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martes, 29 de octubre de 2013

La fragua literaria leonesa: Tomás Sánchez Santiago


Tomás Sánchez Santiago en Veguellina (Narradores en Otoño)

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA | TOMÁS SÁNCHEZ-SANTIAGO


«La identidad no es un asunto geográfico sino emocional»

El poeta, narrador y profesor, autor de ‘Calle Feria’, escribe una antología de Valente para Alianza y sigue afanado en terminar una nueva obra en prosa.


Manuel Cuenya 29/10/2013
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Zamorano de nacimiento, Tomás Sánchez Santiago es un poeta, prosista y profesor de Lengua y Literatura que no se siente de Zamora porque nunca ha creído en la exaltación de rasgos distintivos por razones natales ni siquiera por razones circunstanciales de residencia. «Más bien me da la risa cuando aparecen esas orquestaciones reivindicativas —aclara—, siempre en manos de nuestros nefastos políticos. Me viene a la memoria aquello de Valente: ‘Habría que ser más lugareño y menos patriota’». Por esto, el autor de Calle Feria —novela entre la realidad y la fabulación, galardonada con el premio Ciudad de Salamanca— se siente de ciertas calles de ciudades diversas, «de ciertas casas que habité, de ciertas tardes que viví acá o allá, porque la identidad —agrega— no es cosa de geografía sino asunto emocional».
https://www.diariodeleon.es/cultura/131029/455703/identidad-asunto-geografico-emocional_amp.html

«No soy un buen buceador digital»

https://www.diariodeleon.es/cultura/131029/271322/buen-buceador-digital.html

lunes, 28 de octubre de 2013

En memoria del ingenioso Don Quijote de la Mancha


Allá por finales de los 80 -hace un "güevo" de años, o sea-, escribía este texto para un concurso de Radio 3 (RNE), Rosa de Sanatorio, el extraordinario programa que condujera el polifacético José Luis Moreno-Ruiz. 
http://moreno-ruiz.blogspot.com.es/

El concurso consistía en realizar un ejercicio de narcisismo, como una redacción o autorretrato, en el que uno se elogiara mucho mucho. A mí me salió el texto En memoria del ingenioso Don Quijote de La Mancha, que acompañé naturalmente de una foto. 

Con Moreno-Ruiz en la Casa Leonesa en Madrid

En aquella época tenía "veintimuypocos" años y cursaba estudios universitarios en la Universidad de Oviedo. Recuerdo que a Moreno-Ruiz le gustó mi texto: “Don Manuel Cuenya, mi estimado amigo, gran talento y buen dominio de nuestro idioma demuestra usted en su texto, cosa que no me ha causado extrañeza, habida cuenta de que usted, creo recordarlo así, fue uno de los ganadores del certamen poético tratante en eróticas y pornográficas versificaciones que llevamos a término desde aquí hace ya unos cuantos meses. La calidad de su texto, pues, no me ha pillado de sorpresa, lo que sí me ha causado  cierta extrañeza es la extremada juventud de usted, que ofrece su fotografía, algo por lo demás común a las gentes que escriben y mandan fotos a este programa…".


Trascurridos los años, quedé con él en Madrid, entonces José Luis trabajaba como redactor en la revista Interviú, y yo acababa de regresar de México y estaba a punto de largarme al Reino Disney a trabajar como cast member. Comimos, charlamos y quedamos en vernos de nuevo. Y pasaron otros muchos años, hasta que volvimos a vernos en la capital del Reino, con motivo de mi presentación de la fragua en la Casa leonesa de Madrid. 


En memoria del ingenioso Don Quijote de la Mancha
(Texto enviado desde Oviedo junto a su fotografía).

Lo que aquí se diga, de tan insigne gloria, será lo más cierto jamás contado, y aun, cuando no lo pareciera, sería quizá por algún extraño encantamiento de cualquier vestiglo fotógrafo que trocara tan sutil belleza en cosa ajena a ella. Ya se sabe que los imitadores sólo conocen las apariencias, y éstas más ocultan que desvelan esencias. Pues en este mi caso más es yelmo de Mambrino que bacía de barbero. 

Con estas necesarias y comedidas razones daré cuenta al menos de mis ontologías especiales, que bien pudieran ser totales, ya que mi ser, aunque único, se dice de muchas maneras. Ilustre he sido, soy y seré, que tal me corresponde por mi ingeniosa belleza, como esas mis gafas, que antes son virtud y ornamento que caos estético, porque en este caso la ortopedia (ortopaideia) se dice cultural.

No menos pintorescas son nariz y orejas sustentadoras, auténticas muletas-fetiche extraídas de la filosofía platónica, que no de la filosofía cartesiana, como Dalí pretendiera. 

Tras la tecnología óptica, dos hermosos basiliscos, críticos, irónicos, siempre vencedores, en las mejores y más grandes contiendas habidas, y nunca vencidos aunque reflejen en su espejo narcisista.

Y sobre todo mi elocuente boca, genuino taller gnoseológico, donde dientes y labios artesanos trocean y tornean respectivamente nobles materiales para obtener piezas de incalculable valor filosófico, con una lengua no menos operatoria en sus ejercicios sintético-analíticos. 

A lo que se me alcanza, bien pudiera ser que, con sólo levantar uno de mis prodigiosos brazos, tocara con una de mis manos intelectivas, anaxagóricas, y aun con un solo dedo, el índice, los mismísimos cielos, que tornándolos sería el más divino constructor, que no el creador, por ser éste término impresentable e igualmente utilizado por apocalípticos y posmodernos. 
Digo lo del dedo índice por antojárseme, cuando menos, graciosa la imagen de la creación de Adán de la Capilla Sixtina.

Si después de estas concertadas razones se observara falsa conciencia en lo dicho, no dudaría, utilizando mi falo cinematográfico, en proyectarla cual oscuras sombras libidinosas en las cavernarias vaginas de mentecatas beatas y aun en el coño de la tal Lorena, como a buen seguro haría el excelso Buñuel, que aunque esto pareciera conducta de mala fe, en modo alguno lo es, porque de generosos spinozianos es el alejarse de los fantasmas  o falsas apariencias. 

De otras bellas habilidades me podría vanagloriar pero no será menester aquí porque tan larga lista de elogios ni la misma eternidad daría fin con ellos por ser ellos mismos eternos. Por esto, y por no afligir más el ánimo de mis distinguidos lectores y oyentes, pone fin al verdadero discurso el sin par Don Cuenya del Bierzo.

viernes, 25 de octubre de 2013

Misa-teatro-misa


Hace años me dio por escribir un texto titulado La misa es un teatro, y me llovieron críticas, una fue la que me lanzó el Señor Gutiérrez Crespo de Balboa, que no reproduzco en este espacio porque no la tengo a mano, por los papeles del Semanario Bierzo 7 andará. 

La que sí conservo es la que escribiera este penitente por las sendas del Señor, la cual reza de estos modos y "maneros". Ah, olvidaba señalar que también incluí, re-elaborado para la ocasión en este blog, el artículo que publicara en Diario de León, La misa como teatro: http://cuenya.blogspot.com.es/2012/04/la-misa-como-teatro-y-viceversa.html

En respuesta a “La misa no es el teatro”
                                              
            Vale, Señor Gutiérrez Crespo de Balboa, lo que Usted diga debe ir a misa. Irá a misa. O adonde quiera. A la misa del Gallo mañanero y seductor. A la misa del Gallo de Oro, 24 quilates, Iguala. Está el asunto como para meterse de lleno en un cuento de Juan Rulfo. O lo que a su persona le haga sentir más a gustín o “Agustín”. Santa es en verdad  su persona. 
           
Catedral de León
Bueno y bien, que dicen los franceses, la misa no sólo es teatro, pura comedia del chachi piruli,  sino que además, y bien mirado, es un cuento. Un cuento bien estructurado, con final feliz. Casi siempre. Aunque habría que verlo. Cuénteme una misa, que yo le rezaré un cuento en Sí bemol.
           
Notre-Dame (París)
Mezquita Azul (Estambul)

A uno lo que en verdad le gusta no es la misa -para qué voy a engañarle, señor Gutiérrez-sino los organillos de las iglesias, el olor a botafumeiro, los angelotes de los retablos y los sátiros y/o “demois” que aparecen en las fachadas de algunas catedrales. Me gusta mucho la catedral de Notre-Dame de París, y también la catedral de León. Y las mezquitas. ¡Ay, las mezquitas, qué sosiego! La mezquita Azul de Estambul es hermosísima.
            A uno lo que le entusiasma de verdad es oír y escuchar el Oratorio de Navidad de J.S. Bach. Por ejemplo. O meterme en alguna ermita a emocionarme con el Réquiem de Mozart. Suponiendo que allí se cante el Requiem. En el fondo de mi esencia tengo vocación de eremita. Sobre todo, desde que vi  a Silvia Pinal  en “Simón del desierto” de Buñuel.
            En cuanto a las hostias, prefiero a ser posible no tragarme ninguna. No tengo espíritu de “masoca”. Y la moral judeo-cristiana no me convence. Es la inveterada tartufería de la moral. Ni hostias consagradas. Ni hostias como hogazas de centeno de a tres kilos. Ni ná de ná. Nada, señor Gutiérrez, nada. Es el nihilismo el que agujerea mis ilusiones trascendentales. Dios, mundo y alma son ilusiones trascendentales. Algo así nos contaba Manolito Kant, nuestro tocayo.
            Por otra parte, para amar no me da la impresión de que haya que tragarse ninguna oblea, en ningún formato. Por tanto, no me venga con que se traga hostias consagradas y de las otras para unirse simbólicamente, con el sentimiento y el recuerdo, al más bello acto de amor. Le recuerdo que escribir también es un bello acto de amor.
            Una comedia que se mantiene en cartel durante dos mil años, como usted asegura, es ciertamente una comedia bien montada. No lo pongo en duda. Pero uno no se fía de este tipo de comedias. ¡Oh santa ingenuidad! ¡En qué extraña simplificación y falseamiento vive  el ser humano! Uno no se fía de casi nada ni de casi “naide”. NO están los tiempos como para dejarse embaucar. Corren tiempos demoníacos y asesinos en este orbe.
            Y, para finalizar, le diré que a mí Calderón no me hace tilín, como a usted. Mas sigo recordando aquellos versos de Segismundo: “En llegando a esta pasión/un volcán, un Etna hecho,/quisiera sacar del pecho/pedazos del corazón”. Pasión, volcán y Etna son palabras que me enganchan. Siento más afinidad, dicho sea de corrido y a la buena de Dios, con autores como Genet, Sade, Georges Bataille, Baudelaire, Rimbaud, Nietzsche o el propio Mallarmé y el gran Valle-Inclán.