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viernes, 8 de abril de 2022

La fragua literaria leonesa: Sergi Bellver

 

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Sergi Bellver: “Julio Llamazares me ayudó a mirar el paisaje como un espacio simbólico en el que literatura y memoria se funden”

Narrador, editor, crítico literario y periodista cultural, Sergi Bellver, autor de la novela 'Del silencio', entre otros libros, ha trabajado como guionista y librero y ha impartido clases de narrativa. Asimismo, ha coordinado libros colectivos como 'Chéjov comentado' y ha prologado nuevas traducciones de 'El jugador', de Dostoievski, y de 'La metamorfosis', de Kafka, en catalán. En la actualidad, además de su cuaderno de viajes marroquí y la versión catalana de su novela 'Del silencio', está terminando el ensayo titulado 'Blanco móvil', en el que, con su vida nómada como armazón del texto, reflexiona sobre la vocación artística, la literatura y otros temas, que publicará este mismo año. 



Sergi Bellver escritor
Sergi Bellver. // Miguel A. Merodio
Manuel Cuenya | 07/04/2022 - 14:49h.

Credo leonés

Para Luis Miguel Rabanal

Creo en León, reino sobrio y generoso, linde del cielo y de la tierra. Creo en el libro del frío, en la memoria de la nieve, en la casa roja y en el sepulcro en Tarquinia, que fueron concebidos por obra y gracia de las minas de carbón y de las fraguas, donde nacen todos los poetas y cuentistas de estos lares. Creo en los bosques bercianos y en los cañaverales coyantinos, por los que agoniza y resucita el sol padre. Creo en el templo mozárabe que habrá de durar otros mil años en el Valle del Silencio. Creo en el silencio de Valdeón, Vegacervera y Valdetaja, como creo en el de otros valles agazapados entre las hoces de los ríos, refugio de sauces y cerezos por los siglos de los siglos. Creo en los pecios de los pueblos en el fondo de los pantanos, donde todavía suenan ahogadas las campanas de sus espadañas. Creo en el mar leonés, en su oleaje de ramas y espigas, en sus atalayas de ladrillo y en el faro de Sahagún, en el que duerme el espíritu santo de un torrero escribidor. Creo en la cigüeña que camina sobre las aguas de hierba y sobre la espuma de las flores, como el hijo del carpintero en el mar de Galilea. Creo en las iglesias de barro, en los palomares de barro y en los hombres y las mujeres de barro que protegen las almas y los campos del olvido y la sequía. Creo en el perdón a los niños que se avergüenzan de apalear a los perros y en la lealtad de los arrieros humildes. Creo en la inversión cósmica del cocido maragato y en la desecación de la carne, así como creo en la liturgia del vino y en la tertulia eterna. Amén.

(Sergi Bellver, 'Gavia', El Desvelo, 2019. Página 51).

El polifacético Sergi Bellver, que es además un nómada escritor o un escritor que nomadea a través del ancho mundo, ha publicado, entre otros, 'Del silencio' (Ediciones del viento, 2021), que es, en su opinión, su libro más logrado y ambicioso hasta la fecha.

Se trata de su primera novela, donde cree haber encontrado por fin su voz literaria, algo que no resulta nada fácil eso de lograr una voz genuina, que sea reconocible, que no se parezca a otras voces literarias. En todo caso, ha logrado imprimirle emoción y reflexión a las páginas de su novela, cuyo protagonista es el joven Baros János, un exiliado húngaro instalado en el París de posguerra, que nos narra su historia en primera persona, contándonos cómo regresa a su lugar de origen, Budapest, en busca de su tío Gábor, el hombre que le enseñó el valor del silencio y de las palabras ("los buenos libros son como la buena tierra, Jani, la vida crece en ellos"), lo que le confiere a su obra la estructura narrativa de un viaje, algo que le fascina a su autor.

Un viaje por esa Europa sumida en la Guerra Fría cuyos escenarios son, aparte de París (El Sena, Montparnasse, Quartier Latin... Bois de Vincennes) y Budapest (El Danubio, Óbuda, Pest, Buda...), Praga (El Moldava, Malá Strana, Plaza de la Paz...) y Viena (Prater, Café Europa, Belvedere). Incluso existen referencias a Berlín, con el Muro como "acantilado infame", Roma ("caótica e inabarcable") o la Barcelona de las Ramblas, con "el aroma de las floristerías callejeras y el barullo del mercado".

"Llevo doce años como sonámbulo, viajando por ciudades de media Europa sin darme cuenta de que me persiguen los mismos fantasmas", dice János, que aspira a armar en torno a sí un país de soledad y de silencio.

"Me gusta el silencio de los museos porque en ellos sólo hablan las cosas que tienen algo que decir... Para pensar, crear, sembrar y cosechar algo, primero hace falta arremangarse y hundir las manos en la tierra fértil del silencio... Quedará el puro silencio de las cosas que hice por amor. Y si en verdad no hay otra, ni al otro lado ni en lo alto, todas esas cosas, junto con la música, la belleza y otros encuentros fugaces con la maravilla, ya me habrán regalado una breve pero genuina experiencia de la eternidad", agrega.

"Casi todos hablan de una historia emocionante, y pocas cosas mantienen viva una obra literaria como la emoción de su lectura", señala este 'explorador de la existencia' con respecto a su novela, que al escritor Justo Sotelo se le antoja elegante y ambiciosa, clásica en el mejor sentido de la palabra, pero también comprometida con este tiempo que nos ha tocado vivir.

"Da lo mismo en París, Viena o Praga que en Budapest, suele verse al campesino como una reliquia del pasado, pero a mí me parece que no hay gente más ocupada del presente y del pasado. Ocupada en ordeñar la vida de la tierra cada día y en que mañana no falte un plato en la mesa de nadie... Para conocer hasta dónde pueden llegar mañana la alegría o el horror en nosotros mismos, hay que escuchar de nuestros padres toda la luz y la oscuridad que ayer dejaron a su paso", reflexiona János (Xuanín).

"Los diarios, los libros y las películas nos recuerdan cada cierto tiempo la amenaza de un holocausto nuclear, y la gente a veces bromea con el día en que termine de hervir la Guerra Fría, cualquier loco presione el botón rojo en Washington o Moscú y nos mande a todos a la mierda", añade János, que nos habla asimismo de la relación con su familia y del recuerdo sensorial de Věra.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com, en este enlace: 

https://ileon.eldiario.es/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/127932/sergi-bellver-julio-llamazares-me-ayudo-a-mirar-el-paisaje-como-un-espacio-simbolico-en-el-que-literatura-y-memoria-se-funden)

martes, 5 de abril de 2022

Misterios gozosos, de Esther Bajo

 El jueves día 7 de abril estaré en León para arropar la presentación de Misterios gozosos, de la periodista y escritora Esther Bajo. 

La cita será a las 19h30 en la Biblioteca de Padre Isla. Así que me daré prisa para poder estar allí, ya que tengo que impartir un curso de escritura esa misma tarde. 

Esther Bajo en Malta

En la mesa de presentación también estará el periodista y escritor Eduardo Aguirre: https://ileon.eldiario.es/cultura/108299/eduardo-aguirre-recelo-del-columnismo-que-solo-dicta-sentencias-condenatorias

Sólo quedaba la maleta... Había también algunos objetos de sus padres: sus carteras, agendas, gafas, una biblia, algunos libros, retratos enmarcados, álbumes... De ellos sólo se llevaría la cadena de oro de su padre y el perfume de su madre. Y estaba el maletín. Dentro estaba el futuro. Sus sueños, los de Él, que ella intentaría hacer realidad.

Empiezo este diario, una vez instalada en esta isla mínima, para expresar lo que siento, ahora que no tengo a quien contárselo, y para recordar esta experiencia cuando mi número de neuronas disminuya seriamente. He venido a recomponer esta familia, también mínima, que formamos mi hija y yo, en un momento especialmente difícil para ella por la pérdida de su padre y su abuela en plena adolescencia, y especialmente difícil para mí, por la pérdida, en plena menopausia, del gran amor de mi vida y del generoso baluarte que fue mi madre.

A modo de diario, compone Esther Bajo esta novela, cuyo escenario es la isla de Gozo en Malta (“el mejor lugar para morir feliz”), que a uno se le antoja un lugar maravilloso incluso sin poner los pies en la misma, gracias precisamente a Esther, que nos envuelve con su prosa plástica, sensorial, invitándonos a adentrarnos en sus entresijos, incluso en el propio término Gozo, que está lleno de sugerencias y de matices... que va de un extremo a otro del placer: desde lo místico a lo carnal. 

Con Esther Bajo y Eduardo Aguirre en León

Me encanta Gozo. Es un mundo en miniatura: hay de todo y todo está al alcance de la mano. Me gustan sus casas de piedra dorada, sus balcones de madera verde, sus valles cultivados hasta la orilla del mar; me gusta que cada casa tenga un nombre y cada piedra, una vieja historia. Me gusta la mezcla de idioma semítico, carácter mediterráneo, aspecto árabe y educación inglesa; me gusta respirar seguridad y libertad al mismo tiempo y, sobre todo, la ausencia de estrés y crispación... Me gusta el protagonismo del cielo: aquí el brillo del sol se multiplica en el agua y, de noche, la luz de la luna ilumina las calles oscuras y las estrellas pueden contarse fácilmente. Me gusta la playa de mi pueblo, tan pequeña que parece de juguete... Y me gusta el silencio.

Pues una buena parte de la belleza de esta obra reside, en mi opinión, en la ambientación que realiza la autora, además de la historia que nos cuenta, con esa narradora protagonista en primera persona que nos va desgranando su forma de vida en esta isla maltesa -en compañía de su hija adolescente, a la que llama mi Teen-, luego de vivir el fallecimiento de su marido y de su madre. Todo un duelo. Que tanto nos hace recordar su poemario Duelo, del que pude dar cuenta en esta fragua publicada en ileon.com: https://ileon.eldiario.es/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/112517/esther-bajo-he-hecho-dos-cosas-con-jose-luis-estrada-que-eran-pura-utopia-crear-un-periodico-y-un-partido-politico

Misterios gozosos nos emociona y nos sacude las entrañas por el amor inmenso que la protagonista, Eude, siente por un marido que ya sólo está en forma de ceniza, aunque para ella siga presente con su aroma impregnando todo: "el amor como sentido de la vida...

El sol sale del agua y se interna en ella con tanta belleza y naturalidad que fuego y agua parecen ser la pareja perfecta, como El y yo... Cada noche me ovillo en la cama aferrada a su perfume, con el que impregno la almohada, como único e inasible hilo que me conduzca al recuerdo, esperando reencontrarle en los sueños. Y me pongo a tiritar bajo mantas y edredones, porque cuando él me fue devuelto en forma de ceniza, el fuego se apagó para siempre dentro de mí, y esta vulgar señora que ahora soy fue condenada al frío eterno".

"¿Por qué no pensar que la energía de una persona se transforma en una especie de presencia consciente?", llega a plantearse en este apasionado y hermoso viaje por Malta y en concreto por la isla de Gozo, en la que se nos revelan algunos  misterios: gloriosos, luminosos; incluso dolorosos, entre ellos la Orden de Malta y todo ese mundo/submundo irracional de supersticiones, espiritismo, adivinos... satanismo... donde proliferan los fanatismos y totalitarismos, el miedo al Otro, que acaba convirtiéndose en un enemigo. Y el Mediterráneo en un "cementerio marino". 
Misterios gozosos se cierra con una carta de la hija a su madre, que resulta realmente conmovedora. Y nos devuelve al comienzo: el maletín de los sueños. 


viernes, 1 de abril de 2022

La fragua literaria leonesa: Alfonso G. Matorra (Agustín Lasai)

 

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Alfonso González Matorra (Agustín Lasai): “Mi pueblo es mi principal fuente de inspiración”

El narrador Alfonso González Matorra (Agustín Lasai), autor de 'Tocan las campanas a concejo', presentará el viernes 1 de abril su obra en la Sala Región del Instituto Leonés de Cultura de la capital leonesa a las 20.00 horas. En la actualidad, ya está trabajando en su segunda novela, donde relata con alegría los duros acontecimientos que dieron lugar a su propio nacimiento una noche de niebla en el valle de Valdeburón. 


Alfonso González Matorra (Agustín Lasai).

Manuel Cuenya | 31/03/2022 - 09:58h.

Tocan las campanas a Concejo en el campanil del pueblo del Valle Viejo... y de repente, éste parece salir de su rutinario letargo de una tarde de domingo, salpicándose sus calles de gentes que acuden a la llamada. Los primeros en llegar al lugar de reunión, algo impacientes, preguntan por el motivo del inesperado repique, sin encontrar a ningún responsable que les saque de dudas.

(Agustín Lasai, 'Tocan las campanas a concejo')

Autor de 'Tocan las campanas a concejo. Riaño, el sueño' (Letrame, 2021), Alfonso González Matorra, bajo el seudónimo literario de Agustín Lasai, presentará el viernes 1 de abril su obra en la Sala Región del Instituto Leonés de Cultura de la capital leonesa. La cita será a las 20.00 horas.

Lasai estará acompañado en la mesa de presentación por el escritor Ramiro Pinto, que es todo un referente y maestro en la cultura leonesa actual.

'Tocan las campanas a concejo' es, en palabras de su propio creador, una llamada de socorro hacia el momento en que vivimos. Y un homenaje a los mayores, a sus paisanos, que en su día también fueron jóvenes. Por este motivo le gustaría que leyeran su novela "para que también ellos me cuenten, si este que lo cuenta les merece o no la pena".

Afirma Lasai, quien dice recrearse soñando mientras camina con los pies en el suelo -un ejercicio que quizá todos deberíamos practicar-, que su novela es "un grito en favor de la unión de la gente sencilla y honesta dueña de sí misma, que lo fue durante generaciones hasta la llegada de los nuevos tiempos de comodidades. Una utopía llena de sentimientos en la que poder recrearse soñando".

Cuenta Ramiro Pinto en el prólogo que esta "no es una obra plañidera, ni reivindicativa. Se trata de una novela que el autor susurra al oído de quien la lea. No únicamente por el sonido que sugiere el paisaje y que lo describe tal cual, sino porque a medida que te metas en la historia irás a un paisaje humano, demasiado humano, entre conversaciones, comentarios y discursos".

Retrata, mediante la escritura –continúa Ramiro–, una manera de ser colectiva y de personas convertidas en personajes, de una época, de un lugar de la montaña: El paisanaje..., que nos hace recordar, en cierto sentido, a 'La colmena' de Cela, incluso a 'El Jarama', de Sánchez Ferlosio.

"'El ser humano es el paisaje'... nuestro paisaje, en el que vivimos, el que recordamos y a veces soñamos... se trata de un pueblo, de una comarca, que en un momento determinado la burocracia elige para hacer un gran embalse, un 'pantano', que hará desaparecer incluso el espacio que ocupa. Mentiras, intereses, engaños, medias verdades, codicia, ignorancia, todo esto se confabula en personas que no tienen reparos en hacerse ricas a costa de lo que sea. Pero no todas las personas están dispuestas a sacrificar su mundo, su manera de vivir, y plantan cara. Contrasta el mundo de los despachos ('despachos sin alma') con sus moquetas en las calles asfaltadas de la ciudad y el mundo de las casas de piedra, donde sus chimeneas arden la madera del bosque, en calles de tierra y boñigas, en las que se anda con madreñas", expone Ramiro Pinto en el prólogo de esta novela, en la que el realismo se mezcla con el surrealismo, como asegura el prologuista, porque la novela es una historia más real que la misma realidad de lo que aconteció.

"Nuestros antepasados dejaron huellas profundas para no perdernos en el camino. Pisadas que nos han servido para mantener el equilibrio y los asideros necesarios  donde agarrarnos. Ese fue su regalo para la posteridad. El Concejo abierto como modo de entender la vida. Hemos podido convivir durante siglos en nuestros pueblos, dentro de una gobernanza participativa. Lo que se acordaba en Concejo era sagrado", escribe el periodista Javier Seisdedos a propósito de la obra de Lasai, que recuerda aquella forma de vida cotidiana, arraigada como una forma de ser y una defensa ante las grandes promesas y fuegos de artificio de la modernidad y el poder establecido.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon.com o ileon.eldiario.es: 

https://ileon.eldiario.es/cultura/127680/alfonso-gonzalez-matorra-agustin-lasai-mi-pueblo-es-mi-principal-fuente-de-inspiracion)