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jueves, 29 de mayo de 2014

Pepe Carralero

Pepe Carralero y Clotilde

Sabía que Pepe Carralero es un gran artista, también sabía que es buena persona, además de un tipo simpático, que cuenta anécdotas graciosas y recuerda con afecto a la lechera de su infancia, Clotilde, pero lo que no sabía es que me había hecho una caricatura, un retrato a lápiz, que me obsequió con motivo de las Jornadas de Autor que le dedicara recientemente el Instituto de Estudios Bercianos en Ponferrada y también en su pueblo natal, Cacabelos. Después de saludarlo y felicitarlo, cual se merece, nos hicimos unas fotos y, cuando le dije que ya me despedía, me pidió que lo esperara. ¿Y qué querrá decirme?, me pregunté. Cuando quise darme cuenta, ya me estaba mostrando este regalo, que guardo y guardaré con mucho cariño. 

He de confesar que me parece un lujo, un gran honor, que Pepe Carralero, a resultas de una Jornada que le dedicáramos a otro grande, en este caso de las letras, como lo fuera Ramón Carnicer, tuviera la gentileza de hacerme esta caricatura-retrato, porque Carralero es capaz de captar el alma de aquellos a quienes retrata. Y plasmar el alma de alguien es puro arte. En realidad, en eso consiste o debería consistir el arte, sea en pintura y aun en otras bellas y nobles artes. Resulta curioso que los musulmanes, al menos algunos, creen que, cuando alguien les hace una foto (aunque no sea precisamente una foto artística) les está robando el alma.  Hacer una foto con arte es a buen seguro un modo de apropiarse del alma del fotografiado o fotografiada. Y si lo que estamos pintando o fotografiando es un paisaje, pues también podríamos, siempre con arte, materializar su esencia.
Con Pepe Carralero y Jovino Andina


La literatura, por ejemplo, se convierte en arte cuando uno es capaz de insuflar vida a las palabras, hacer que éstas respiren, que las letras tengan duende, aroma y textura, gusto y sabor, que suenen a música, aunque no sea del todo celestial, pero que tengan sonido y color, incluso que desprendan una verde fragancia natural. La poesía, si se precia de tal, según el Premio Cervantes Gamoneda, tiene que ser vida. En cualquier caso, la buena literatura, como la buena pintura (en el fondo ambas se tocan y están hermanadas), deben estar vivas. La vida que logra este catedrático bohemio, al que nacieran encima de una bodega, en su pintura. Ahí están sus retratos literarios del maestro Pereira, del poeta Colinas o bien el que le hiciera al sociólogo Amando de Miguel, quien por cierto estuvo presente, con una estupenda disertación, en su reciente homenaje en el Bierzo.

         Te deseo, querido Pepe, lo mejor. Me has hecho feliz con tu generosidad, con tu arte. 

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