Después de tantos años, ya no recordaba Philadelphia, la película dirigida por Demme (autor de la extraordinaria El silencio de los corderos sobre un psicópata, un psiquiatra caníbal y una joven estudiante en prácticas del FBI).
Philadelphia, filmada precisamente en esta ciudad estadounidense, es una cinta de 1993, justo un año después de la impactante película francesa Las noches salvajes (Les nuits fauves), del francés Collard.
https://cuenya.blogspot.com/2014/10/les-nuits-fauves-las-noches-salvajes.html
Ambas obras abordan el controvertido tema del Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), que en su momento causó verdaderos estragos entre la población mundial. Varios famosos, entre ellos actores, murieron de esta enfermedad como el actor Rock Hudson, el también actor Anthony Perkins (conocido por su papel de Norman Bates en Psicosis, de Hitchcock), el cantante Freddy Mercury, el filósofo Michel Foucault, o el actor Brad Davis (conocido por su papel protagónico en El expreso de medianoche, peliculón de Alan Parker, con guion de Oliver Stone).
Huelga decir que, vistas las dos películas, sin ánimo de hacer una comparativa, Las noches salvajes se me antoja estremecedora, porque el genio Collard, que estaba afectado e infectado por el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), es el director y el protagonista de esta película. Y eso se transluce en la pantalla. Es tan creíble, tan veraz, que a uno se encoge el corazón.
En realidad, el VIH sigue ahí, y gracias a los antirretrovirales las personas con VIH pueden llevar, por fortuna, una vida normal. Aunque en muchos países del mundo, por desgracia, muchas personas no tienen acceso a esos medicamentos, que les permitirían convivir con esta enfermedad como algo crónico. El VIH sigue mutando, en todo caso, y no conviene bajar la guardia, porque cada vez actúa con más rapidez sobre el sistema inmunitario.
La película de Demme, encarnada por Tom Hanks (que está magnífico, ganador del premio Óscar al mejor actor), y Denzel Washington (que también hace un buen papel), se basa en hechos reales. Y nos muestra la historia de un abogado homosexual contagiado de Sida (encarnado por Hanks) que recurre a otro abogado (interpretado por Washington) para que éste pueda demandar al prestigioso bufete de abogados para el que trabaja y llevar el caso a los tribunales porque al personaje interpretado por Hanks lo despiden por ser homosexual contagiado por el VIH. Una cinta donde son abundantes los primeros planos que nos muestran las emociones de los personajes.
Incluso en la actualidad sigue siendo un estigma que alguien esté contagiado de Sida (hasta nos dimos cuenta, sobre todo en época de pandemia coronavírica, de que eras un apestado si estabas contagiado de coronavirus).
Ni que decir tiene que en la mayoría de los países tampoco está bien vista la homosexualidad, con lo cual se agradece que haya películas como Philadelphia y Las noches salvajes que nos inviten a reflexionar y tratar de entender el mundo en que vivimos, que sigue siendo un mundo salvaje, homofóbico, sin duda, a pesar de que algo hemos avanzado, al menos en algunas sociedades, en algunos asuntos. Aunque no todo el monte sea orégano.
El propio abogado Miller (encarnado por el actor Washington) se nos presenta en un inicio como alguien homofóbico, aunque luego (lo que no resulta del todo creíble, o sí) acabe ayudando a su cliente Beckett (Hanks). Digo que el inicial prejuicio que Miller muestra ante Beckett podría convertirse en un acercamiento, si creemos en la posibilidad de cambio, en la empatía (la capacidad de comprender las emociones y sentimientos del otro). Qué difícil es ser empáticos, sobre todo en este mundo caníbal, qué difícil es dejar de mirarse al ombligo y centrarse en el otro desde el corazón, desde el alma.
En el reparto, como novio de Beckett, vemos al actor Antonio Banderas (Miguel), cuyo papel, la verdad (he visto la película en versión original subtitulada), no resulta del todo convincente, aunque Banderas haya hecho papeles interesantes a lo largo de su carrera como el de Ricky en Átame (1989), de Almodóvar, entre otros.
El final de Philadelphia se me hace conmovedor, sobre todo por la interpretación de Hanks -memorable su actuación en Forrest Gump-, y la música de Neil Young, que refleja la tristeza, el dolor del protagonista. Philadelphia, de Neil Young, se ha convertido en un himno de la lucha contra el Sida y en una pieza emotiva. https://www.youtube.com/watch?v=hT-qoe0744k
También me fascina el inicio de la película con las imágenes de la ciudad de Philadelphia, y la canción titulada Streets of Philadelphia, de Springsteen, el cual recibió un Óscar a la mejor canción original, que me parece una preciosidad.
https://www.youtube.com/watch?v=QeIOtaydCyo
Estaba herido y agotado, y no podía decir lo que sentía (I was bruised and battered, I couldn't tell what I felt). Ya no me reconocía a mí mismo (I was unrecognizable to myself). Vi mi reflejo en una ventana y no reconocí mi propia cara (Saw my reflection in a window and didn't know my own face). Oh, hermano, ¿me vas a dejar consumirme (Oh, brother, are you gonna leave me wastin' away). En las calles de Filadelfia? (On the streets of Philadelphia?)...
El músico estadounidense Bruce Springsteen ha vuelto a sonar con fuerza -nunca ha dejado de hacerlo- con la canción Streets of Minneapolis en protesta por la violencia de los agentes federales de inmigración en esta ciudad gringa, que durante el pasado mes de enero nos dejó el asesinato de los estadounidenses Alex Pretti y Renee Good. https://www.youtube.com/watch?v=GDaPdpwA4Iw
El propio compositor y cantante Springsteen grabó y lanzó esta canción como respuesta al terror estatal que se ha vivido en la ciudad de Mineápolis, que se halla a ambas orillas del río Misisipi, al norte de su confluencia con el río Minesota.
Asimismo, en la película Philadelphia cabría destacar La mamma morta, un aria de la ópera Andrea Chénier, de Giordano, cantada por María Callas (considerada la cantante de ópera más eminente del siglo XX), que refuerza el tono melancólico de la película. https://www.youtube.com/watch?v=7dLa9oERUDc
Philadelphia podría considerarse una película de culto sobre el ser humano frente a la enfermedad y la injusticia, que toca la fibra sensible del espectador


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