R Recuerdo que me quedé fascinado con la forma de interpretar de El Brujo cuando lo vi por primera vez, con su característica prosodia, con su magnetismo. A decir verdad a Rafael Álvarez, El Brujo, le va como anillo al dedo el papel de pícaro (ahí está el El pícaro, aventuras y desventuras de Lucas Maraña, de Fernán-Gómez), y El Lazarillo lo borda, ese Lazarillo que adaptara tanto al cine como al teatro el polifacético Fernán-Gómez, otro fenómeno de las artes escénicas y cinematográficas. Acabo de ver la película Lázaro de Tormes, del 2001, dirigida por Fernán-Gómez y García Sánchez, que retomó la dirección tras la enfermedad del primero, cuyo papel estelar como Lázaro lo hace de un modo magistral El Brujo.
| Rafael Álvarez, El Brujo. Foto: Cuenya |
A Aparte de El Brujo y Paco Rabal (el ciego), me sorprendió la interpretación de la actriz astur Beatriz Rico como Teresa (su mujer en la película).
He de confesar que me entusiasma la literatura picaresca (acaso porque nos caracteriza como españoles, en la actualidad vemos la picaresca elevada a la enésima potencia), desde el Lazarillo de Tormes hasta el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, pasando por La vida del Buscón, de Quevedo, o bien El diablo cojuelo, de Vélez de Guevara o La pícara Justina, de López de Úbeda, ambientada por cierto en León y su alfoz.
Huelga decir que El Lazarillo de Tormes se me antoja una obra divertida, que nos muestra de un modo autobiográfico y epistolar las dichas y desdichas de Lázaro de Tormes, “hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca”, cuyo nacimiento, como él mismo relata, “fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomole el parto y pariome allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”, un hijo del río, el Tormes, al que siempre he mirado con cariño, hipnotizado por el fluir de sus aguas, desde que pusiera los pies (acaso también el alma) en la ciudad de Salamanca, donde también estuve durante algún tiempo como estudiante de su universidad. https://cuenya.blogspot.com/2017/09/salamanca-de-cielo-azul-y-luz-dorada.html
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Al Brujo -actor y dramaturgo andaluz- lo recuerdo hace años en el teatro Bergidum de Ponferrada con el Lazarillo de Tormes, obra que lleva poniendo en escena desde hace cuarenta años, como él mismo dijo el pasado jueves, de nuevo en el teatro Bergidum, con una puesta en escena minimalista, según recordó el gran actor Rafael Álvarez, con una actuación que me late memorable, porque, después de tantos años sobre las tablas, sobre el escenario, da la impresión de que El Brujo se riera de todo, por supuesto también de él mismo, algo que me parece lúcido, inteligente. Se nota que él se divierte con lo que hace ("jamás abandonaré al Lazarillo"). Y por eso El Lazarillo (con el hambre como motor que mueve al mundo) ha ido evolucionando también a lo largo de los años y se ha convertido ahora en una obra contemporánea, porque el Brujo resulta sorpresivo y sorprendente haciendo constantes guiños a la actualidad, al mundo en que vivimos ahora ("una mirada de una enorme singularidad", dice de él Albert Boadella, quien fuera director de Els Joglars), lo que provoca sonrisas y risas, incluso las carcajadas del público, un público por lo demás entregado a su representación.
Además, tuve la fortuna de verlo y escucharlo el martes de esta misma semana -semana que El Brujo ha tenido a bien estar en Ponferrada, gracias sin duda a Miguel Varela, el director del teatro Bergidum- en la sala Río Selmo con la proyección de La taberna fantástica, obra de teatro de Alfonso Sastre (uno de los más grandes dramaturgos españoles de la segunda mitad del siglo XX), bajo la dirección de Gerardo Malla y protagonizada por Rafael Álvarez en el papel de Rogelio el Rojo, que nos muestra el mundo marginal de los quinquis, con el lenguaje cheli propio de los mismos. Un papel de borracho, el que hace El Brujo, que dio a conocer a este magnífico actor al gran público en los años ochenta, como reconoció el mismo. En esta obra de teatro de Sastre, El Brujo se mueve como si fuera una marioneta, como si estuviera poseído por algún espíritu (él confesó que algo así le había ocurrido), logrando una interpretación esperpéntica inolvidable, cual si fuera un personaje valleinclanesco. Lo cierto es que el final de La taberna fantástica recuerda a Luces de Bohemia, de Valle (otro de sus referentes, según dijera él mismo, al que le dedica la obra El alma de Valle Inclán).
https://cuenya.blogspot.com/2017/06/luces-de-bohemia-en-ponferrada.html
https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html
https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html
Además de los grandes místicos españoles como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz (La luz oscura de la fe) o Santa Teresa de Jesús (Teresa o el sol por dentro), a quienes ha dado vida en el escenario, o pícaros como El Lazarillo, El Brujo reconoció que uno de sus maestros es el Nobel de Literatura italiano Dario Fo (no en vano, interpretó de un modo especial a San Francisco de Asís tomando como inspiración a Fo para representar a el juglar de Dios). A este respecto cabe recordar que también existe una película de Rossellini, coescrita por Fellini, con este título: Francisco, juglar de Dios (1950).
"Dario Fo fue uno de los autores de mis primeros años... Viéndole actuar a él solo en el escenario descubrí lo que yo mismo quería hacer en el teatro: autosuficiencia. Poder ser el actor y la obra al mismo tiempo. ¡Ser un juglar! A él le oí utilizar esta palabra por primera vez con un significado especial y nuevo para mí", cuenta El Brujo, que se siente en su salsa haciendo de "rotito", de pordiosero, de mendigo... de vagabundo (como vemos en la película Pajarico, de Saura) "porque esos personajes me han elegido a mí", señala El Brujo. https://elbrujo.es/trayectoria-teatral-el-brujo/
A propósito de Darío Fo (sobre todo para quienes deseen escribir monólogos) recomiendo la lectura de Ochos monólogos de este excepcional escritor italiano.
Cuenta Alonso de Santos, autor de exitosas obras teatrales como La estanquera de Vallecas y Bajarse al moro (existen también versiones cinematográficas de las mismas) y uno de los dramaturgos con los que ha trabajado El Brujo, que este comediante ha inventado un género, que tiene algo de monólogo, de espectáculo, de crear espacios mágicos, porque conecta con la magia, con el ritual, con los tempos especiales, con la dimensión filosófica, porque creo que El Brujo es eso, un mago, un filósofo, capaz de ofrecernos asimismo espectáculos como Iconos o la exploración del destino, el destino a través de la tragedia griega, cuyo leitmotiv es el absurdo de la existencia (aquí entronca con el existencialismo filosófico de Kierkegaard, Heidegger, Camus, Simone de Beauvoir y Sartre). Miguel Varela y El Brujo. Foto: Cuenya
Se trata de un monólogo humorístico y reflexivo que aborda el destino trágico que gobierna a figuras representativas de la mitología clásica como Medea, Edipo ("uno de los grandes perdedores o antihéroes, junto con El Quijote (Misterios del Quijote, donde El Brujo le rinde tributo a Cervantes) o El Lazarillo, entre otros", según El Brujo) o Antígona. Frente a este designio inexorable contrapone la visión del karma (energía, además de espíritu de justicia y/o equilibrio) como camino de libertad y responsabilidad personal.
Iconos o la exploración del destino podría entenderse como parte de la trilogía que conforman Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia y Los dioses y Dios, que también han sido reinterpretados por este hechicero de la escena, el cual ha representado obras como El Evangelio de San Juan (una ceremonia mágica con el humor, la vitalidad y el ritmo propios de la comedia, según El Brujo) o El asno de oro, de Apuleyo (una obra greco-romana antigua que prefigura la novela picaresca, en la que un joven está obsesionado con la magia, que le procuró a Rafael Álvarez un gran éxito en el Festival del Teatro clásico de Mérida https://cuenya.blogspot.com/2025/01/sevilla-me-lleva-hasta-merida-que-es.html). Y que nos ha cautivado con su presencia, con su buen decir y hacer, con la magia de sus espectáculos en el capital del Bierzo.
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