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lunes, 10 de junio de 2013

Viajes sin mapa, por Ester Folgueral

Recupero este artículo que me dedicara la poeta y periodista berciana, Ester Folgueral, con motivo de la publicación de mi libro Viajes sin mapa. Gracias, Ester, por esta reseña.


http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/viajes-sin-mapa_395451.html 

ESTER FOLGUERAL 10/07/2008 
 

ALGUNOS CUENTOS nos enseñan que los que parecen ogros pueden ser tiernos, por eso, hay que estar atento a las apariencias. Así, en un primer encuentro, alguien que da puñetazos en la mesa y eleva la voz, puede parecernos un ogro, o al menos, un ser iracundo. Y podemos estar equivocados ante lo que es un exceso de impetuosidad, de libertad expresiva, sobre todo en estos tiempos de careta fija y normalizada en las buenas maneras, donde casi nadie manifiesta lo poliédricos -con permiso, amigo Luis- que somos. El columnista, y compañero de este Diario, Manuel Cuenya, es de los que se permite hablar con libertad, escribir como le da la gana, y viajar sin mapa. Y fruto de ello, es este ejercicio de periodismo literario que hallamos en su primer libro, Viajes sin mapa, publicado por la Universidad de León a través de su Secretariado de Publicaciones. «Hay que aprender a viajar, aunque sea hacia el desequilibrio y en un vagón de segunda, porque en el viaje está el deleite y la emoción del mundo», así nos declara Cuenya su pasión de viajero, nunca de turista, que lo que prefiere es callejear por algunas ciudades europeas, y por Marrakech, La Habana, Buenos Aires o El Cairo, y mirar, «La mirada como sustituto del tacto, la mirada que toca y siente, acaricia y llega a conocer». En este libro de viajes encontramos información, datos útiles, fotografías, pero también el pensamiento del viajero, que resalta la dulzura que le embarga en Lisboa o Marrakech, así como la desazón del París que descubre más allá de sus apariencias. Y es que, el trotamundos Cuenya no sigue un discurso estructurado, sino que deja caer en sus páginas lo que llama su atención, lo que le importa, y con esa libertad expresiva, que también derrocha en sus columnas, incorpora palabras del diccionario nocedense -que ha ido rescatando en la revista La Curuja-, del francés, o de ese México rotundo que dice: carnalita, chingar, padrote, o dar en la madre. 
Viajes sin mapa es también un viaje de referencias literarias, musicales, y cinematográficas, así como el viaje de alguien que disfruta de las criaturas de carne y hueso. Hay filósofos, y Manuel Cuenya lo es, a los que les gusta pensar en la quietud de un jardín cerrado, pero otros necesitan de la acción, de la observación de un mundo diverso. No pueden sujetarse a ninguna corona comarcal; han conocido la libertad que da recorrer muchas tierras y mares, y su horizonte estará siempre más lejos, tanto, como lo permita este planeta.

1 comentario:

  1. Me gustó mucho esta reseña, espero disfrutar de la lectura del libro cuando quede con Cuenya.

    Saludos afectuosos, Eduardo

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