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miércoles, 18 de febrero de 2026

Anticristo, de Lars von Trier

 He vuelto a visionar Anticristo (2009), que recuerdo haber visto en cine cuando se estrenó. Y me he quedado conmocionado, aunque he de decir que he sentido un choque emocional aún mayor con Nymphomaniac (dividida en dos partes, sobre las que espero escribir algo), películas todas ellas de Lars von Trier, director danés y cofundador del movimiento vanguardista Dogma 95, que es sin duda un cineasta complejo y fascinante a la vez, audaz y transgresor, con un estilo visual singular, capaz de adentrarse y adentrarnos en los subterráneos de la psique humana como lo hiera el cineasta sueco Ingmar Bergman, al que le he dedicado varias entradas en este blog. 

https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html

https://cuenya.blogspot.com/2026/02/gritos-y-susurros-de-bergman.html

 https://cuenya.blogspot.com/2026/01/secretos-de-un-matrimonio-de-bergman.html

https://cuenya.blogspot.com/2026/02/sonata-de-otono-de-bergman.html

Anticristo, perteneciente a la trilogía de la depresión junto con Melancolía y Nymphomaniac, es un descenso a los infiernos de la psique humana. No en vano, Lars von Trier escribió el guion de esta película durante un período de depresión, que se refleja en su visión sombría de la sexualidad, de la vida.

Anticristo es una película estructurada en un prólogo, cuatro capítulos: desconsuelo, dolor, desesperación y los tres mendigos, y un epílogo, que en cierto sentido nos devuelve al prólogo, porque el prólogo, al igual que el epílogo, están filmados a cámara lenta en un delicioso blanco y negro. 

En el prólogo (un cortometraje en sí mismo) vemos a una pareja fornicando de un modo explícito y a un niño pequeño asomado a una ventana abierta mientras nieva, al tiempo que se nos muestra el orgasmo de la mujer y al niño cayendo al ralentí al vacío. Unos seis minutos de imágenes inquietantes acompañadas de la música sublime de Händel. 

En esta portentosa secuencia inicial, que nos choca por su belleza técnica y su brutal contenido, aparece el desconsuelo, el dolor y la desesperación, que estructuran el relato fílmico, y los animales que los representan (ciervo, zorro y cuervo) a través de un juguete infantil. En cierto modo, me hace recordar el inicio con imágenes impactantes de Persona, de Bergman, incluso el arranque de Ciudadano Kane, de Orson Welles. 

Bergman, en su película Persona, comienza el prólogo con el encendido de un proyector que abre paso a una proyección de imágenes, entre ellas, un dibujo animado, el parpadeo de las primeras sesiones de cine, un cordero destripado y la palma de una mano atravesada por un clavo, unos cadáveres, entre los que se halla una anciana, el despertar de un adolescente en un banco fúnebre debido al sonido del timbre de un despertador; a continuación el adolescente pasa la mano ante el objetivo de una cámara. Un contracampo de este plano nos muestra de espaldas al adolescente ante el retrato borroso de una mujer. El adolescente lo acaricia y el retrato comienza a aclararse, entonces vemos el rostro de dos personajes, Alma (Bibi Andersson) y Elisabeth (Liv Ullmann), que es una imagen emblemática de esta película de Bergman. 

Después del trágico suceso ocurrido al inicio de Anticristo, desaparece el blanco y negro para dar paso al color, la angustia, el sufrimiento por el fallecimiento del niño. La madre del crío (interpretada por la colosal actriz Charlotte Gainsbourg) se desmaya en el entierro de su hijo Nic y es hospitalizada. Incapaz de superar la muerte de su hijo, ella sufre de ansiedad, que sólo logra calmar a través de sexo con su marido (interpretado por el gran actor Willem Dafoe, que curiosamente encarna a Cristo en La última tentación de Scorsese https://cuenya.blogspot.com/2026/01/la-ultima-tentacion-de-cristo-de.html). En este caso, y en otros, el sexo actúa como un paliativo natural del dolor gracias a la liberación de endorfinas, serotonina y oxitocina durante la excitación y el orgasmo, que actúan como analgésicos. 


Ambos personajes, que carecen de nombres propios, se sienten culpables del fallecimiento de su niño, sobre todo ella, quien se da cuenta de que su hijo se había levantado de la cuna y no le hizo caso tal vez porque estaba empapada en plena faena orgásmica. Él, que es psicólogo, decide tratar a su mujer para que se recupere. Para ello se trasladan a una cabaña familiar, Edén, en medio de un bosque, donde la terapia se transforma en una espiral de violencia, porque él no consigue ayudar a su mujer a superar las diferentes fases del duelo: la tristeza, la ansiedad, el dolor, el miedo. Algunos profesionales de la psicología hablan de cinco fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. 

Resulta curioso el nombre de la cabaña en medio del bosque, Edén (en referencia al jardín bíblico), donde, en vez de armonía, reina el caos, y la naturaleza se revela hostil, perturbadora, satánica. 

Con una puesta en escena onírica, incluso poética, Anticristo, a través de una narrativa y una planificación que nos permite adentrarnos en la psicología de los protagonistas, nos invita a reflexionar acerca de la relación de pareja llevada al extremo (escalofriante alegoría) y de la finísima frontera entre la cordura y la locura. 

La estética de la imagen de Anticristo remite a las composiciones pictóricas del Renacimiento, tanto en su construcción visual (composición equilibrada, dramatismo lumínico, corporalidad intensa) como en su dimensión simbólica (que reinterpreta la moral desde un punto de vista transgresor). Utiliza una iluminación dramática que recuerda al claroscuro renacentista y barroco, con fuertes contrastes entre luz y sombra. Muchas escenas están cuidadosamente equilibradas en el encuadre, con figuras dispuestas de manera casi escultórica, evocando pinturas religiosas de los siglos XV y XVI.

La secuencia inicial en blanco y negro, filmada a cámara lenta (a la que ya había hecho referencia) recuerda la solemnidad compositiva de obras escultóricas como La piedad (Pietà), de Miguel Ángel, o escenas de martirio. La disposición de los cuerpos y el tratamiento del dolor remiten a la tradición cristiana pictórica. Como en el Renacimiento, el cuerpo humano ocupa el centro de la representación. La anatomía, el gesto y la expresión del sufrimiento son tratados con una intensidad como hacen el propio Miguel Ángel, Leonardo da Vinci o Tiziano. Puesto que en Anticristo el dolor no es sólo psicológico sino corporal, el cuerpo se convierte en simbólico (idea arraigada en la iconografía renacentista cristiana). Por su parte, el bosque funciona como un escenario alegórico, cargado de significados, similar al uso simbólico del paisaje en el Renacimiento nórdico. La naturaleza como reflejo del estado mental, espiritual de los personajes (presente en la pintura religiosa). La culpa, el martirio y el sacrificio dialogan con la tradición cristiana. Cabe recordar que la caída, el sufrimiento femenino o la sexualidad pecaminosa fueron centrales en la pintura renacentista y reaparecen en Anticristo bajo una reinterpretación perturbadora.

Anticristo, que es un drama, pero también una película de terror (incluso cine gore) nos sacude las vísceras a través de la crueldad, de una violencia gráfica extrema, como las escenas en las que vemos al protagonista eyaculando sangre y otra donde asistimos al cercenamiento del clítoris por parte de ella (Charlotte Gainsbourg), que ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes, cuyo estreno en este prestigioso festival de cine causó un gran escandalo debido a sus escenas explícitas de violencia y sexo. 

Cabe recordar que Charlotte Gaisnbourg es hija de los artistas, de los fenómenos Jane Birkin y Serge Gainsbourg (autor de la canción Je t'aime... moi non plus). https://cuenya.blogspot.com/2011/04/delirios-mis-monstruos.html

S. Gainsbourg en cementerio Montparnasse. Foto. Cuenya

La influencia del cineasta sueco Bergman en Anticristo podría encontrarse sobre todo en La hora del lobo (rodada en blanco y negro y protagonizada por Max von Sydow y Liv Ullmann), que se centra en la locura del artista, mientras que en Anticristo se aborda la locura de una pareja. En todo caso, ambas películas utilizan elementos oníricos y surrealistas para explorar la locura. 

La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales.... cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos, según el cineasta Bergman. 

Cabe recordar asimismo que Lars von Trier dedica su Anticristo al cineasta visionario Tarkovski porque lo considera uno de sus maestros espirituales y cinematográficos. Y reconoce su influencia estética y filosófica: un cine contemplativo (planos lentos), simbólico (la culpa, el dolor, el sacrificio) y visualmente poético (la naturaleza como fuerza espiritual y amenazante). 

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