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viernes, 16 de mayo de 2014

Mayo

Este año mayo no está marceando, como reza el refrán. A veces los refranes son sólo eso, dichos populares, que no siempre atinan, incluso yerran de un modo atronador. En ocasiones, sólo en determinadas circunstancias, el sentir común se revela inefectivo por dicharachero. El futuro, ni quiera el inmediato, se me antoja imposible de predecir por más que uno le eche cuento y adivinación al asunto. Y en este caso se alegra uno de que este mayo haya llegado al Bierzo, a la provincia de León, cargado de luz y verde clorofila, con rostro de chiquilla chistosa y juguetona, lo cual me produce un placer inmenso. Ojalá viviéramos siempre en un mayo de esta guisa, acaso como en la eterna primavera de la Cuernavaca ‘mexica’. Por fin, después de un largo, triste y lluvioso invierno ha llegado la primavera a esta república de los almendros, incluso al útero de Gistredo, desde el que me dejo arrullar por sus aguas medicinales, curativas, dicen las lenguas. También las palabras, sabiamente proferidas, pueden convertirse en un bálsamo para la mente-cuerpo. Por eso conviene, al menos de vez en cuando, acostarse con ellas, acariciarlas, abrazarlas con devoción. Ay, las palabras.

Se dice que mayo es el mes de las flores, de los amores y de la poesía. Por tanto, es una buena ocasión para tumbarse en un prado bajo el cobijo reparador de algún árbol mientras se recita alguna oda a los estorninos. Qué es ésta una sana manera de bendecir los campos. Hoy me siento con ganas salir al monte y respirar aire puro, aire limpio, vaya utopía, porque me temo que las fumarolas de la térmica me acabarán atufando. Y si no me llegan éstas, a buen seguro me tocarán las dioxinas de la cementera de Toral de los Vados. ¿Pero no vivimos en un vergel? ¡Quién lo diría!
Nicolás Miñambres

Esta es tierra idílica, una olla u hoya para ser soñada, un auténtico refugio amoroso, tocado ahora por la varita mágica del esplendor primaveral, que nos devuelve a la vida, después de varios meses hibernando como los osos que asoman el hocico por el valle de Salientes, a unos pocos metros de Mil madreñas rojas, ¿verdad, Antonio? Ya iba siendo hora de poder salir a oxigenarse, a empaparse de sol, a disfrutar, en definitiva, de un buen clima. Y este mayo, florido y ‘fermoso’, nos está dando aliento y fuerza para proseguir en la batalla.
Gregorio F. Castañón


Ahora me estoy acordando de que Nicolás Miñambres nos obsequió con un libro, editado por Gregorio Fernández Castañón, gran mecenas de la cultura leonesa, sobre los meses del año: “… al mes de Mayo le llaman del amor, que el amor, en la vida, es la más bella flor”. 

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