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martes, 25 de junio de 2013

A mis alumnos de la Universidad de la Experiencia

  (Diario de León, 21/05/2007)

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/alumnos-de-experiencia_323697.html 

Recupero este artículo, que escribiera en el 2007 sobre mis alumnos de la Universidad de la Experiencia. 
 
DEDICO ESTE ARTÍCULO a los alumnos de la Universidad de La Experiencia de Ponferrada, donde he tenido la suerte de colaborar desde que se pusiera en marcha, y en especial a quienes forman parte del taller de teatro, en el que he participado como profesor, lo que es un privilegio, puesto que he aprendido mucho en ese proceso de retroalimentación en que consiste la enseñanza-aprendizaje, sobre todo cuando uno cuenta con la participación activa y voluntariosa de alumnos aventajados, trabajadores y con gran entusiasmo, capaces de entregarse en cuerpo-alma. 
 
Me siento encantado porque, además de aprender mucho de ellos y con ellos, también me han abierto las puertas de su espíritu, y han logrado emocionarme. Gracias a su esfuerzo, constancia y dedicación hemos podido montar una obra teatral, que será representada en el Campus de Ponferrada el mismo día en que a buen seguro se publicará esta columna. 
 
El teatro debería ser una materia obligatoria en la enseñanza primaria, secundaria, y aun en la universidad, porque a través de él se recoge la dimensión artística del diálogo, la construcción dialéctica de la razón, el intercambio de ideas y sentimientos, la participación, la escucha activa, etc. Pararse a escuchar al Otro es lo que facilita la comunicación, tan difícil y descuidada en nuestros días. Una época, la nuestra, deshumanizada y llena de ruido informativo. 
 
La comunicación real entre humanos se hace cada día más difícil, aunque paradójicamente vivamos en la era del Internet. Las dificultades comunicativas a menudo generan alteraciones en la vida diaria y trastornos psíquicos. Y el teatro, que es terapéutico y comunicación en vivo -una suerte de comunión del actor con público-, ayuda a mejorar la relación entre seres humanos. Aparte de entretenernos, divertirnos y hacernos reflexionar -como el extraordinario espectáculo que La Zaranda nos ofreció recientemente en el Bergidum- nos ayuda a leer y escribir mejor, a mostrarnos ante el Otro, a expresar nuestras emociones, que en la vida cotidiana tanto nos cuesta. 
 
Es habitual que la enseñanza se centre en lo intelectivo en detrimento de lo afectivo. En cambio, en el teatro se trabaja con ambos aspectos, y en ocasiones se llega a recuperar el atletismo afectivo del que nos hablara Artaud en El teatro y su doble. Por todo ello reivindico el teatro como un arte vital y me alegro de estar en la Universidad de la Experiencia con gente tan experimentada y afectuosa.

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