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jueves, 5 de diciembre de 2013

De Senegal a Los Mundos




Os dejo este artículo, que publiqué ayer mismo en La Nueva Crónica. 

Casa de Nico en Villar de Los Barrios


Comienzo esta singladura con la dulce sensación de adentrarme en el bosque de los sueños y a la vez de la cordura, qué fuerte, porque tan pueril es vivir de sueños como de silogismos, dijo Umbral, con su voz untada de reflexión y lirismo, en ese libro-diario-zambombazo que es ‘Mortal y rosa’. El propio Umbral, que era un magnífico poeta escribiendo en prosa y un maestro del columnismo, aconsejaba que un artículo de opinión tiene que ser un rastro de actualidad, algo que se enciende como una noticia, se remonta como un ensayo y se resuelve en una metáfora o un endecasílabo conceptual. Procuraré, pues, seguir sus pasos.

         Se agradece que, en tiempos convulsos, donde se silencia y aplasta la cultura, vea la luz esta Nueva Crónica, a la que deseo larga y sustanciosa vida, y también un libro, ilustrado con estupendas fotos, que rescata la historia y el patrimonio artístico de un pueblo-mundo, Los Barrios, que diría su impulsor Nicolás de la Carrera (Nico), el cual regresó hace un tiempo de Senegal (del lado de allá) para darle vida y vuelo a la tierra de sus antepasados (el lado de acá), sobre todo en esta época de emigraciones y salidas en estampida de jóvenes en busca de un futuro que la madre patria (madrasta, según Juan Goytisolo) les niega, aunque casi todos tengan una formación extraordinaria, mientras los tiburones y lamedores profesionales, con un coco-loco en la mano derecha, acaso en la izquierda –esto no resulta importante– se rascan la panza los lunes al sol en playas de arena blanca bajo palapitas exóticas y ensoñadoras.
Villar de Los Barrios

         Hace apenas una semana Nico presentaba en Ponferrada Los Barrios, tres pueblos de leyenda, un libro dedicado a las singulares y bellas localidades bercianas de Villar, Salas y Lombillo. Una obra que su director de edición, con la colaboración de varios autores, ha pergeñado con mucha dedicación, esfuerzo y saber hacer.
         Gran labor la que está realizando Nico, quien, tras montar un atractivo festival internacional, Villar de los Mundos, apuesta fuerte por darle realce y valor a la tierra de sus ancestros, que lucharon con coraje por un mundo mejor. Nuestro protagonista decidió regresar de África, en compañía de su mujer senegalesa y sus hijos, para vivir con dignidad, en armonía con la naturaleza, y continuar con la lucha que emprendieron sus predecesores por un espacio más habitable.
         A partir de ahora, cuando visitemos Los Barrios, lo haremos con una mirada nueva, como si los descubriéramos o redescubriéramos por primera vez.

martes, 3 de diciembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Aniceto Núñez

Aniceto Núñez: “Nuestra sociedad requiere más ética que metafísica”




Khaled

La música, siempre la música, como alimento espiritual, como arte sublime, elevándome las endorfinas y lo que se tercie. Recuerdo, con mucho afecto, aquel concierto que diera Khaled en León dentro del ciclo de música y misticismo organizado con motivo del año Gaudí. 
Khaled y Gaudí me llevan de la mano, en gesto de ternura y cariño, a otros universos, y me ayudan a tocar algún que otro cielo, luminoso y azul, comestible y nutritivo. Khaled es un músico argelino, maestro del raï, y en otros tiempos, allá por la década de los noventa, conocido por su hermosa canción Aícha o Aïcha. Aícha, écoute-moi, escúchame, regarde-moi, mírame, quiero que sepas, je voudrais que tu saches... Cada vez que escucho esta canción, siento que levitara, me estremece el alma... Aícha... https://www.youtube.com/watch?v=pUTlOdLY-LM
Aicha Embarek, aquella chica saharaui que un buen día llegó al Bierzo, se quiso quedar, luego volvió a su campo de refugiados de Tindouf, tuvo algunos contratiempos, y de nuevo, y tras no pocos impedimentos y contrariedades, logró regresar al Bierzo para emprender estudios de Topografía, y al final creo que logró su sueño: volar. Algo que a uno le entusiasma. 
Volar como un pajarito hasta reencontrarse con su libertad, con la libertad... 
Lo cierto es que todos deberíamos volar. 
Khaled, el rai argelino
"Eres libre como un pájaro", recuerdo que me dijo una vez una amiga mexicana en Ixtapaluca, Estado de México/Méjico. Y aquellas palabras, sin duda afectuosas, se me quedaron grabadas en la retina de la memoria. La memoria, esa fuente de placer y a veces de dolor. La memoria necesaria para seguir sobreviviendo. 
En la Historia de Abu Qir y Abu Sir, incluida en Las mil y una noches, hay un fragmento ciertamente ilustrativo: “Abu Qir se alegró de que Abu Sir se decidiese a viajar y recitó las palabras del poeta: Aléjate de la patria en busca del bienestar. Emprende el viaje, pues éste tiene cinco ventajas: Disipa las preocupaciones, facilita el ganarse la vida, aumenta la instrucción, acrece la cultura y da noble compañía”. 
La patria o la matria, una vez más, es donde uno se siente a gusto, es todo lo que uno ama. Y el resto no son más que decepciones y fatigas (guiño a L. F. Céline).
Cuando escucho Aícha, la canción de Khaled, me siento como en otro mundo, o tal vez fuera del mundo, en medio del desierto de la vida, inmenso desierto de nada y fuego, bajo una jaima/khaima, en compañía de los hombres y las mujeres azules, tomando dátiles y un té con menta, el whisky bereber, alejado del mundanal ruido, ruido tormenta, ruido informativo, o bajo un nogal en el fascinante Valle de Ourika, arrullado por las aguas de sus cascadas que me devuelven a mi paisaje-memoria, la ruta de las fuentes curativas, en el entrañable Valle de Noceda del Bierzo, en el útero de Gistredo. 
Es una lástima que Khaled no haya visitado nunca el Bierzo, la tierra prometida, en la que Aïcha viviera durante algunos años. O bien que fuera invitado al festival de Ortigueira.
A uno le sigue apasionando la música árabe, aunque Khaled tenga claras influencias europeas. 
Es probable que uno tenga mucha sangre árabe, o quizá haya leído muchos cuentos del desierto, además de las mil y una noches, sentado al amor de la lumbre. Y éste sea el origen de que uno sienta en sus venas esta musicalidad. 
A lo peor no convendría reconocer que la música árabe es una de mis pasiones, sobre todo en tiempos de xenofobia y de leña al moro. 
Con lo que ellos nos quieren, nuestros hermanos, ¡qué poco los queremos nosotros a ellos!