Fanny y Alexander (1982) de Bergman, es una de mis películas preferidas. Me entusiasma el cine de este afamado director sueco, lo confieso, porque sus películas nos adentran en la condición humana, habida cuenta de que su cine es filosófico, psicológico, una ciencia humana, como diría el filósofo Pablo Huerga.
En sus obras fílmicas plantea cuestiones existenciales, esenciales, de gran calado: el amor, el sexo, la muerte (El séptimo sello), la enfermedad (Gritos y susurros), el autoengaño en el matrimonio (Secretos de un matrimonio), la angustia.
Estamos ante un director extraordinario, que nos ofrece un cine revelador, donde imágenes hablan por sí mismas (cine en estado puro), y las palabras proferidas por los personajes tienen un gran valor. Ver sus películas es como leer textos de gran enjundia. Un ejemplo portentoso de imágenes y palabras es por ejemplo Persona o bien Fresas salvajes.
Por su parte, Fanny y Alexander, concebida inicialmente para televisión, con una duración de cinco horas, se editó posteriormente una versión para proyectarse en cines con una duración aproximada de tres horas, que resultan no sólo entretenidas sino que son pura delicia, pues se trata de una obra de arte. No en vano en 1984 recibió premios Óscar a la mejor película extranjera (Bergman), la mejor fotografía (Nykvist), el mejor diseño de vestuario y la mejor dirección de arte. Un auténtico festival para los sentidos. Cabe recordar que el sueco Nykvist fue un habitual colaborador del cine de Bergman, conocido asimismo como director de fotografía en El quimérico inquilino (1976), de Polanski, Sacrificio (1986), de Tarkovski, La insoportable levedad del ser (1988), de Kaufman, o bien películas de Woody Allen como Otra mujer (1988), Delitos y faltas (1989) o Celebrity (1998).
Podríamos decir que Fanny y Alexander, que es una coproducción sueco-franco-alemana, está estructurada en cuatro actos, a saber, un primer acto teatral, filmado en planos largos, con una estética cálida (iluminada con velas y candelabros), dedicado a la presentación de la familia Ekdahl durante la Navidad, con todos sus componentes: Alexander (el alter ego de Bergman, que se muestra sensible, imaginativo, rebelde, fascinado con el cine y el teatro, desilusionado a partir de la muerte de su padre), Fanny (la hermana de Alexander, que podría estar inspirada en la hermana del cineasta Bergman, una niña observadora, callada, que pierde la inocencia a partir del segundo acto), Helena, la matriarca de la familia y abuela de Fanny y Alexander; Emilie y Óscar, los padres de los niños protagonistas; Gustav y Alma, los tíos de Fanny y Alexander; Maj, la criada coja amante de Gustav; Isak, un tendero judío amigo de la familia Ekdahl y en tiempos amante de Helena Ekdahl; un segundo acto en el que asistimos a la trágica muerte de Óscar mientras hace una función de Hamlet de Shakespeare, que conmociona a la familia y marca un antes y un después. El obispo Edvard oficia el funeral. Y a partir de entonces va a jugar un papel relevante en la película, porque la viuda Emilie acabará casándose con este obispo, que es un personaje cruel, despiadado con Fanny y Alexander, también con su mujer. Este segundo acto está filmado en imágenes grisáceas, incluso tétricas. Isak logra al fin rescatar a los niños y a la madre de las garras del obispo Edvard; el tercer acto nos muestra cómo Fanny y Alexander se alojan en la casa de Isak y Emilie regresa a la casa familiar. Nos adentramos en un mundo onírico, acaso en el universo del subconsciente, con marionetas y espejos, que fascinan a la vez que desconciertan a Alexander, un mundo ilusorio, misterioso, en el que también intervienen los sobrinos de Isak: el mago Aaron y el enigmático Ismael; y el cuarto y último acto, donde vemos reunida de nuevo a toda la familia Ekdahl en su casa. Extraordinario, conmovedor el discurso que pronuncia Gustav en la comida de bienvenida de Emilie y sus hijos Fanny y Alexander. La película finaliza con un homenaje al dramaturgo sueco Strindberg. Vemos a la abuela Helena leyendo El sueño, de este autor, mientras Alexander se sumerge en el regazo de su abuela. El sueño narra la historia de la hija de un Dios que pone los pies en la Tierra para observar cómo viven los seres humanos.

Fanny y Alexander lo tiene todo en cuanto a lo técnico y lo artístico. Y sobre todo nos muestra un microcosmos humano donde nos sentimos reflejados porque explora el consciente y subconsciente humanos a través de unos personajes inolvidables. Sublime.
Bergman nos ofrece una puesta en escena que nos adentra en el teatro y en la linterna mágica, o sea en el cine, dos de sus grandes pasiones vitales. Caber recordar que La linterna mágica es el libro de memorias de Bergman, quien, con elegancia y maestría, nos obsequia con esta memorable película desde el punto de vista de Alexander y Fanny, que cautivan con su interpretación, además de todo un elenco actoral maravilloso, al que ya me he referido.

Fanny y Alexander es un homenaje al teatro -Hamlet, de Shakespeare y El sueño, de Strindberg en concreto- y un homenaje al propio cine, aparte de un cuento dickensiano (Cuento de Navidad) que nos relata la historia de una familia burguesa de principios del siglo XX en Suecia (Upsala, el lugar de nacimiento del director), en realidad, es la historia autobiográfica del propio Bergman, donde lo real y lo fantástico se fusionan. "Era difícil distinguir entre lo que yo fantaseaba y lo que consideraba real. Haciendo un esfuerzo podía tal vez conseguir que la realidad fuera real, pero en ella, había por
ejemplo, espectros y fantasmas" (Bergman, Imágenes).
"Fanny y Alexander es una declaración de amor", según su director, para quien el cine es ritmo, es música, es sueño, que entronca directamente con el subconsciente. Por eso el cine tiene la capacidad de penetrar directamente en nuestro subconsciente y removernos las entrañas, lo más profundo del alma.
"A menudo siento una película, o una pieza teatral, musicalmente... Cuando el cine no es documento, es sueño".
Pues sigamos soñando con el cine de este director, que ha dejado huella en otros grandes cineastas como Woody Allen o Michael Haneke.