Páginas vistas en total

miércoles, 18 de febrero de 2015

Carnavaleando

18/02/2015AA
Imprimir

Carnavaleando

Carnavalear a ritmo de botillo es lo que toca en esta época en el Bierzo Alto. El Botillo de Bembibre y el de Turienzo Castañero (cuyas veladas resultaron bien agradables), además de otros botillos, acaparan nuestra atención. Y nos hacen sentir que, a pesar de la crisis económica y espiritual que atravesamos, algunos al menos tenemos el privilegio de comer, algo que no resulta nada fácil en la Tierra habida cuenta de los millones de personas que se mueren de hambre a diario. Terrible situación mundial cuya riqueza se concentra en unos pocos multimillonarios, a quienes se les permite campar a sus anchas, sin que nadie se atreva a ponerle el cascabel a los tiburones, que nos tienen amarrados a la pata de la mesa. A estas alturas del partido, ya nadie, que tenga uso de razón, cree en partidos políticos ni siquiera en ideologías que puedan solventar los graves problemas económicos y sociales que asolan el orbe. Nos afanan los políticos, nos roban los bancos, nos estafan en cuanto bajamos la guardia, incluso aunque mantengamos la vigilancia, porque somos marionetas al servicio de un sistema podrido hasta la médula. Estupefactos nos quedaríamos si llegáramos a conocer todos los entresijos y tejemanejes del Poder. Ni siquiera nos consuela saber que nos dejen carnavalear, pues el verdadero carnaval, como ya contara en una ocasión, no es el que intentan clavarnos aquí y allá, con esos pasacalles uniformados como rebaño o manada, todo bien ordenado y metido en vereda, ni siquiera el archiconocido de Río de Janeiro, con sus sambas y ritmos explosivos, que, llegado el caso, podría hacer saltar por los aires cualquier norma o reglamento convencionales y bien establecidos. El Carnaval tampoco es aquel en que se invierten los roles, el rico con máscara de pobre, y éste con disfraz de rico, porque los genuinos ‘zarramacos’ deberían apuntar a la verdadera igualdad de los seres humanos. Vaya utopía. Todos somos iguales pero unos más que otros, escribió Orwell en ‘Rebelión en la granja’. A pesar de los intentos para que todos seamos iguales, los humanos, demasiado animales, nos empeñamos en que cada cual salve su pellejo aunque sea a costa de la sangre del Otro. Al menos debería haber igualdad ante la ley, porque la justicia a menudo se resuelve en injusticia y siempre o casi siempre pagan justos por pecadores. El caso Bárcenas y tantos otros delincuentes son buen ejemplo. La justicia, al menos en este país de países (en realidad en todo el mundo) parece estar hecha para los ‘robagallinas’, no para los estafadores de guante blanco. Así que no nos queda otra: seguir carnavaleando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario