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viernes, 30 de enero de 2026

Secretos de un matrimonio, de Bergman

 Secretos de un matrimonio o Escenas de la vida conyugal (1973) es una película del genio sueco Ingmar Bergman (por cuya obra siento devoción https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html), rodada en la isla sueca de Farö, donde vivió y falleció este colosal director de cine, con fotografía de Nykvist (ganador de un Óscar por Gritos y susurros, de Bergman, colaborador de Polanski, Kaufman, Tarkovski o Woody Allen).


Secretos de un matrimonio fue inicialmente concebida como miniserie de seis capítulos para la televisión sueca, que he podido ver recientemente en Filmin.

Recuerdo haberla visto como película hace años y su visionado me dejó trastocado. Y ahora me ha vuelto a volar la cabeza, porque, como ya sabía, Bergman es buen conocedor de la psique humana, un maestro de la psicología, un director capaz de ahondar en la condición humana para mostrarnos nuestras debilidades, nuestras contradicciones, nuestro analfabetismo emocional, como se llega a decir por parte del protagonista en esta brutal miniserie. Sí, los seres humanos somos, antes que racionales, seres sociales y emocionales, dimensiones que a menudo descuidamos. Infravaloradas incluso por las instituciones educativas. De poco nos sirve recordar todo con una memoria prodigiosa y detallada, como ocurre en el cuento Funes el memorioso, de Borges, si nos somos capaces de comunicarnos con eficacia y de empatizar con quienes nos rodean.  

Liv Ullmann (Marianne) y Erland Josephson (Johan) están extraordinarios, logran una interpretación natural, creíble, estremecedora.

Liv Ullmann, que fue esposa del propio Bergman y a la que vemos en varias películas suyas, entre otras muchas en Persona o Gritos y susurros, es una actriz portentosa, que nos hipnotiza con esos primeros planos a los que nos tiene acostumbrados Bergman.

Por su parte, Erland Josephson, al que recuerdo también en Fanny y Alexander (1982) como el tendero Isak y por supuesto en Saraband (2003) junto a la diva Ullmann, está magnífico.

Cabe recordar que la última película de Bergman, Saraband, que acabo de ver por primera vez, es como una continuación de Secretos de un matrimonio, pues se reencuentran, treinta años más tarde, Ullmann y Josephson como actores y como personajes.

Con esta miniserie de Secretos de un matrimonio Bergman no sólo pone en cuestionamiento el matrimonio, sino que lo pulveriza, lo hace saltar por los aires, el matrimonio no sólo mata el cariño sino también el amor. Ya sabemos que el matrimonio no funciona o al menos no resulta duradero.

Al inicio de este drama psicológico titulado Secretos de un matrimonio vemos a un matrimonio (Marianne-abogada y Johan-profesor de psicología) de clase acomodada, con sus dos hijas, que lleva una vida confortable, en apariencia feliz. Pero, a menudo que la serie transcurre, comienzan a surgir las desavenencias entre ambos, sus inseguridades, contradicciones, infidelidades, la complejidad de su relación amorosa, su enfermiza relación de codependencia, produciéndose una degradación, donde aflora el lado oscuro de cada uno de ellos, su insatisfacción, sus miedos y angustias, sus celos, sus miserias, sus vacíos, que Bergman filma en primerísimos planos, consiguiendo retratar el alma de sus personajes, cuyas palabras, cuyos diálogos resultan en verdad reveladores, sobrecogedores, en los que los dramaturgos Ibsen y Strindberg tienen un gran peso, pues Bergman los considera sus maestros.
Esta miniserie es un auténtico tratado psicológico, un espejo en el que nos reflejamos los seres humanos con nuestras máscaras, nuestra representación en el teatro de la vida, nuestro autoengaño en el escaparate de las convenciones sociales.


La miniserie está estructurada en seis capítulos o episodios. Y cada episodio lleva un título. 
El primero se titula Inocencia y Pánico. Y nos muestra a nuestros protagonistas, con sus hijas, en un plano medio frontal. Son entrevistados por una periodista de una revista sensacionalista -lo que le da cierto aire documental a la escena-, quien desea saber cómo son los matrimoniados y cómo es su matrimonio. "¿Cómo os describís?", les pregunta la periodista. 
"Soy brillante, joven, triunfador y sexy... culto, leído, sociable... soy buen amigo, buen padre y buen hijo... soy un amante excepcional", se presenta Johan (42 años). Por su parte, Marianne (35 años) dice que está casada con Johan y tiene dos hijas, Karin y Eva. 
"Creo que Johan es muy agradable... Llevamos diez años casados... Estoy contenta con la vida que llevo", apunta Marianne, que se dedica al Derecho familiar, sobre todo a temas de divorcio. 
"Tiene una buena figura", interviene Johan para referirse a su mujer. "Venimos de ambientes insultantemente burgueses", aclara Johan, que es profesor asociado de un instituto de psicotecnia. 
La periodista les pregunta cómo se conocieron. 
"Los dos estábamos rotos y solos... No estábamos enamorados pero estábamos tristes", contesta reveladora Marianne. 
Se presentan como una pareja feliz: seguridad, orden, bienestar, fidelidad... "Tenemos nuestras discrepancias pero en general estamos de acuerdo... conscientes de que la vida que llevamos acarrea sus riesgos", expone Marianne. 
Johan se presenta como alguien que se preocupa solo de sí mismo, en cambio, ella se muestra humanitaria, empática. 
Johan, que se queda solo ante la entrevistadora en un momento determinado porque Marianne dice que se va a la cocina, le dice a la entrevistadora que antes se sentían seguros pero que ahora podría ocurrir algo malo. 
"Me hace falta sentido del humor para tomarme la vida como un chiste", le cuenta Johan a la entrevistadora, pidiéndole que eso no lo publique en la revista.  
Johan se ausenta y la periodista aprovecha para verse en el espejo y espiar el cuarto de los entrevistados, que aparece desordenado, acaso como reflejo del desorden en la vida de Johan y Marianne. 
Marianne regresa de la cocina y le dice a la entrevistadora que es feliz en su matrimonio. 
"¿Y qué es la felicidad?", pregunta la periodista. 
"La felicidad es estar satisfecha", contesta Marianne. 
"¿Y la fidelidad entre un hombre y una mujer?", continúa la periodista. 

"No puedes prometer fidelidad. O eres fiel o no lo eres. Yo le soy fiel a Johan", señala Marianne, que apuesta por el humor, la amistad y la tolerancia, "si existe todo esto, el amor no es tan importante". 
A continuación asistimos como espectadores a una cena de nuestros protagonistas con sus amigos Katarina (Bibi Andersson, actriz fetiche de Bergman) y Peter (Jan Malmsjö, al que recordamos como despótico obispo en Fanny y Alexander) que nos hiela la sangre. 
Los invitados escenifican ante Johan y Marianne su cinismo, su crisis matrimonial, su odio, bajo los efectos del alcohol. 
Katarina y Peter se hieren, se lanzan los trastos a la cabeza delante de sus amigos anfitriones hasta deshumanizarse, degradarse. Algo espantoso: ponerse además en evidencia delante de los otros. Una escena violenta, de alto voltaje. Vemos cómo Peter se pregunta: “¿Existe algo más terrible que un hombre y una mujer que se odien?” (Strindberg). "Quizá el abuso de menores es peor", precisa Peter. 
"Me pareces absolutamente repugnante. Llegaría a pagar por un polvo para levantarte de mis genitales. Maldito cabrón", le dice Katarina a su marido Peter. 
Si en el fondo todos deseamos que nos quieran, amar y ser amados, como se dice en la película Moulin rouge. https://cuenya.blogspot.com/2025/12/moulin-rouge-de-baz-luhrmann.html
Da la impresión, no obstante, de que la escena de Katarina y Peter no fuera con Marianne y Johan, como si no quisieran aceptar la realidad, también su verdad, en vez de la farsa.
El aborto de Marianne acrecienta la crisis matrimonial. "Me arrepiento de hacer esto", le expresa Marianne a Johan. Luego la vemos llorar bajo el edredón o nórdico de la cama. 
El segundo episodioEl arte de esconder el polvo bajo los muebles, nos muestra el malestar de la pareja. Johan con su frustración por la mediocridad de su vida (una compañera de trabajo y amiga le dice con sinceridad que sus poemas son mediocres), su hastío existencial, su ironía y su escepticismo y Marianne con su aparente serenidad. 
Un personaje clave en este capítulo es una señora, ama de casa, la cual desea divorciarse de su marido porque no siente amor (nunca lo ha habido, según ella) y no quiere vivir una vida engañosa. Esta señora conmueve con su discurso a Marianne. "Prefiero la soledad a un matrimonio sin amor", le dice la señora Jacobi a Marianne. "Jamás he querido a mis hijos aunque haya sido una buena madre para ellos", apostilla la señora Jacobi.   
Johan arremete contra el feminismo. "Las mujeres se quedaron la mejor parte: el papel de mártires. Y ahora que lo interpretan tan bien no lo abandonarán. Han conseguido su objetivo: el sentimiento de culpa masculino", afirma Johan. "Lo que dices es conmovedor", le responde Marianne sin inmutarse. Una bomba de relojería. 
En el tercer episodio titulado PaulaJohan le confiesa con frialdad a Marianne su infidelidad y su relación con una jovencita precisamente llamada Paula (nunca vemos a la tal Paula), que le procura placer sexual. Marianne se muestra en choque emocional, humillada, triste y abandonada. 
En el cuarto capítuloUn valle de lágrimas, vemos a una Marianne satisfecha con su independencia, su amante y su profesión, la cual se reúne con un Johan decepcionado de su aventura amorosa y de su trayectoria profesional. Johan intenta acercarse a Marianne, pero ésta lo rechaza con frialdad. Marianne se da cuenta de que la educaron para vivir una vida fingida, para vivir lo que los demás esperaban de ella sin llegar a ser ella misma de un modo genuino, dependiente de los deseos de los otros, por supuesto de los deseos de su marido. 
El quinto capítulo, Los analfabetos, se desarrolla en el despacho de Johan, un espacio triste acorde con el estado de ánimo del protagonista, que además está resfriado. 
Marianne por su parte se muestra de buen humor, sonriente, sarcástica, satisfecha con su vida personal y profesional, mientras que Johan nos enseña su lado más vulnerable, el fracaso de su relación con Paula y la desilusión con su trabajo. Marianne lo invita a que revise los papeles del divorcio. Se toman una botella de coñac. Ella le cuenta que siente mala conciencia por el divorcio. Se acerca a él de un modo amoroso. Se desata la pasión entre ambos. 
"Sobre la moqueta, aquí y ahora... Ven, ponte encima... Habría que hacer el amor en el suelo más a menudo", le dice ella. Después de este momento de tensión sensual/sexual, Johan y Marianne vuelven a la gresca. "Las relaciones terminan, el amor llega a su fin", le dice él. "Tú y yo somos dos niños malcriados... hemos malgastado nuestros recursos", apunta ella. 
Somos analfabetos emocionales... hemos aprendido fórmulas matemáticas de memoria pero no nos han enseñado nada sobre nuestras almas. Somos totalmente ignorantes en lo que a sentimientos se refiere", le suelta Johan con clarividencia. 
"El trabajo de Estados Unidos se ha ido al garete", le confiesa Johan decepcionado. Marianne le confirma que ya no siente amor por él. "Es cruel que te lo diga ahora que pasas por mal momento", insiste ella con aires de venganza. "Sexo a cambio de paz. Si me portaba mal, te negabas... Peor que una puta", replica él. "Me hiciste sentir culpable, tú y tus padres... ¿Acaso es extraño que me vengara con el sexo?... Eres un parásito inútil... Afronto la realidad como es", se expresa ella. "Podemos tirar la culpa a la basura", responde él. La culpa judeocristiana haciendo estragos. 
"El error fue conocernos e irnos a vivir juntos", se despacha Johan al tiempo que reconoce que es un fracasado. 
Se masca la tensión dramática. Marianne se desespera. Johan le dice que la odia. Ambos se abren en canal. Se desnudan emocionalmente. Se quitan la máscara. 
"Siempre aconsejo a las mujeres en trámites de divorcio que no se queden a solas con los maridos agraviados. Nunca pensé que me pasaría a mí. Me da igual lo que hagas", le dice la abogada Marianne a su marido Johan. 
Se desata la ira, la violencia no es sólo verbal sino física. "Podría matarte... ¿Te encuentras bien?”, le pregunta Johan después de su trance de desequilibrio y agresividad. 
"Ha sido culpa mía", responde Marianne. Qué terrible. No puede ni debe culpabilizarse de una situación tan bestia de maltrato. Nada puede justificar una acción así, aunque el sujeto esté bajo los efectos del coñac, o los efectos de lo que sea. Johan se muestra arrepentido. Como en la vida real. Un arrepentimiento que no sabemos si es real o ficticio. 
En el sexto y último episodio, En medio de la noche, en una casa oscura en algún lugar, Marianne viaja a la casa de su madre, quien  le pregunta si asistirá al entierro de su padre. Entonces, ella responde que está ocupada con el trabajo. Su madre le habla de su matrimonio con su padre. Y que ahora no se siente más sola que cuando convivía con él, lo cual resulta esclarecedor. 
"¿Cómo era tu relación en la cama?", le pregunta Marianne a su madre. "A él le interesaba más que a mí, nunca lo rechacé, era mi deber estar a su disposición. estuvo con otras mujeres", responde la abnegada madre. "¿Y tú?", le pregunta Marianne. "Durante nuestro noviazgo, me enamoré de otro hombre... Eso fue todo", responde la madre. 
Marianne le reprocha a su madre que no se pusiera de su lado cuando se divorció de Johan. Vemos cómo la tristeza invade el rostro de la madre de Marianne. 
La compañera y amiga de Johan intenta seducirlo. Pero éste la rechaza. Entonces, lo insulta y lo tacha de mimado y caprichoso. Pero Johan parece no inmutarse. 
El resto del capítulo se centra en los encuentros furtivos, amorosos, de los dos protagonistas, Marianne y Johan, a espaldas de sus respectivas parejas. Transcurrido el tiempo Marianne y Johan parecen aceptarse como son ambos, aunque no les resulte nada fácil. Marianne le cuenta a Johan que ya no utiliza el sexo para vengarse. "Nos hemos descubierto", le dice Johan a Marianne. "Podrías racionar tal vez un poco tu fuerza infinita de mujer... Vamos a acostarnos", le pide Johan a Marianne. 
Marianne le cuenta a Johan una pesadilla que ha tenido. 
"Vivimos en una confusión total... todos... hablo del miedo, la inseguridad y la ignorancia", le dice Marianne a Johan. 

Abrazados, Marianne se sincera con Johan y le dice que lamenta no haber amado nunca a nadie. "Tampoco creo que nadie me haya querido nunca. Eso me angustia". 
Johan le responde: "Yo te quiero a mi manera egoísta. Y tú me quieres a tu manera quisquillosa y turbulenta. Nos queremos de un modo profano e imperfecto... Aquí estoy, en plena noche, en una casa oscura en un rincón del mundo abrazándote". 

"Vamos a acurrucarnos", pronuncia Marianne. Y de este modo finaliza la serie Secretos de un matrimonio, que me ha hecho reflexionar acerca de la condición humana, de las relaciones humanas, del matrimonio, en el que, he de confesarlo, nunca he creído. 

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