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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mamoneo orquestal/consistorial


Pues sí, da pena que, mientras las orquestas y orquestinas cobran un pastón por tocar -sobre todo las pelotas- durante unas pocas horas, muchos buenos grupos anden a verlas venir, y encima, si quieren dar un concierto, deben hacerlo por la patilla (la jeta o la face), porque quienes los contratan (éstos sí son quienes tienen en verdad la culpa judeo-cristiana, qué cosas) entenderán que su trabajo no es ningún trabajo, o algo tal que así. Un reflejo, para qué engañarnos, de lo que ocurre con otras actividades, digamos culturales o artísticas, en el resto de este país en vías de putrefacción. Breviario de podredumbre. ¿A ver quién le pone el cascabel a la gata? Al pez gordo le siguen untando, y al flaco, que le den por el lado donde más "manca". Al tiburón hay que seguir alimentándolo, mientras que al pequeñín hay que atizarle y darle candela, estoupa, para que siga ligerín por las veredas agrias del señor (y la madonna).

Nunca he entendido, ni entenderé, porque se siguen contratando orquestas que cobran un pastizal para un día de fiesta, y para más recochineo, muchas de estas orquestas (la mayoría) no tocan en directo, sino en enlatado. Alguna, asegura mi subconsciente, se salvará de la quema. Y pondrá todo su empeño y buen hacer. 

Pero cómo nos toman el pelo. Y luego están los grupos que actúan en directo, de verdad, pero, ay, estos no son dignos de ser contratados, y si finalmente alguien los llama, se les paga cuatro euros, o simplemente no se les paga, y a correr la mona. Qué pena. 

Tampoco entiendo por qué a los grupos locales no se les suele dar cancha en las fiestas. Al parecer, Tote y sus malas compañías no llegaron a actuar en el Cristo bembibrense por desavenencias dinerarias, y Runa Manaz, que estuvo muy bien el pasado domingo en el Benevivere, confesó que actuaban por el puto morro. Bueno, Jon dijo que les pagaban con humo. Qué chachi. 

Por cierto, me gustó ver a mi tocayo  Martínez como líder del Runa Manaz. 

La verdad es que no se imaginaba uno al internacional superlanzador de peso reconvertido en músico y poeta. Un crack, o sea. 

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