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jueves, 27 de enero de 2011

Sospecha, de Hitchcock

Este viernes, día 28, proyectaremos Sospecha en el Benevivere de la capital del Bierzo Alto. Estáis todos y todas invitados (envitadas, que dicen en mi pueblo).


Película controvertida, Sospecha es para algunos un título menor del maestro Hitchcock, en cambio para otros se revela como una obra fascinante, destacada tanto por su buen guión como por su fotografía, así como las interpretaciones de sus protas: Cary Grant, en el papel de vivalavirgen y seductor, y la angelical y desvalida Joan Fontaine, con quien nos identificamos en todo momento, sintiendo como ella el miedo, la incertidumbre, la sospecha. ¿Quién me mandaría meterme en este sarao? No en vano, la Fontaine obtuvo el Óscar a la mejor actriz, arrebatándoselo a la Bergman de Casablanca.

Se me antoja que Sospecha destaca sobre todo por su banda sonora, debida al compositor Franz Waxman, que ya había colaborado con el maestro en Rebeca, y es conocido, entre la cinefilia andante, por la banda sonora de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), de Billy Wilder. Estamos, por tanto, ante su segunda película inglesa realizada en Hollywood, según nos cuenta el propio director.

Se trata de un thriller de corte psicológico, aderezado con el suspense del final y con algunas de las características propias del cine negro (véase la iluminación de estilo expresionista y el tema recurrente de la doble personalidad). Una vez más el tren aparece como escenario habitual  y metáfora cinematográfica por excelencia.

Es probable que el romanticismo inicial de la peli, salpicado de humor, nos desconcierte, al igual que su final, digamos feliz, que Hitchcock no tenía contemplado en un inicio, pero que le fue impuesto por la censura americana. ¿Cómo una estrella de la talla de Cary Grant iba a ser malo, aunque tenga trazas de ello? Pues, otra vez más, no todo es lo que parece, sobre todo en las cintas del genio de la intriga. Pero a medida que avanza la peli, la duda, la sospecha, lo incierto comienza a apoderarse de nosotros y a corroernos, sumergiéndonos en un drama.

En sus conversaciones con Truffaut, Hitchcock le desentraña al director francés el verdadero final, que hubiera deseado para su Sospecha. Pero las cosas son como son. Y en el cine no todo el monte es orgasmo, porque no depende de uno, por muy importante que este sea, sino de muchos y en ocasiones mal allegados. Conviene recordar algunos de estos entresijos. “No me gusta el final de la película, pues tenía otro”, le aclara Hitchcock al realizador de la Nueva Ola. “Tuve muchos problemas con este film”, remata el director de Sospecha.

Ahora que lo pienso, el argumento de Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem, muestra gran parecido con el de Sospecha.

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