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martes, 6 de octubre de 2015

La fragua literaria leonesa: Luis Miguel Alonso Guadalupe


Cultura


Luis Miguel Alonso: "Soy polifacético pero monotemático en la búsqueda de lo auténtico"

Manuel Cuenya | 06/10/2015 - 13:12h.

El artista multidisciplinar Luis Miguel Alonso Guadalupe, autor de ''Variaciones en las imágenes del tiempo', acaba de escribir un nuevo poemario, el sexto, a la espera de que alguna editorial se interese en su publicación. 

Luis Miguel Alonso Guadalupe
Poeta, narrador, pintor, radiofonista, Fundador y Director del Festival Nacional de Cine de Astorga, Luis Miguel Alonso Guadalupe es un artista "multidisciplinar", si bien está convencido de que uno siempre cuenta la misma historia, unas veces desde la palabra o la plástica y otras desde la imagen en movimiento, a sabiendas de que "todo es parte de un intento de encontrarse con uno mismo, con los demás y con el entorno, tratando de escudriñarlo, de descubrir ese camino entre la selva diaria hasta la luz de la llanura de la serenidad de la auténtica sabiduría... Todo se relaciona cuando de lo que se trata, es de encontrar la verdad", aunque no resulte tarea fácil, sobre todo cuando uno abarca  tantas disciplinas, como es su caso, "en un mundo en el que todo está etiquetado en departamentos estancos". Por tanto, se autodefine como "polifacético pero monotemático en la búsqueda de lo auténtico", marcado por el medio ambiente donde vive, que, "al igual que los deseos, las ilusiones en la vida o la formación continuada, marca a cualquier ser humano". En su caso, Astorga, la capital de "la privilegiada comarca de la Maragatería", ha sido/es determinante en su vida. Una comarca privilegiada, según Luis Miguel, por la riqueza de su tierra y de su gente, "gente auténtica que aún queda en esos empedrados pueblos y gentes que, desde los más variados países, está viniendo a asentarse aquí, como si de nuevos colonos se tratase, como repobladores en un territorio pobre y abandonado buscando el sosiego, la tranquilidad del espíritu o el ímpetu para llevar nuevos proyectos, gente joven que vislumbra un futuro entre nosotros", lo que le anima a seguir "labrando la tierra", a sabiendas de que muchos jóvenes llevan tiempo yéndose de este lugar de arrieros. "Si Valente buscaba la serena espiritualidad en el desierto de Almería o Panero lo hacía entre los mesetarios pueblos de La Valduerna; la Maragatería ahora también  atrae a artistas,  empresarios, gente en definitiva que quiere encontrar su lugar vital", señala el autor de 'Pasos sobre la tierra, bajo la imagen de un crepúsculo' (Colección Provincia, Diputación-Instituto Leonés de Cultura, 2005), su cuarto poemario, con el que obtuviera el Primer Premio de la Bienal Internacional de poesía Eugenio de Nora. No en vano, Luis Miguel es un entusiasta de la poesía del creador de 'España, pasión de vida' y cofundador de la mítica revista 'Espadaña', al que conociera personalmente con motivo del premio que recibiera y cuya poesía le parece interesante y nueva, a pesar del tiempo transcurrido desde su escritura. "Eugenio resultó ser una persona sencilla, cercana y de una humildad sorprendente, casi monástica, una sorpresa en su calidad personal", recuerda Luis Miguel, quien también lograra quedar finalista de este mismo premio con su segundo libro de poemas, 'Trazos del azar y la paciencia' (Endymion, 1999).
"Todo es parte de un intento de encontrarse con uno mismo, con los demás y con el entorno, tratando de escudriñarlo, de descubrir ese camino entre la selva diaria hasta la luz de la llanura de la serenidad de la auténtica sabiduría..."
Eugenio de Nora y la saga de los Panero
Aparte de Eugenio de Nora, Alonso Guadalupe  cree que de cada persona que tenemos cerca, podemos aprender algo, de sus ideales, pensamientos y formas de ver y entender un poco mejor la vida que nos rodea, y aplicar de modo positivo este saber a nuestra vida. "Cada autor que se ha mostrado con sinceridad ante los lectores, consigue transmitir esa verdad y nos entrelazamos a ella". En este sentido, siente en su poesía la divinidad en lo cotidiano de Emily Dickinson, el sustrato de la síntesis de la palabra de Valente, la alegría vital de la luz en el ser de Lorca, la profundidad del alma humana de Neruda o el más allá en el silencio de los trascendentes paisajes maragatos de Leopoldo Panero, poeta al que el autor de 'Espacio blanco, la curva medida del tiempo' (Endymion, 2001) le ha dedicado algún trabajo audiovisual, como 'Los abanicos de la muerte'. Sobre la saga de los Panero, Luis Miguel cree que seguirá en pie a pesar de sus hijos, Juan Luis, Leopoldo María y Michi, murieran sin dejar descendencia, porque están surgiendo nuevos libros, nuevas tesis doctorales en Hispanoamérica o películas sobre ellos. "Afortunadamente tendremos paneros para rato, tanto para los lectores, para la ciudad de Astorga, como para la provincia de León, con la consiguiente repercusión cultural y turística que esto conlleva, aunque hay gente que increíblemente, esto aún, sigue sin verlo", apostilla este autor enamorado de su tierra y de la gran riqueza literaria que ha dejado la Escuela de Astorga y la posterior descendencia literaria de los Panero, Alonso Luengo, Gullón..., convencido asimismo de la cantidad y calidad de artistas que existen, especialmente en el mundo de la literatura, en nuestra provincia, a lo que ha contribuido en gran medida, como válvula de escape, en su opinión, la tradición oral de nuestros paisanos, la variada naturaleza, el frío, la austeridad casi monacal en nuestros pueblos y la eterna paciencia y resignación. En todo caso, Luis cree que los narradores y poetas no están en un estrato diferente al resto de los humanos. "Solamente unos pocos, los auténticos, consiguen engarzar con el común denominador de la esencia humana, el resto simplemente trasladamos algunos pensamientos a un papel pretendiendo creer que eso vaya a servirle a alguien para algo, al menos para mejorar los pequeños territorios humanos de los que nos rodeamos. Pensamos ingenuamente, imitar a aquellos grandes autores que, como buenos exploradores en medio de la selva, conseguían siempre, no sin la perseverancia en el estudio, sin la constancia en la investigación, encontrar el camino, para hacernos vislumbrar la luz en el horizonte, tratando de encontrar el conocimiento", concreta Luis Miguel, cuyo último poemario hasta ahora, titulado 'Variaciones en las imágenes del tiempo' (Csed poesía, 2015), consta de pequeñas historias, "de imágenes que se han licuado en palabras y que han surgido de algunos recuerdos, de  las conversaciones con los amigos, de la indiferencia de los enemigos, de los muchos deseos en un mejor futuro para todos y en definitiva, de la preocupación por poder hacer un mundo mejor con los que tenemos a nuestro lado..., sin egos, ni literarios, ni artísticos ni de otra índole".

Casimiro Martinferre, chamán de la las imágenes y las palabras

Artículo publicado hoy mismo en La Nueva Crónica, dedicado al artista bembibrense Casimiro Martinferre. 


Leo y releo estos textos, ilustrados con imágenes, que nos ofrece Casimiro Martinferre en este mismo periódico bajo el epígrafe de ‘Territorio’ y me quedo hipnotizado, como si transitara por un espacio-tiempo mítico, fundacional, porque es tal la fuerza y la poesía que se desprenden de sus palabras y de sus imágenes, que me resulta delicioso recorrerlas, adentrarme en ellas. 

Lo que consigue este artista bembibrense, buen conocedor de las montañas bercianas, es pura magia, porque lo que nos cuenta revela vida, autenticidad, y eso se agradece en estos tiempos donde casi todo está contaminado, adulterado, re-cargado de impostura y artificio. Se nota a la legua que él ha recorrido y explorado como nadie, siempre con los cinco sentidos en marcha, la ternura que teje los valles del Bierzo, sus paisajes y su paisanaje, los cuales ha sabido retratar con sentimiento, con emoción, como un chamán que nos introdujera en las entrañas de lo misterioso, en los arcanos de la realidad/surrealidad. Un viajero en busca de esencias, de lo ancestral y, en el fondo, de sí mismo, que siente un profundo respeto por la Naturaleza, por nuestro mundo entorno, por nuestros antepasados y todas aquellas personas que aún siguen morando, por fortuna, en nuestra tierra. Hoy, sin ir más lejos, mientras paseaba, en afectuosa-amorosa compañía, por Librán y Pardamaza, recordé a este fotógrafo/escritor o escritor/fotógrafo que escribe con imágenes y fotografía con palabras. Una fusión perfecta.
Mirador de las Portillas, al fondo Librán
Y una buena ocasión para acercarse hasta León, en concreto al Museo de la capital provincial, donde Casimiro expone algunas de sus fotos, que tanto me hacen recordar, por lo demás, a Juan Rulfo, aquel grande de las letras, quien, gracias a su trabajo como corredor de comercio, tuviera la oportunidad de recorrer su país y captar con su cámara ese México rural tocado por la fatalidad, la muerte, con esos pueblos abandonados, esas cruces, esos paisajes vacíos, esa desolación, esas miradas ‘adoloridas’, que nos sobrecogen. Algo parecido, con su propio estilo y buen hacer por supuesto, nos muestra el autor de ‘Manuscrito de los brujos’, reeditado recientemente por la editorial Calecha, de Alberto y María (excelentes escritores y editores de libros y guías de viaje, sobre todo por el Noroeste español) con sus imágenes analógicas en blanco y negro: carcasas calcinadas, personajes de otro tiempo mirando con ojos perdidos y silenciosos, pequeñas cruces, espantapájaros en  las vallinas de Gistredo, entre otras; fotografías que, aunque sólo capten un instante, una décima de segundo de la vida (tal es su grandeza, como él mismo diría), quedan plasmadas para el recuerdo, nos religan con la memoria, con esa memoria afectiva que nos invita a vivir infinitos instantes y reflexionar acerca de la belleza/no belleza del mundo. 




Isla del Bierzo

Este artículo escribía para Diario de León hace años, unos diez, al que ahora doy otra vez vuelo porque tengo la impresión de que estuviera vivito y coleando.               

                                                                            
         El Bierzo es una cubeta sedimentaria del Terciario y Secundario, de características similares a la cuenca de París, esto es L’île-de-France, la enorme periferia parisina, que se extiende por el Oeste hasta lugares tan turísticos como el Reino de Disney, en Chessy Marne-La-Vallée.
         Geológica y morfológicamente somos casi iguales. Tenemos un cuerpo en forma de hoya o cazuela que se parece a la Isla de Francia. Mas el Bierzo es una olla a presión a punto de saltar por los aires. 
         En nuestra ínsula también contamos con un río, el Sil, que hace las funciones de Sena, aunque en el Sil no haya barcos mosca o bateaux mouches que nos brinden la oportunidad de darnos un garbeo turístico por esta comarca leonesa. A decir verdad, al Bierzo le vendría  bien un poco de turismo fluvial.  
Thalys en la Gare du Nord de París
   
         Nuestra comarca es una pequeña isla si la comparamos con la francesa. Pero no deja de ser una isla en medio de unos mares de secano, espejismo que se colorea con los pinceles de la realidad cual pintura impresionista.
El Bierzo desde las peñas de Ferradillo


         El Bierzo es una isla maravillosa en la que se cuecen botillos con cachelos, si bien estamos apartados de la tarta de chocolate y las golosinas que saben a poder. Y todo nos queda a desmano, incluso la noble capital leonesa se halla lejos de nosotros. O nosotros de ella. Y Valladolid parece inalcanzable en el horizonte castellano y estepario. Ancha y distante está y es Castilla. Dicho así podría resultar exagerado. A veces las exageraciones a primera vista encubren verdades palpables, con olor a cuerno achicharrado. Las apariencias no sólo ocultan verdades sino que también las desvelan.  En esencia, no hemos abandonado la caverna platónica, y seguimos prisioneros del mito, al que le cuesta hacerse logos, esclavizados a esa dialéctica del regressus que nos impide progresar al ritmo adecuado y subirnos al tren de gran velocidad. Cuando nos toque de veras,  acaso será de gusarapo flipado, o cucaracha tullida,  a la que le faltará maría y aun otros habanos que fumar. “Un trazado de velocidad alta... que a la vuelta de unos pocos años se revelará como de una obsolescencia integral”, según Roberto Arias. Cuando nos llegue esta velocidad, los franceses ya estarán con unas aceleraciones que podrían meternos vértigo.
Bierzo brumoso y mágico


         Una vez más los bueyes vanguardistas de esta Europa de tiburones van por delante de nuestras insuficiencias treneras. Y la Isla de Francia goza, desde tiempos de Maricastaña, de una red extraordinaria de comunicaciones. El tren y el RER llegan a todos los rincones. Uno, que tiene el culo pelado de trotar en  burra por los rincones bercianos, agradecería que al menos nos obsequiaran un trenecito que fuera algo más que un chucuchú. Doy por descontado que muy tarde llegaremos a un train à grande vitesse.