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martes, 6 de febrero de 2018

Mapas afectivos por Manuela Bodas

Agradezco, querida amiga Manuela, que te hayas tomado la molestia de reseñar mis Mapas afectivos. Un gran placer. Y una gran alegría. Por fin (y después de tanta muerte) puedo reconciliarme con la vida, con instantes de belleza y felicidad, los que me procuran tus palabras cariñosas. 
Vivimos tiempos apresurados. Y que alguien dedique su tiempo a los demás me parece un gesto hermoso. Tus palabras me resultan entrañables. Me alientan para seguir en la senda de esta vida, en busca de tiempo, nuestra sangre, tras las dunas de la amistad y el amor, recorriendo la Tierra. 
Me alegra que te hayan dejado huella estos viajes por el mundo "alante". 
Seguiremos soñando. 



Rozan mis ojos, / las mágicas arenas de un libro. / Viajo por sus páginas, / a lomos de una sutil pluma. / (Pluma aquí, por bolígrafo o, / lo más seguro teclado). / Vuelo sobre el horizonte / de la amistad, del buen sabor, / que dejan las fibras / de los que acogen al viajero / como si fuera uno más, y lo es, / en la gran familia del universo. / Hay verdades en las líneas, / que dejan huella en el lector. / La amistad, los afectos, / van dando paso a párrafos / en los que el lector, vive / la calma y la sed de conocer / que tiene Manuel Cuenya, / autor de “Mapas afectivos”. / Mapas con ciudades y pueblos, / que dan cobijo con su historia / al hombre, al hombre y a la vida / que brota en la mirada del autor. / Al hombre y a la naturaleza, / que nos muestra Cuenya, / con la sensible pureza / del que ve por primera vez. / Mapas afectivos es como un árbol, / del que brotan sueños nuevos. / Es un sueño que hay que recorrer.

Quieren ser los versos precedentes un “gracias” a Manuel Cuenya, por este libro sereno y amigo. “Mapas afectivos” nos muestra un viajero sensible y abierto a saborear los rincones y las vibraciones que se sienten al caminar por lugares antes no vividos, o los ya vividos, pero en otras circunstancias y momentos, ya se sabe aquello del río, creo que lo dijo Heráclito, “nunca el agua es la misma”.
El libro de Manuel Cuenya, “Mapas afectivos”, ha sido una lectura preciosa para el fin de semana. El libro nos da alas para conocer los espacios y los tiempos en los que el autor nos muestra también, su fibra literaria y poética. Manuel viaja con los ojos puestos en las almas de las cosas y de las gentes, en las almas que la naturaleza va cincelando en sus  paisajes. Las almas  escondidas en las memorias de los que antes surcaron esas rutas.
Merzouga
Mordida existencial:         
Viajar nos transporta a dimensiones guardadas en las hélices de la genética, que ya en sí  es el viaje más extraordinario. Transporta a los caminos que el hombre dará cuando llegó a la calma. Si escribo al revés los tiempos verbales, porque creo que eso es viajar, ir y volver, venir a donde otros han sido por nosotros. Devolver a los que seremos, caminos llenos de vida. Como también viajar es agradecer a Manuel Cuenya, en este caso concreto, los lugares por donde he circulado este fin de semana. La verdad es que sin salir de casa, he vivido, comido y paseado por rincones tan distantes como Marruecos o Méjico, también he conocido secretos muy cercanos, a tiro de piedra se puede decir. En definitiva, que hoy lunes, cuando escribo estas líneas, les animo a viajar con “Mapas afectivos”.
Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

lunes, 5 de febrero de 2018

Y de repente...Gonzalo López Alba

La muerte, por desgracia, sigue atizándonos duro. Es ley de vida, dice Fernando. Pues me niego. Me gustaría pensar sólo en Eros. Pero Thánatos se impone como una apisonadora. Ya sabemos que nacemos para morir, pero cuando a uno lo pilla aún joven, y Gonzalo lo era, entonces se nos vienen abajo las ilusiones. Y nos entra temblequera. 
También me dice el amigo Javi (y mi paisana y amiga Auri) que escriba sobre algo más alegre. A ver si llega el momento. Ojalá. Por ahora tocan estos asuntos. 

Hace tres o cuatro días que Gonzalo López Alba me enviaba un mensaje para decirme que a partir de ahora colaboraría con InfoLibre los domingos y con Vozpopuli los jueves.  
El viernes, creo recordar, lo veía en la noche en 24 horas de Televisión, el programa que conduce el periodista Víctor Arribas. Y de repente, hoy mismo al mediodía, Antonio, el jefe de edición de ileon, me comunica que el periodista y escritor berciano Gonzalo López Alba ha fallecido, recordándome que yo lo había entrevistado para La fragua literaria leonesa: http://www.ileon.com/cultura/076165/gonzalo-lopez-alba-la-buena-literatura-no-sabe-de-origenes-sociales-ni-procedencias-geograficas
Pues sí, un placer haberlo podido entrevistar. Pero ahora me quedo fuera de mí, porque, desde que falleciera mi padre (y unos años antes mi cuñado Nino) estoy muy sensibilizado con la muerte, con la muerte de seres queridos, seres cercanos. 
Me trastoco cada vez que oigo la palabra muerte. Y es entonces cuando me gustaría salir corriendo hacia un lugar utópico, imposible, en el que la Muerte no existiera. 
En el fondo, no deberíamos autoengañarnos, ni hacernos los mensos, que dicen en México, porque la muerte está y estará siempre con nosotros. Y el día menos pensado (siempre nos coge por sorpresa, aunque no lo creamos) nos tocará ese gordo gordísimo, que esa sí que es una lotería en números rojos rojísimos, negros negrísimos. 
El pasado mes de diciembre, con motivo del premio Lambrión Chupacandiles, que otorga el grupo de comunicadores del Bierzo afincados en Madrid, comandado por los periodistas Juanma Colinas y Toño Criado, había quedado en ver a Gonzalo en la Plaza Santa Ana, pero me llamó, casi a última hora, para decirme que no se encontraba bien del estómago, que algo le había sentado mal, que lo disculpara. Disculpado quedas, Gonzalo, bien lo sabes, desde donde quieras que leas estas palabras, porque tú seguirás leyendo y escribiendo, seguro. 
Aquel encuentro en la Capital del Reino no pudo ser. Pero, transcurridas apenas unas semanas, a finales de diciembre del pasado año, nos dimos cita en el Museo de la Radio de Ponferrada, él, su sobrino carnal Ruy Vega (César López) y este servidor vuestro para hablar de sus obras. 
Una tarde instructiva, estimulante, que luego se prolongaría tomando cañas y pinchos en el Bodegón de Ovidio y el nuevo Trastevere en compañía de gente amiga. Y más tarde en el restaurante Las Cuadras, al amor/calor de unas viandas y unos vinos, en compañía también de José Luis (que en breve espero que publique su ópera prima, pues talento le sobra) y Sandra, que ahora anda buscando curro por Ámsterdam. 
Difícil la vida para algunos, como siempre, mientras los ricos, políticos de altos vuelos y demás campan a sus anchas y viven mejor que los curas de antes (y los de ahora). 
Me despedí de él con afecto. Y quedamos en volver a vernos, tal vez de cara a la primavera. Pero la primavera ya no ha florecido en el bosque de la esperanza para el autor de 'Los años felices' o 'My dear love'. 
Nada más enterarme de su fallecimiento me puse en contacto con algunos amigos periodistas, que lo conocían, para comunicarles la mala noticia. Y también con su sobrino Ruy, que, como ya había adelantado en cierto modo, también es escritor y ahora hace sus pinitos en la tele de Ponferrada como crítico de cine y de libros (con la gran María de Miguel) y en La Nueva Crónica como crítico literario. 
Siento mucho lo de tu tío, estimado Ruy, como ya te dijera. Y es una pena que no podamos ya volver a juntarnos para hablar de literatura, de viajes, de la vida, de los afectos que nos unían, que nos seguirán uniendo, eso espero, porque el espíritu pervive. Y a buen seguro nos sobrevivirá más allá de nuestro propio olvido.   

sábado, 3 de febrero de 2018

La Curuja con sabor y aroma a Prada A Tope


Acaba de ver la luz una nueva edición de La Curuja. Se trata del número 18 de la segunda época. Una revista originaria de Noceda del Bierzo, editada a través del Colectivo Cultural La Iguiada. Y que tengo el gusto de coordinar como responsable de edición y autor, en este caso, de un artículo que le dedico al empresario berciano José Luis Prada.

Precisamente, la portada de este número es un retrato con el que el artista Pepe Sánchez Carrelero homenajea al archiconocido Prada A Tope. Por su parte, Pepe Álvarez de Paz abre las páginas de La Curuja con un poema dedicado a su amigo el artista Cristóbal Gabarrón.


El habitual colaborador nocedense Javier Arias Nogaledo nos cuenta El viaje de Carmen, un artículo sobre una vecina de Noceda que viajó a los Estados Unidos para encontrarse con su hermano (uno de los muchos emigrantes bercianos a América). En esta misma línea de emigración, José Antonio González Rodríguez (otro de nuestros emigrantes) nos relata la historia de su padre como emigrante en Buenos Aires. El también nocedense Isidro Cabezas nos habla de la carrera religiosa del abad Isidro Arias, que cuenta con una calle en Noceda. El ya fallecido Miguel Ángel Rodríguez Álvarez, oriundo de Noceda, nos ha dejado un artículo sobre la interesante relación que tuviera San Isidoro de León con Noceda del Bierzo.

Como es época de carnavales, la nocedense María del Mar Álvarez Vega nos habla de los zarramacos.

El narrador, trotamundos y ex ingeniero de minas Daniel
Higinio López Abella nos obsequia con un sobrecogedor relato minero titulado La muerte del picador.

La poeta y narradora bañezana Manuela Vidal Vallinas, en lenguaje lírico, nos adentra, en plena primavera, en el bello pueblo de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano. Y la poeta, narradora y profesora María José Prieto cierra este número con un poema titulado Memorias de un río.