Acaba
de editarse el número 34, en su segunda época, de la revista La Curuja, con
la imagen en la portada de Campo de Santiago, cuyo autor es Ángel Molinero, que
es asimismo el creador de otras fotos que ilustran las páginas de esta edición
de invierno. 
Portada de La Curuja. Foto. Ángel Molinero
En
esta ocasión, la revista de Noceda del Bierzo, que se edita con el apoyo del
Colectivo Cultural La Iguiada y las personas asociadas bajo la coordinación y
edición de Manuel Cuenya (quien dedica un texto al Decimosexto encuentro
literario en Noceda del Bierzo), cuenta con las colaboraciones de Emilio Arias
Vega, que escribe sobre su infancia en Noceda, con un recuerdo especial a sus
abuelos maternos; la escritora Raquel Villanueva, que nos habla de la ruta de
las fuentes curativas en Noceda; el escritor Goyo Esteban Lobato, que ejerció
como minero en el Bierzo Alto y rememora el largo rescate para recuperar el
cuerpo del joven minero Andrés Vega en la mina Casilda de Igüeña a finales de
los años noventa; el también escritor de Quintana de Fuseros Pepe Álvarez
González, que nos alerta de los terribles daños que sufre nuestra naturaleza
(nuestra casa madre), nuestro patrimonio natural del Bierzo Alto (del planeta
en general), y por tanto estamos obligados a ser guardianes y protectores del
mismo, porque no podemos prescindir de éste; Luis Segura (nacido en Quintana de Fuseros, colaborador habitual
de la revista y del Encuentro literario en Noceda) nos obsequia con un relato
sobre la importancia de aquellos hornos, casi en total desuso, en los que
amasaban las abuelas. Campo de Santiago. Foto. M. Cuenya
“Transcurridos los años ese niño y otros, ya mayores, en un paseo por uno de nuestros pueblos, al pasar por delante de uno de esos hornos, recordarán esos días en que las abuelas amasaban. Y valorarán más esos hornos viejos”, cuenta Luis Segura.
Y, para finalizar el recorrido por las páginas de esta revista,
la escritora de origen nocedense María Encina Rodríguez de Paz nos ofrece, con un
recuerdo a la maestra y poeta Felisa Rodríguez, unas bellas pinceladas
nocedenses: “… Noceda, belleza y poema de donde parten lenguas e idiomas que
sentimos tan cerca…”, escribe María Encina R. de Paz.
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