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miércoles, 7 de enero de 2015

Festiopio

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Está bien que se dé cancha y pelota a lo festivo, al dance que te friega, como ocurre con la Navidad, los Reyes Magos y tantas otras romerías, uno de los opios o adormideras que nutren al pueblo, pues los seres humanos necesitamos chutarnos con este tipo de psicotrópicos. La fiesta, por lo demás, siempre es buena de cara a la galería y un chollo para los mandatarios, sobre todo en tiempos de crisis y desempleo. Mientras haya farra, aquí me las den todas juntas y del mismo lado. Mañana Jesucristo dirá, aunque dios haya dejado de existir desde que a Nietzsche le diera por escribir aforismos categóricos. Tampoco hay que salirse de la raya ni del rebaño, ni siquiera de la manada, que luego todas son lamentaciones. Lo cierto es que ya nadie se acuerda del filósofo alemán que creyó en el ser humano libre y hasta libérrimo, sin ataduras a convenciones, con capacidad para desmontar mitos y falsedades. Cuánta farsa. Pan y circo, como en tiempos romanos. Sobre todo circo, y algo de pan en forma de rosca o roscón. Hablo, naturalmente, de los sitios pudientes, que en la mayoría de la Tierra el personal se las ve y se las desea para llevarse un cacho de pan a la boca. Este es el panorama real, y lo demás son engañifas. Me parece estupendo que se hagan sainetes en todo el orbe, incluidas las carreras de burros y burras en San Bartolo, santo patrono del barrio de Río de Noceda del Bierzo. Lo que a uno le sorprende es que este tipo de saraos tengan literalmente mejor prensa, por ejemplo, que los cirios de la lírica (para qué sirve esta bobada, si eso sólo les gusta a cuatro chiflados y chifladas). Cuánto pendejismo (que no es un ismo vanguardista, quede clarín clarete). En realidad, lo mejor sería hacer la vista gorda, y ancha es Castilla... y León. Pero no acaban de cocer, en el horno antiguo de amasar el pan, estas salidas de madre. En cualquier caso, he de confesar que me flipa Platero y yo, hala, ya me salió un título juanramoniano, bien poético: ‘Lapicero y sus cuates’. Y, casi sin quererlo, se me están emparentando los burros y la gente de la poesía. ¡Si no lo veo, no lo creo! Y si no, que se lo pregunten a JuanRa, el elegíaco arábigo andaluz, el de la barba nazarena y el breve sombrero negro, ese que escribiera sobre un burrito pequeño, peludo y suave: «Y hasta me parece, Platero, que tu burro espiritual, que tu burro poeta se sale de ti y mientras tu cuerpo empuja mi cuerpo, tu fantasía me empuja la fantasía». Olé. Pues eso, sigamos dándole a la fiesta, que mientras haya jolgorio, aunque la procesión vaya por dentro, el mundo se nos antoja mejor.

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