nuevo rico", consigue incluso comprar un cuerpo fallecido para falsear su propia muerte y conseguir así una nueva identidad (una crítica feroz a Polonia, todo se puede comprar y vender, en Polonia y en el resto del mundo). Entonces, Dominique acude al funeral y llora a Karol junto a su tumba, de modo que sabemos que ella también estaba enamorada. Acaban reencontrándose en un hotel en Varsovia y por fin consuman lo que no pudo darse el día de la boda. Pero ahora, que sí logran hacer el amor, Dominique acaba en la cárcel en Varsovia, porque la igualdad tampoco existe para ella fuera de su país. Su relación amorosa se convierte en una cárcel (falta de libertad), una relación desigual donde poco importan los sentimientos de la otra persona (la falta de fraternidad). 

https://www.youtube.com/watch?v=F56XGkt7xjQ

Conmovedora, como ya dije, la secuencia final de la película, filmada en planos y contra-planos, con la música escalofriante de Preisner, entre cuyas influencias musicales reconoce a Paganini y a Sibelius. Sublime también su composición Dies irae para La gran belleza de Sorrentino. 

https://www.youtube.com/watch?v=Ds7f62nkIYc

En otro momento espero reseñar Azul y Rojo, incluso La doble vida de Verónica. Tiempo al tiempo. 

lunes, 3 de febrero de 2025

Manu Chao en Ponferrada

 

Todo es mentira en este mundoTodo es mentira, la verdad"Todo es mentira", yo me digoTodo es mentira, ¿por qué será?...

 

Me gustó asistir en el 2022 al concierto del compositor y músico Manu Chao en la Sala la Vaca de Ponferrada. Y ahora que lo pienso, no sé por qué no le dediqué unas líneas en su día porque me gusta su música, sus letras, y su puesta en escena. En realidad, sí hice mención en mi muro de Facebook. Por ahí andará. Y, como nunca es tarde si la dicha es buena (espero que lo sea), me acerco ahorita mismo a su figura. 

De padres españoles, vasca la madre y gallego el padre, Manu Chao nació en París en los años sesenta y comenzó su carrera musical como músico callejero en la capital francesa, donde acabaría liderando, también con su hermano Antoine y su primo Casariego, el grupo musical de rock alternativo Mano negra en 1987, cuyo estilo mezclaba rock, música africana, flamenco, ska o salsa... consiguiendo un éxito considerable en Europa y en Hispanoamérica, cuyos ritmos, precisamente latinos, le han procurado en el transcurso del tiempo una gran fuente de inspiración musical. En 1995, tras la disolución de la banda Mano negra, desarrolla una carrera como solista cantando en varios idiomas, en francés, español, inglés, gallego, portugués... En la actualidad, reside en Barcelona. De París a Barcelona, aunque pasa largas temporadas en Brasil. 

Es conocido por sus ideales políticos (su desprecio a las políticas de los poderosos, contra el G-8, el grupo de países con gran relevancia en el mundo debido a su peso político, económico y militar), la reivindicación de la libertad y la paz mundiales y su apoyo y defensa de diferentes colectivos, como los migrantes, las trabajadoras domésticas, los pueblos indígenas… que se reflejan en las letras de sus canciones, algunas de las cuales emplea el cineasta León de Aranoa (a quien tuve el gusto de conocer en mi etapa en la ex Escuela de cine de Ponferrada) en su película Princesas, que he vuelto a ver recientemente. Extraordinaria obra. Y excelente el papel de Caye (interpretada por Candela Peña). Inolvidable Me llaman calle, mejor canción original en los Goya 2006. 

Me llaman calle, me llaman calleCalle sufrida, calle tristeza de tanto amarMe llaman calle, calle más calle

Me llaman calle, la sin futuroMe llaman calle, la sin salidaMe llaman calle, calle más calleLa que mujeres de la vidaSuben pa'bajo, bajan pa'rribaComo maquinita por la gran ciudad

 Asimismo, la canción La vida es una tómbola de Manu Chao forma parte del documental del cineasta serbio Emir Kusturica, titulado Maradona (2008), el astro argentino del fútbol, uno de los mejores, si no el mejor jugador de todos los tiempos. 

https://cuenya.blogspot.com/2025/01/emir-kusturica-y-el-tiempo-de-los.html

Si yo fuera Maradona viviría como él

Si yo fuera Maradona frente a cualquier portería
Si yo fuera Maradona nunca m'equivocaría
Si yo fuera Maradona perdido en cualquier lugar

La vida es una tómbola, de noche y de día
La vida es una tómbola, y arriba, y arriba....

Se cuenta que Manu Chao, el creador de Me gustas tú, es un tipo escurridizo y contradictorio, aunque también se dice de él que le gusta la cercanía con la gente, relacionarse con los músicos callejeros (como el lo fuera en sus inicios), mezclarse con la gente humilde, algo de lo que no puedo dar cuenta, porque no tuve la ocasión de saludarlo cuando vino a Ponferrada, la verdad es que tampoco lo intenté. 


¿Qué horas son, mi corazón?Te lo dije bien claritoPermanece a la escuchaPermanece a la escucha
Doce de la noche en La Habana, CubaOnce de la noche en San Salvador, El SalvadorOnce de la noche en Managua, Nicaragua

Me gustan los aviones, me gustas túMe gusta viajar, me gustas túMe gusta la mañana, me gustas túMe gusta el viento, me gustas túMe gusta soñar, me gustas túMe gusta la mar, me gustas tú

Seguiré escuchando a este fenómeno de la música actual.