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jueves, 23 de enero de 2014

León, capital literaria

Os dejo la columna de ayer miércoles en la Nueva Crónica. Espero que os guste. 

El reciente fallecimiento de Gelman, que por fortuna sigue vivo entre nosotros, porque los grandes nunca se mueren, me ha hecho rememorar que el escritor argentino estuvo en León en 2012 para recibir el simbólico premio que concede el Club Leteo, comandado por el poeta Rafa Saravia, quien está realizando una gran labor cultural en nuestra provincia. También por la capital han pasado, para recoger su premio Leteo, otros grandes escritores del panorama universal, entre ellos el poeta brasileño Ledo Ivo (ya fallecido), el francés Houellebecq, el americano Paul Auster, el sirio Adonis, el irlandés Banville o los españoles Gamoneda, Arrabal y Vila-Matas.

León, que se ha revelado en ocasiones como una madrastra en el acogimiento de sus escritores, es tierra pródiga en gente de letras. Las teorías a este respecto, que sea una provincia con tantos y tan excelentes literatos y aun periodistas y artistas plásticos, son varias, que si el frío y la nieve que invitan a la fabulación, que si el noroeste fronterizo, que si los filandones, filanderos y calechos que estimulan y facilitan los cuentos orales, acaso la emigración forzosa a la que se han visto obligados muchos leoneses, lo que despierta tanta melancolía de la tierra perdida, como me contara David Rubio en ‘la fragua literaria’. Se trata, en todo caso, de un espacio literario en el que han nacido notables y sobresalientes narradores y poetas, que en su mayoría, al menos los consagrados, han tenido que abandonar el terruño para ser reconocidos como tales. Y esto siempre produce una sensación de impotencia y malestar porque León, con tanto potencial humano, podría ser una meca de las letras, una capital de la Literatura. 
Cuna mundial del parlamentarismo y candidata a la capitalidad  europea, León debería convertirse en Ciudad Literaria de la Unesco, distinción otorgada por ahora a ciudades como Edimburgo, Iowa, Melbourne, Dublín, Reikiavik, Norwich o Cracovia. Imaginad a nuestra capital provincial –“la bella desconocida”, que diría Julio Llamazares, uno de nuestros grandes escritores, tal vez el mejor–, con proyección internacional, no sólo en lo literario sino en la enseñanza del idioma castellano para extranjeros, de modo que cuando los leoneses (y leonesas) viajemos por el mundo “adelante”, nuestra provincia suene y hasta resuene, y nadie confunda a León con Lyon, como me ocurriera en Nueva York con un tipo que, al decirle que era leonés, comenzó a chapurrearme en francés: Vous êtes français? Excuse me, Sir, I’m Spanish.

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