Mar adentro, mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo
Donde se cumplen los sueños
Se juntan dos voluntades
Para cumplir un deseo
Un beso enciende la vida
Con un relámpago y un trueno
Y en una metamorfosis
Mi cuerpo no es ya mi cuerpo
Es como penetrar al centro del universo
El abrazo más pueril
Y el más puro de los besos
Hasta vernos reducidos
En un único deseo
Tu mirada y mi mirada
Como un eco repitiendo, sin palabras
"más adentro", "más adentro"
Hasta el más allá del todo
Por la sangre y por los huesos
Pero me despierto siempre
Y siempre quiero estar muerto
Para seguir con mi boca
Enredada en tus cabellos
(Ramón Sampedro, Los ensueños, Cartas desde el infierno)
Después de ver una vez más la película Mar adentro (en este caso para una clase que impartiré a mi alumnado la próxima semana), recuerdo con cariño la visita que el genio Amenábar hiciera a la Escuela de Cine de Ponferrada allá por principios de los años dos mil https://cuenya.blogspot.com/2010/05/proposito-de-amenabar.html
En aquella ocasión -lo puedo recordar, no porque sea Funes el memorioso de Borges, sino porque lo dejé escrito (para eso sirve también la escritura, para rememorar)- me habló de que tenía intención de adaptar El Perfume, la novela de Süskind https://cuenya.blogspot.com/2010/05/el-perfume.html, pero al final se decantó por hacer la premiada Mar adentro (Óscar a la mejor película de habla no inglesa, Goya a la mejor película, al mejor director y al mejor guion original de Amenábar y Mateo Gil), quizá su obra más lograda, tal vez con la inspiración/transpiración de El hijo de la novia (2001) https://cuenya.blogspot.com/2014/10/el-hijo-de-la-novia-en-tardes.html, que es una película extraordinaria, que vimos hace poco para comentarla en la clase. Bueno, uno la ha visto en diversas ocasiones. https://cuenya.blogspot.com/2014/10/el-hijo-de-la-novia.html Y siempre hay alguna escena que me hace saltar las lágrimas, porque quizá la grandeza de esta película argentina (entre otros recursos) es que nos hace reír y llorar a partes iguales, como ocurre con el cine de otro genio, el memorable Chaplin https://cuenya.blogspot.com/2011/04/chaplin.html.
El asunto es que Mar adentro (2004), dirigida por Amenábar y protagonizada por el fenómeno Javier Bardem (Goya al mejor actor) y las actrices Belén Rueda (premio a la mejor actriz revelación, está soberbia en su papel de Julia como abogada, que sufre de una grave enfermedad cerebral) y Lola Dueñas en su papel de Rosa, con sus ganas de vivir y su entrega amorosa (premio a la mejor actriz, me encanta esta actriz, es una de mis preferidas del cine español), también nos hace llorar y reír, porque el protagonista de la historia, Ramón Sampedro (encarnado de un modo auténtico por Bardem) nos arranca en más de una ocasión la sonrisa con su sentido del humor. Y nos la arranca ya desde el inicio cuando Sampedro le dice al personaje de Gené (Clara Segura, a quien vemos también la película El 47) que "es difícil estar tranquilo, con el panorama que tengo delante..., se te transparenta la falda... ya me levanto yo ahora y voy preparando café".
Para componer esta película, Amenábar toma como punto de partida la historia real de Sampedro, un marinero gallego de Porto do Son que quedó tetrapléjico a resultas de un accidente que sufriera siendo joven en la playa de As Furnas un día de resaca marítima al arrojarse al agua desde una roca. "El mar me dio la vida y el mar me la quitó", dice de un modo revelador Bardem.
Asimismo, Amenábar hace su propia versión de Condenado a vivir (2001), un telefilme dirigido por Roberto Bodegas, que en un principio estaba previsto que impartiera clases en la Escuela de cine de Ponferrada.
La película de Amenábar, en la que me centraré, cuenta la historia de Sampedro, el cual llegó a escribir, durante su postración en la cama durante casi treinta años, dos libros: Cartas desde el infierno (1996), que incluye cartas, poemas y cuentos, además de Cuando yo caiga (1998), un poemario póstumo escrito en gallego, aunque publicado en castellano, con prólogo del escritor Manuel Rivas, y poemas como éste, que me late impactante:
Cuando yo caiga, como fruto maduro del árbol de la vida,
dejadme allí mismo, donde yo caiga,
para que me abrace el sol y el viento y la luna,
que la vida me devore mordisco tras mordisco.
Que cada cual recoja el amor que me dio:
la luz, su luz; el agua, su agua,
la tierra, su ceniza; su espíritu, el viento.
Que coja cada cual lo que precise.
Pero que no me esconda la codicia humana
en el calabozo de los muertos, en una jaula sagrada
aferrada a un recuerdo, llorando como un niño
que no quiere devolver lo que se le prestó.
De la semilla al fruto fui empujado por el amor,
cuando vuelva al origen, derribado o caído,
amigo o enemigo, que no te cause espanto,
aunque te parezca que ya no tengo vida,
no es que esté muerto, me estoy recreando.
No me cubras de tierra, ni me metas en un nicho.
Si no quieres verme, llévame a campo abierto,
déjame mirando al cielo para irme esparciendo
entre todo lo que quiera llevarse de mí algo.
Un gusano, una mosca, un pájaro cualquiera…
hasta que me consuman por amor regalado
para empujar la vida soñando pero libre,
que cada uno recoja lo que me dio prestado.
Así, cuando caiga, dejadme caído
para retornar a la vida allí donde yo caiga.
El conflicto que plantea Mar adentro es cómo Ramón Sampedro, después de tantos años inmovilizado, él que era un aventurero, reivindica su derecho, su libertad a morir de un modo digno, porque, en su opinión, "vivir es un derecho, no una obligación", porque para Ramón Sampedro su vida, tal y como está, ya no tiene sentido, lo que plantea el debate sobre la eutanasia, que en España estuvo prohibida hasta hace pocos años. Por tanto, Mar adentro, que se me hace una película conmovedora desde principio a fin (también en este reciente visionado se me han estremecido las entrañas en varias secuencias), está narrada con talento, sensibilidad, verdad y belleza.
Mar adentro nos habla de la vida y la muerte (cara y cruz de una misma realidad), del derecho a elegir nuestro propio destino, a disponer con libertad de nuestra vida, y por supuesto del amor de los seres queridos. Vemos cómo la familia cuida con amor a Ramón Sampedro, aunque el sacerdote interpretado por el actor y director teatral Josep María Pou, precisamente tetrapléjico y en silla de ruedas en la película, diga que Ramón Sampedro no recibe el cariño de su familia y por eso desea quitarse de en medio, algo que entristece y enfurece a su cuñada, interpretada de un modo magistral por la actriz gallega Mabel Rivera en su papel de Manuela. No en vano, Mabel Rivera recibió el Goya a la mejor interpretación femenina de reparto. Cabe señalar que Mabel Rivera es la abuela de Ainara, la chico que desea ser monja de clausura en la película Los domingos, de Alauda Ruz de Azúa https://cuenya.blogspot.com/2025/11/los-domingos-de-alauda-ruiz-de-azua.html
El cariño, el amor es clave, eso creo, para que Ramón Sampedro estuviera durante tantos años con vida, hasta que llegó el momento que no podía soportar más tanto sufrimiento, tanto dolor, aunque en la película fantasee en sueños con Julia (momentos de gran belleza) y sienta el amor de Rosa, que, por amor, hace lo que le dice Sampedro que haga; que lo asista en el suicidio procurándole cianuro en un vaso.
Ramón Sampedro, que fue un trotamundos antes de su fatídico accidente (que se nos muestra a través de fotos en la película), sueña asimismo con volar hasta el mar, también en busca de su amor imposible: Julia, que nos escalofría el alma al final de la película, sentada a orillas del mar, mientras vemos a Gené (Clara Segura) hablándole de su amigo Ramón, al que ya no recuerda.
Respecto a su familia, Ramón Sampedro vive en el campo con la cuñada, con el marido de Manuela y hermano de Sampedro (el cual se muestra contrario a que su cuñado quiera poner fin a su vida, imponiéndole su opinión de hermano mayor, encarnado por el actor pontevedrés Celso Bugallo, que también recibió un Goya como mejor actor de reparto), el sobrino adolescente de Sampedro, que para él es como su hijo, interpretado por el actor santiagués Tamar Novas, que logró el Goya al mejor actor revelación (conmovedora la escena entre Sampedro y su sobrino cuando a Sampedro se lo llevan a casa de Rosa en Boiro-queda pendiente una visita a esta localidad en la comarca del Barbanza), y el padre de Sampedro (interpretado por el actor catalán Dalmau, ya fallecido).
Además de todos los premios que ya he señalado, Mar adentro recibió el Goya al mejor maquillaje y peluquería (la caracterización de Bardem es sobresaliente), a la mejor fotografía de Aguirresarobe (nacido en Éibar, lugar en el que tantas veces estuve en casa de mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos), que es uno de los grandes directores de foto en el mundo (el cual ha trabajado, entre otros cineastas, con Almodóvar, Milos Forman o Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona y Blue Jasmine), al mejor sonido de Ricardo Steinberg https://cuenya.blogspot.com/2010/02/ricardo-steinberg.html (un profesional estupendo, con quien tuve buen trato en la Escuela de cine de Ponferrada, que ha trabajado con directores, aparte de Amenábar, como Almodóvar, Erice, Cuerda o Gonzalo Suárez. En Mar adentro también lo acompañaron con el sonido Juan Ferro -a quien también llegué a conocer-, Alfonso Raposo y María Steinberg) y a la mejor música original de Amenábar, que ha compuesto músicas para otras películas suyas, entre ellas, Tesis, Los otros o Mientras dure la guerra (dedicada a Unamuno), incluso La lengua de las mariposas, de Cuerda.
Siento que soy tú, y quiero en este instante
Que se pare el tiempo
Para que lo hermoso tenga eternidad
Ahora que mi deseo es igual al tuyo,
Ahora que amor, vida y muerte son pura verdad,
Ahora que todo es placer y el dolor no existe,
Ahora que principio y fin son exactamente igual.
Ahora que mi deseo es igual al tuyo,
Ahora que mi voluntad es tu voluntad.
(Ramón Sampedro, Cartas desde el infierno)
Para Mar adentro Amenábar contó asimismo con la colaboración del excelente músico/gaitero gallego Carlos Núñez -al que he podido escuchar en varias ocasiones, incluso en el Festival del botillo de Bembibre https://cuenya.blogspot.com/2015/02/festival-del-botillo.html- y la diosa musical Luz Casal cantando Negra sombra de Rosalía de Castro -se me erizan todos los huesitos-, que nos mete de lleno en una Galicia de morriña, melancólica, mágica, donde se rodó, aparte de Madrid y Cataluña, una buena parte de la película. Asimismo, Mar adentro contiene temas de la música clásica como el Nessun Dorma, de Puccini (Nessun dorma! Nessun dorma!/ Tu pure, o, principessa/ Nella tua fredda stanza/ Guardi le stelle/ Che tremano d'amore/ E di speranza...), o Cossì fan tutte, de Mozart, entre algunos otros.
Estamos ante una película memorable, una obra maestra que nos emociona y nos invita a reflexionar acerca de la vida y de la muerte.




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