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jueves, 21 de septiembre de 2023

En tierras valleinclanescas

 Desde Vigo viajo a Cambados. La idea es sobre todo visitar a Yoli, en Vilanova de Arousa, porque hago referencia a su pensión en El verde aroma del Noroeste, y ella desea tener el libro, lo cual le agradezco, si bien es cierto Yoli me lo agradece a mí con creces. 

Esto que señalo en color azul escribía a vuelapluma en mi muro de Facebook con motivo de mi viaje a principios de agosto de este año. 

La zona de las Rías Baixas es muy bella, empezando por la bahía de Baiona, con su vistoso castillo, donde nunca había estado antes, aunque he de reconocer que es un sitio en extremo turístico, quizá esté todo pensado de cara al turismo.
Me ha gustado volver a Cambados, la capital del Albariño, de hecho mi visita coincide con la fiesta dedicada a este vino.
Cambados es asimismo la tierra del escritor Cabanillas, quien fuera emigrante en Cuba, y el lugar donde viviera durante un tiempo Valle Inclán y Pardo Bazán.
Ramón Cabanillas

Con un casco histórico magnífico. Atestado de turistas en busca de buena gastronomía, sobre todo en esta época.
Y sobre todo me ha entusiasmado alojarme en Vilanova de Arousa, en concreto en Mar de Rosa, cuya responsable, Yoli, es una chica muy hospitalaria y agradecida, que me muestra además su lugar en el mundo, la playa de Sinas, y me presenta a otras amigas suyas bien simpáticas como Jenni y Mari Carmen, del bar Dorna.
Mar de Rosa es un sitio confortable para quedarse a pernoctar, que aparece en el verde aroma del Noroeste.

Vilanova de Arousa es por supuesto la cuna del colosal creador de Luces de bohemia, con el que uno se siente identificado en tantas ideas.

De momento daré unas pincelas acerca de Cambados, villa declarada Bien de Interés Cultural sobre la que escribiera en su día mientras seguía las huellas de Valle-Inclán, cuya figura y obra me resultan  apasionantes. 

Valle es uno de mis escritores preferidos y su dramaturgia se me antoja extraordinaria. Su bohemia, sus luces, su forma de ver y entender el mundo lo convierten en un visionario de su época, en un genio de la lámpara maravillosa, que se adelanta en un siglo a la moda hípster. 

El hippy o hippie Valle decidió, a principios del siglo XX, trasladarse con su mujer, que por cierto era leonesa, y con sus cuatro hijos a Cambados porque se le ocurrió dedicarse a la agricultura, ya que tanta cultura quizá se le atragantaba y prefería tocar tierra. Por eso, por su aspecto, con sus barbas de chivo, su cabello revuelto y sus gafitas redondas, fue un bohemio, un tipo lúcido que también se adelantó al movimiento contracultural de la Generación Beat, entre otros. Y cuyo teatro es asimismo cinematográfico, expresionista, también impresionista. Sus acotaciones escénicas son cinematográficas. 

Valle se fue a vivir durante unos años a la céntrica Rúa Real, en una casa que luce de color rosa, con una placa que recuerda su estancia en la misma. Al final de esta calle se halla la plaza de Fefiñáns, donde podemos ver el pazo de Fefiñáns, que también fascinó al gran cuentista berciano Pereira, el cual llegó a decir que allí fue muy bien recibido en una tarde inolvidable en que se probaba y se embotellaba la cosecha del albariño, "ese vino ligero, frutecido, dorado, que me enamoró. Como me enamoró el espíritu de los moradores de ese pazo". 

En Cambados se le murió un hijo a Valle, que se llamaba Joaquín, el cual está enterrado en las Ruinas de Santa Mariña do Dozo, "el más melancólico camposanto del mundo", según el escritor Cunqueiro. También en este gótico, románico y renacentista cementerio reposa la actriz Josefina Blanco Tejerina, la mujer del creador de Divinas palabras. 

Pazo de Fefiñáns

Al lado de este cementerio de Santa Mariña do Dozo se encuentra, en la antigua casa rectoral, el Museo Etnográfico y del vino. 

Mi visita en esta ocasión a la capital del Albariño coincide precisamente con la fiesta dedicada a este vino, con lo cual esta villa marinera, que cuenta con un magnífico patrimonio histórico-artístico, con numerosas casas blasonadas y pazos, como el ya mencionado de Fefiñáns o el de Bazán, que es Parador Nacional de Turismo, está muy animada. De la familia Bazán desciende la escritora Pardo Bazán, que pasó algunas temporadas en Cambados. 

En esta ocasión no me acerco al barrio de pescadores de San Tomé, la vila vella, con su atractiva a la vez que ruinosa Torre de San Sadurniño, que en tiempos fuera una antigua fortaleza medieval, enclavada en la ría de Arousa. 

Como dije al inicio, mi propósito en esta ocasión es fundamentalmente ver a Yoli en Vilanova de Arousa, que también es tierra valleinclanesca y la cuna de los hermanos Camba. Me entusiasman los artículos de Julio Camba. 

Al parecer, Valle-Inclán no nació en el pazo del Cuadrante, que alberga la oficina de Turismo de Vilanova, ni tampoco en la ría de Arousa cuando su madre la atravesaba en barca, como a él le hubiera gustado, sino en la casa del Cantillo, conocida como la casa de los tres balcones, como me dijera en otro viaje una chica en el museo del vino de Cambados. 

Sea como fuere, el espíritu de Valle impregna toda Vilanova, lo que me resulta extraordinario, porque me hace sentir como si fuera parte de su obra. Gran demiurgo que era el autor del esperpento. Bueno, el esperpentismo lo ha inventado Goya, según Max (el alter ego de Valle-Inclán). 

MAX: ...Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. 

DON LATINO: ¡Estás completamente curda!

MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

(Luces de bohemia)

Me alegra volver a ver a esta chica hospitalaria, que me ofrece su alojamiento y ejerce como buena cicerone en su tierra. En realidad, ella es cercana y amable con las personas que se alojan en su Mar de Rosa. En este sentido, no existen muchas personas como ella. Eso creo. También disfruto de la compañía de sus amigas, Jenni y Mari Carmen, que trabajan en el café bar Dorna. Bueno, Mari Carmen es además la dueña o responsable de este establecimiento. 

La próxima vez a ver si me vuelvo peregrino y hago el trayecto entre Vilanova y Pontecesures (al lado de Padrón, la tierra donde falleció la gran poeta Rosalía de Castro) en una embarcación, surcando la Ría de Arousa y ascendiendo por el río Ulla mientras traigo a mientes el viaje que cuenta la leyenda que hizo el apóstol Santiago, o mejor dicho, sus restos, tras su martirio en Jerusalén.  

Espero regresar a Vilanova para reencontrarme con el alma de Valle-Inclán y por supuesto con Yoli y sus amigas. 


martes, 19 de septiembre de 2023

Montes y castros gallegos

 Coruña, la ciudad de faro, me entusiasma pero Vigo es otra ciudad que se ha quedado grabada en mi memoria emocional porque, como cuento en El verde aroma del Noroeste, en su puerto embarcó mi padre en los años cincuenta del pasado siglo rumbo a las Américas. Toda una odisea. 

Panorámica de Vigo

Creo que ese fue uno de los detonantes para amar los viajes y todo lo que entraña viajar, ya sea cerca o lejos de la morada. Por tanto, Vigo quedará para siempre, al menos mientras viva y pueda recordar, como punto de partida hacia otros mundos, que de un modo inevitable me ayudan a seguir soñando, viviendo, fantaseando. 

Una vez más, estoy convencido de que viajando es como uno abre la mente a nuevos horizontes y a la vez  puede instruirse leyendo asimismo el libro de la vida a través de los paisajes y el paisanaje con los que uno se va encontrando. 

El Sireno en la Puerta del Sol de Vigo

Vigo forma parte del mapa de los afectos que me mueven y conmueven. Y en este aún reciente viaje de agosto también pude ver y conversar con la amiga Alicia, que siempre se me antoja un gran placer, porque la charla con ella fluye como los ríos que van a dar a la mar. 

En realidad, me apetecía que la poeta Alicia Savaxe, que figura en El verde aroma del Noroeste, tuviera el libro. Y ese fue uno de los motivos para volver a esta ciudad portuaria. A ver cuándo volvemos a vernos.

La ciudad más "cool" de España, dice el periódico The Times de la misma.
La verdad es que me gusta esta ciudad, que visito de vez en cuando.

Me gusta conversar sobre todo con la amiga poeta Alicia, que es de aquí y uno de los personajes de El verde aroma del Noroeste.
(estas palabras dejé escritas en mi muro de Facebook en su momento)

Confieso que uno de mis lugares preferidos de Vigo, tal vez el que más me gusta, es el castro, subirme al mismo para desde ese mirador contemplar el mundo, la belleza de las islas Cíes al fondo como si pertenecieran a otra dimensión espacio-temporal, para acaso poder respirar, como en un sueño, las brisas marinas que llegan desde el otro lado del Atlántico.

Con Alicia en Vigo
Quedarme durante un rato largo extasiado, embebido, hipnotizado con la fragancia universal del océano. 

Viajar, como escribir, es una forma de estar en el mundo. Viajar resulta en verdad inspirador y estimulante. Y eso me lleva hasta La Guardia, donde nunca antes había estado. 

Fue la también poeta y amiga gallega Manuela R. Gallego quien me habló del castro de Santa Tecla como un mirador fantástico. 

Me fascinan los castros y los miradores, como ya he adelantado. En mi pueblo existen varios castros o corones de origen prerromano y romano, entre ellos el de Valdequiso, Ceruñales o Fuentetorres, a los que me unen inolvidables recuerdos. Soñando tesoros por los castros. 

Desde Santa Tecla

 http://cuenya.blogspot.com/2012/10/fabulas-y-leyendas-sobre-el-oro-y-los.html Y una gran parte de las aldeas gallegas se alzan sobre castros. Así que me pereció que esta era una buena ocasión para visitar La Guardia (A Guarda) y de paso subir hasta el monte-castro de Santa Tecla, que con sus 341 metros de altura sobre el nivel del mar le permite al visitante echar la vista a la redonda, 360 grados, lo que resulta magnífico. 

Puerto de A Guarda

La subida hasta este facho o monte litoral es una experiencia mística que a uno lo pone en contacto con la divina naturaleza. Te sientes como un eremita subido a su columna divisando un territorio donde confluyen la belleza fluvial y la marina. A los pies queda La Guardia. Y desde este mirador se tienen estupendas vistas al estuario del río Miño, cuya desembocadura en el océano Atlántico eleva el espíritu de quien contempla tal espectáculo. A un lado se extiende la ribera española y al otro la portuguesa, hermanadas por el Miño. Dos orillas y un mismo paisaje. Con un rayo verde en el horizonte. 

Al fondo la desembocadura del Miño en el Atlántico

Santa Tecla o Trega es tal vez uno de los castros prerromanos más lindos y grandes del Noroeste español.  Con sus petroglifos de la edad de Bronce. Un emplazamiento estratégico. Un lugar de culto, mágico, con la capilla de Santa Tecla.  

Hay lugares con un encanto especial y ese es el Castro de Santa Tecla (Trega, en galego).
Hay que llegar hasta La Guardia, que está a los pies de este monte y Castro magnético, que respira historia por todos los costados. Y desde donde se gozan de vistas maravillosas al propio pueblo de La Guardia y la desembocadura del río Miño en el océano Atlántico. Algo que me lleva de un modo inevitable hasta la desembocadura del Duero/Douro, el río de oro, en Oporto/Porto, otro espacio mágico, inolvidable.

Es la primera vez que visito esta localidad y este Castro prerromano, del que me había hablado la poeta amiga y tocaya Manuela, ella que es gallega aunque viva en la ciudad de León. Pues el sueño se ha cumplido. Y el ha sido además muy hermoso.
(estas palabras dejé escritas en mi muro de Facebook en su momento)

Aunque existe al menos un bar en Santa Tecla donde puede tomarse algo, incluso comer, prefiero bajar a La Guardia para darme una vuelta por el animado puerto pesquero, con sus coloridas casas marineras y sus restaurantes, su monumento al marinero y el museo del mar. Estampas con encanto. 

A Guarda

El viaje en esta ocasión también me lleva hasta Baiona, que queda a pocos kilómetros de Vigo, algo menos de treinta. 

Se nota que en verano esta urbe, que tanto le gustaba al paisano y amigo, el ex-eurodiputado Pepe Álvarez de Paz, donde pasaba largas temporadas, está atestada de turistas en busca, imagino, de una suculenta gastronomía y una temperatura ambienta agradable. 

Luce el sol sobre un cielo azul que se muestra como un lienzo, con el castillo de Monterreal al fondo, una fortaleza con historia, que al parecer data del siglo XII. En la actualidad, desde los años setenta, es el parador de Baiona, que, con sus calles empedradas y sus casas señoriales, está declarado conjunto de interés histórico-artístico. 

Fortaleza-parador de Baiona

Baiona es conocida asimismo porque el explorador Pinzón, con su carabela Pinta, arribó a finales del siglo XV al puerto de esta localidad gallega desde las Américas días antes de que Colón llegara a Lisboa. 

Regreso a Vigo, que es ciudad portuaria con sabor iberoamericano. Y contemplo, una vez más, el océano Atlántico como si se me apareciera, como en los sueños, el continente americano. 


domingo, 17 de septiembre de 2023

Coruña, una fiesta musical y literaria

 

A principios del pasado mes de agosto me encaminé a Galicia, como ya hiciera en agosto del 22, que me dejó muy buen sabor de boca. Y es que Galicia es tierra hermana, donde uno se siente como en casa. En verano se está de lujo, como se dice ahora, a resultas de una temperatura agradable que te permite dormir bien sin tener que recurrir a ventiladores ni al maldito aire acondicionado, que me produce horror y sobre todo mal de garganta.

Si la temperatura afectiva es esencial en la vida de una persona, la temperatura ambiental también tiene su importancia. Los climas extremos, como todo lo extremo en la vida, resulta demoledor.
Creo que a este ritmo de subidas de temperatura en verano el norte y el noroeste español se convertirán, con el transcurso del tiempo, en un auténtico refugio, en un edén, con lo cual hemos de aprovechar la circunstancia desde ya mismo.
Después de pasar harto calor en mi reciente viaje a Cuba, no hay nada como lanzarse al Cantábrico en busca de brisa y verdes aromas.
Toda Galicia ofrece belleza pero la ciudad de Coruña es un sitio maravilloso.
En este viaje por Galicia disfruté de Coruña, que en agosto se vuelve toda ella una fiesta. Y también tuve la ocasión y las ganas, todo hay que decirlo, de acercarme a Vigo, Baiona y La Guardia, incluso a Betanzos, lugares estos tres últimos donde curiosamente nunca había estado.
También estuve en Cambados y Vilanova de Arousa, donde volví a ver a Yoli, la chica que regenta la pensión Mar de Rosa, de lo que espero dar cuenta en esta entrada del blog.
El pretexto para viajar a Coruña fue el concierto que daba el cantautor astur Víctor Manuel, al que también pude ver y escuchar en concierto el pasado año en Ribadavia, todo un descubrimiento esta localidad ourensana, de lo que hablo en El verde aroma del Noroeste.
En verdad, no hacen falta pretextos ni para visitar Coruña ni para asistir a un concierto de Víctor Manuel.
Es más, los mexicanos dicen que los pretextos se inventaron para los pendejos. Dicho lo cual me viene el recuerdo del concierto de Víctor Manuel y Ana Belén en los años noventa en Ciudad de México, al que asistiera entusiasmado.
Hace poco veía un programa de Viajeros en la tele sobre México, donde aparecía la reportera ponferradina Mónica Domínguez y se me erizaron todos los vellos del alma. Un beso al cielo, adonde estés, querida e inolvidable Mónica, que además me hiciste rememorar tantas vivencias en ese país a toda madre que es En en ombligo de la luna. Así dicen que le llamaban los aztecas a México.
Me gusta recordar aunque sea consciente de la importancia del presente, del aquí y el ahora, porque la memoria nos conforma como seres humanos. Y sin memoria no somos nada.
Decía que Víctor Manuel me llevó hasta la misma plaza de María Pita -la heroína coruñesa-, para disfrutar con sus canciones, con su Asturias, que es una de mis preferidas, quizá la que más me emociona, y también con otras muchas.
Antes de asistir a su concierto en María Pita, tuve tiempo para asomarme al mar, que tan hipnótico se me antoja, y componer estas palabras que dejo aquí en color azul, también en recuerdo de Jane Birkin y Serge Gainsbourg:

Al fondo el faro, el mar universal, con sus olas que vienen y van, je vais et je viens comme la vague irrésolue, en homenaje a Jane Birkin, la musa de Gainsbourg, que hace unos días nos dijo adiós para siempre. Je t'aime moi non plus.
Al fondo el faro, el mar universal, con su aroma a salitre, a alga, bajo un cielo encapotado, con la brisa acariciadora de una nana.
La contemplación del mar, que se revela hipnótico, como estado de bienestar.
Lo efímero de la vida condensado en este instante de ataraxia, de sosiego.
Al fondo el faro milenario, que sigue alumbrando la senda de la vida.
En el aquí y en el ahora.

Siempre con el existencialismo a vueltas y a cuestas. Con esa necesidad imperiosa de sentir y saborear el tiempo, de detenerlo incluso, con el fin de vivir más y tal vez mejor. Me viene a la mente la película El club de los poetas muertos, el Carpe diem y la poética de Whitman a través del profesor Keating, interpretado de un modo magistral por el actor, ya fallecido, Robin Williams.

Asimismo, me asaltan El hombre en busca de sentido, de Frankl, cuyo autor
nos da toda una lección de vida en su libro, el cual sufrió todo tipo de atrocidades en varios campos de concentración nazis, o De la brevedad de la vida, de Séneca, en busca de esos consejos que nos proporciona el filósofo estoico nacido en Córdoba, como si eso fuera ayudarme de un modo pragmático en mi día a día, en este devenir existencial donde la muerte siempre se impone como una apisonadora, y suele estar acechando tras la sebe de la más cruel de las certezas, pues a decir verdad nadie saldrá vivo de esta vida. Vaya paradoja. Recientemente, nos decía adiós el amigo César González, al que recordaba también en un breve texto en Facebook, que espero recuperar para este blog.
César era quinto de mi cuñado Benjamín, que también se despidió de nosotros a principios de este año 2023. Por tanto, la muerte me ha hecho reflexionar una vez más acerca del sentido o sinsentido de la vida. No obstante, hemos de disfrutar de los instantes y en este caso de este viaje agosteño por Galicia, donde dejé anotado esto, con grabación incluida de su canción Asturias, a propósito del concierto de Víctor Manuel:

Colosal Víctor Manuel en la plaza de María Pita. Una relación especial tiene con esta ciudad, "la niña de sus ojos", dijo el cantautor de Mieres, porque aquí conoció a su compañera de vida, la cantante y actriz Ana Belén.
Me emociona hasta hacerme saltar las lágrimas esta canción, Asturias, todo un himno, un poema escrito por el poeta exiliado en México Pedro Garfias. Extraordinario. Lástima que la grabación no sea buena. Pero queda como recuerdo inolvidable en esta noche coruñesa.
Instantes de felicidad.
The Waterboys

Instantes de plenitud, que me siguen religando con esta vida breve, efímera. Y a la vez me permiten disfrutar de la música en vivo y en directo, de la belleza, en definitiva. Como ocurriera con el concierto que nos ofreció el grupo The Waterboys en Coruña, también en la plaza de María Pita, lo que dejé y dejo anotado ahora en color azul: 

Un gran placer asistir al concierto de los Waterboys en la plaza de María Pita. 
Con un directo poderoso, una mezcla de folk y de rock, este grupo del Reino Unido me cautivó. 
A los Waterboys los escuchaba ya en los años ochenta. Y sobre todo recuerdo su música y sus sonidos en Salamanca, adonde solía ir de vez en cuando porque allí estudiaban algunos amigos, entre ellos Mingo. Luego uno mismo tendría la ocasión de ir a la Universidad de Salamanca a hacer los cursos de doctorado, antes de irme con una Erasmus a la France. 
Por eso y tantas cosas, la música de los Waterboys ha quedado grabada en mi memoria emocional y esta noche la he sentido como algo especial, que lo es.

Además de estos conciertos, y algún otro como el que dio el Kanka, tuve la suerte de encontrarme con la escritora Blanca Riestra en la presentación de un libro de Mercedes Corbillón, a quien no conocía. Y al día siguiente, creo recordar, volví a ver a Riestra porque me dijo que presentaba su primera novela en gallego, Anatol e dous mais, en compañía del también escritor Abraham Pérez. Esto escribí sobre la marcha en ese momento:

Un placer, Blanca Riestra, asistir a la presentación de tu Anatol y dos más, ahora en gallego. Una novela de juventud, tu ópera prima, ambientada en Santiago de Compostela, escrita con ingenuidad, como tú misma dijiste, aunque con la narrativa propia de una gran narradora, como has demostrado con el transcurso del tiempo. Mis felicitaciones para tu obra. Y encantado de verte de nuevo.
Coruña es una fiesta literaria.
Blanca Riestra y Abraham Pérez



Me hecho ilusión encontrarme con la escritora coruñesa Blanca Riestra en su ciudad natal, en los jardines de Méndez Núñez, tan literarios y exóticos, a propósito de la presentación de un libro de la escritora Mercedes Corbillón, a quien Blanca Riestra me presentó. 
Realmente fue un azar. Pasaba por allí. Aunque siempre tuve la intuición de que algún día, en algún momento podría llegar a saludar a la autora de La canción de las cerezas, entre otros libros. Fue lo primero que leí de esta creadora y me dejó maravillado, tanto que escribí una reseña, que a ella le gustó, como se refleja en el comentario que hace en mi blog. Luego escribí otra reseña acerca de su libro Madrid blues, que publiqué en el periódico Diario de León.
Si a alguien le apetece leer el comentario sobre La canción de las cerezas dejo aquí el enlace: https://cuenya.blogspot.com/2009/10/blanca-riestra-la-cancion-de-las-cerezas.html?m=1 Pero sobre todo os recomiendo su lectura, con la que me sentí identificado, tal vez porque ella y uno mismo compartimos memoria de París, donde se ambienta la historia. No en vano, estuvimos más o menos en la misma época en la ciudad francesa de Dijon como Erasmus.
Dijon es, junto a París, uno de los escenarios de Trópico de cáncer, del gran Henry Miller. 
Lástima que no llegáramos a coincidir en Dijon, Blanca Riestra.

 Una grata sorpresa, sin duda, poder ver y saludar a la escritora coruñesa Blanca Riestra en su ciudad natal, en la ciudad del faro, que tan linda luce en verano, con sus playas, su puerto, sus monumentos... su aire festivo, musical, con sus conciertos y su feria de la cerveza... Con su perfume literario debido asimismo a la feria del libro en los jardines de Méndez Núñez. Con una gastronomía exquisita, aunque es cierto que cada vez resulta más difícil encontrar comida casera, tradicional... aquí y también en otros sitios. Se impone la globalización de la comida rápida y por supuesto del pensamiento único, ramplón...

Por eso las ciudades acaban pareciéndose todas, cortadas por el mismo patrón. No obstante, Coruña aún sigue, a pesar de todo, siendo un sitio estupendo para veranear. 
Mi alumna de la Experiencia Chus se pasa todo el verano en esta ciudad, qué maravilla.
En esta ocasión también pude recorrer los lugares de siempre, que tanto me entusiasman, como la zona de la Torre de Hércules, y dar un paseo delicioso a orillas del mar por esta península.
Me alegró por supuesto volver a ver a Fina y Antonio, que me acogieron como siempre con hospitalidad en su alojamiento, cuya ubicación, al lado del estadio de Riazor, se me antoja todo un lujo. Además es un sitio confortable, donde me siento muy a gusto. 
Volveré.
Y por fin pude visitar la localidad de Betanzos, ya tocaba, que encima queda a pocos kilómetros de Coruña. Me gustó acercarme a esta pequeña ciudad porque el hostal donde me alojaba en tiempos en Madrid se llamaba Betanzos. Y en este hospedaje me sentía de maravilla, algo que dejé escrito en su momento en el siguiente post, anotación o publicación digital:

Hacía tiempo que tenía ganas de acercarme a Betanzos y ese día ha llegado. Por fortuna o porque realmente lo deseaba.
Betanzos es una ciudad pequeña pero con un casco histórico monumental. Con callejuelas estrechas donde sirven su archiconocida tortilla, que está buena, claro, con el huevo poco cuajado, aunque algunos bares o restaurantes quieren cobrarla a precio de oro. La verdad es que después de la pandemia todo se ha puesto por las nubes, carísimo. Y además los hosteleros aprovechan para hacer su agosto particular a cuenta de los turistas, que acabamos pulverizando todo.
Las hordas de turistas invaden el planeta.
La verdad sea dicha, la tortilla de Isa, en Ponferrada, no solo está a la altura de la de Betanzos sino que la supera. Bueno, tampoco hay que exagerar y caer en un ombliguismo estúpido. Valga la rebuznancia.
Al final acabé yendo a el Yocri, que es un sitio sin pretensiones, próximo a la plaza central, donde se come razonablemente bien.
Betanzos, aparte de ser un lugar monumental, me llega dentro porque de aquí son Antonio y María, que hasta antes de la pandemia llevaban el hostal Betanzos en la céntrica calle de Vélez de Guevara en Madrid, y donde tantas veces me alojé, sobre todo en mi etapa en la escuela de cine en Ponferrada, cuando solía viajar a Madrid al menos una vez por mes.
Creo la última vez que me alojé allí fue en enero de 2020, después de mi viaje a Túnez. En ese viaje también conocí a mi amiga tunecina Arij, que es extraordinaria y anda ahora por Georgia, donde también están mis sobrinos Vanesa y Pablo con su bebé Cayetana.
Este hostal, Betanzos, era como mi casa. Y Antonio y María, ambos de esta ciudad gallega, me trataban literalmente como a un hijo.
No hace tanto tiempo volví a ver en Madrid a Antonio, y me dio mucha alegría. Y él también se alegró mucho de verme. Me contó historias extraordinarias, inolvidables, aparte de que me dijo que estuvo a punto de irse para el otro barrio a raíz de un infarto.
Por eso, Betanzos, más allá de su belleza monumental, me ha entusiasmado porque recuerdo con cariño a Antonio y María.

Pues sí, la visita a Betanzos me trajo muchos recuerdos de un tiempo, cuando trabajaba en la Escuela de cine de Ponferrada, en que viajaba a menudo a Madrid.
San Francisco

Betanzos o Betanzos de los Caballeros, con su monumentalidad gótica, como la iglesia de San Francisco, sus puertas de la ciudad amurallada sobre una colina o outeiro y sus edificios con balcones acristalados de color blanco, también con su céntrica plaza Naveira, atrae al visitante, que se siente como en un decorado de cine de época.
El viaje continúa por Vigo, Baiona y La Guardia.