| Seimeira de Queixoiro |
Galicia es tierra familiar, y A Fonsagrada es un paisaje legendario, en la provincia de Lugo, donde se rodó 'Elogio de la distancia', un poético documental realizado por el leonés Felipe Vega, con guion de nuestro paisano Julio Llamazares.
Vuelvo a esta terra legendaria, acaso para reencontrarme con la belleza primigenia y el encanto verde de los sueños milenarios, y me topo (atopo) con Adrián y Bolaño, que se muestran generosos y hospitalarios.
Desafortunadamente, me entero por Bolaño del fallecimiento del santo bebedor, Atilano. Por su parte, el padre Mondelo, Don Ramón, no está en A Fonsagrada, al menos no en la villa. Eso sí, logro hablar con Bea Lastra (que en tiempos atendiera el punto de información del Camino de Santiago en A Fonsagrada) por teléfono, gracias a la amabilidad de sus padres. Y esta vez sí visito As Seimeiras de Queixoiro: el bosque sagrado de las meigas y los trasgos.
| Bea Lastra |
A Fonsagrada, territorio de la distancia
Galicia es tierra familiar, y A Fonsagrada es un paisaje legendario, en la provincia de Lugo, donde se rodó Elogio de la distancia, un poético documental realizado por el leonés Felipe Vega, con guión de nuestro paisano Julio Llamazares. Me habían hablado tanto de A Fonsagrada, que se me acabó metiendo el gusano de la curiosidad en el cuerpo y a buen seguro en el alma.
El visionado de esta película –y sobre todo las maravillas que me contara una buena amiga- fueron el impulso definitivo para visitar este territorio, que se torna entrañable cuando se contempla con ojos de asombro, como un niño que descubriera la realidad, la luz, el encanto de la naturaleza salvaje.
Elogio de la distancia
| castillo de Navia de Suarna |
Con el documental bajo el brazo -es un decir-, y una enorme inquietud, me dirijo hacia este municipio, situado en el camino primitivo de Santiago, en busca de lugares y personajes. El punto de partida es, en este caso, Ponferrada. Determinados tramos del viaje, hasta alcanzar A Fonsagrada, se me antojan de una sin par belleza.
Los Ancares fascinan al viajero, sobre todo si uno se atreve a seguir la ruta a orillas del río Navia, a su paso por la refrescante localidad de Navia de Suarna, donde éste puede reponer fuerzas, visitar su castillo y darse un chapuzón en sus aguas, bajo el puente medieval, antes de alcanzar el objetivo.
| Puente de Navia |
A Fonsagrada se aparece empinada, y tengo la impresión que desde esta montaña gozaré de magníficas vistas, lo que confirmo casi de inmediato. Me quedo sobrecogido. El aire sopla fresco, aunque sea junio y luzca el sol, porque A Fonsagrada está a mucha altura sobre el nivel del mar. ¿A quién se le ocurriría la bendita idea de construir esta villa en una zona tan elevada? Doy un paseo por la misma, en espera de encontrarme o reencontrarme con sitios y personajes fílmicos, y aun con el resto del paisanaje.
“Esta es la ‘fonte’ que da nombre a la población, y esta la ‘Casa do Concello’”, me dice mi compañera de viaje. De repente nos topamos con un mercado, donde compramos unos quesos, y el vendedor nos obsequia una botella de vino. Ya tenemos la comida, pienso. Seguimos caminando hasta llegar a una casa. “Vamos a visitar a una persona que de seguro te gustará. Aquí vive el ‘padre’ Mondelo”. Nos recibe con los brazos abiertos como si fuéramos peregrinos dispuestos a alcanzar la gloria eterna, aunque en realidad no hemos llegado en peregrinación, pero casi. Se trata de un hombre entregado a las nobles causas, que nos deleita con su conversación y su sentido del humor. “Daros una vuelta por el pueblo, que luego quedamos para comer”, nos dice. La comida, con el pulpo a feira como especialidad, nos resulta divertida y entrañable. También nos acompañan unos misioneros, llegados de lejanos y exóticos lugares como Sudáfrica, Kenia o Perú con sus vivencias y su espiritualidad a cuestas. Uno de ellos, de origen italiano, se muestra entusiasmado cuando nos ponemos a hablar en su lengua materna, mientras le atizamos al vino. Otros parecen más embebidos en su rollo. Nos despedimos, en espera de encontrarnos en otro momento, y continuamos nuestro viaje por los alrededores de A Fonsagrada, territorio cuya naturaleza se nos ofrece esplendorosa. | Seimeira de Vilagocende |
Descansamos durante algún tiempo. Aún tenemos por delante una larga jornada. Repuestos y tonificados, regresamos al centro de A Fonsagrada. Allí nos espera –es otro decir- el restaurante Cantábrico. Parece que estuviéramos siempre tras la comida, pero no es del todo cierto. El Cantábrico es un restaurante en el que encontraremos, al menos, a un personaje que forma parte de Elogio de la distancia.
"Atilano -confiesa Adrián- se conserva en alcohol... son muchísimos los litros que ha bebido en su vida, tal vez miles”. No nos extraña que el propio Llamazares acuñara el término atilanarse, acaso con la intención de que este vocablo se incorpore al Diccionario de la Real Academia de la Lengua como sinónimo de embriagarse.
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