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martes, 10 de junio de 2025

Badajoz, ciudad hispano-árabe con sabor a bacalao à braz

 Badajoz es una ciudad hispano-árabe con sabor a bacalao (bacalhau) à braz (brás) portugués, bacalao dorado (dourado), o sea. Por eso, esta capital extremeña huele y sabe a gastronomía portuguesa.

Alcazaba

Badajoz, la capital de provincia más extensa de España, fue fundada por el árabe Ibn Marwan a orillas del Guadiana y es ciudad fronteriza con Portugal, en concreto con Elvas, a unos veinte kilómetros de Badajoz, que siempre ha estado marcada por ese carácter fronterizo.
Un paseo a orillas del río Guadiana (término de origen árabe que hace referencia al río, oued o uadi, y Ana, que podría referirse a los patos) resulta relajante. En realidad, cuando uno visita una ciudad, siempre busca el río o el mar (si éste se encuentra más o menos cerca).
Catedral

Badajoz, la primitiva ciudadela de Civitas Pacis, le debe su nombre actual a los musulmanes en el siglo VIII. Tuvo gran importancia política y militar cuando pasó a ser que fue reino de taifas (la península Ibérica bajo la dominación musulmana, donde surgen pequeños estados independientes gobernados por distintos linajes) tras la caída en el siglo XI del Califato de Córdoba (que gobernaba los territorios ocupados). En el siglo XIII, Badajoz fue reconquistada por los reyes cristianos, acentuando su carácter guerrero a raíz de situarse en la "raya", la frontera entre España y Portugal.
De su pasado árabe, Badajoz cuenta con una alcazaba enorme, con adarves o caminos serpenteantes, asentada sobre el cerro de la Muela, una de las más grandes de Europa y del mundo. Eso se dice, aunque siempre está en obras.
Recuerdo que en mi anterior visita de hace más de veinte años ni siquiera parecía accesible porque la zona no era de fiar. O eso me dijeron al adentrarme por ese espacio.
Ibn Marwan

En cambio, ahora todo parece en orden, tranquilo. Se nota que Badajoz luce un aspecto aseado como corresponde a los tiempos actuales en el conocido como primer mundo.
También recuerdo a Sara, la pacense novia de Alejandro. Y a Alejandro, por supuesto, pues era un rapaz con raíces alemanas, creo que por parte paterna, que vivía, como uno mismo, en la Avenida de los Comuneros de Salamanca en los noventa.
Guadiana

La verdad es que llegó a vivir en nuestro piso alquilado, donde también moraba el amigo Agustín (a quien mencioné con motivo de mi visita a Cáceres), Juan y Toni (que eran hermanos de Villafranca de los Barros, según me dice el amigo Agustín, a veces la memoria se desvanece). Recuerdo, eso sí, que el hermano de Alejandro se pasó al menos un fin de semana en nuestro piso con una rapaza, imagino que su novia, y alguno, con sorna y exageración, llegó a decir que el hermano de Alejandro (no recuerdo su nombre) y su amiga (tampoco recuerdo su nombre) no habían salido de la habitación en todo el finde. Qué cosas.
Plaza Alta


Visualmente llamativa la plaza Alta de Badajoz con su colorido, con esa su geometría de colores blancos, rojos y negros, creando un efecto óptico de luces y sombras. Un bello decorado.

En todo caso, en mi recorrido por la ciudad me gustó el espectáculo porticado de la plaza Alta, con sus llamativos arcos pintados, aledaña a la Alcazaba y a la conocida como torre Espantaperros (con un ligero parecido a la torre del oro de Sevilla), además de la plaza de España, donde se erige el consistorio y la catedral de estilo románico-gótico, que, bajo sus aspecto de fortaleza, alberga interesantes piezas y lienzos de Zurbarán, con sus estilo barroco y sus temas religiosos.
Plaza de Cervantes, en el centro escultura a Zurbarán

En los aledaños de esta plaza de España se encuentran algunos de los mejores templos de la gastronomía extremeña, con sus excelentes embutidos ibéricos, entre otros productos. O bien la plaza de la Soledad, en el casco antiguo, donde se halla una réplica de la Giralda de Sevilla, que se me antoja sorprendente, porque, además, uno no se la espera. Se trata de una construcción de estilo neomudéjar. La torre es una réplica casi exacta de la Giralda de Sevilla, construida siglos antes.
Incluso la plaza donde puede visitarse la estatua del pintor pacense Francisco de Zurbarán, próxima al hotel Cervantes, donde me alojé en este reciente viaje, un edificio con solera, aunque el interior requeriría de una reforma. Aún así, no está mal, para pasar una o un par de noches.
Puerta de Palmas

Necesitaba volver a Badajoz, después de aquella mi primera visita de principios del 2000, creo recordar, porque no me quedó demasiado buen gusto. En cambio ahora, aunque el clima no acompañó mucho, tuve mejores impresiones acerca de la misma, si bien sigo creyendo que esta ciudad se me antoja algo tristona. Será por el clima, nomás. Qué me disculpen los habitantes de esta capital extremeña.
Giralda de Badajoz

En Badajoz también se halla la puerta de Palmas, todo un símbolo con sus dos torres almenadas, una puerta de acceso a la muralla que rodeaba Badajoz, ubicada frente al Puente de Palmas, el más antiguo de la ciudad, que atraviesa el Guadiana, un puente de una treintena de arcos de medio punto.
En todo caso, Badajoz es un buen punto de partida para adentrarse en la vecina Portugal o bien para continuar rumbo a las andalucías de Sevilla o Huelva. De lo que daré fe en siguientes entradas a este blog.
No en vano, el Guadiana desemboca en Ayamonte (Huelva) en el océano Atlántico.

Cáceres, ciudad-atalaya de la Humanidad

 Me entusiasmó viajar a Cáceres en la pasada Semana Santa, después de una parada en Salamanca, que es mapa de los afectos, adonde siempre viajo encantado, porque en esta ciudad charra he pasado grandes momentos de mi vida. Y además gusté de la apacibilidad de su vivienda allá por los inicios de los noventa.

https://cuenya.blogspot.com/2024/11/el-fin-de-semana-en-salamanca-del.html

https://cuenya.blogspot.com/2017/09/salamanca-de-cielo-azul-y-luz-dorada.html

https://cuenya.blogspot.com/2017/09/salamanca-de-cielo-azul-y-luz-dorada.html

Llevo a Salamanca en las venas porque allí pasé momentos extraordinarios, que he contado en algunas ocasiones. Como han quedado recogidas, al menos algunas impresiones y emociones, en Mapas afectivos.


No es primera vez que viajo a Cáceres. Creo recordar que mi primera vez fue a principios de los años dos mil. Y después he vuelto en alguna ocasión, como en el año de 2022, donde pude estar con los amigos Agustín y Abel, a quienes conocí precisamente en los años noventa en la ciudad de Salamanca. De ese viaje extremeño di cuenta en este mismo blog, aunque, ahora que recuerdo, a duras penas mencioné la ciudad de Cáceres.

https://cuenya.blogspot.com/2022/04/extremadura-berciano-leonesa.html

https://cuenya.blogspot.com/2022/04/jaraiz-de-la-vera-capital-del-pimenton.html

https://cuenya.blogspot.com/2022/04/jaraiz-de-la-vera-capital-del-pimenton.html


Así que ahora me centraré en esta ciudad con más de dos milenios de historia y cerca de cien mil habitantes.
Se muestra además como un excelente decorado cinematográfico, donde se han rodado secuencias de películas como La Celestina, de Gerardo Vera, que me apetece ver de nuevo, o Teresa: el cuerpo de Cristo, de Ray Loriga, que he visto recientemente, o bien 1492; la conquista del paraíso, de Ridley Scott, que ya casi no recuerdo, o series como Juego de tronos, que nunca he llegado a ver. Sobre este asunto cinematográfico se puede obtener información detallada en la Oficina de Turismo, que está situada en la plaza Mayor, la cual luce espléndida tanto de noche como de día.

Por la tarde noche la plaza Mayor suele estar atestada de oriundos, también de foráneos, aunque también he llegado a ver esta estupenda plaza vacía en invierno. Y cuando Cáceres no era una ciudad tan visitada por turistas. Las hordas de turistas, ay, acaban colonizando lo que le pongan por bandera o banderola. En el fondo, todos acabamos siendo turistas, algunos de medio pelo. Después de la pandemia nos hemos vuelto majaras perdidos y nos hemos lanzado al ruedo, a conquistar o reconquistar el mundo. La Reconquista turística ya ha comenzado y tiene visos de continuar su andadura por derroteros aún inimaginables.


Desde la plaza Mayor, punto neurálgico rectangular de la ciudad, puede uno adentrarse en otra época atravesando el arco de la estrella. En la propia muralla se halla la torre de Bujaco, construida en el siglo XII por los almohades sobre una fortificación romana, desde donde también las vistas son maravillosas tanto a la plaza Mayor como al resto de la ciudad amurallada.


En la plaza Mayor también están la Torre de la Hierba, la de los Púlpitos y el Ayuntamiento, además de la mencionada torre de Bujaco, y en esta singular plaza se festejan todo tipo de fiestas, incluida la Santísima Semana. Por cierto, en este viaje reciente me topé con las procesiones semanasantinas, que, aunque amenazaba lluvia, hicieron su acto de presencia. Entre el gremio procesional noté harto fanatismo. Pueden insultarte y hasta arrearte si te saltas alguna de las normas que estable la cofradía de turno, como el hecho de querer abandonar el barullo de gente en que puedes verte de repente inmerso.


Las procesiones se me antojan puro folklore, al que se suman, incluso nos sumamos, quienes no creemos en velorios, como a buen seguro diría mi padre, que era un ser espiritual, como uno mismo, aunque descreído. Por cierto, El velorio, así titulé una obra de teatro, que fue una reescritura y adaptación de una obra de Valle-Inclán, que me procuró mucha satisfacción, pues llegamos a ponerla en escena en el Primer Festival Nacional para mayores inscritos en programas universitarios que se celebró en Alicante en enero del 2010, y donde compitió con la Complutense de Madrid, la Universidad de Valladolid, la de Murcia y anfitriona Universidad de Alicante.

https://www.diariodeleon.es/bierzo/91118/1377204/grupo-teatral-campus-participa-certamen-teatro-nacional.html

El recorrido que hice por la monumental ciudad de Cáceres me trasladó a otra época, a otro siglo, incluso a la época de Norba Caesarina, como se conocía en época romana a la capital extremeña. De ahí tal vez su nombre actual. Aunque también podría hacer referencia, en árabe, a los casares. Quizá esto me lo estoy inventando. Pero, como la imaginación es libre, pues eso.
Sí, es Al Qazris, o alcázares.

La zona amurallada, con su muralla romana del siglo I -Patrimonio de la Humanidad-, con sus calles empinadas y empedradas y sus cuatro puertas: la de Mérida y Coria, ya desaparecidas, el Arco de la Estrella y el Arco del Cristo, parece conservarse en su ser primigenio, casi igual que en el siglo XV, con sus palacios, como el Moctezuma (como símbolo del mestizaje de la conquista), o el de Carvajal, con su torre cilíndrica y un jardín donde crecen diversos árboles, y la torre de los Golfines, que da nombre a una bella plaza empedrada.
De la plaza de los Golfines se sale a la de San Jorge, que está dominada por las torres blancas de la antigua iglesia de los jesuitas.
Otro lugar de gran interés es el palacio de las Veletas, que hoy alberga el Museo de Cáceres, donde puede visitarse un aljibe hispanoárabe, heredero de las cisternas bizantinas de Estambul.
Qué bueno, de Cáceres a la ciudad de Estambul.
Cerca del museo de Cáceres -todo queda a mano en el casco histórico- se halla la conocida como concatedral de Santa María, el primer templo cristiano que se hizo tras la conquista, que es de estilo románico y gótico. En su muro exterior, podemos ver la estatua de San Pedro de Alcántara (el patrón de Extremadura), que preside la plaza de Santa María, que sirvió de escenario para el rodaje de La catedral del mar, una serie televisiva basada en la novela homónima de Ildefonso Falcones. 

Asimismo, se puede visitar el Baluarte de los Pozos (que procura información sobre las juderías), el cual garantizaba el suministro de agua en caso de asedio en la judería vieja, en el barrio de San Antonio, con su ermita del mismo nombre, del siglo XV, que se levantó sobre el terreno de una antigua sinagoga. En esta ciudad convivieron judíos, musulmanes y cristianos, quiero suponer que en armonía, aunque el fanatismo religioso, el fanatismo en general, es una lacra.


Panorámica de Cáceres, de esta Semana Santa. Una estampa que nos traslada a otra época. Un espacio-tiempo fundido como un buen queso extremeño

La idea en este reciente viaje a Cáceres fue sobre todo alcanzar el mirador de San Marquino, donde se encuentra el banco con las mejores vistas a esta ciudad-atalaya, que me ha gustado visitar una vez más, porque en cada visita uno acaba viendo y sobre todo sintiendo emociones que nunca o casi nunca se repiten. Ahí reside tal vez el encanto. Por eso, como nos recomendara el bueno de Saramago en su Viaje a Portugal, hay que volver a los pasos ya dados porque "el viaje no acaba nunca. Solo los viajeros acaban.

E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos... El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino".
De Cáceres a Badajoz hay menos de cien kilómetros. 

domingo, 8 de junio de 2025

Senda novelada en Santa Marina de Torre


Santa Marina de Torre se ha convertido en un mapa de los afectos gracias a la senda novelada que tuve a bien hacer ayer mismo invitado por sus organizadores, a saber, Melchor Moreno (que también ha presentado alguno de mis libros en ocasiones anteriores) y Santiago Asenjo (quien fuera director de la Biblioteca de la Universidad de León y ahora responsable de la Asociación A Plena Cultura), que está potenciando mucho y bien la cultura leonesa. Así que mi gratitud a vosotros, queridos amigos Melchor y Santiago. 

Un auténtico placer estar en esta senda novelada de Santa Marina de Torre con otros grandes autores como el entrañable Antonio Pereira (al que sigo recordando con cariño), Julio Llamazares (al que agradezco, por ejemplo, que me dedicara unas palabras maravillosas en la contraportada de mi libro Mapas afectivos, y estuviera en mi pueblo hace un tiempo), Carlos Fidalgo (con quien llegué a compartir espacio en Diario de León, y al que sigo leyendo encantado, Carlos también estuvo en el Encuentro literario que organizo en Noceda y ha colaborado con la revista La Curuja), Merino (con quien llegué a compartir cena en una ocasión, y al que recuerdo siempre por su relato El desertor, que aparece en El filandón de Chema Sarmiento), Aparicio (con quien también llegué a compartir cena invitado por la profesora de la ULE y crítica literaria, Natalia Álvarez), Garrido (a quien pude escuchar y saludar ayer mismo) o Sabugal (que también estuvo en el Encuentro literario de mi pueblo, a la que que podido entrevistar tanto para Diario de León como en ileon, y que ha llegado a colaborar con la revista La Curuja).
Enhorabuena a los impulsores, Santiago y Melchor, además de la Asociación de Pensionistas y Jubilados de Santa Marina de Torre, en colaboración con la asociación A Plena Cultura, con el apoyo de la Junta Vecinal de Santa Marina, el Ayuntamiento de Torre del Bierzo, la Universidad de Valladolid, la Fundación Antonio Pereira, la UNED, el Instituto de Estudios Bercianos y la Red Internacional de Universidades Lectoras.
Con Santiago Asenjo

Me encantó participar en la tarde ayer en la senda novelada de Santa Marina de Torre, bajo un delicioso clima primaveral, con el sabor de las cerezas primerizas en la boca. Para hacer boca, nomás. Y luego de finalizar la senda con empanada y dulces caseros de la tierra. Un lujo. Si es que en el Bierzo todo lo maridamos (¿se dice así?) con la gastronomía.
Mis felicitaciones a los organizadores, como ya adelanté, que han realizado un trabajo extraordinario para poner en marcha esta bonita iniciativa que fusiona la natura con la cultura. A los autores. Y también al amigo Gabriel Folgado, alcalde de Torre, quien fuera alumno de la Escuela de cine de Ponferrada, y ahora docente en el programa interuniversitario de la Experiencia, también en la sede del campus de Ponferrada (ULE).
Con Melchor Moreno

He tenido la ocasión de visitar esta tierra hermana en diversas ocasiones, precisamente para escuchar al escritor y también amigo Julio Llamazares, presentar algún libro mío, o escuchar al genial Pedro Trapiello y a Chema Sarmiento (el director de la legendaria película El filandón, a quien antes mencionaba, y al que hace tiempo no veo, aunque llegué a visitarlo incluso en París en mi etapa como cofundador de la referida Escuela de cine de Ponferrada), pero esta ha sido en verdad especial. O así lo he sentido.
Desde este espléndido mirador al mundo (a los Ancares, a la montaña sagrada de Gistredo...), que es Santa Marina de Torre, en el Bierzo Alto, he podido acariciar el cielo (como a veces lo hago con los cielos estrellados del útero de Gistredo, o lo he sentido en el Sáhara). Asimismo, he podido tocar los cielos de la minería, porque nuestro ADN está tatuado con el carbón, con la antracita impregnada de sangre, esa con la que a uno le gusta escribir sus historias.