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domingo, 3 de febrero de 2019

La curuja, homenaje a Pepe Álvarez de Paz

A través del Colectivo Cultural La Iguiada de Noceda, acabamos de editar el número 20 de la segunda época de la revista La Curuja. Y en este caso se trata de un número especial dedicado al ex eurodiputado y escritor nocedense Pepe Álvarez de Paz.


Introducimos precisamente este número con un texto de Álvarez de Paz acerca de la defensa de la sierra de Gistredo, incluido en su libro Nombres propios, que, como su propio título indica, hace referencia a personas que le han dejado una profunda huella emocional y reflexiva, entre ellas, muchas de Noceda.

Son varios los colaboradores que han querido sumarse a este merecido homenaje a una persona que tanto ha hecho por su pueblo de Noceda del Bierzo, un ilustre e ilustrado paisano y amigo, un nocedense con alma de poeta, que ha ejercido diversos cargos, algunos de altos vuelos, además de sus facetas como abogado, profesor o columnista de Diario de León.
Pepe con su madre y su hermano

Entre los colaboradores, que han dedicado palabras de afecto a Pepe, se encuentran el escritor César Gavela, el ex alcalde de Ponferrada y arquitecto Samuel Folgueral, su propio hermano Venancio Álvarez de Paz así como sus primas, las hermanas María Victoria, Nanci y Sina de Paz Fernández, además de su otra prima Asunción Arias de Paz, que vive en París.

Asimismo, contamos con los textos de Luis Nogaledo Llamas, el periodista, escritor y editor Valentín Carrera, y el periodista y Corresponsal de TVE en Lisboa Miguel Ángel García Rodríguez.
Pepe con su madre y su sobrina Carolina


Como coordinador de La Curuja, uno también le dedica algunas palabras en dos artículos, a saber, Pepe Álvarez de Paz, un gran nombre propio y Palabras mayores de Javier R. Sotuela (cabe recordar que Sotuela, un hombre entrañable, es uno de los grandes amigos de Pepe A. de Paz).


"... En el Seminario –recuerda Javier– estaban muy controlados. Pero ellos se las apañaban para contarse todos los secretos e intimidades con absoluta transparencia. Y de este modo establecer una gran complicidad. Y por ende un excelente amistad. “Nuestra forma de ser era más clara y espontánea que la del resto de compañeros, de los que no podíamos fiarnos mucho”, aclara Javier, que está convencido asimismo de que el Bierzo, con respecto a la Maragatería, era de mentalidad más industrial, más abierta, más laica", recojo en Palabras mayores de Sotuela. 
Pepe con su madre y su hermano

El ponferradino César Gavela, que conociera a nuestro homenajeado cuando Pepe fuera cura en la capital del Bierzo, escribe lo siguiente: "... El Pepe de Paz de aquella cena de 1972 era divertido, cercano, eufórico, rodeado de amigos que le querían mucho. Pepe, en esa noche que quedó en mi memoria como un tesoro de palabras, vino y alegría, improvisó esta canción: “Eu queriame casare, Pablo VI no me deixa”. Entre otras muchas letras cómicas y divertidas que cantó. Para entonces él estaba a punto de comenzar el ejercicio de la abogacía, o tal vez ya lo había iniciado. Luego conoceríamos su vida pública, de parlamentario en Madrid y después, en Estrasburgo, y de gobernador en Pontevedra...".


Por su parte, el ex alcalde de Ponferrada y arquitecto Samuel Folgueral recuerda a Pepe con estas palabras: "...Pepe es lo esencial, también es lo primigenio, es el conocimiento, es la ironía, es la fraternidad, es en definitiva el genio: un ser fantástico...". 


Su prima Nanci de Paz Fernández recuerda: "...Él nos recibía con su sonrisa de pillo y una mirada cómplice. Nos contaba historias, reales unas, parecidas a las de su último libro, inventadas otras, pero siempre nos tenía absortas, tan pendientes del hilo, que ni oíamos las pisadas en el pasillo. Estábamos felices...". 
Homenaje a Pepe de la Unión Deportiva Noceda


Su hermano Venancio de Paz escribe un texto sobre el homenaje que le rindiera la Unión Deportiva Noceda y los futbolistas el pasado año, en septiembre, en su pueblo natal. "El gran Avelino Cachelo, de quien el homenajeado dijo que era el que más sabía de fútbol, entregó una placa a Álvarez de Paz, como recuerdo y agradecimiento". 


Su prima Asunción Arias de Paz, desde la capital francesa, rememora sus vivencias con Pepe, al que considera un hermano. Y nos muestra a un Álvarez de Paz apasionado de la filosofía, apasionado lector de Marx, Engels, Bakunin, Heidegger, Bertrand Russell, Nietzsche... Ese mismo sentimiento nos muestra María Victoria de Paz Fernández con su artículo titulado Pepe, un hermano. "... Veo a Pepe mientras comía cebolla de Noceda y comentaba: "hoy puedo porque no tengo que confesar a las monjas". Lo veo estudiando concentrado para sus exámenes de Derecho en la Universidad de Oviedo. Recuerdo que, al regresar yo a casa, después de ir al cine o darme un garbeo con amigas y amigos, les contaba mis andanzas y, Pepe, medio sonreía o me daba su opinión con su fina ironía...". 


Su otra prima Sina de Paz Fernández, en su artículo Las primas de Pepe, nos habla de su primera imagen de Pepe: "... La primera imagen de Pepe en mi retina viene de la mano de su madre. Regresábamos a Noceda desde León y paramos en Astorga. Sería el año 52 o 53. La plaza de la Inmaculada, comida ahora por edificios y coches, me pareció entonces inmensa y el patio del Seminario, con mis primos en una esquina, grandioso. No recuerdo nada más, sólo aquella imagen de los cuatro, yo pequeñita; ellos tan mayores sonriendo y el gozo de mi tía al ver a sus hijos...".


Luis Nogaledo Llamas, que forma parte del Colectivo Cultural La Iguiada, nos ofrece un texto y breve entrevista a Pepe, en el que reivindica su persona como alguien que ha dejado huella en Noceda. 

"...Los peores momentos en mi vida fueron el 23F cuando el golpe de estado y también cuando fui candidato a la alcaldía de Ponferrada...", nos cuenta Pepe.

El periodista nocedense, corresponsal de TVE en Lisboa (antes en Berlín) Miguel Ángel García, nos habla de algunos de los libros que le entusiasman, de la emoción que sintiera en la presentación del libro de Pepe en Ponferrada, cuya lectura nos recomienda: "...
Yo recomendaría la lectura de Nombres propios a algunos saulos de la política que caídos del caballo de la casta demuestran una ignorancia supina sobre lo que fueron aquellos tiempos, la talla política y humana de los muchos que supieron limpiarnos la mugre de 40 años de dictadura y nos inyectaron la vacuna contra la guer-rabia civil...".
Presentación de Nombres propios en Ponferrada. Foto. Luis Nogaledo


Por su parte, el periodista, escritor y editor Valentín Carrera, cuyas raíces, al menos por vía paterna, están en esa "Noceda nutricia y sustancial" a través de su abuela Teresa Cubero, cierra este número con Las resonancias magnéticas de Pepe Álvarez de Paz, donde nos cuenta su experiencia como editor de Nombres propios, el libro de Pepe. 

"... A la altura de marzo de 2018 —como dicen los portugueses, de los que tanto gusta Álvarez de Paz—, recibí la llamada de un amigo común, Amancio Prada, animándome a publicar en la modesta editorial Paradiso_Gutenberg un libro de artículos y memorias que Pepe tenía algo atragantado. Llevaba tanto tiempo dándole vueltas a la fondue que las crónicas se habían hilvanado unas con otras en amor y compañía, no siempre en el debido orden.
En esa altura comenzó mi aventura editorial con Pepe, que he vivido del modo más intenso, profesional, afectuoso y cómplice que podáis imaginar". 

*La revista La Curuja se distribuye entre las personas asociadas, fundamentalmente de Noceda, donde se creara la Asociación colectivo Cultural La Iguiada, que se encarga de editar esta publicación semestral, con un número de invierno (febrero) y otro en julio (verano). 
http://nocedadelbierzo.com/la-curuja/


sábado, 2 de febrero de 2019

Tomás Nogaledo, siempre en nuestro recuerdo

Recuerdo y siempre recordaré a Tomás Nogaledo con cariño. Un hombre inteligente y trabajador, capaz como fuera, junto a su mujer Antonina, de sacar adelante a seis hijos/as como seis soles: Neli, Toño, José Manuel, Elena, Javi y Carlos. Por este orden en edad. Espero que no me confunda. Bueno, Javi y Carlos son mellizos, esto es, de la misma añada. 

Se me hace harto complicado sacar adelante (me gusta mucho esta expresión, que otrora se utilizara con frecuencia) a toda una familia numerosa, sobre todo en una época de carestía, un tiempo difícil como fuera la posguerra incivil, llena de hambrunas y racionamientos. Aunque creo que hoy sería aún más complicado criar a tantos hijos, darles unos estudios, un porvenir. 
Y Tomás Nogaledo, que hoy mismo nos ha dicho adiós (tenía 97 años, creo recordar), logró, gracias a su esfuerzo, su trabajo, su tesón, darles un porvenir a sus hijos e hijas. 
No hace tanto tiempo (creo que en 2016, el año en que falleciera mi padre), su mujer Antonina (una mujer realmente guapa incluso con edad avanzada) nos abandonó también a resultas de una de esas enfermedades que te dejan fuera de la realidad.
A veces uno piensa si no será mejor morirse cuando uno ya está en otra dimensión, que irse con los cinco sentidos, como Tomás, que tenía una lucidez envidiable (y hasta hace bien poco un físico magnífico, con su porte elegante subido en su bici, estampa en verdad entrañable). 
Me apena que se haya muerto. Y me apena que no estuviera por la labor de dejarse entrevistar como tal para la revista La Curuja, acaso porque creía que él no tendría tanto que aportar, lo cual no es cierto, porque la vida de Tomás (estoy seguro) daría no sólo para una sino para muchas entrevistas, todas ellas sustanciosas. 

Aún así, tuve la ocasión de charlar con él, menos de lo que hubiera deseado, y que me contara algunas cosas de su vida. Una vida, insisto, que dio mucho juego. ¿Qué es la vida sino un juego, a veces sin sentido, absurdo? 
"Se me ha pasado la vida como un suspiro", me llegó a decir más o menos en una ocasión en su casa, no hace tanto tiempo, una casa que él mismo construyera con sus manos en el barrio de Vega de Noceda del Bierzo, de donde era oriundo. 
Un suspiro, rumié. Si es que la vida es un suspiro para todo el mundo, aunque uno viva un siglo (él estuvo a punto de alcanzarlo, aunque me temo que tampoco tenía ya ninguna intención de llegar a los cien años). 
La vida es algo que pasa mientras uno está entretenido haciendo otras cosas, llegó a decirnos el beatle John Lennon, que murió joven, con cuarenta años y las ilusiones intactas, con todo un futuro por delante. 

Sea como fuere la vida pasa rápido, muy rápido, y cuando uno quiere darse cuenta ya es demasiado tarde para casi todo, para todo. Por eso, debemos sentir y vivir cada instante con devoción, sobre todo cuando aún tenemos salud (esencial, pues sin salud no somos nadie). 
Creo que la última vez que vi a Tomás debió ser precisamente en el cementerio de Noceda, en el funeral de alguna persona que ahora no recuerdo, tal vez fuera en el entierro de la madre de Maika (no estoy seguro). 
Lo que sí recuerdo es saludar a Tomás (iba en compañía de su hijo Carlos, que se dedica al mundo del teatro en Toulouse), al que vi afectado por la reciente muerte de su mujer (eso sí lo recuerdo), muerte que lo dejó absolutamente tocado y hasta estocado. 
Tomás, junto a su inseparable mujer Antonina, luchó mucho, trabajó duro, incluso en la mina, siendo joven, hasta que decidiera emigrar a Francia en busca del futuro que no encontrara en España. Cuántos nocendenses, cuántas nocedenses por el mundo adelante en una época, ya lo he dicho, nada fácil. 

En el país galo se labró su futuro, el de él y el de su familia, hasta que retornara, ya jubilado, a su Noceda del alma para vivir en la casa que comenzara a construir, con sus propias manos, de arriba a abajo, ya en sus periodos vacacionales de verano en el útero de Gistredo. 
Una casa extraordinaria, con vistas precisamente a la sierra de Gistredo, que ahora se queda vacía, al menos de momento, porque sus hijos y sus hijas viven fuera, fuera de la provincia (Toño en Baleares), incluso fuera de España (José Manuel en Pau (Francia), Elena en México, Javi en Burundi y Carlos en Toulouse (Francia), salvo Neli, la mayor, que vive en el Bierzo). 
Desde este rincón del útero gistredense, hoy bajo la nieve, la memoria de la nieve, deseo enviarle, donde quiera que se halle el espíritu de Tomás Nogaledo, un cálido abrazo. Y otro para sus hijos e hijas, a quienes siento como si fueran de mi propia familia. 
Siempre en nuestro recuerdo, Tomás. 

Crudeza, de Mario Pérez Antolín

Crudeza es el título del reciente libro de Mario Pérez Antolín, que es un reconocido aforista dentro del panorama literario nacional, a quien tengo el gusto de conocer. Y además he podido reseñar algunas de sus anteriores obras, a saber, La más cruel de las certezas https://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/lucido-analisis-de-realidad_836602.html y Oscura lucidez https://www.lanuevacronica.com/oscura-lucidez (que tuvimos la ocasión de presentar en León, en la emblemática Sala Región del ILC hace algún tiempo, digo tuvimos porque allí estuvimos, aparte del autor, obvio es, los escritores José Luis Puerto y Rafa Saravia, además de un servidor para arropar a Mario). 

A tenor de sus títulos, la crueldad, la crudeza forma parte de su obra. O mejor dicho la reflexión acerca del mundo bestial en el que vivimos. Pues el abulense Pérez Antolín, al que nacieran en Alemania, gusta de la reflexión, de la filosofía, tan necesarias (ahora más que nunca) para tratar de entender en el mundo en que vivimos, que se me antoja harto complejo y confuso.  
Se nota a la legua, cuando uno lee a este creador castellano-leonés, que conoce bien la filosofía. Y la aplica a sus aforismos, a todo cuanto escribe, con solvencia, con maestría: "Hay que intentar no desesperarse en el sufrimiento ni exaltarse en el júbilo. La templanza nos inmuniza". Y es que Mario, cual buen estoico (al estilo de Marco Aurelio) es un maestro del aforismo (como lo fuera el gran Karl Kraus, a quien convendría releer), de la sentencia breve, incluso de la greguería ramoniana (pues hay mucho de greguería -metáfora impregnada de humor- en Pérez Antolín). Asimismo, algunos de sus llamados aforismos son auténticos microrrelatos, que nos hacen recordar al genio Max Aub. Y a veces sus aforismos adquieren la forma de poemas en prosa. No en vano, él es también poeta, o sea, un todoterreno de la escritura creativa. 
"...He tenido que dar la espalda a la poesía como género para descubrirla como vivencia. Ahora, que no practico el género poético, me considero más poeta que nunca. Hoy se hace poesía en todas partes menos en los poemas", escribe Mario con lucidez, consciente de que la poesía debe contener vida para precisarse de ser tal, ha de brotar como algo natural, acaso de las entrañas de la tierra, o bien de las entrañas de un ser humano. 
Cuenta Vicente Verdú, el prologuista de su Crudeza (quien falleciera el pasado mes de agosto) que los aforismos, para ser acertados, es necesario que hayan caído del corazón o la mente. Y no le falta razón porque no sólo los aforismos, sino todo cuanto uno escribe debería ayudarnos a reflexionar o a emocionarnos. O bien ambas cosas, lo cual entronca con lo artístico. Y Pérez Antolín, en sus textos, siempre breves de Crudeza, nos invita a pensar a través de sus píldoras concentradas acerca de la igualdad/desigualdad, la injusticia socioeconómica, la política actual, los sinsentidos, la vida/muerte ("Conservar la vida mientras los alicientes superen a los pesares. Acabar con ella cuando padecer se convierta en una costumbre normalizada"), lo virtual ("El confesionario era el lugar de nuestros secretos. Ahora lo es el buscador de internet"), el mercantilismo y la esclavitud actual, la pobreza/riqueza ("Nadie debería disfrutar de tanta abundancia..."), el amor, la libertad y la necesidad, la democracia ("... no puede haber soberanía popular si no generalizamos la democracia económica..."), la violencia, el poder ("El poder siempre entraña abuso..."), la religión, el engaño y la manipulación, la incertidumbre ("Nos movemos entre la melancolía satisfecha de la plenitud y el alboroto imprevisible de la zozobra... y la incertidumbre de perderlo o ganarlo todo"), el hiperconsumo, la vejez ("... la vejez nos enseña a poner pegas donde en la juventud poníamos elogios"), la soledad, la hipocresía ("Dar lástima repele, por eso casi nunca nos sinceramos de verdad: lo penoso pesa demasiado"), el mal ("... el sujeto más rastrero puede perturbar fácilmente al sabio más benévolo...")... 
En la presentación de Oscura lucidez (Rafa, Mario, Manuel)

 "No hace falta ya muchas páginas para decir lo importante", nos aclara Verdú, a sabiendas de que el extraordinario Rulfo no publicara más allá de 400 páginas en toda su vida. Páginas sublimes, que lo han convertido, con el transcurso del tiempo, en uno de los mejores escritores de la historia. Bien sabemos (máxime cuando hablamos de microficciones) que la precisión lingüística y la economía narrativa son fundamentales a la hora de contar, como tan bien hiciera el maestro Antonio Pereira, uno de los mejores cuentistas y narradores, tanto por escrito como en lo oral, que han existido en lengua castellana/española. Leer al autor de Cuentos de la Cábila se me hace delicioso. Y escucharlo hablar era un placer de diosas y dioses, hechos a imagen y semejanza del colosal talento y el magnífico humor de su creador. 
Y la precisión lingüística y la economía narrativa están bien presentes en la obra de Mario Pérez Antolín: ese decir mucho con pocas palabras: "Mis aforismos son como miniaturas en un cajón inmenso". 
El próximo miércoles 6 de febrero, a las 20h15, nos vemos en la librería Artemis de la capital leonesa para hablar de Mario Pérez Antolín y su obra Crudeza, cuya cubierta ilustra la artista maragata Nuria Cadierno. 
En la presentación, además del propio autor, estará el poeta y dinamizador cultural Rafa Saravia, que es como un dios bueno, que está donde se le llama, para cosas nobles, por supuesto.