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martes, 19 de enero de 2016

La fragua literaria leonesa: Gabriel Quindós

Gabriel Quindós: "Cuando viajo siento que llevo una vida más plena"

Manuel Cuenya | 19/01/2016 - 13:40h.

El narrador, guionista de cine y viajero Gabriel Quindós, autor de 'Otras nubes, otras lluvias', ya tiene escrito, con una estructura similar a la de 'Otras nubes, otras lluvias', un libro inédito ambientado en Bolivia mientras está embarcado en un tercer volumen que transcurre en Etiopía.


                    Gabriel Quindós. Imagen de Manuel Cuenya.

"Todo viaje estará incompleto si al regresar se descubre la carencia de un recuerdo que te haga añorar tu paso por aquellas tierras, un destello que te anime a volver al mismo paraje que te sedujo...

...Si alguna vez la concisión del microrrelato se impone en los libros de memoria o de viaje, agua, verde y sonrisas sería el luminoso recuerdo que me dejó Vietnam" ('Otras nubes, otras lluvias', Gabriel Quindós).


El afán de comprender, vivir y fabular llevó al leonés Gabriel Quindós, en el 2008, a Vietnam, un país que lo  sedujo, que le regaló muchos instantes felices, como él mismo nos cuenta en su excelente libro 'Otras nubes, otras lluvias', que se me antoja de obligada lectura, sobre todo si uno desea conocer y adentrarse en este país asiático, que tanto le ofrece a un viajero y narrador como lo es Gabriel, quien estuvo recorriéndolo durante tres semanas, cuyas vivencias acabarían plasmadas, a modo de crónicas literarias e historias de ficción -siempre de un modo cautivador-, en un volumen que requirió, según su autor, de un largo proceso de escritura, porque la escritura creativa amerita de elaboración y reelaboración. "Una buena narración se ancla en nuestra memoria con mayor fortuna que un estudio certero o un torrente de datos", señala Gabriel en el prólogo de su bella obra, editada con esmero por el sello Mr. Griffin. "Conocer un sitio es poder contarlo", matiza su creador, que ha ahondado con fascinación, como nadie, en Vietnam, en sus paisajes y sus gentes ("acariciar el sentir de la gente se nos revela como el primer paso para intentar comprender otros territorios y culturas"), para devolvernos este retrato de Vietnam, para contarnos, con maestría narrativa, los nueve capítulos que componen su libro, cada uno de los cuales incluye un cuento enmarcado en una crónica literaria, que sirve para arrojar luz sobre el origen y trasfondo del mismo. Una belleza emocionante, que nos atrapa de principio a fin. Un libro de viaje esencial, porque Gabriel es un auténtico viajero capaz de volver a mirar, a sentir la realidad, el mundo, con ojos de asombro, con la fuerza plástica que le procura la escritura cinematográfica, habida cuenta de su faceta como guionista de cine, porque el llamado 'Séptimo Arte' -o 'ciencia humana', en palabras del filósofo leonés Pablo Huerga Melcón- es buen escenario para mostrar ambientes y conductas, ocupándose fundamentalmente de los hechos, dejando poco margen para la introspección, las evocaciones y las digresiones del narrador o de los personajes. En su caso (también en su propia opinión) ver mucho cine tal vez le haya dejado en herencia una voluntad por centrarse en la historia que narra sin apartarse en demasía de ella. Como buen narrador, aspira a contar bien una buena historia.

"Acariciar el sentir de la gente se nos revela como el primer paso para intentar comprender otros territorios y culturas"

Apasionado de las historias, su vocación por la literatura surge en la infancia con la lectura de novelas de aventuras, que luego complementa (siempre de un modo enriquecedor) con otras lecturas que le procuran un mejor y mayor conocimiento del mundo y de la condición humana. "Más tarde, uno se demora en tratar de vislumbrar el misterio que encierran los libros maravillosamente escritos y, quién sabe cuándo y por qué, un día te encuentras atrapado por la literatura", rememora Gabriel, que descubrió en los viajes esa pasión por la literatura a la vez que abandonó (en todo caso de forma provisional) la escritura de guiones de cine.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en el enlace): 

martes, 12 de enero de 2016

La fragua literaria leonesa: Luis Algorri



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La Fragua Literaria Leonesa

Luis Algorri: "La provincia de León es uno de los lugares más hermosos del planeta"

Manuel Cuenya | 12/01/2016 - 15:50h.

El periodista, crítico musical y narrador Luis Algorri, autor de 'Algún día te escribiré esto', está con una autobiografía de Carlos V, una historia de la Iglesia católica española durante los últimos setenta u ochenta años y con un libro "a cuatro manos", que está escribiendo con un amigo.

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Luis Algorri. Imagen de Manuel Cuenya.
Periodista, narrador, traductor, Luis Algorri, que es un apasionado de la música clásica, hubiera deseado ser director de orquesta, "su vocación frustrada", precisa, pero se le cruzó el periodismo por el medio y abandonó este deseo, que en cierto modo ha cumplido, aunque, en vez de hacer música, ha tenido que conformarse, según él, con escribir sobre lo que hacen otros, ejerciendo, entre otras labores, como crítico musical. Dice sentirse orgulloso como crítico porque jamás le han pagado una entrada a un concierto ni le han invitado a un viaje. "Eso me ha permitido decir lo que pensaba. He sido siempre muy exigente, pero desde la pasión y también desde la comprensión. Quien ha hecho música sabe lo difícil que es. Y el respeto que merece la propia música, algo que no todo el mundo tiene ni mucho menos", asegura Luis, que reconoce a María Jesús Ayala como su maestra, con quien aprendió música en León, su ciudad natal, donde también se estrenó como periodista gracias a "compañeros impagables" como Paco Martínez Carrión y Alfonso García, que le dieron la oportunidad de publicar con una enorme libertad, en el 'Diario de León', artículos que eran verdaderos cantos de amor a aquellos lugares que le había mostrado su padre, gracias al cual pudo conocer bien la provincia entera, "uno de los lugares más hermosos del planeta". También en León –adonde vuelve de vez en cuando, porque aquí vive su familia– aprendió dos cosas importantísimas: a leer y a escribir gracias a profesores como Bernardino González Pérez; y fue donde consiguió sus primeros premios literarios. "Eso determinó lo que me ocurriría después. Y también tuve el golpe de fortuna de marcharme a tiempo, antes de que León me hiciese sufrir demasiado. El de León es un amor muy doloroso... Cada vez que vuelvo, regreso a los sitios de mi infancia (sobre todo la montaña) y siempre pienso lo mismo: a ver si no se han cargado nada más... No olvido el día en que volví a Valdepiélago y vi que algún homínido con cargo oficial había mandado talar los impresionantes árboles que bordeaban la carretera. Se me saltaron las lágrimas. Eso pasa con frecuencia", recuerda con pena Luis, al tiempo que cita a García Márquez, quien decía que la vida no es lo que viviste sino lo que recuerdas, "y en ese sentido la memoria hace su trabajo de limpieza y restauración. Menos mal", explica este periodista, afincado en Madrid, que ha trabajado en diversos medios, entre otros 'El Independiente', 'El País', 'Diario 16', donde fue editorialista y director de la sección de opinión, o bien en el diario digital Elconfidencial.com, donde escribiera semanalmente, bajo el seudónimo Incitatus, desde el año 2000 hasta principios de 2009, artículos sobre el mundo cultural, que pronto aparecerán publicados en formato libro, según Algorri, consciente de que "la cultura en España ha sido, durante los años buenos, un paraíso para los ladrones y los comisionistas. Pero cuando se acabó la buena vida pasó lo que pasa siempre: el primer sitio del que se quita dinero es de la cultura. Así nos luce el pelo, porque el futuro de la gente es su cultura. No tenemos otro", a la vez que rememora aquellos versos de Quevedo: "Y no hallé cosa en que poner los ojos / que no fuese recuerdo de la muerte".
"El de León es un amor muy doloroso... Cada vez que vuelvo, regreso a los sitios de mi infancia (sobre todo la montaña) y siempre pienso lo mismo: a ver si no se han cargado nada más... No olvido el día en que volví a Valdepiélago y vi que algún homínido con cargo oficial había mandado talar los impresionantes árboles que bordeaban la carretera. Se me saltaron las lágrimas".
 
(Puedes seguir leyendo esta fragua en el enlace): 
 http://www.ileon.com/cultura/058543/luis-algorri-la-provincia-de-leon-es-uno-de-los-lugares-mas-hermosos-del-planeta

jueves, 7 de enero de 2016

Javier Rodríguez Sotuela

07/01/2016
Javier R. Sotuela
Javier R. Sotuela. Imagen: Cuenya

En ocasiones se dan felices coincidencias. Y eso de que el mundo es un pañuelo, aunque sea una frase trillada, también se cumple. La dichosa casualidad ocurrió este verano en Quiroga, provincia de Lugo, en un encuentro de poetas al que fuera invitado a través del narrador y poeta berciano Antonio Esteban González Alonso. 

Las palabras mágicas, en este caso, fueron «Noceda del Bierzo». Nada más pronunciar el nombre de esta localidad, mi pueblo nomás, un hombre, que había sido convidado para amenizar el acto con su música, saltó de alegría porque, sin duda, le había tocado en el fondo de su corazón, o su alma. 
Ese músico, ese cantautor, ese poeta, resultó llamarse Javier Rodríguez Sotuela, un ser extraordinario, con quien entablé, en afectuosa compañía, una conversación inolvidable. Aunque nacido en Galicia, Javier es un buen conocedor del Bierzo. No en vano, comenzó el Bachillerato en el Instituto Gil y Carrasco de Ponferrada y se pasó algunos años en poblaciones como Dragonte, Fabero, Santa Leocadia o Matarrosa del Sil, en cuyas parroquias ejerciera como coadjutor.

Un párroco nada convencional habida cuenta de su compromiso con los movimientos obreros, con los mineros, en concreto, lo que le procurara algunos contratiempos con el Jefe Local de la Falange. ‘El cura comunista’, lo llegaron a apodar, por su colaboración activa con el Partido Comunista, acaso por su sensibilidad y su buen hacer como persona solidaria y comprometida con la sociedad, implicado con la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y la JOC (Juventud Obrera Cristiana). 


Estamos hablando de otra época, por lo demás durísima, represiva, franquistoide, en la que Sotuela tuviera que lidiar con las fuerzas vivas, incluso con sus propios colegas. En aquellos tiempos, a principios de los sesenta, coincidió con otro paisano y amigo suyo, Pepe Álvarez de Paz, que también ejercía como párroco en el Bierzo.

Ambos acabarían abandonando la iglesia para dedicarse, uno a la abogacía y la política internacional, y otro, Sotuela, a la enseñanza y la delineación. Un estupendo dibujante -como queda reflejado en ‘Lembranzas en plumilla’-, al que agradezco su generosidad y su acogimiento. Ilusión me hace su dibujo de la ermita de Las Chanas de Noceda.

Además de la encomiable labor que hiciera en Santa Leocadia o Matarrosa del Sil, Javier llegó a bautizar al que hoy es un fenómeno mediático, un humorista bien conocido en todo el país, gracias a sus monólogos, algunos verdaderamente ingeniosos, para ‘El club de la comedia’. Me refiero a Leo Harlem.

Toda una suerte el haber podido coincidir con este ser humano que, a sus ochenta y tantos años, se conserva como un mozo, sobre todo por su espíritu abierto y librepensante.