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martes, 11 de octubre de 2016

La fragua literaria leonesa: Manuel Martínez

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La Fragua Literaria Leonesa

Manuel Martínez: "Las cosas siempre son más bonitas en nuestra cabeza que en la realidad"

Manuel Cuenya | 11/10/2016 - 12:25h.

El joven narrador Manuel Martínez, autor de 'Familiaris', está embarcado en una novela histórica ambientada en lo que ahora se conoce como Alta Edad Media.

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Después de leer de un tirón 'Familiaris', tengo la grata impresión de que quien ha escrito esta novela breve o relato largo es alguien con talento y buen manejo del lenguaje, algo que no es habitual en gente tan joven como es el caso de Manuel Martínez, un ingeniero informático que nos ha obsequiado con esta obra, que engancha desde principio a fin. Y que al leerla se me ha venido a la mente el marqués de Sade. Qué nadie se vaya a escandalizar y menos a estas alturas. Aunque a decir verdad el creador de 'Justine', entre otras sustanciosas obras (filosóficas, sin duda), sigue siendo un proscrito. Y por supuesto un desconocido entre la población lectora.
En todo caso, el joven Manuel, quien imprime su propio estilo a 'Familiaris', nos adentra en un mundo, que nos toca de cerca y de lleno, pues nos plantea una relación patológica entre seres humanos, tan habitual, por lo demás, en nuestra sociedad enfermiza, esclerotizada, virtual. Si bien esta podría ser una posible lectura de 'Familiaris', su autor aclara que se trata de una historia abierta, "en la que no deseaba tanto hacer una crítica, o comunicar un mensaje o moraleja, como compartir con los demás las cosas que me había sido dado imaginar.
Más que un retrato de la sociedad actual, quería mostrar uno de los caminos que podría seguir; cómo interpretarlo, o evitarlo, o sobrellevarlo, eso se lo dejo al lector", sintetiza Manuel, que eligió este título, 'Familiaris' porque es una palabra ambigua, que suena a una cosa pero que puede ser otra, sobre todo cuando los lectores y lectoras desean bucear en el fondo.
Cuenta su creador que 'Familiaris' significa 'familiar' en latín, pero también se refiere a 'esclavo doméstico'. Y este título le pareció adecuado para una historia abierta y susceptible de varias interpretaciones como es ésta, según él, que por lo demás ha intentado reflejar lo que ocurriría si se rompiese el equilibrio que existe siempre entre dos seres humanos, "por el cual cada uno satisface los deseos de otro sólo si éste a su vez hace lo propio con él", llegando a plantearse los siguiente: "Si se rompiese ese equilibrio, y alguien satisficiera los deseos del otro sin esperar nada a cambio, ¿qué ocurriría? ¿Cómo se transformaría su relación? ¿Cómo se transformarían ellos mismos?".
En su afán perfeccionista, lo cual está muy bien, Manuel reconoce que, aunque nunca ha acabado de sentirse muy satisfecho con su novela ("las cosas siempre son más bonitas en nuestra cabeza que en la realidad"), la reacción de su público lector ha sido muy positiva, lo que le ha ayudado a ganar confianza en sí mismo y a animarse a seguir mejorando, y continuar "en el a veces arduo camino de la escritura", matiza este narrador leonés, que espera poder escribir cosas, "tengan éxito o no", que no les defrauden a sus lectores y/o lectoras, o cuando menos que sientan que no han desperdiciado su tiempo leyendo su obra.
La escritura creativa, en su caso, le ha servido y le sirve como una forma de autoconocimiento, una buena forma de repasar sus impresiones y sentimientos, una manera, en su opinión, de compendiar lo que ha vivido, sacar conclusiones y quizá incluso cambiar su forma de actuar en el futuro, lo cual resulta alentador.
Convencido de que hasta la fantasía más descabellada siempre tiene sus raíces en la realidad (toda una declaración de principios y una postura materialista, en el sentido del materialismo filosófico), el mero hecho de escribir ya vale la pena por sí mismo, apostilla Manuel, aunque en un momento dado hubiera que tirar lo escrito, acaso como quisiera el genio Kafka, cuya obra acabó rescatándose por fortuna de la chamusquina.
"Hasta el retrato más seco y realista nos convierte en espectadores, en vez de actores, y nos hace reflexionar sobre lo que hemos visto", precisa este lúcido narrador, que reivindica sobre todo a los clásicos del siglo XIX, "que es cuando despega la novela propiamente dicha", pero que también se siente especialmente deudor de aquellos escritores que se han preocupado por describir no sólo los tiempos que les ha tocado vivir, sino el alma humana: Dostoyevski, Camus, Balzac o Graham Greene, entre otros.
"Como decía Baroja, hay que apuntar la flecha siempre alto, lo más alto que uno pueda, porque, aunque sepa que no va a dar en el blanco, cuanto más alto apunte más se acercará a él"
Aunque no se define como una persona con muchas 'raíces', en el sentido de que nunca ha estado muy implicado con la cultura y costumbres del lugar donde ha nacido, sí que se siente influenciado "literariamente (y vitalmente)" con el hecho de haber crecido en León "por su atmósfera tranquila y sobria, y la sensación especial que causa vivir en un lugar con un pasado de poder y gloria".
No obstante, en los últimos tiempos se siente especialmente interesado por la literatura que se está haciendo en León, "más allá de los autores muy famosos del pasado". Confiesa su predilección por la obra de Manuel Cortés Blanco y José Luis Gavilanes. Y se muestra sorprendido de que sean autores cercanos y a la vez grandes, que podrían y pueden competir perfectamente -subraya Manuel-, con los autores más famosos. "Eso te hace darte cuenta de todo el trabajo que se lleva a cabo cerca de ti cada día, en tu ciudad, sin que lo notes ni lo valores".
Asimismo, Manuel está convencido de que el vivir entre grandes monumentos, murallas, blasones y casonas de piedra -lo que contrasta con el presente de la ciudad y provincia, según él, no decante pero tampoco especialmente brillante-, causa una nostalgia extraña, "de cosas que uno nunca ha vivido, una sensación de que las cosas tienen más historia y secretos de las uno puede ver a simple vista".
La literatura, un ser vivo
Aparte de su ópera prima, Manuel Martínez ha participado, junto a escritores clásicos de talla universal, en algunas antologías, como por ejemplo la 'Antología de Valladolid'.  Rememora que tiene ganas de pedir perdón, por haber sido incluido junto a ellos... "Pero en el fondo es muy útil, porque uno se ve forzado a dar lo mejor de sí para, por lo menos, no quedar muy mal frente a ellos. Y también aprende a ser humilde, pero sin humillarse. Como decía Baroja, hay que apuntar la flecha siempre alto, lo más alto que uno pueda, porque, aunque sepa que no va a dar en el blanco, cuanto más alto apunte más se acercará a él", reflexiona este novelista, que valora de modo positivo el hecho de participar en antologías, porque le supone un reto el tener que escribir una historia concreta, con unos requisitos determinados, usando una cantidad muy reducida de palabras.
"¡Uno aprende a valorar cada una de ellas, y a no decir en diez lo que puede decir en nueve!", especifica este creador literario, bloguero e ingeniero informático para quien la literatura no es tan diferente de la informática, como pudiera parecer a simple vista, habida cuenta de que "la informática no es precisamente una ciencia exacta, e igual que las obras literarias, las aplicaciones software son algo orgánico, impredecible, algo que sabes cómo empiezas pero no cómo acabas". En ambos casos, Manuel recomienda tener mucha paciencia, intentar darle forma una y otra vez, "hasta que esa especie de ser vivo que estás dando a luz deja de resistirse y hace lo que tú quieres (o, más frecuentemente, lo que te permite)".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en el enlace de ileon):

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