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viernes, 6 de mayo de 2016

Libros en el Arlés

El café Arlés vuelve a convertirse en el escenario de la presentación de libros, en este caso de las poetas y narradoras Nuria Antón y Mercedes G. Rojo. 
El Arlés, sobre el que escribiera en tiempos (otrora en el Diario de León) es un espacio estupendo para hacer un recital poético, una velada literaria. http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/cafe-arles_310998.html 
El Arlés me devuelve, de un modo inevitable, a esa pictórica ciudad situada en el Midi francés, en la región de la Camargue, donde Van Gogh pasara algún tiempo pintando la luz, y algunos de sus cuadros más singulares, entre otros, L’Arlesienne, La habitación de Vincent en Arles, El café nocturno de la Place Lamartine, Terraza del café de la Place du Forum en Arles por la noche, y El puente de Langlois, cuyo modelo real, que al pintor le recordaba los puentes de madera de su país natal, Holanda, sigue en pie en esta antigua, mediterránea y hermosa ciudad, y merece una visita, sobre todo para los seguidores y devotos del pintor. 

 La estancia de Van Gogh en Arles, aunque breve, es quizá la más productiva e intensa. Como podemos leer en sus Cartas a Théo, que están recogidas en un libro fascinante, escrito por un verdadero artista, capaz de escribir con la sensibilidad y la luminosidad con las que pintó. 
Las mujeres aquí (en Arles) –le escribe Van Gogh a su hermano Théo- son muy bellas y encantadoras. 

Hoy mismo nos daremos cita en este bar ponferradino, regentado por Javier S. Zorrilla, que es asimismo pintor, para hablar de poesía y narrativa, para que Mercedes G. Rojo y Nuria Antón (Airún) nos cuenten sus peripecias literarias y nos lean algunos de sus poemas y textos poéticos. 
Mercedes G. Rojo, además de poeta y narradora, ejercició como concejala de cultura, educación y servicios sociales del Ayuntamiento de Astorga, realizando una labor encomiable. Y ahora nos ofrece 'Días impares', un compendio de relatos poéticos y poesía impregnados de melancolía, melancolía comprometida con dignidad, como dice la prologuista de su obra, la escritora y filósofa Marifé Santiago Bolaños. 
Por su parte, Nuria Antón es, aparte de poeta y narradora, ilustradora. Ella misma pone dibujos a su poemario, 'Versos encendidos', un libro intimista, que nos habla de sentimientos, de relaciones cercanas, y de problemas sociales. Un poemario prologado por la escritora leonesa Cristina Martínez Gago, que nos adentra en la nostalgia, la soledad, los recuerdos, el silencio, el amor, los sueños...
Ambos libros, tanto el de Mercedes como el de Nuria, están editados por LápizCero,  a través de su responsable Tusalle.
No os perdáis esta velada. A partir de las ocho de la tarde en el café Arlés. Nos vemos allí. 

martes, 3 de mayo de 2016

La fragua literaria leonesa: Paz Brasas

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La Fragua Literaria Leonesa

Paz Brasas: "La infancia se parece a los posos de una botella de zumo"

Manuel Cuenya | 03/05/2016 - 11:16h.

La Maestra y narradora Paz Brasas, autora de 'Teófilo y las Bestias de la catedral', está trabajando en dos libros de relatos con un hilo conductor muy diferente para cada uno de ellos. También se ha puesto con una novela, orientada en este caso a un público juvenil.

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Paz Brasas
Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de León y Diplomada en Profesorado de EGB, Paz Brasas lleva treinta años trabajando como maestra o 'Maestra', según ella, en colegios de la provincia leonesa. Si bien, durante los últimos catorce años, a raíz de su nueva especialización en Tratamiento de los Problemas del Lenguaje, ejerce como docente en el colegio público 'Gumersindo de Azcárate' así como en el Instituto 'Antonio García Bellido', de Armunia, centros que abogan por el bienestar emocional del alumnado. "Los niños son lo mejor que tenemos. Intento infundirles la idea de que nunca debemos dejar de aprender y de enseñar, de que todos somos válidos. Cuando noto que les brillan los ojos recibo la señal de que algo estoy consiguiendo", puntualiza Paz, gran lectora y aficionada al arte en general: la música, el teatro, el cine. Una entusiasta, asimismo, de la literatura infantil, "aquella que también les gusta a los niños, según C.S. Lewis", cuya "afición por la ficción" le viene, en su opinión, de los muchísimos cuentos, sobre todo de Andersen y de los Hermanos Grimm, que le contaba o leía su madre cuando era pequeña como recurso para que comiera, porque no recuerda haber tenido hambre hasta bien entrada la edad adulta. "Mi inapetencia por la comida, algo que con los años y las tapas que dan en los bares de León se ha solucionado definitivamente, llegaba a extremos de caer con frecuencia en episodios de anemia que atemorizaban a mi familia", apostilla esta narradora, que comenzara a inventar y escribir de un modo creativo, "pequeñas narraciones y poemas", a resultas de escuchar historias. Pero fue sobre todo, cuando se encontró en el instituto con profesores de Literatura como Pedro Blanco o Venancio Iglesias, cuando empezó a disfrutar con la belleza de la palabra escrita. A partir de esa etapa, aprendió a leer los silencios y a percibir los ritmos; a reconocer el poder emotivo y evocador de las palabras. "Estos profesores fueron los que orientaron mis preferencias lectoras hacia las obras que marcarían una estética de vida, a la vez que dieron con el resorte que yo necesitaba para decidirme a escribir, a sumergirme en el universo literario", recuerda Paz, para quien la buena literatura es aquella que sorprende mientras uno lee, y que produce marcas como las que deja la marea al retirarse, "huellas formadas por emociones, por pensamientos, por sensaciones que se quedan ahí, rezagadas, hasta la nueva pleamar. Entonces brotan con toda su intensidad ayudándote a discurrir por la vida", precisa esta pedagoga o 'Maestra' ("persona a la vez universal y, al mismo tiempo, cercana al niño"), como le gusta decir, quien, desde que comenzara a trabajar, ha utilizado la literatura como elemento motivador en sus clases, partiendo casi siempre de los autores considerados clásicos, pero también intentando mantener vivas las producciones tradicionales, orales y escritas,  de la zona geográfica en la que se encontraba su colegio.
"Pedro Blanco y Venancio Iglesias fueron los profesores que orientaron mis preferencias lectoras hacia las obras que marcarían una estética de vida, a la vez que dieron con el resorte que yo necesitaba para decidirme a escribir, a sumergirme en el universo literario"
"Los microrrelatos, por ejemplo, funcionan muy bien a la hora de trabajar con alumnos los distintos aspectos del lenguaje, incluyendo el creativo. Es importante que los estudiantes se descubran creando belleza con las palabras. El truco está en transmitirles la emoción por algo y en enseñarles estrategias para que lo desarrollen de forma autónoma", señala esta narradora leonesa, que naciera en un mes de noviembre tapado por la nieve, cuya infancia fue feliz, "entre los botones desparejados y los retales del taller de costura de mis tías, donde acudía todas las tardes al salir de la escuela", lo que marcaría su carácter extrovertido y su tendencia a procurar que los niños y las niñas sean felices. "Pienso que la infancia se parece a los posos de una botella de zumo. La infancia pesa, está ahí abajo, en el fondo de nuestra mente. Cuando la vida se agita, cosa que suele ocurrir a diario, los posos invaden el resto del recipiente  y se hacen notar", especifica Paz, quien siempre ha vivido en la ciudad de León, a los pies de la catedral, escenario principal (al que incluso se podría considerar un personaje más) de su libro 'Teófilo y las Bestias de la Catedral',  que podría ser utilizado, según ella, para trabajar las características del arte gótico en todas sus manifestaciones, habida cuenta de que su protagonista, Teófilo, es un niño que vive sus aventuras en una catedral gótica, donde trabaja su abuelo como sacristán, que transforma en su universo mágico. "Tanto el personaje de Teófilo como los de sus amigas de piedra, las Bestias, son un reflejo de las emociones características de la niñez como es el miedo, el desamparo (de niño uno se siente de vez en cuando desamparado aunque no lo esté en absoluto), la turbación tras una travesura, la soledad... Valores como la amistad, el cariño, la empatía, la honestidad, se mueven,  siempre de manera implícita, por el texto", apostilla su creadora, cuyo texto ha sido ilustrado por Raquel Ordóñez Lanza, "una de las personas que más saben acerca de la aplicación de las Artes Plásticas a la Educación, que ha hecho un trabajo lleno de delicadeza y expresividad", con quien Paz Brasas comparte profesión y aficiones musicales.

Puedes seguir leyendo esta fragua en el enlace de ileon, donde está inicialmente publicada, como todas las fraguas literarias leonesas: 
 

lunes, 2 de mayo de 2016

Rumbo al Brasil

En momentos duros, de dolor, agradece uno tantas muestras de cariño por parte de gente cercana, incluso de personas que uno no creía tan próximas. Resulta incluso sorprendente. Y hasta se religa uno con la especie humana (también con la animal), que por instantes muestra un rostro amable. En el fondo, quiere uno creer que no somos tan cabrones, ni tan pendejos, aunque tampoco sea oro molido todo lo que reluce en 'los nuesos' montes terrenales. El dolor parece que uniera a los seres humanos, acaso porque todos y todas estamos en el mismo barco. 
Cada vez que menciono la palabra barco me echo a temblar. Y siento que me inundo de recuerdos. Es como si me sumergiera en el océano. Ese otro barco, por ejemplo, en el que mi padre viajara al Brasil. Inevitable que lo traiga a mi memoria. Tan reciente está su fallecimiento. O bien ese barco, que tantas veces navegara mi amigo argentino-berciano Eduardo Keudell, y que desapareciera en el mar, rumbo a Río de Janeiro, con algunos amigos y conocidos a bordo, entre ellos los médicos Jorge Benozzi y Alejandro Vernero, que me acogieran en la Argentina con proverbial hospitalidad. Ese día, en esa ocasión, no iba por fortuna el escritor Eduardo Keudell, con quien estuviera conversando hace poco y al que espero ver prontamente, quizá para charlar al calor de un buen asado argentino. 
Jorge Benozzi en Buenos Aires. Foto: Cuenya


Nunca olvidaré los paseos con Jorge por el gran Buenos Aires, o cabalgando algún caballo, como un gaucho berciano, por la estancia de Alejandro en la provincia de Entre Ríos. Ahora sólo me queda, nos queda el recuerdo, en forma de espíritu, de ellos. La nostalgia de otro tiempo. El reencuentro con ellos, quizá, en otra dimensión. Aunque, por el momento, mi entendimiento no me permite concebir tales reencuentros ni tales dimensiones. Ideas o ilusiones trascendentales al más puro estilo kantiano. Como el propio filósofo alemán dijera a propósito de Dios, mundo y alma. Creo recordar. Volver a la filosofía como ejercicio saludable. Volver a Iberoamérica como la tierra donde tantos españoles emigraran en otros tiempos, entre ellos muchos bercianos, como mi padre (berciano de adopción, ya que a él lo parieron en Vega de los Árboles, La Vega, aldea próxima a Mansilla de las Mulas). Iberoamérica como tierra de la prosperidad, donde tanta gente fuera a parar en busca de un futuro mejor, cuando en la llamada madre patria se vivía en condiciones precarias, adversas, me atrevería a decir, y bajo un régimen castrador. En el fondo, España debería seguir mirando hacia nuestra América, manantial de estimulación para cualquiera que se dedique al asunto de componer con la palabra, y aun por otras muchas y variadas razones. 
Hoy, que nos hemos reunido la familia (eché tanto en falta a mi padre, que no puedo evitar gritarlo), me he sentido arropado, sobre todo por conversaciones mantenidas con mis hermanas, en esta ocasión con mi hermana mayor Merce y mi hermana pequeña Feli. Y también por ver, tan alegres y divertidos, a mis sobrinos nietos Lucas (que lleva el nombre de mi padre) y Noa (al pronunciar estas palabras, ay, me siento viejo de repente). También tengo otros sobrinos nietines, no quiero olvidarme de ellos: Amara, Adrián y Nil. Cómo pasa el tiempo. 
Los niños, las niñas como algo realmente extraordinario, que procuran vida, que contentan con sus sonrisas, con sus juegos. 
Hoy ha sido un día intenso, un día de emociones y reflexión, con mi familia, con algunos amigos, como Tomás y su hijo, el bueno de Tomi, con quien he estado un gran rato charlando sobre lo divino y lo humano, fundamentalmente sobre la espiritualidad, habida cuenta de que para ser espiritual no hace falta creerse religioso, ni mucho menos, ni siquiera tener ningún tipo de formación académica. Ser o aspirar a ser espiritual en un mundo capitalista (en el peor sentido del término) es un modo de estar y ser en el mundo. Cuánto ser y cuánto estar me ha salido. Joder. Y no digo mundo materialista (tal vez valdría en su acepción grosera), porque el materialismo gnoseológico es una filosofía, con mucho fundamento, ideada por el filósofo y maestro Gustavo Bueno, al que tanto le debemos en el plano del saber. Ojalá las personas fuéramos algo más espirituales de lo que habitualmente nos mostramos (en el sentido de hacer el bien, ser solidarios, empáticos...). Ojalá. Entonces, el mundo no estaría tan podrido, a sabiendas (quiero recalcarlo) de que, en estos momentos de dolor, la gente cercana (y no tan cercana) se ha portado muy bien. O esa es mi impresión al respecto. 
El problema, en todo caso, es que la población mundial, por lo general, no es tan mala como a menudo se dice, al contrario, sólo que está bajo el imperio de la maldad, eso sí, esa maldad que atesoran los psicópatas, quienes dominan el mundo, porque son ellos los que nos manejan como marionetas a su antojo. Seres sin escrúpulos, que se regodean en el sufrimiento humano, que pisan, humillan y ejercen su violencia, en todas sus variantes, sobre el común de los mortales, que lo único que hacen (hacemos) es trabajar, sobrevivir para seguir alimentando la cadena, la máquina perversa del poder. Sometidos a su antojo. La ignorancia y el miedo, consustancial al ser humano, como herramientas clave, esenciales, para dominarnos, apriscarnos, mantenernos a raya. Y el que decida salirse del rebaño, de la gran manada, ya sabe lo que le espera... Bueno, también los chivatos, los envidiosos, los resentidos y resabiados... contribuyen a nutrir y endiosar a los psicópatas (que por lo demás suelen ocupar altos cargos, en todos los estamentos de la sociedad), para seguir encerando y atizando a la Humanidad en aras de sus intereses despóticos, megalómanos.  
Psicópatas encarnados no sólo en figuras archiconocidas como Hitler, Musolini, Franco, Stalin... sino en tipitos y tipitas que te llegan a sonreír mientras te la clavan en todo el meollo del cogollo. 'Jefesitos y jefesitas' de algo suelen ser los muy pinches güeyes.
Hoy también nos ha visitado el antiguo cura parroquial de Noceda, José María, cuya visita hemos agradecido mucho, esto lo digo en nombre propio y de mi familia, porque se trata de hombre cercano, un tipo divertido que, con sus palabras de afecto y amistad, nos ha hecho pasar una tarde agradable, recordando, por supuesto, a mi padre, al que le tenía, sin duda, cariño, aunque mi padre no fuera devoto de la iglesia, ni falta que hace, y ni siquiera fuera a misa, salvo por algún compromiso social, porque, al final, acudir a misa, al menos para uno, es un acto social, más que un ceremonial religioso. La misa como teatro. Pero este es otro cantar, en el que ahora no voy a entrar, pues ya lo he hecho en otras circunstancias. Por otros motivos.
También hoy (bueno, ayer, que ya son cerca de las dos de la mañana, o sea, lunes) ha venido a visitarnos el perro Pancho (en esta ocasión acompañado por su padre Sultán) para recordarnos, con ternura, esos paseos que diera con mi padre por Noceda del Bierzo. Juguetón y despierto, entusiasta y cariñoso, Pancho ha jugado conmigo a ese juego que a él tanto le gusta: lanzándole, en ocasiones varias, una piedrecita para que él, encantado, vaya en su búsqueda, regresándola al punto de partida. Fiel como un perro (qué potente). Una vez más, esto me ha recordado que los animales, en este caso un perro, son seres sensibles, adorables, tanto o más que algunos seres humanos. Por fortuna, la etología nos ha confirmado que los animales, al menos algunos, también piensan, sienten, se emocionan incluso, y hasta sueñan. Pues procuremos soñar, incluso despiertos, en esta noche que por otro lado sigue siendo dolorosa. De repente me asalta esta frase: "Tan pueril es vivir de sueños como de silogismos", creo recordar que escribiera Umbral en ese diario brutal y hermoso, poético y catártico, que es 'Mortal y rosa', escrito a raíz de la muerte de su hijo Pincho. Pues si no nos quedan sueños y razones para seguir viviendo, qué nos queda. Hasta mañana.