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jueves, 22 de mayo de 2014

Barbarie

La barbarie se impone, una vez más, en esta “civilizada suciedad”, que hemos construido con manos asesinas. El asesinato de Isabel Carrasco nos pone los pelos de punta y nos deja la sangre helada. Una salvajada que debería hacernos reflexionar sobre el mundo en qué estamos parados. Esto se ha convertido en un Oeste desbocado, en el que nadie parece estar seguro, ni siquiera en una ciudad como León, que creíamos tranquila, otrora un lugar estupendo para pasearse con sosiego a orillas del Bernesga. A partir de ahora, cuando pasee por la Condesa, recordaré lo sucedido con una inmensa tristeza. Y creeré que, en vez de estar en un sitio en el que nada malo podría ocurrir, todo es posible en esta vida tocada por la muerte. Y rememoraré, a buen seguro, mi estancia en México, ese país hermano en el que la vida no vale nada y donde la muerte, por asesinato, es el pan nuestro de cada día.


La vida es nuestro bien más preciado, lo único de que disponemos, y cuando nos lo arrebatan, de una manera tan aberrante y monstruosa, nos sobrecoge, poniéndonos un nudo en la garganta. No nos engañemos, porque nunca el ser humano ha sido, a lo largo de la historia infame de la humanidad, un alma de la caridad, aunque por fortuna haya gente buena, pero los tiempos asesinos que nos invaden, acentuados por la crisis económica, la crisis de valores morales, espirituales, nos están llevando al precipicio, a un callejón sin salida. No vivimos o no deberíamos vivir, a estas alturas del siglo XXI, en un mundo tan bárbaro, donde cada cual se tome la justicia a su antojo, pero está claro que cada cual hace lo que le viene en gana sin reparar en que la vida es lo único que tenemos. Y que no cabe justificación de ningún tipo para cargarse a nadie (si exceptuamos, quizá, en legítima defensa). A nadie. Aunque no sea santo o santa de nuestra devoción porque el odio siempre engendrará odio en una cadena interminable, que nunca nos conducirá a nada bueno. Por supuesto, tampoco la pena de muerte es sostenible. No es que a uno le salga la vena cristiana, nada de eso, sólo que la vida debe prevalecer en todo momento. También la de Isabel Carrasco, con quien no llegué a tener trato directo, con lo cual no puedo decir nada bueno ni nada malo de la expresidenta de la Diputación leonesa (únicamente su defensa como ser humano), salvo lo que se cuenta y se dice a través de los medios o bien en círculos privados, quienes la conocieron o tuvieron contacto con ella. Sólo, en contadas ocasiones, llegué a verla de cerca, por ejemplo en algún bar de Bembibre, que me hará recordarla. 

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