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martes, 19 de octubre de 2010

Festival de Ortigueira

Recupero un texto, que, reelaborado, me lleva al legendario Festival de Música de Ortigueira. 

http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/viento-fresco-musica-y-marisco_612260.html 


Monumento al Gaiteiro
Como cada año, la primera semana de julio (y desde hace ya varios) me encamino a Ortigueira, en busca de música, espiritualidad y bellos paisajes. Julio suele ser época de calores y sofoquinas, incluso en el Bierzo Alto, luego no hay nada mejor que viajar en busca de brisa marina, viento fresco, música y marisco. Comunismo y marisco para todos, como decía/cantaba Antón Reixa. Por lo demás, casi siempre llueve en Ortigueira, incluso en este mes veraniego.
                                        
Como si de una prolongación natural del Bierzo se tratara, que lo es, Galicia, esa tierra amorosada donde suenan las gaitas bajo un cielo casi siempre gris y la lluvia se vuelve arte, se convierte en el sitio perfecto para darle al baile y al sarao. Habida cuenta de que ésta es época de fiestas, festivales y dances varios, aquí y allá, resulta bien estimulante enrolarse en la aventura musical de Ortigueira, ese festival, ya legendario y familiar, que cada año y a comienzos de julio, desde hace ya unos cuantos (comenzó su andadura en el 1978, aunque durante algunos años, con un parón desde el 88 al 94, no se hizo), nos ofrece la posibilidad de ver y escuchar a aquellos músicos y bandas musicales que nos han hecho soñar despiertos al amor de la radio y los discos.
Pipe Band
Ortigueira es un pueblo apacible, fresco y portuario que, llegado el Festival Internacional de música celta, se convierte en un gran escenario al que se suben los mejores músicos del mundo, al menos en su estilo, y un lugar atestado de gente dispuesta a tragarse y beberse lo que se le ponga por bandera. Música, puestos callejeros de artesanías, tenderetes improvisados de comida y bebida, chicas ofreciendo cervezas frescas entre la muchedumbre, tipos, con la botella de calimocho a cuestas, dispuestos, en algún momento de la velada, a duchar a los asistentes, recuas cargadas de comida y sobre todo bebida hasta los topes, supermercados que casi no dan abasto ante la avalancha de gentío y sobre todo ambiente festivo, con ganas de marcha hasta las tantas de la madrugada durante un largo y sustancioso fin de semana.
Recuerdo algún año especial, en el que tocaron, entre otros buenos, los escoceses Phil Cunningham (un tipo cachondo y virtuoso del acordeón) y Aly Bain (un maestro del violín) que me pusieron los pelos de punta, los irlandeses Lúnasa o una espectacular banda bretona llamada Bagad Kemper, compuesta por cuarenta músicos divididos en tres grupos: gaitas, bombardas y percusiones.
Confieso mi devoción por el acordeón, un instrumento bien festivo, que da mucho juego en las romerías de los pueblos. En realidad, no hace falta más que un acordeonista para amenizar una verbena popular.

Cristina Pato
También guardo gratos recuerdos de bandas y músicos gallegos como Budiño, Carlos Núñez, Susana Seivane, Milladoiro, los rumanos Taraf de Haïdouks, los estadounidenses Béla Fleck and The Flecktones, los canadienses La Bottine Souriante, los míticos The Chieftains, los húngaros Marta Sebestyen y Muzikas (acompañados por el magistral Alexander Belenescu, músico asimismo de la Michael Nyman Band), los escoceses Capercaillie y Wolfstone, los suecos Hedningarna, Gaiteros de Lisboa, el vasco Kepa Junquera, el francés Alan Stivell o los siempre geniales Kroke. Grupo polaco al que ya he reseñado en este mismo periódico digital. Es probable, no obstante, que me haya olvidado de algunas bandas o grupos interesantes, que a lo peor tampoco llegué a ver.

En esta pasada edición volvimos a ver, de nuevo, a la espléndida gaitera Cristina Pato, los Gaelic Storm, Shooglenifty y a los Oysterband, entre otros. Por cierto, éstos últimos actuaron también el 8 de septiembre de 2010 en el Festival Etnohelmántica de Salamanca.
Oysterband


Es Galicia, por lo demás, tierra hermosa en la que uno se siente muy a gusto. En el fondo sabemos que los bercianos, además de leoneses y/o astur-leoneses, somos galleguiños, y respiramos y sentimos –sobre todo hablamos y entonamos- como tales. Y prueba de ello es que a uno, cuando está en Galicia, nunca le preguntan si es de otro lugar, como ocurre cuando viajamos a Andalucía, Cataluña o el País Vasco, lugares éstos en los que acostumbran a confundirnos con gallegos.


Al fondo la playa de Morouzos
Al berciano, en Galicia, lo tratan como a gallego porque los gallegos saben o intuyen que con quien hablan es como ellos. Con esto no pretendo reivindicar un regionalismo absurdo. Pues no hay nada peor que creerse el ombligo del mundo. Todas las tierras suelen tener su encanto. Mas Galicia es como un sentimiento arraigado, una morriña que uno lleva en el alma. A danzar a ritmo de gaita o cornamusa romana en Ortegal, Morouzos y aun en otros rincones.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Manuel Alexandre

                    http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/alexandre_285835.html (Diario de León, 16/10/2006)

El gran Manuel Alexandre, que recibiera hace unos años un premio-Retina de manos de los responsables del Festival de Cine de Ponferrada, nos ha dicho adiós.

Alguna vez llegué a verlo en el café Gijón de Madrid, mirando hacia el exterior, como si estuviera contemplando, hipnotizado, alguna película. Su mirar nostálgico y su pose serena lo hacían parecer un tipo entrañable. Su ya avanzada edad  (y sus pocas ganas por el viaje, supongo)  no le permitieron acercarse a Ponferrada a recoger su premio. Lástima, porque me hubiera gustado verlo en la capital del Bierzo y charlar con él. 
En alguna entrevista leí que a Alexandre no le gustaba viajar, ni salir de Madrid, salvo cuando era pequeño, que veraneaba en el pueblo de sus padres. También le daba miedo viajar en avión. La verdad es que, tal como se nos avecinan los tiempos, lo mejor es quedarse en casa, al amor del hogar, y dejarse de andar tumbos de un lado a otro, en busca a veces de trastornos varios. "Todos los problemas provienen -algo así decía el filósofo Pascal-, de salir de casa". Y Alexandre se confesaba un hombre cómodo, que siempre le pidió bienestar a la vida. Reconocía, asismismo, que el cine tiene muchos inconvenientes porque le hace a uno pasar frío, y también resulta mareante, porque te llevan y te traen de un lado para otro, aseguraba él. Sin embargo, y a pasear de las incomodidades que le pueda procurar el cine a un actor (creo sinceramente que el trabajo en la mina, por poner sólo un ejmplo, resulta muchísimo más duro), nuestro singular y querido actor hizo más de trescientas películas, que se dice pronto. Una carrera larga y hermosa para un rostro inolvidable. Recuerdo que Chinín Burmann, el magnífico director artístico -quien además impartiera clases en la Escuela de cine de Ponferrada-, me dijo que eran muy amigos, él y el actor, y que les gustaba ir al café Gijón a charlar, a pasar el tiempo, a hablar de literatura, que era, por otra parte, una de las aficiones del veterano y extraordinario actor madrileño. Solían colocarse en una mesa, que mira a la calle, casi todos los días de la semana, salvo cuando tenían algún compromiso ineludible.  Al actor le entusiasmaban las tertulias, ver a sus conocidos, y el Gijón era un buen lugar de encuentro. 

De entre los actores españoles de siempre me parece que Alexandre es un icono, una leyenda, que uno lo lleva en el alma, sobre todo después de verlo en El año de las luces de Fernando Trueba, película ésta que me dejó impresionado en su día, entre otras razones por su interpretación, en ese su papel de librepensador apasionado y buen conocedor de la cultura francesa: Montaigne, Balzac, Flaubert.
Actor fetiche en varias películas de Berlanga -quién no recuerda Bienvenido Mister Marshall, Plácido, El Verdugo, Calabuch o París Tombuctú-, y algunas otras de Fernán Gómez, otro buen amigo y aun valedor suyo, así como en Cómicos, Muerte de un ciclista y Calle Mayor de Bardem.
En realidad, Alexandre ha trabajado con los grandes directores del cine español, desde Mario Camus y Fernando Trueba hasta Gutiérrez Aragón (El Quijote) o José Luis Cuerda (El bosque animado, en Amanece, que no es poco. ¿Quién no se acuerda de su interpretación en Elsa y Fred, del argentino Carnevale, o sus últimos días en el papel de Franco, de Bodegas?
Sigamos disfrutando con sus películas.

viernes, 8 de octubre de 2010

Festival de cine de Ponferrada

Otilia Laiz
Sí, el espectáculo debe continuar, a pesar de la crisis espiritual y económica que vivimos en este Primer Mundo apagado y vuelto del revés, la decadencia de Occidente se impone. All That Jazz.


Alex Angulo, Carlos (Teatro Skené) Y Varela (Director del Teatro Bergidum)
A una ciudad como Ponferrada, en realidad a cualquier ciudad, un festival de cine le da mucha vida y glamour, porque el cine,  a través de la imagen (casi siempre acompañada de sonido), sigue divirtiendo al personal, y nuestra sociedad necesita medios de evasión, porque el cine -no lo olvidemos- antes de nada es medio de entretenimiento y una industria, sobre todo en Gringolandia y en Francia, por poner sólo unos ejemplos. En cuanto a España, la industria del cine, si la hubiere, está como en pañales.

Alex Angulo
Esperamos que el festival, ahora que la Escuela de cine dejó de existir (por desgracia), se consolide y tire para adelante, con fuerza. De este modo los bercianos seguiremos enganchados al cine y a sus galas para que Ponferrada, que alguna vez soñó con ser ciudad de cine -monumento al cine incluido-, perviva en el subconsciente colectivo a través del festival, que cada año atrae a artistas renombrados en el panorama nacional (y algún día quizá en el internacional).

Alex Angulo y Otilia Laiz
Por este festival han pasado, entre otros, la musa charra Charo López, la intrépida Macarena Gómez (quien también estuvo en Tardes de Cine en Bembibre), el histórico eibarrés y paisano Imanol Arias, el simpático Alexandre, el gran Carlos Álvarez Nóvoa,  nuestro estimado Chema Sarmiento (también invitado en Tardes de Cine), y en esta última edición, el singular Alex Angulo y la expresiva Otilia Laiz (que bien se merece este reconocimiento en su tierra).

Bea y Jonatán-Gala de 2009

Organizadores del Festival  con premiados-Gala 2009
Buena labor la de sus coordinadores, Antonio Donís y Antonio Morán, y la de sus presentadores, Bea y Jonatán, a quienes deseamos la mejor suerte, para que el festival medre cada año hasta llegar a convertirse en internacional, lo que daría una gran proyección a Ponferrada, pues el cine vende mucho y bien. Y sino que se lo digan a Almodóvar, nuestro Fassbinder manchego, que a través de su cine, cuya estética se me antoja kitsch, es capaz de venderle, sobre todo a los yanquis y gabachines, nuestra España de pandereta y de movidón trasnochado, incluso nuestro país con resonancias lorquianas, como bien hace en Volver, por ejemplo, y que tanto éxito ha tenido en los Estados Unidos de Norteamérica, con una Pe que se sale de lo cotidiano vulgar (y eso que la Cruz no es, desde mi humilde punto de vista, ninguna buena actriz, si la comparamos -aunque esto no quede bien- con las actrices bergmanianas o la increíble y bella Nastassia Kinski), y vender -experto que es en marketing el tío- nuestro pintoresco país (Spain is different ahora y siempre), a veces cutre y casi siempre esperpéntico, como bien nos mostrara el visionario y cinematográfico Valle-Inclán en sus expresionistas y desgarradoras luces bohemias a propósito de nuestro corral, donde el sol no siempre luce, como creen los apijotados turistas de medio pelo y cojonera a la cintura, país donde el sol, si luce, no calienta igual para todos, porque mientras algunos se rascan, literalmente, el pelotamen en playas de Ibiza, Menorca y otras (afortunados ellos y ellas), la mayor parte de los mortales tienen que ganarse el pan de cada día –que se está poniendo por las nubes-, en el tajo, bajo tierra, como nuestros mineros, o bien en una fábrica envenenadora y castrante, en lo físico y lo espiritual. Pero, ahora, creo que no es el mejor momento de entrar en estos detalles -aunque me resulte inevitable-, porque lo importante en esta ocasión es el Festival de Cine de Ponferrada.

Carlos Álvarez Nóvoa-Gala de 2009
Vemos como el cine da mucho de sí, y un festival puede servir como termómetro de lo que se cuece, aunque sea a nivel “artístico”, en un país. Conviene rememorar, aun a estas alturas del rodaje, que por la Escuela de cine de Ponferrada pasaron –algunos pasaron, otros, en cambio, impartieron docencia y hasta sabiduría-, técnicos y artistas que hemos visto en películas exhibidas en este festival a lo largo de estos últimos años. Así, a bote pronto, recuerdo La Caja, de Falcón, cuyos directores/coordinadores de arte y efectos visuales son respectivamente Félix Murcia y Alfonso Nieto, dos grandes que en su día impartieron clases en la Escuela de cine de la capital del Bierzo.

Mención especial para la Banda de Música ponferradina, que siempre ameniza el acto con la magnífica interpretación de Bandas sonoras de películas.  

Y, cómo no, para el corto ganador, La rubia de Pinos Puente, cuya foto corresponde a nuestro ex alumno Luis Ángel Pérez.