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jueves, 13 de enero de 2011

39 Escalones

39 Escalones es una de las obras maestras de Hitchcock perteneciente a su etapa británica, y el embrión de otras muchas películas como Con la muerte en los talones o Falso culpable, en las que un tipo común y corriente, inocente por supuesto, acaba siendo perseguido, acosado y acusado de asesinato, por asuntos de espionaje. Como vemos en esta peli.

El inocente o falso culpable es una de las constantes temáticas en su cine. Y el trasfondo kafkiano, absurdo (léase El Proceso) está presente en esta cinta, que cuenta además con los ingredientes necesarios para hacer que nos quedemos enganchados hasta el final.

Por activa y por pasiva, sabemos que Hitchcock es un maestro del suspense, y en esta peli logra, una vez más, mantenernos en vilo hasta el final, con situaciones límite y constantes giros y variaciones de espacio, con una sabia conjugación de la intriga, el suspense, la aventura a ritmo trepidante, fino sentido del humor, incluso aderezo erótico o pulsión sensual, con su magnífica puesta en escena, y esos personajes que viven una auténtica locura/pesadilla. 
Como en muchas otras aventuras del mago, el argumento no es más que un pretexto para llevarnos de la mano y así mostrarnos un viaje estimulante, impregnado de emociones. Un auténtico espectáculo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Al genio Hitchcock

Ciclo dedicado al maestro Hitchcock. 39 Escalones, El agente secreto y Sospecha conforman estas primeras entregas.


 Incluso a quienes no les interese  el cine, podrían quedar atrapados en la butaca, en el sofá de la sala o en la habitación si deciden sentarse a ver una película del gordo y maníaco del suspense. Hablo, cómo no, de Hitchcock, que tan buenos momentos, casi siempre angustiosos y terroríficos, nos ha procurado este genio del cine en su estado puro, acaso el cine más grande que haya conocido la joven historia del llamado séptimo arte. 

Nadie se olvida de Psicosis, Los Pájaros, Rebeca o Vértigo, porque se han quedado grabadas en nuestro subconsciente. Todas ellas nos han dejado impresionados. Y lo mejor del asunto, aunque las hayamos visto múltiples veces, tenemos ganas de verlas de nuevo. Ahí reside uno de sus secretos: engatusarnos una y otra vez, porque este director es capaz, a través de sus peculiares planos subjetivos (en ocasiones amplificados por una cámara fotográfica y unos prismáticos, como en La Ventana indiscreta), de meternos en la piel del protagonista (a menudo mirón o voyeur). 

Logra que nos identifiquemos con sus personajes, que casi nunca son lo que parecen (el falso culpable es un buen ejemplo), personajes que, debido a algún imprevisto, salen de su vulgaridad para vivir situaciones extremas, incluso absurdas. No en balde, Hitchcock es kafkiano en su concepción del cine. 


Nada en sus películas está porque sí. Todo está entretejido, y consigue mantenernos en vilo hasta el final, mientras vamos descubriendo, bien dosificado todo, cada hilo de sus tramas.

Lo importante en su cine es cómo nos cuenta la historia, original en su puesta en escena, con un estilo apropiado (en función de los movimientos de cámara, efectos del color, montaje, etc.), antes que el argumento en sí. Su forma de representar  la realidad viene determinada por su originalidad a la hora de componer los planos y en cómo nos presenta las escenas. 

Griffith, Murnau, Eisenstein y Lubitsch

Su cine es una síntesis del modelo narrativo de Griffith, el cine alemán (sobre todo de Murnau en lo referente a los movimientos de cámara) y  de Eisenstein (en cuanto al montaje). 

Su elaboración del encuadre es herencia alemana y sus mimadas secuencias de montaje, que dan la  impresión de realidad y verosimilitud, son deudoras del cine de Eisenstein. También emplea vivaces elipsis y sutiles detalles simbólico-visuales, como Lubitsch, que era capaz de guiar al espectador, de captar su atención en la forma de contar la historia, en el orden en que va dándole la información, siempre dosificada, y en el momento preciso en que conviene dársela.

Fantasioso en su estética de imágenes cargadas de metáforas y simbolismo (herencia del expresionismo alemán) y realista a la vez (lo que nos muestra debe parecer verosímil) nos sumerge en aventuras fascinantes, inauditas, en un contexto realista, lo que ayuda a hacer creíble la historia y nos sitúa, como público, en relación directa con su cine. A menudo nos muestra algo no habitual pero que podría suceder.

Asimismo, su virtud narrativa nos lleva a fijarnos sólo en lo que él quiere, en uno o dos elementos principales de la escena. Y nos muestra sutiles y complejos procesos mentales inconscientes sólo a través de la imagen. 
Un gesto, una expresión de un rostro o un movimiento fallido son suficientes para que nos demos cuenta de lo que sienten y piensan los personajes. 
Cuenta Freud que la verdad del pensamiento inconsciente y del deseo se manifiestan a través de actos fallidos, lapsus lingüísticos, resbalones, caídas, movimientos inesperados. Y en esto  Hitchcock es freudiano.

Cine psicoanalítico

 
Su freudianismo/psicoanálisis es una constante en su cine,  que aparece de un modo implícito o explícito, como convención dramática, aunque también se nos muestra en otros niveles. 
Películas como Recuerda y Vértigo (Scottie conduce a Madeleine a su escena, como la doctora Bergman conduce a Peck hasta la escena traumática del asesinato de su hermano en Recuerda, testimoniado por el sueño de ojos rasgados diseñado por Dalí; o bien Psicosis; el moño en espiral de Vértigo nos lleva al moño de la madre muerta en Psicosis, y la necrofilia de Vértigo está luego en Psicosis). 
También Freud está presente en una peli como Alarma en el expreso, en la que una vieja institutriz -en realidad una espía llamada miss Froy-, desaparece del vagón de un tren. Los viajeros, en complot, niegan la existencia de ésta, aunque la hubiera visto otro personaje, Iris, que descubre su apellido Froy escrito por ella en el cristal de la ventanilla del tren. Y así, en esta línea. Froy en clara refencia al doctor Freud.

El realismo (fundamental en su etapa americana) le sirve para romper la barrera de frialdad del público y colocarse en relación directa con él. A menudo parte de una situación fantástica aunque dentro de un contexto realista (lo que logra hacer creíble la historia). 

Desea mostrar al espectador (siempre como referente, y al que pretende hacer sufrir) cosas extrañas pero que en cierto modo podrían suceder en la realidad (véanse por ejemplo Vértigo y Psicosis). 
La esencia de su cine se basa en la identificación del público con los personajes de la pantalla. De ahí que acabe llegando a todo el mundo.
Buen heredero del arte expresionista (sobre todo en sus comienzos, es decir en su etapa británica), su cine se fundamenta en la importancia de las imágenes con valor simbólico: escaleras de caracol (Vértigo), escaleras sombrías (Psicosis y Encadenados, que conducen a un sótano), escaleras magnificentes (Rebeca), etc. 
Símbolos entretejidos en función de las exigencias narrativas y melodramáticas de la película.
El suyo no es, por tanto, un lenguaje artificial o metalenguaje superpuesto al natural, sino que son las cosas, personas y ambientes más cotidianos y convencionales  los que desprenden, por el poder de estas imágenes, referencias míticas y simbólicas. Véase aun otra vez Vértigo: el ojo femenino del que brota una espiral, la espiral moño, el ramillete de flores, la escalera de caracol, las figuras de los títulos de crédito. Su realismo trasciende, en definitiva, en formas simbólicas.

Digamos que Hitchcock es un provocador y experimentador con la estética, en cierto modo fantástica, con las formas (sus característicos planos subjetivos, en ocasiones subrayados por la utilización de monóculos y prismáticos, los colores, etc.). Le encanta el espectáculo.

Educado en Londres, en una familia catolicona, cuyo padre se dedicaba al negocio de aves, Hitchcock queda marcado tanto por esta iconografía de monjas, iglesias barrocas con torres-campanario y catedrales (véase Vértigo) como por la siniestralidad de sus aves (véanse sus Pájaros o a Norman Bates en su papel de taxidermista en Psicosis, incluso la avioneta pajarraca de Con la muerte en los talones).  

En sus tiempos mozos se familiariza con varias disciplinas, entre otras, la mecánica, la electricidad, la acústica y la navegación. También trabaja en una Compañía de Telégrafos, a la vez que estudia fotografía y Bellas Artes, donde aprende la técnica y el arte del dibujo publicitario, convirtiéndose así en un hábil  dibujante. De hecho, comienza en el mundo del cine como  rotulista para la productora Famous Players. Desde su inicio en la cinematografía, muestra su desinterés por cuestiones ideológicas, en cambio se obsesiona con la forma y  la estética de las imágenes, que estas tengan  valor simbólico, metafórico. A Hitchcock le interesaba sobre todo la fase de preproducción: la elaboración  del guion técnico y los story-boards (la etapa creativa, según él).  

Sus personajes

Suelen esconder, a través de su existencia cotidiana y vulgar, un mundo sombrío, en ocasiones retorcido, a veces frágil. Y casi siempre les ocurre algo sobrevenido, por accidente, por error, de un modo imprevisto, que da un giro inesperado a sus vidas, aparentemente normales hasta ese momento. Algunos se ven envueltos en situaciones inauditas, infrecuentes, kafkianas, como ocurre en Con la muerte en los talones o en Vértigo).  


Sus personajes suelen ser asesinos o personas encubiertas en falsas y/o dobles personalidades (Norman Bates en Psicosis) o personajes solapados al recuerdo del pasado (Recuerda).

Al maestro le gusta jugar con situaciones anormales aunque siempre dentro de un entorno realista y creíble. Entre su galería de personajes, merecen un capítulo aparte sus mujeres hermosas y rubísimas, de aspecto exterior frío aunque con fuertes pulsiones sexuales, siempre agredidas a picotazos (Los pájaros), a puñaladas (Psicosis), a punto de caer en el abismo (Vértigo), despojadas de sus tacones (de ahí que se hable a menudo de su misoginia y de su fetichismo). Su decidido gusto por la erótica que entronca con la muerte. Eros y Thánatos rozándose. Bien freudiano. Porque detrás de su mujer-fetiche-objeto de deseo se esconde la muerte. Véase el erotismo necrófilo de Scottie en Vértigo. No en vano, sus grandes temas son el amor-pasión-deseo entretejido con la pulsión de la muerte-crimen. O la posesión de un ser vivo por una muerta, como vemos en Rebeca, que podría considerarse como precursora de Vértigo. 

Vértigo y Rebeca

En Vértigo y en Rebeca, los vivos están dominados y poseídos por los muertos. La ausencia (paradójicamente omnipresente) de la muerta determina en Rebeca toda la trama.  Incluso cabría decir que el personaje ausente de Rebeca está más viva que los difuntos de Manderley, como confiesa el ama de llaves.

En todas las películas de Hitchcock  hay tramas amorosas, utilizadas a veces como convenciones melodramáticas o recursos que facilitan la identificación con el público. 
Por otra parte, está el tema del falso culpable, como ocurre en la película 39 Escalones (un tipo inocente se ve involucrado, por accidente, en un asunto de espionaje, lo que prefigura su película Con la muerte en los talones, en la cual unos matones persiguen al protagonista, al que consideran un espía americano), Falso culpable (en la que se acusa a un músico de jazz de cometer robos).
Otro tema recurrente es el doble o la transferencia de culpabilidad de un personaje a otro, como en La sombra de una duda, en la que un asesino de viudas es en apariencia el doble angelical de su sobrina, y éste a su vez descubre que su sobrina es su propio doble, o en la película Yo confieso, en la que el crimen cometido por un inmigrante alemán es transferido a un sacerdote, que, como cómplice, acaba siendo el sospechoso; y aun el insólito pacto siniestro de un intercambio de crímenes en relación a una determinada trama penal, como vemos en Extraños en un tren, que es una adaptación de una novela de Highsmith, y en cuyo guion intervino Chandler.

El cine de Hitchcock sigue alimentando nuestros sueños/pesadillas y quien esté interesado en su obra, aparte de ver sus películas, recomiendo El cine según Hitchcock, de Truffaut.




martes, 11 de enero de 2011

Mi retina me engaña

Mi retina me engaña hace referencia a la persistencia retiniana, ilusión óptica, definida por Wertheimer como fenómeno Phi, que consiste en que el cerebro percibe un movimiento continuo ante  una sucesión de imágenes independientes y estáticas, lo que nos permite ver imágenes en movimiento, esto es, cine.

Por lo demás, Mi retina me engaña es la Asociación cultural que se encarga, desde hace años,http://www.miretina.org/miretina/portada.html del Festival de Cine de Ponferrada. Sus responsables, Antonio Donís y Antonio Morán, estarán mañana miércoles, día 12 de enero, en Tardes de Cine de Bembibre para contarnos cómo se organiza un festival de cine, y cómo hacen ellos para llevar a buen puerto un festival, el de la capital del Bierzo, que en su primer festival (antes lo fue de cortometrajes) contó con la presencia, como invitado de honor, de Chema Sarmiento, cineasta berciano con proyección internacional. Me permito la licencia de escribir unas líneas acerca de Sarmiento, cuya obra es probable que sea más conocida fuera, sobre todo en Francia, que dentro de nuestro país, lo que suele ocurrir con bastante frecuencia, sobre todo en España, que las personas con cierto talento sean más conocidas y re-conocidas en otros sitios. Dicho sea de paso y a la buena fe, a Chema  Sarmiento le dedicamos recientemente un ciclo en Bembibre. Tampoco olvido, estimado Chema, la primera conversación que mantuvimos, hace ya años, en aquella cafetería de la Place de Châtelet de París. En aquellos años la Escuela de Cine de Ponferrada, "hermanada" a través de acuerdos Erasmus y otros, con otras escuelas europeas y americanas, también parecía lanzada al estrelletado, pero se acabó ahogando en su propio éxito, a resultas de motivos varios, en los que ahora no voy a entrar. Pero siempre nos quedará París, que aunque ya no es aquella ciudad bohemia, tolerante y protectora en la que vivieran Henry Miller, Anaïs Nin y otros, sigue siendo una ciudad abierta que te sigue ayudando a vivir o sobrevivir, y te permite, si tienes interesantes proyectos, realizarlos sin cortapisas.
Dicho lo cual (espero que el santo no se me haya ido a los cielos), retomo la charla de las próximas Tardes de cine, que correrá a cargo de Donís y Morán, a quienes me une no sólo un enganche cinéfilo sino una amistad. Con Antonio Morán he compartido incluso escenario en el Bergidum.  Qué buenos recuerdos, ¿verdad, Antonio?, con aquella magnífica obra titulada Moros en la costa.

Acerca de Antonio Donís, aparte de su faceta actual como Director del Festival de Cine de Ponferrada y socio fundador de Mi retina me engaña, ha participado en varios cortometrajes en diferentes apartados técnicos, como guionista, productor, director, montador, etc. Su entrada en el mundo del cine fue como actor protagonista del cortometraje Los Valles del silencio, del director iraquí Hakim Alsadi. Locutor de programas de cine en radio, monitor de talleres de cine-vídeo, operador de cámara de vídeo y de cabina de proyección de 35 mm., gestor y organizador del Cine Club Municipal de Ponferrada. 

Antonio Morán, además de gran cinéfilo y actor teatral (como queda constancia en sus trabajos para Skené Teatro), es asimismo socio fundador de Mi retina me engaña, crítico de cine y colaborador en algunas
emisoras de radio. También ha participado como actor en varios cortometrajes.