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jueves, 15 de diciembre de 2022

Galicia literaria y musical

 Viajo a Galicia para sentir en vivo y en directo lo que quiero expresar con palabras en una obra que estoy perfilando. Y dejo aquí estos apuntes, que puede dar una breve idea de lo que luego elaboraré con calma y tiempo. 

3 de diciembre

Hasta Santiago de Compostela he llegado con la musicalidad de su historia.
Hasta Compostela he llegado bajo el amarillo aroma de las zamburiñas y las campanadas de otro tiempo, en esta noche serena y escarchada.
Hasta esta aldea universal, donde los estudiantes conviven con los peregrinos, en busca tal vez de la concha consagrada. O bien de una Fonseca fabulada, también fabulosa. 

"Yo también viniera aquí hace años", dice con voz melosa una chica que está en el bar restaurante Damajuana, donde he venido a probar el cordero pascual que quitas el pecado del mundo. Es broma. Lo del cordero pascual. El resto no.
El típico tópico de que llueve en Santiago no se ha cumplido por ahora. No chove en Santiago de Compostela meu doce amor -Lorca y Luar na Lubre resonando en nuestros corazones-, sino que ha hecho un sol espléndido en esta ciudad de las conchas de vieira, "Rosa mística de piedra, flor románica...", como escribiera el mago de las palabras Valle-Inclán, por cuya obra siento devoción cual si se tratara de un apóstol, el cual sigue contemplando la estampa catedralicia desde un banco de la Alameda, aunque su cuerpo, que es toda Galicia, esté enterrado en el cementerio de Boisaca de esta ciudad eterna -como Roma y Jerusalén-, donde también dejara impregnado su espíritu poético la gran Rosalía de Castro, que yace en el panteón de los ilustres gallegos.

4 de diciembre

El viaje continúa tras la estela de la gran Rosalía de Castro por Padrón, que solo por eso ya merece ser visitado este pueblo. Y por supuesto porque en Iria Flavia, al lado de Padrón, está la Fundación de Cela, además de su tumba bajo un olivo en el cementerio de la localidad, con la iglesia de Santa María como icono. Y el olivo como símbolo de inmortalidad.
También el busto del premio Nobel se halla justo en el exterior del cementerio, mirando para la fundación.
Padrón, además, invita a subirse a la iglesia de Santiaguiño del Monte a través de unas escaleras con el verde aroma a musgo.
Cuentan que los devotos las subían de rodillas, como si fueran a la basílica de Guadalupe en Ciudad de México (esto último lo dice uno, de su puño y letra). 
Si no vas de vivo, como ocurre en San Andrés de Teixido -otro santuario extraordinario-, lo harás de muerto. Así que lo mejor, creo, es visitarlo en vida. No vaya a ser.
Los pimientos aún no los he probado en esta tierra pero el pulpo á feira se me hace delicioso.

5 de diciembre

La ría de Arousa es un poema donde la belleza engendra luz y verdor. En medio de esta ría, como si de una fabulación se tratara -entre A Pobra do Caramiñal y Vilanova-, nació en una barca el genio de la lámpara maravillosa. 
Por cierto, La lámpara maravillosa es un ejercicio de estilo sobre estética, filosofía, donde el autor imprime su sello místico: "he querido bajo los míticos cielos de la belleza, convertir las normas estéticas en caminos de perfección, para alcanzar la mirada inefable que hace a las almas centros", apunta Valle, cuyo espíritu impregna todo el pueblo de Vilanova de Arousa. 
Valle Inclán y el excelente cronista y viajero Julio Camba, también originario de Vilanova, invitan a viajar una y otra vez a este rincón del Noroeste.

6 de diciembre

Vilanova de Arousa procura una vibración emocionante en quien la visita, tal vez porque está impregnada toda ella con el espíritu de Valle Inclán, que me parece todo un figurón, con una obra literaria harto sustanciosa e inspiradora. 

Como él mismo dijera: amo las poéticas noches en que el cielo, tachonado de estrellas, se refleja en el límpido y brillante cristal de la ría de Arousa.
Me hubiera encantado conocer a Valle, al menos saludarlo. Pero tengo que conformarme con leer y aun releer su obra, que no es poco, y visitar su casa pazo museo, cercado por un muro musgoso, bajo la luz de acuario de un jardín umbrío y exótico -con aroma a magnolio y camelias, tan embriagador-, y el amarillo y explosivo olor del yodoformo.

8 de diciembre

Hórreos que asoman sus cruces, como si fueran panteones, al mar.
Un mar bajo el resplandor de una mañana azul apetitoso, y meigas que sobrevuelan la imaginación del visitante, conforman un lugar singular, como un imán que atrajera con su aroma a arroz con bogavante. 
"Mira, mamá, una bruja... Y otra... ", dice una niña con asombro, como si descubriera el mundo de las bruxas, tal vez el cosmos en sí mismo, con sus más de trece mil millones de existencia desde que se produjera la gran explosión en un espacio sin espacio.
El paseo por Combarro se me antoja delicioso. 

Y la visita de Pontevedra, con su plaza de la leña, que es un escenario como de otra época, me entusiasma. 
Aquí también dejó su huella Valle-Inclán. En la plaza de las Cinco Rúas, en pleno centro histórico, vivió este prodigioso escritor. Y en la plaza de Méndez Núñez puede verse su estatua en bronce, supuestamente a tamaño natural, como con intención de desplazarse a algún lugar. Valle no era precisamente un mocetón, aunque tenía una mente privilegiada. 

El espíritu de la colmena, de Erice

 El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)

Víctor Erice es sin duda uno de nuestros grandes directores. Un cineasta singular cuyas imágenes nos remiten directamente a la poesía. Un cine poético, como nos dijera el poeta, actor y director de cine Pasolini. O bien un cine sensorial, donde están presentes la percepción y la sensibilidad. A Erice le gusta, en todo caso, experimentar con el lenguaje cinematográfico. 

“Al realizar una película, lo que me gustaría es poder descubrir siempre algo nuevo acerca de la vida. En este sentido, el cine es para mí, entre otras cosas, un instrumento de trabajo, y una posibilidad de aprender. Un lenguaje que aspira, en última instancia, a convertirse en una forma de conocimiento total”, expresa Erice.

Autor también de El sur (basada en la sobrecogedora obra de Adelaida García Morales) y de El sol del membrillo (sobre el proceso de creación por parte del pintor Antonio López), Erice toma este sugerente título de El espíritu de la colmena de La vida de las abejas, del poeta y naturalista Maeterlinck para contarnos una historia ambientada en tierras de Castilla al finalizar la Guerra Incivil, con la presencia de un hombre herido que se refugia en una casa abandonada. 

El espíritu de la colmena hace referencia, según Erice, a un espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer. La colmena como símbolo de la sociedad humana, con sus abejas moviéndose por inercia, perdidas en un mundo triste. 

El espíritu de la colmena, a modo de cuento infantil con el inicial Érase una vez... , nos adentra en la vida y la muerte.  En el mundo de los espíritus y los sueños. De los miedos y las mentiras. 

A partir de la proyección de la película de Frankenstein, dirigida por Whale, las niñas protagonistas, Isabel (Isabel Tellería) y Ana (Ana Torrent), se preguntan por el sentido de la vida -la vida y la muerte, cara y cruz de una misma moneda-, a través del cine.

En este viaje iniciático, de autoconocimiento, Ana lo hace desde una visión naif y soñadora, mientras que Isabel, que es mayor que su hermana, encara la vida con madurez, con los pies en la tierra y lúcidas reflexiones, incluso resulta transgresora en sus comportamientos.

Además de asistir como espectadores al mundo infantil, El espíritu de la colmena nos adentra en el mundo de los adultos a través de Fernán Gómez, que representa a un hombre rutinario, insomne, y su mujer, interpretada por Teresa Gimpera, que deambula como un fantasma, con su frustración y su melancolía, acaso ilusionada en su autoengaño. 

Fernán Gómez y Gimpera -los padres ausentes de Ana e Isabel, viven un matrimonio sin sustancia, sin cariño, hecho de silencios, de incomunicación. En realidad, El espíritu de la colmena es una puesta en escena del silencio, un silencio inquietante, angustioso, donde tal vez sobren las palabras. Tal vez podría haber filmado toda la película sin palabras. 

Sorprenden y enganchan las imágenes, los encuadres y los movimientos casi imperceptibles de cámara, esos planos fijos con profundidad de campo. Como si fueran cuadros de Vermeer. Y ese homenaje a los orígenes del cine: el tren como metáfora genuinamente cinematográfica, que nos remite al cine de los Lumière, incluso al cine del maestro Hitchcock. 

Una obra que nos deja impactados vista cincuenta años después de su filmación. 


miércoles, 14 de diciembre de 2022

Remando al viento, de Gonzalo Suárez

Hoy, esta tarde en el campus de Ponferrada, Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988) 

https://www.unileon.es/noticias/comienza-en-ponferrada-un-ciclo-de-cine-destinado-a-los-alumnos-del-programa-de-la

Película que en su día me cautivó -la vi por primera vez en Oviedo, de donde es originario su director-. Transcurrido el tiempo, me sigue gustando, sobre todo ese inicio con el fragmento del poema Oscuridad, de Lord Byron, seguido de un mar de témpanos de hielo, bajo un cielo grisáceo, en el Polo Norte, que recuerda a El mar de hielo, del pintor romántico Caspar David Friedrich. 

"El Polo Norte... es allí donde reinan la belleza y el placer", escribe Mary Shelley en la primera página de su novela. 

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se apagaba, y los astros
vagaban diluyéndose en el espacio eterno,
sin rayos, sin senderos, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo
consigo el día,..

(Fragmento del poema Oscuridad, de Byron)

El rodaje de esta secuencia fue en Noruega, como me contara el propio director de fotografía, Carlos Suárez, el hermano del cineasta y escritor Gonzalo Suárez, que llegó a ser el director honorífico de la Escuela de Cine de Ponferrada, donde uno estuviera desde el inicio hasta el final de la misma, lo que daría para todo un novelón.  

Un mar helado, la respiración jadeante de una criatura cubierta por un sudario y un velero surcando estas aguas dejan paso a la voz de Mery Shelley: "Estoy sola. Como en las páginas de mi libro he venido hasta los confines helados del universo, para encontrarme con la horrible criatura que mi imaginación concibió. Pero donde no hay sombras los monstruos no existen. Sólo la memoria perdura, más allá de los límites de la imaginación". 

Avalada por varios premios Goya, entre ellos a la dirección de Gonzalo Suárez -con quien compartiera varios momentos en el Bierzo-, a la dirección artística de Chinín Burmann -un tipo extraordinario, al que guardo afecto-, a la iluminación de Carlos -con quien también compartiera varias horas en la Escuela de Cine y en el restaurante Burbia de Ponferrada-, y a Goldstein y Steinberg, que estuvieron nominados al Goya por el mejor sonido aunque al final no lo ganaron. Todos ellos profesores de la Escuela de cine de Ponferrada. Inolvidable me resulta asimismo la música de Vaughan Williams, en concreto la Fantasía de Thomas Tallis, que me sigue erizando el alma (ahora mismo la estoy escuchando y creo levitar). 

A decir verdad, una buena música salva en ocasiones una película mediocre. No obstante, la película de Gonzalo Suárez cuenta, creo, con los atractivos suficientes para engancharnos, sobre todo a quienes nos entusiasma la literatura -es una película muy literaria-, y en este caso la recreación del mito de Frankenstein, que en la película es la proyección poética, un tanto perturbada, de la mente de Mary, pues el monstruo/muerte está en ella, como una medium que invocara al espíritu perverso encargado de aniquilar a los seres más cercanos y queridos. 
Rodada en sugerentes escenarios naturales, entre otros, el ya mencionado de Noruega, o bien algunas playas de Asturias, de Llanes y alrededores (ahí aparece la playa de Borizo, en la que estuve este mismo verano), donde le gustaba y le gusta veranear a Gonzalo.
Respecto al elenco actoral, la película parece una producción extranjera. Entre estos actores figura Hugh Grant, que entonces era una joven promesa, Lizzy McInnerny (Mary),  Liz Hurley (Claire Clairmont), Valentine Pelka (Percy), José Carlos Rivas (el monstruo), o bien José Luis Gómez -por quien siento devoción como actor y director teatral- en su papel de Polidori, aparte de Pou, Bibi Andersen, Virginia Mataix o Aitana Sánchez-Gijón.
Inolvidable la escena en la que Polidori está jugando solo al billar. Invita al monstruo y éste termina ganando la partida, lo que parece un homenaje a El séptimo sello, de Bergman. 

Polidori, borracho, se quita la vida. "He perdido la partida".
Remando al viento contiene frases inolvidables como "extraños recuerdos, Shelley, Byron, Clara, imaginación y vida se confunden como aguas de un mismo lago, nuestro lago, donde remamos juntos"... "Mi imaginación me había llevado más allá de los límites de la fantasía"... "Tus caricias me dan frío. No quiero volver a traer al mundo un ser destinado a morir. No tenemos hijos, tenemos muerte" (Mary).
En realidad los escritores románticos querían, como el coloso Henry Miller, devolverle vida a la literatura, que la literatura fuera vida. La vida como una prolongación de la poesía, de la literatura. Algo que se me antoja fascinante. El propio Lord Byron se plantea: "¿Sabéis cuál sería el mejor poema? El poema que diera vida a la materia por la fuerza de la imaginación". 
Playa de Borizo

Por su parte, Polidori dice que "la imaginación sólo consigue crear cosas que nacen muertas aunque a veces puedan resultar muy bellas y la ciencia tan sólo descubre nuevas formas de matar". 
El poeta Byron también nos obsequia con frases extraordinarias: 
"La ficción es la mejor vacuna contra la realidad"... "La realidad es siempre más terrible"... "Quiero que Allegra tenga una educación católica. Los niños deben saber en qué mundo viven, deben conocer las reglas del juego. Quiero que le enseñen a creer en Dios para que no decida morirse demasiado pronto, como William"... "Ningún hombre sabio debería usar sombrero; tampoco tener hijos"..."Crees que el horror lo inventaron los hombres? Creo que los hombres son una horrible invención. ¿Qué existía antes de los hombres: el horror. ¿Qué existirá cuando éste desaparezca: el horror… El horror es la única realidad que sustenta nuestra existencia". 
Volvamos a ver Remando al viento.