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jueves, 26 de septiembre de 2013

Cultura Inmaterial en Los Ancares Leoneses

Palloza en Balouta
En un lugar de singular belleza, como lo es Candín, y su entorno, en medio de los Ancares leoneses, donde el oso campa a sus anchas y aún se conservan por fortuna algunas pallozas como testimonio vivo de otrora -cuando los animales convivían con los seres humanos en paz y en armonía-, nos daremos cita el próximo sábado algunos amantes de la naturaleza y el llamado Patrimonio Cultural Inmaterial, que vayan ustedes a saber qué cosa es esta de lo cultural inmaterial, porque si ya hemos perdido el norte (y aun el sur) con la cultura (léase, por favor, El mito de la cultura, del siempre brillante Gustavo Bueno), ya no digo con lo inmaterial, porque la antropología materialista (de Marvin Harris, pongamos por ejemplo) y el materialismo gnoseológico (vaya palabrejo) del maestro Bueno echarían por tierra eso de lo inmaterial. Pero como luce bien, pues ancha es Castilla... y León, ay, León y sus fuentes inagotables de cultura, que en manos de políticos nefastos y una sociedad anclada en sus insuficiencias y estrecheces, también mentales, no trasciende nada nada, ni siquiera dentro de nuestros propios límites y fronteras, que son muchos, por lo demás. 

En Balouta
Pues sí, la nuestra, como otras tantas (que tampoco deberíamos ser ombliguistas y chovinistas) es una cultura/natura harto rica en tradiciones, leyendas, cuentos, juegos, danzas, rituales y ceremonias varias y variopintas, que todo eso cae bajo la jurisdicción de la llamada o mal llamada Cultura Inmaterial o intangible, pues determinadas tradiciones y ceremoniales hasta se llegan a palpar con las manos y saltan a la vista como liebres de puro materiales y tangibles. Otra cosa, ay, es que no se tengan en cuenta como material palpable, no vaya a ser el demoi o demín, o sea, que mejor tenerlas bajo la nomenclatura de lo inmaterial para que a sus defensores no se les entiznen los dedos de guita, ché, de plata, o sea, que esta sí que es material y hasta olorosa, de pura materia, que ni se crea (o sí) ni se destruye (tal vez), sólo se transforma, o mejor dicho, siempre va a parar a las mismas manos mugrosas. 


Castro de Chano en Fornela
Dicho lo cual, a modo de chirigota, que encierra eso sí, cierta reflexión, me late que toda cultura, si se precia de tal, es material y sustanciosa. Hasta los cuentos están hechos de la materia de nuestros sueños y ensoñaciones. Y por supuesto los contadores de cuentos hablan con la materia de los suyos, de sus sueños, of course. Véase nomás a los contadores que cada noche bajan a la Plaza de Djemaa-el-Fna de Marrakech a recitar sus oraciones y contar sus historias. 
Djemaa-el-Fna
Vaya artistas, aunque entre ellos también haya buscones, esto es buscavidas, que la vida ya se sabe, jodida, siempre, para los mismos incautos. Por cierto, la plaza de Marrakech, la Djemaa, también se declaró, a principios del 2000, como Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad, gracias al escritor Juan Goytisolo, que vive tan ricamente en la Medina desde hace años, y a eso de la caída de la tarde suele dejarse caer (me redundó la caída) por el mítico café de France, flaqueado por su séquito. 


Mujer en Aira da Pedra
Puestos a pratimoniar culturalidades e inmaterialidades, ahí están, no sólo la plaza sagrada de Marrakech, sino la gastronomía tradicional mexicana, o sus voladores de Papantla (todo un espectáculo), o su Día de muertos (escalofriante) o bien el tango argentino, y así en este plan de planes. A ver cuando nos declaran como Patrimonio Oral Inmaterial (o Material) nuestro filandón. Bueno, ahí nos queda para la posteridad la peli de Chema Sarmiento, cuyas historias filandoneras nos cautivaron en su día y nos siguen emocionando. Una de las historias de El Filandón, del cineasta berciano Sarmiento, la que escribiera Merino, se rodó en Burbia, en plenos Ancares, aunque la Burbia actual ya poco se parezca a aquella de principios de los ochenta del pasado siglo. Y el cine, además, tiene la magia de hacer real lo irreal (y viceversa, también). 


Hombre de Burbia
Burbia
Se alegra uno, por lo demás, que los Ancares leoneses pertenezcan a la Reserva de la Biosfera -una pena que la Sierra de Gistredo, nuestro útero, aun formando parte del mismo ecosistema, o similar, no se haya declarado ni siquiera como espacio protegido- y conserven un espléndido Patrimonio Cultural (Inmaterial/Material) como es el burón de Fornela (Forniella), ese lenguaje/jerga, con claras influencias del asturleonés, que empleaban (aún sigue vivo, por fortuna) los vendedores ambulantes y albarderos para sus negocios, con el fin de evitar que personas ajenas conocieran sus "trucos" y "tejemanejes" comerciales. Esto me hace recordar a los vendedores de la Medina, que emplean sus estrategias y su "árabe dialectal" para que el turista o viajero despistado entre en su juego de regateos, a veces ininterminables, o simplemente saquen tajada sin que el comprador se entere de la vaina. Unos linces, los ambulantes fornelos, que tenían que ganarse la vida, claro, a como diera lugar, habida cuenta de la carestía económica en la que se encontraban en tiempos no muy lejanos, a resultas, obvio es, del aislamiento que sufrían y la falta de un terreno agrícola realmente productivo. Imagino que el aislamiento también contribuyó a crear este habla críptica, inteligible sólo para quienes la idearon, con fines que ya he relatado. Para información más detallada, recomiendo la lectura del libro de Alejandro Álvarez López, El burón. La jerga de los vendedores y albarderos ambulantes de Forniella. 

Burbia
Por otro lado, también en el ámbito de la lengua y el habla ancaresas, me apetece rescatar y destacar un librito que editó el IEB sobre tres viajes dialectológicos por los Ancares, cuyos autores son el gran poeta Dámaso Alonso y nuestro académico, ya fallecido, García Yebra, que en los 50 y aun en los 60 del pasado siglo (la prehistoria, nomás) tuvieron a bien recorrer los Ancares, incluso a pie y a lomos de caballos, en busca de un habla peculiar, con una marcada influencia, en todo caso, del gallego. Una suerte de gallego-leonés el que se hablaba y se sigue hablando en los Ancares leoneses. 



Casa en Penoselo, Los Ancares leoneses
Asimismo, quiero reseñar un libro de Aquilino Poncelas, Historias y cuentos del Bierzo y de los Ancares, donde este estudioso villafranquino recoge una nutrido rebaño de relatos, alguno ambientado precisamente en Candín, como el del botillo y la raposa (A raposa ie el botelo), o un clásico como O cabritín cabritate, que nos ayudan a conocer y entender nuestro Patrimonio Oral, Cultural, Material e Inmaterial. 

2 comentarios:

  1. Buen repaso y una buena reflexión de esta comarca tan ancestral como especial como son Los Ancares. Apuntar también, si me permites Manuel, que Ancares es tan solo un valle, un río, pero que por distintos motivos se ha "desplazado" su nombre a todas estas últimas sierras y valles de la cordillera cantábrica, haciendo que muchas veces se confunda una sierra geográfica con una determinada comarca con propia personalidad y renombre, estoy hablando de Furniella, la cual, tendría que tener un trato personalizado como comarca y no ser nombrada como "Ancares", puesto que Ancares es en realidad el valle vecino. En fin, que vivan los Ancares y permanezcan vivos durante muuucho tiempo.

    Un saludín,

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  2. Me encanta Manuel,... Gracias por este repaso!

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