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jueves, 26 de julio de 2012

Burning

Burning, con ese ardiente nombre anglosajón, pasado por la movida madrileña, siempre me entusiasmó. Había algo en la letra de sus canciones, en su música, que me hizo entrar por la puerta grande. Entonces, cuando comenzó esta banda madrileña de rock, o pop rock o blues rock, uno era un rapacín, con las ilusiones aún intactas y el mundo por montera. Y aquellos sonidos me cautivaron, como a tantos otros críos y adolescentes nacidos a finales de los sesenta. 

Una bocanada de aires juguetones y acaso transgresores, que nos vinieron/me vinieron (en todo caso) muy bien. Pasados algunos años, y ya siendo todo un mocín, tuve la ocasión de ver/escuchar a los Burning en Toreno (quién lo diría) y en Cubillos del Sil (creo recordar). Entonces, puede que aún viviera Toño Martín, el alma-voz del grupo, y por supuesto todavía coleaba Pepe Risi. 

Escuchaba con devoción a los Burning, acá y allá, incluso en una disco-antro vetustente, la Factory, en horas de blanco satén. Qué tiempos aquellos. 

Con el transcurrir de los tiempos, me he dado cuenta de que me siguen enganchando sus melodías y sus letras con aromas canallas. Ahí quedan para la eternidad ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? o No es extraño que tú estés loca por mí. Grandes. 

Hace pocos días, a través de la tele de Ponferrada (para eso sirve a veces ver la tele), entrevistaban a uno de los componentes de la banda, un tal Manolo Fernández (al que a decir verdad no lo tenía registrado porque sólo estuvo como bajista durante unos años, a comienzos de los ochenta). Y me quedé sorprendido de que el tipo viva ahora en Bembibre. Qué curiosín. A ver si lo encuentro un día por la calle, lo reconozco y lo saludo. Me gustaría. 

Manolo Fernández contaba, entre otras cosas, sus andanzas con Burning, y cómo en este momento se dedica a enseñar música en la capital del Bierzo Alto. 
Pues de momento seguiré escuchando aquellas legendarias canciones que tan buenos momentos me procuraran en noches quizá de amores imposibles. 

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