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jueves, 16 de septiembre de 2021

La fragua literaria leonesa: Patricia Valley

 Después de un periodo de descanso, digamos periodístico, retomo las fraguas literarias en el diario digital ileon.com, que incluyo en este mismo espacio bloguero. En este caso le corresponde a la joven y polifacética Patricia Valley. Vaya aquí.

La fragua literaria leonesa

Patricia Valley: “León es un lugar donde la gente siempre tiene tiempo para preguntarte y escuchar cómo estás”

La joven y polifacética Patricia Valley, autora de 'Glory Box', está en estos momentos tratando de poner en orden algunos de sus escritos y viendo un poco a dónde le llevarán.


                                          Patricia Valley es escritora.

Manuel Cuenya | 16/09/2021 - 09:40h.

La joven Patricia Valley (Patricia Valle de la Fuente) es una chica con talento a la que le gustan muchas cosas, según ella, por eso es actriz en cine y televisión, modelo, compositora de música y narradora.

No se considera prodigiosa en absoluto, antes "una persona con déficit de atención", señala con humor, lo que le ocurre es que necesita comunicarse de distintas maneras, "lo cual no quiere decir que las haga bien todas", precisa.

Se lamenta en todo caso de que, el no dedicarse a algo durante todo el tiempo, "hace que sea muy complicado tener oficio y llegar a la excelencia... Simplemente hago las cosas que hago, de la mejor manera posible, porque me hacen feliz y las necesito, no desde una competición", aclara Patricia, que estudió Periodismo en Salamanca, acaso creyendo que le serviría más de lo que en realidad le ha servido. Si bien ha sido colaboradora y creadora del contenido en el Magazine digital 'Pearls for the Swine', colaboradora ocasional en la guía gastronómica 'Plate Selector' o en '25 gramos'.

"Al final, fui una de esas personas, como tantas de mi generación, que estaba completamente perdida y que había bebido de esa idea de las generaciones anteriores, en la que una carrera universitaria era una garantía de futuro y paralelamente existían las vocaciones, que no tenían por qué estar relacionadas. Por supuesto, aprendí cosas, pero no volvería a estudiar esa carrera", rememora la autora de 'Glory Box', que es su ópera prima, cuyo título está inspirado en otro de un tema de Portishead https://www.youtube.com/watch?v=4qQyUi4zfDs, lo que le pareció perfecto para expresar lo que justamente significa: "caja de gloria", "ya que la historia se da a través de llamadas telefónicas entre los dos personajes desde sus respectivas casas", una historia en estilo dialogado que nos recuerda a una breve obra de teatro, en el que dos personas recuperan una antigua relación a través de conversación a través del móvil.

Cuenta que le costó abandonar la autoexigencia y el perfeccionismo extremo, que, en el fondo y en su opinión, no es otra cosa que un miedo terrible a exponerse desde un lugar más íntimo y honesto.

Sea como fuere, a Patricia le gusta componer con la palabra desde pequeña, mucho antes de saber si estudiaría Periodismo o qué era esta profesión. Incluso llegó a comenzar la carrera de psicología para darse cuenta de que lo que realmente le interesaba y le interesa es el arte, la interpretación, la música, la escritura.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon.com:  https://www.ileon.com/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/121929/patricia-valley-leon-es-un-lugar-donde-la-gente-siempre-tiene-tiempo-para-preguntarte-y-escuchar-como-estas)

martes, 7 de septiembre de 2021

El hilo de oro en la obra de Julio Llamazares

 El pasado viernes 3 de septiembre acudía, encantado, a la presentación de El hilo de oro en la obra de Julio Llamazares, volumen cuya autora es la amiga profesora y escritora Álida Ares, lo cual me alegra, porque además el libro es sobre la obra de otro amigo común y enorme escritor, uno de los mejores sin duda de nuestra geografía. 

La presentación tuvo lugar en la UNED de Ponferrada a las 11h, lo que viene a ser, según nos contara Julio Llamazares con excelente sentido del humor, una hora para jubilados. Una hora complicada sin duda para asistir al acto. No obstante, el salón de la UNED acogió a más de una cincuentena de personas, lo que no está nada mal. 

Se nota que el autor de La lluvia amarilla (cumbre de la literatura española, a mi entender) despierta conciencias y atrae como un imán al público. Y Álida, que es berciana de Villadepalos, también logró el entusiasmo de su gente. 

Álida Ares

Un acto organizado por el IEB (Instituto de Estudios Bercianos) bajo la tutela de la nueva presidenta Patricia Pérez Bruzos.

En la presentación, además de Álida Ares y Julio Llamazares, como almas del libro, también intervinieron el director de la UNED Jorge Vega, con quien también me unen lazos de amistad y clases; Ernesto Martín Peris como prologuista del libro, y la propia Patricia Pérez Bruzos, que se mostró muy amable y buena conversadora en la comida que tuvimos después de la presentación, en compañía de varias personas, básicamente del IEB, además de las almas máter del evento. 

El libro El hilo de oro en la obra de Julio Llamazares, que toma el título, según su creadora Álida Ares, de un artículo que publicara Llamazares en el diario El País, nos muestra análisis filológicos, lingüísticos, de cuatro obras del autor de Escenas de cine mudo.

Julio Llamazares y Álida Ares

En este caso la profesora y filóloga Álida Ares, que ha impartido clases de español en la universidad italiana de Trento y también en la Universidad de la Experiencia de Ponferrada (de ahí surge en gran parte su libro), analiza Distintas formas de mirar el agua (género, estructura, temática, paisaje), La lluvia amarilla (estructura y contenido, características expresivas, retóricas y pragmáticas, traducciones, repercusión en Italia), Las rosas de piedra y Las rosas del sur como un único libro de viajes (las catedrales y su función...), llegando a hacer un análisis comparado, con similitudes y diferencias, entre La ruta del Quijote de Azorín y El viaje de Don Quijote de Llamazares.

Patricia Pérez y Ernesto Martín Peris
Un volumen que a Julio le ha parecido, naturalmente, magnífico, aunque él insistiera en que no es un teórico de la literatura, que ni siquiera sabe (dicho otra vez con buen sentido del humor)  lo que es una aliteración, si bien le encanta la literatura y por supuesto le entusiasma escribir, que es lo que hace desde que tiene uso de razón, desde que uno de sus profes le dijera que hacía buenas redacciones en la escuela. La escritura entendida, en su opinión, como algo que a los lectores les produce calambrazos, porque, en definitiva, la literatura, el arte en general, debe emocionar. Y eso es lo que opina el gran Julio. Emocionar e invitar a la reflexión, eso creo. Y Llamazares lo logra en cada uno de sus libros a través de una escritura sencilla pero muy profunda y emocionante. 

En todo caso, estuvo brillante como siempre en su intervención, con sus anécdotas sobre el escritor italiano Mauro Corona (todo un personaje, autor de Fantasmas de piedra -traducido por Álida-, que tanto tiene en común ese su libro con La Lluvia amarilla), sus reflexiones, su forma de decir, provocando incluso risas. 

Qué sano es reírse, sobre todo de uno mismo. Incluso llegó a contar alguna anécdota realmente graciosa, que en el fondo da mucho que pensar (ya me la había contado en alguna ocasión anterior) como cuando a su sobrino le pidieron en el colegio un comentario sobre su novela Luna de lobos, que él califica como un western (tanto es así que Julio Sánchez Valdés, quien fuera profesor de la ex Escuela de cine de Ponferrada, llegó a adaptarla al cine) y su sobrino se encontró con que le resultaba complicado hacer ese comentario, tal vez porque el autor de la novela Luna de lobos era su tío. 

Llamazares y Ares

Total, que al final, después de darle vueltas al asunto, le pidió ayuda a su tío Julio y él mismo le hizo el comentario, con tan mala pata que la profesora del sobrino a duras penas le puso un cinco pelado de nota. Ver para creer. Si es que algo falla en la enseñanza. 

Entonces, se me ocurrió decirle a Julio que tendría que haber ido a ver a la profe de su sobrino y espetarle que él mismo había hecho el comentario. A ver qué cara se le ponía a la susodicha. 

Un placer grande escuchar hablar a Julio. Y estar en esta presentación de mi amiga Álida en un salón en el que casi todas eran caras conocidas, amigos y amigas como Santiago Asenjo, Fernando Fernández, Nuria Rubial (la profesora de Toreno, que imparte clases de Literatura en el Instituto de Boñar, la cual ideó la ruta del Porma a partir de Distintas formas de mirar el agua y Retrato de un bañista de Llamazares), la escritora Noemí Sabugal, o el propio profesor y escritor Jordi Canals, el compañero de viaje de Álida (al que agradezco mucho que me obsequiara con su libro de las Tres Venecias, que leeré encantado), entre otros muchos como las personas del IEB: Marino, Ana, Tito, Mar... Lamento no hacer referencia puntual a cada uno de los asistentes, que eran bastantes, como ya había dicho. 

Jorge Vega, director de la UNED

La charla, después de la presentación, continuó al amor de unas cervezas y luego al calor, algo sofocante, aunque estuviéramos en terraza, de una comida sabrosa, cuyo sabor sobre todo provino de la compañía de los asistentes a la misma, entre ellos, los anfitriones, por supuesto. Y hasta hubo visita al castillo de Ponferrada, gracias al bueno de Javier Bueso, director de museos y profesor de Arte del programa de la Experiencia en Ponferrada. Y la posterior velada con la familia de Álida, que siempre es muy hospitalaria con sus amigos. Así que mil gracias por todo, querida amiga. Y mi agradecimiento por tu libro, por todas tus aportaciones, por todas tus clases, por haberme invitado también, antes de la pandemia, a tu casa, a vuestra casa de Italia en Levico Terme. Mi gratitud y cariño para vosotros, Álida y Jordi, que sois estupendas personas. Y, como siempre, un placer reencontrarme con Julio Llamazares, que algún día espero que vayas a Noceda del Bierzo, al útero de Gistredo. 

Hasta siempre. 

jueves, 2 de septiembre de 2021

La costa cántabra

Fuerte de San Martín-Santoña


 Este verano, en concreto en el mes de julio, estuve por la costa cántabra. Ya escribí sobre Santander en este mismo blog. Os remito a la entrada. 

Cabe recordar que esta capital fue en los siglos XVIII y XIX el principal puerto de las exportaciones castellanas. Por lo demás, su bahía es muy hermosa. Me dispongo a escribir esto mientras escucho el concierto que diera Jean Michel Jarre en Santo Toribio de Liébana en 2017, que me hubiera encantado escuchar en vivo y en directo. Por fortuna, tuve la ocasión de estar en dos conciertos del genio Jarre, a saber, uno en Suiza (Lausanne) y otro en París, en el campo de Marte, en una época en la que este menda lerenda trabajaba en la factoría Disney: https://bembibredigital.com/mas-noticias/741-jean-michel-jarre

Santoña
La música como hilo conductor que me lleva literalmente a los recuerdos. Y por supuesto me hace viajar, sumergirme en el mar Cantábrico, o bien surfear al ritmo de las olas. 
El litoral cántabro es precioso, con sus playas y montañas, con sus acantilados, como el Bolao de Cóbreces, población que conozco desde que era un rapacín, pues allí está, en el monasterio de Viaceli, un familiar monje, que además es teólogo, el tío Leoncio, un hombre en verdad bueno, una persona entrañable. 
Bahía de Santoña
 
En realidad, los litorales son hermosos per se. 
Cantabria es tierra verde, con ese verde intenso como brotado con la textura de la miel. 
Cantabria es suavidad y también alta montaña. Los Picos de Europa asoman desde gran parte de su territorio. 
Cantabria es costa. Y en esta costa está Santoña, que no recordaba haber visitado en ninguna otra ocasión.

(Entrada en Facebook el 14 de julio)

Santoña, que tiene nombre de Santa, es un sitio que procura buenas vibraciones. Tranquilo y a la vez animado.
Conocido por sus anchoas, este es un buen lugar para yantar pescados. Anchoas, atún, incluso dorada, exquisita, que no recordaba comer desde mi último viaje a Túnez. El restaurante conocido como el despacho me parece magnífico. Y el tipo que lo regenta muy simpático. He notado hospitalidad en sus gentes, aunque a veces uno se haya quejado de la frialdad o sequedad del paisanaje cántabro. Si es que no se puede ni se debe generalizar, lo que resulta insostenible. Enfrente, desde su paseo marítimo, tengo a la vista a la población de Laredo, una bahía realmente hermosa.
Monumento al carnaval-Santoña

Santoña, con su gastronomía y su colorido, pero también con su bahía y su monumento al Carnaval, me pareció un buen lugar para quedarse a vivir durante una temporada. Pues se trata de un sitio tranquilo y agradable. Le prometí al responsable de El Despacho que haría referencia a su restaurante y la haré, porque se portó muy bien. Y la comida estaba riquísima. El marmitako y la dorada como platos excelentes. Si os pasáis por este sitio, no dejéis de tomaros algo. Todo un personaje resultó ser también el tipo de la Bilbaína, al que  parecía entusiasmarle el poteo (ya me salió, ay, el vasco). Si creía que estaba en Cantabria. 


Santoña ya está cerca de Castro Urdiales y aún más cercano al País Vasco. En una próxima entrada espero escribir sobre mi viaje en agosto a la costa vasca, con Castro como punto de partida, es un decir. 

De momento, continúo paseando por Santoña. Y de un modo inevitable, con mi querencia por el mar, por todo aquello que fluye, me dirijo en busca de un barquito que me haga cruzar hacia la otra orilla, enfrente está la villa marinera de Laredo, que también cuenta con un casco histórico.

Laredo

Aunque lo que más disfruté (vuelvo al tiempo pasado, que el viaje fue en julio, como había dicho) fue la travesía hasta El Puntal. Y luego la caminata a lo largo de algunos kilómetros por la enorme playa, que me llevó al interior de Laredo para darme un garbeo por la zona vieja y también por el puerto.  

Laredo

Santoña, aparte de sus anchoas y su bonito, cuenta con un fuerte, el de San Martín, que data del siglo XVII. Y es el pueblo natal de Carrero Blanco, al que volaron por los aires. 

Como es oriundo de esta tierra, los santoñeses quisieron rendirle culto con un monumento en el paseo marítimo de El Pasaje. Se dice que el monumento de marras tiene la altura a la que se trepó el almirante, o mejor dicho, a la altura a la que le hizo treparse la banda terrorista en 1973. 

Me sorprendió toparme con este monumento porque, a decir verdad, no recordaba que el falangista fuera de Santoña. 

En este viaje no visité ni Suances, ni Comillas ni San Vicente de la Barquera, aunque estas tres poblaciones costeras he podido visitarlas en otras ocasiones. 

Laredo

Comillas atrae no sólo por su costa sino por su cementerio, con su ángel exterminador y también por el edificio de su universidad, el palacio de Sobrellano y El Capricho de Gaudí...

Y, la verdad, me entusiasma San Vicente, con el resplandor de sus marismas y los picos de Europa al fondo. Una estampa ensoñadora.