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lunes, 23 de septiembre de 2024

Xuasús González

Os dejo esta colaboración que hiciera para la revista Losada (en su reciente número 22 de este 2024), que dirige Xuasús González, 


Conozco a Xuasús González desde hace años habida cuenta de que él es paisano, nacido en León, aunque descendiente de Losada, a la que me siento arraigado porque una de mis hermanas, Cini, está casada con Paulino, que es originario de esta población perteneciente al Ayuntamiento de Bembibre, en el Bierzo Alto. Y Losada es asimismo el nombre de la publicación que dirige el amigo Xuasús desde hace más de veinte años. Qué ya son años –aunque el cantante argentino Carlos Gardel nos dijera aquello de que veinte años no es nada–, lo cual siento como motivo de celebración (lo celebraremos a buen seguro con un vaso de vino en la bodega, como antaño), porque uno, como editor de la revista La Curuja de Noceda del Bierzo, sabe lo que cuesta, en todos los sentidos, sacar adelante una publicación. Así que vayan por delante mis felicitaciones para ti, Xuasús, por tu capacidad para hacer que, cada año, en el mes de agosto, aparezca puntualmente la revista Losada (en tono sepia, ilustrada con entrañables fotos de gente), que es un modo ilustre de proyectar a tu pueblo, del que fuiste nombrado «hijo adoptivo», porque en tus páginas firman prestigiosos narradores y poetas, entre los cuales podríamos mencionar al académico y estupendo narrador José María Merino, al premio Cervantes Gamoneda, al premio Nacional de poesía Juan Carlos Mestre o al ya fallecido César Gavela, que llegó a dedicarte un emotivo artículo en el periódico La Nueva Crónica, con el que tú mismo colaboras, y en el que otros muchos también tenemos el privilegio de colaborar. 

Por tanto, nos unen las revistas, Losada y La Curuja, La Nueva Crónica, y por supuesto nuestra tierra del Bierzo Alto. Además, tú también tienes familia en el pueblo de Noceda del Bierzo, al que llamo «El útero de Gistredo», que es mi lugar de nacimiento y un territorio mítico como Comala, Macondo o Región, donde suceden cosas extraordinarias. Incluso tú has colaborado con la revista La Curuja y has podido participar en el Encuentro literario que tengo a bien organizar en el mes de agosto con el apoyo de la Asociación colectivo cultural La Iguiada y el Ayuntamiento de Noceda del Bierzo. Así que seguiremos dándonos aliento en las iniciativas que ambos emprendamos. 


Contaba el gran fabulador César Gavela de ti que casi no hace falta decir tu apellido porque Xuasús es suficiente, «Xuasús es leonés. Comprometido con el idioma lleunés… Xuasús… es un leonesista de fondo, de naturalidad y lucha cultural», añade el autor de El puente de hierro, esa novela ambienta en una Ponferrada brumosa, dedicada a la memoria de sus padres. La verdad es que ese nombre ya te identifica. Y te ha permitido dar a conocer la cultura y la identidad de nuestra provincia de León porque también has sido pregonero de la Semana Santa en diversas poblaciones, entre ellas Mansilla de las Mulas, Olleros de Sabero, Villafranca del Bierzo o la propia ciudad de León (declarada de Interés Turístico Internacional). No en vano, eres el coordinador del suplemento La Nueva Crónica Cofrade.

Ojalá abundaran las personas como tú en nuestra provincia.

 

sábado, 21 de septiembre de 2024

Viaje al fin del mundo

Finisterre
Ahora, que ha transcurrido algún tiempo, me apetece darle vida a través de las palabras y las imágenes a mi viaje de finales del pasado mes de agosto, que se me hizo extraordinario, un viaje al Finis Terrae o extremo del mundo conocido hasta entonces, porque es un lugar mágico, con el brillo azulado de un mar de leyenda.

"Un lugar en que las tribus celtas erigieron el Ara Solis o Altar del Sol. Allí donde termina el mundo conocido y puede contemplarse el enigma del mar inmenso e incógnito", señala Pérez Reverte en un reciente artículo. Para quien también es uno de sus lugares favoritos, un sitio indomable, preñado de Historia: "un mito que desde hace miles de años fascina la imaginación de los seres humanos". 

Finis Terrae

Cuenta el periodista y escritor que, cada vez que se asoma al acantilado del monte Facho, piensa que allí termina realmente el Camino de Santiago. "En realidad Finisterre no es el extremo real, la punta más occidental de Europa -aclara Pérez Reverte-. Los antiguos geógrafos tardaron algún tiempo en establecer que ese lugar lo ocupa el cabo Roca, en Portugal, que penetra casi nueve millas más allá en el océano". 

Sea como fuere, Finisterre (con su bello y sugerente nombre) eriza los vellos del alma con los innumerables barcos que durante siglos se perdieron en sus rocas (de ahí que la hayan nombrado la Costa da Morte) y los muchos visitantes que han contemplado “sobrecogidos cómo el sol poniente, con una llamarada que parecía incendiar las aguas, se hundía en el mar camino de las siniestras


Regiones Oscuras, pobladas de tinieblas y monstruos marinos".

Finisterre, un lugar mágico y único en el mundo

Hay lugares mágicos, únicos en el mundo, y Finisterre, "donde la tierra acaba y la mar, que no acaba jamás, comienza a herir y a enamorar”, como dijera el Nobel Cela, es uno de ellos. Por más veces que se visite (lo he podido visitar en varias ocasiones, y aparece además en El verde aroma del Noroeste), uno seguirá sintiendo la admiración de la primera vez. Es como cuando se ve una película sobrecogedora muchas veces (eso ocurre por ejemplo con el cine de Hitchcock), y siempre que vuelves a verla te produce esa conmoción. Estoy pensando en Psicosis o en Vértigo... Y en tantas otras películas, que no sólo filmara el mago del suspense, porque existen otros magos y otras magas (ahora me viene a la mente la Maga de Rayuela, la monumental novela de Cortázar). Y esto ocurre con Finisterre. Sigo sintiendo una emoción intensa en este entorno simbólico y fascinante a la vez. Además, esta vez he podido asistir, a través de la bota del peregrino, al espectáculo del solpor, que así se le dice en gallego a la puesta de sol, al que asisten otros muchos visitantes, porque tanto la salida del sol como su ocaso son espectáculos grandiosos que nos ofrece la madre Naturaleza en este rincón de la Tierra.

Playa Mar de Fóra


Y sólo por estos instantes de eternidad ya merece la pena (la alegría) la vida. En este viaje también he disfrutado de la playa de Mar de Fóra, contemplando, en éxtasis, un arenal salvaje que mira a poniente, al océano abierto, con sus olas grandiosas. Una recomendación de Isabel, la chica del alojamiento, a la que le agradezco su hospitalidad, su agarimo. En todo caso, ahora recuerdo que estuve por primera vez en la playa Mar de Fóra hace unos quince años.

Es maravilloso cuando uno encuentra gente afín, que está en la misma onda, que siente y respira de igual o parecida manera, porque, aparte del paisaje, que procura vibraciones, es muy importante el paisanaje con el que uno se encuentra.

Por su parte, el faro del fin del mundo, que es todo un personaje en escena, sigue iluminando la senda de los vivos y de los muertos en su peregrinación hacia un más allá ensoñado. Mientras, los vivos que somos y los muertos que seremos, procuramos disfrutar de cada momento como si fuera el último. Carpe diem.


Cascada de Ézaro, única en Europa

En este viaje de finales de agosto gocé de buena temperatura ambiental y pude visitar, por primera vez, la cascada de Ézaro. Y eso me entusiasmó porque fue todo un descubrimiento. 


He de reconocer que me gustan las cascadas. No en vano, nací en la tierra de la cascada de La Gualta (o Agualta, de agua alta). Y en el Bierzo también está El Gualtón (en Carracedo de Compludo), entre otras, que también he tenido el gusto de visitar.

Respecto a Ézaro, con su fervenza -donde parece hervir el agua, es un decir-, me traslada de un modo inevitable a mi útero de Gistredo. Y también a las cascadas del valle del Ourika (Urika) marroquí. Un paisaje memorable.

Se dice que la cascada de Ézaro -a unos veinte kilómetros de Finis Terrae- es peculiar en Europa, porque es la única de todo nuestro continente que desemboca en el mar. Resulta espectacular verla y escuchar el sonido del agua cayendo sobre una pared de unos cien metros de altura en un entorno realmente bello, como toda la Costa da Morte. 

La morte y la vida como cara y cruz de una misma realidad.

 La bella estampa de Corcubión

Ría de Corcubión

Apenas a doce kilómetros del legendario Finis Terrae se halla, también en la Costa da Morte (aunque haya quienes digan que no forma parte de la Costa da Morte), la villa marinera de Corcubión, de bella estampa arquitectónica, con sus casas de indianos, sus casas solariegas, sus pazos y sus calles empedradas. No en vano su casco antiguo está declarado conjunto histórico artístico. 

Playa de Quenxe

Corcubión (ensenada curviforme) se abre como un sueño en semicírculo frente a la ría (la más septentrional de las Rías Baixas), seduciendo al viajero, que se siente en la gloria. 

Me atrevería a decir que de la ría de Corcubión brotan los sueños, esos con los que tejemos nuestras vidas.

Una caminata por el paseo marítimo, con vistas a la ría, y la playa de Quenxe, de arena blanca y aguas transparentes, colman de placer al visitante.

viernes, 20 de septiembre de 2024

La belleza de un paisaje primigenio: Peñalba de Santiago

 


Desde el mirador del Alto de la Cruz, a más de mil metros de altitud, el viajero puede contemplar el mundo, la belleza de un paisaje primigenio, agreste, a través de la puerta de Peñalba de Santiago.

Los montes Aquilianos y los montes de Valdueza y al fondo Peñalba en el valle del Oza, la tierra de San Genadio (benedictino, fundador de varios monasterios) y el arte mozárabe, un edén de casas de piedra, con corredores en voladizo y tejados de pizarra, y callejuelas empedradas donde el tiempo parece haberse detenido, tal vez en época medieval, un espacio idílico con aroma de Tebaida (en referencia al Antiguo Egipto), considerado uno de los pueblos más bonitos de España. En el corazón eremítico de la singular comarca del Bierzo.


«Ninguno mejor puede competir con la Tebayda y con los más Santos Desiertos de Palestina. La multitud de sus Santuarios».