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jueves, 22 de mayo de 2014

Paisanaje nocedense

Hoy toca charla en Ponferrada. Será a partir de las 20h en el centro cultural de Caja España, que está justo detrás del hotel Madrid. En un principio se había anunciado para la Casa de la cultura, pero un mitin nos desplazará, porque la política todo lo puede y lo manda en este mundo asediado por charlatanes que sólo buscan su propio interés (y el de sus cuates y carnalitas, claro) y no dejan de mirarse a su ombligo ni un sólo instante. Así nos luce la pelambre. Cada cual a su puta bola, bola de pendejos, eso es lo que nos está tocando... las... ¿o era una charla sobre leyendas y tradiciones en el Bierzo? Bueno, que no quiero que se me vaya el santito (o la santita) a las nubes. Me centraré. Recapitulo. Sí. Ahora voy. Pues, quienes estéis interesados (e interesadas) daros un voltión por el susodicho centro cultural ponferradino y nos vemos allí. 

Esta será ya la segunda edición de Leyendas y Tradiciones bercianas. En la primera hablé/hablamos de moros y mouros/moros y moras, duendes, trasgos y xanas (también xanines), amén de otras leyendas de bruxas y demos o demois. Pero hoy quiero centrar mi intervención -aunque de alguna pincelada a las ánimas benditas, rezo, a las trastadas y la cava de las viñas (con especial hincapié en la ponchada y el ñigal)- en el paisanaje nocedense, ese que engancha y cautiva por sus singularidades, esos paisanos y paisanas que nunca salen en los telediarios ni en la prensa, salvo que uno se encargue de darles voz y voto (ahora que volvemos al circo de las elecciones). 

En realidad, hablaré de aquellos seres, ya desaparecidos, que quedaron grabados en mi subconsciente, lo único que nos queda, cuando hemos olvidado y desaprendido todo (o casi todo). Aquellos tipos y tipas que nos han marcado, de algún modo, con sus dichos e historias... y aun nos han dado una vuelta a la chola con su modo de vida, en ocasiones picaresco (incluso cabronísimo), como fue el caso de Benito Bullarengue (culo, en cubano). Un especimen de armas tomar (nunca mejor dicho), que vendía el capital que no era suyo, las fincas de los incautos, con la ayuda de algún gancho y el pimple, en subastas hechas ex profeso en la tasca del pueblo, y luego se lo llevaba a la Argentina. Y si te he visto no me acuerdo. Bueno, sí, porque el tipo hizo esta engatada en varias ocasiones. Quién sabe cómo se las ingeniaba para meter siempre gato por coneja. Sobre Bullarengue y sus trapacerías he llegado a escribir algo en La Curuja, nuestra revista nocedense. En aquel tiempo -hablo de los 40 y 50 del pasado siglo-, era habitual que los nocedenses emigraran al nuevo mundo en busca de un porvenir, que se perfilaba harto negro en la España de posguerra inmediata. En realidad, no sabemos si ya eran espabilados o se espabilaron en América (o ambas cosas). Pero resulta, cuando menos curioso, que algunos, a quienes sacaré a la luz, vivieron en América, como son los casos también de Pachín, El Petronilo, Milonga, mi bisabuelo Gabinín, o el propio León Artola (bien conocido en el mundo del cine). En cambio otros, a quienes también mencionaré, nunca estuvieron, creo, en América. Hablo de gente como Ángela de Secundino, Consuelo la de Santiago Teresín, el propio Teresín, Benito Chirito (el Corbato), el señor "Jeotero", un tal Idro (Isidro) o el famoso futbolista César. La lista se me hace cuasi interminable pero creo que, para una charla breve, será más que suficiente. 

Pachín, al que he dado en llamar "el Goucho Marx" de Noceda, era un hombre, cuentan las lenguas, muy chistosito, que tuvo, tal vez, la fortuna de hacer las Américas. Creo recordar que vivió en Cuba y también en los Estados Unidos. Tenía, dicen quienes lo conocieron (yo lo recuerdo, con muy pocos años, asomar el pescuezo por una ventana, pues en sus últimos años de vida era vecino de la calle Los Moros) sentencias ingeniosas, humorísticas. Y era algo pillín, también. Las montaba pardas. 

El Petronilo, a quien también llegué a conocer porque era vecino de la Calle La Parada, vivió en los Estados Unidos. Al parecer, sabía leer en inglés (no sé si hablar). Y en sus últimos años de vida estaba sordo como una tapia. Jugaba solo al tute y tenía mala leche. Sus sentencias eran sobrecogedoras. Las dejaré para la charla. Como las de Pachín.

Milonga, al que recuerdo de un modo vago, porque éste era vecino del barrio de San Pedro, parece que estuvo a punto de ser actor de cine en Buenos Aires (quizá llegó a actuar). Y cuando regresó a Noceda presumía de ser rico: "Paf, yo no preciso trabajar", decía al tiempo que hacía rugir con su mano unas monedas en el bolsillo del pantalón.

Mi bisabuelo Gabinín había estado en el Canal de Panamá y creo que en Cuba, era un fenómeno y un cabroncete. No lo llegué a conocer, pero mi madre me ha contado miles de historias suyas. 


León Artola fue un pionero del cine leonés, originario de Noceda, que desarrolló su carrera en la Argentina. Entre sus obras conocidas está "Rosario la Cortijera", aunque también realizó otras obras como "Gallegos en Buenos Aires". Era actor, director y operador de cámara. Para más información, sobre este ilustre e ilustrado personaje (y aun sobre otros), podéis echarle un ojo a nuestra web: http://nocedadelbierzo.com/personajes/

Por su lado, Ángela de Secundino era, junto a Ludivina, una gran panderetera y sobre todo una excelente persona. "Hay que querese, demoi, y no mancase", decía a menudo, con acento astur-leonés y mucha sabiduría, esta mujer luchadora, que era la abuela de mis amigos Ricardo y Raquel. 

Otra mujer muy trabajadora era Consuelo la de Teresín, vecina de la Calle La Parada, a la que guardo cariño, cuya historia de "Las ovejas en el trigo" gustaré contar en la charla de hoy. 

El padre de Consuelo, Santiago Teresín, era un fenómeno, lo recuerdo siempre en su lagar. Contaba historias increíbles, como la del gato que subió a la luna. Era el abuelo de buenos amigos, entre ellos, Venancio, Vicente, Domingo, Chalton o Miguel Ángel. 

Pintoresco para la época me resultaba la figura o figurón de Benito Chirito (o el Corbato), un señor centenario que siempre estaba de punta en blanco, trajeado, con sombrero, acaso de copa, con bastón, asomado al corredor de su casa, como que con él no fuera el trabajo campestre. Supongo que sería un señorito rentista, un dandy, que vendía, eso sí, tocino (entonces imprescindible en la cocina de Noceda) a precio de chuletones de buey. O eso me ha llegado a contar mi padre. Aquel tipo parecía un ministro de algo. Impresionaba verlo, tan esbelto, tan maqueado. Llegó al siglo, por supuesto, o lo superó. 

Un personaje fílmico era o es (creo que aún vive) El "señor Jeotero", que se subió a un árbol y no quería bajar de él ni a tiros. Y de este modo se libró de la mili. Me hace recordar al tío matto de Amarcord. Jeotero, entre otras lindezas, también cogía la bici y se iba a Ourense de excursión. Era muy amigo de mi padre, el cual siente y sentía debilidad -como uno mismo- por los seres marginados y marginales. 
No quiero olvidarme de Idro (imagino que sería Isidro), un ser que contaba unas trolas fuera de serie. Como la del gocho que iba con él a apañar castañas o la de los "onejos".

También me apetece darle vuelo al famoso futbolista César Rodríguez, originario de Noceda por parte materna, que formó parte del Barça en aquella delantera mítica constituida también por Kubala. A la que el cantautor Serrat dedica una de sus canciones. César, que era un figurón del fútbol, ejerció asimismo como técnico en el Barça, Elche y Zaragoza finalizando su carrera futbolística en la Cultural Leonesa. 

Y, para finalizar, quiero rememorar la figura de Felisa Rodríguez, que tanto hizo por su pueblo, una maestra y poeta entregada en cuerpo y alma a rescatar y ensalzar la historia de Noceda. Gracias a ella y su Misión Rescate se recuperó el Ídolo de Noceda, que hoy figura en el Arqueológico Nacional, además de réplicas del mismo tanto en el museo de Noceda como en el museo del Bierzo (Ponferrada). Ahí queda su "Soñando tesoros por los castros de Noceda", una auténtica reliquia y un libro esencial. 

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