He venido a esta ciudad, que tanto quiero, atraído por la voz de la cantante gallega Luz Casal. Mientras espero el concierto, me dejo envolver por la belleza del paisaje. El cielo y el mar resplandecen bajo una claridad acariciadora; la fortaleza de San Antón se recorta armoniosa, bañada por una luz dorada, y los barcos, inmóviles en el club náutico, completan una estampa maravillosa. Ante tanta armonía, uno solo puede detenerse, contemplar y permanecer, aunque sea por un instante, en un profundo éxtasis.
La ciudad de la luz y del faro milenario se convierte en una gran fiesta durante el mes de agosto. El visitante ansía disfrutar de todo cuanto le ofrece esta bella ciudad del noroeste peninsular, esta península que casi parece una isla, donde la música del mar y la música, en general, lo envuelven todo.
Llega la noche y la plaza de María Pita se llena de música y emoción de la mano de Luz Casal. Con esa energía poderosa que la caracteriza, la gran diva gallega desgrana algunas de sus canciones más queridas. Entre ellas, el bolero Pienso en ti, que tantos recordamos de Tacones lejanos, la película de Almodóvar, y, sobre todo, Negra sombra, esa joya musical nacida de los versos tristes y dolorosos de la genial Rosalía de Castro.
Me encanta ver a Luz. Me encanta escucharla. Pero, sobre todo, me encanta sentirla. Y cuando comienza a cantar Negra sombra, el tiempo parece detenerse por unos instantes. Es entonces cuando comprendo que hay conciertos que se quedan para siempre viviendo dentro de uno.
Solo por escucharla cantar Negra sombra habría valido la pena —o, mejor dicho, la alegría— de asistir a este concierto. Su interpretación me estremeció el alma y dejó la emoción a flor de piel. Hay canciones que se sienten en lo más hondo del alma. Y Negra sombra es, sin duda, una de ellas. https://www.facebook.com/1706120617/videos/pcb.10215801185658362/2175254770078442
No podía perderme esta cita, además, porque era la primera vez que tenía la oportunidad de ver a Luz Casal en vivo y en directo. La experiencia resultó realmente emocionante. Durante la velada, la cantante recordó también al público el Festival de la Luz, que se celebrará a finales de agosto en Boimorto, ese hermoso proyecto ideado por ella misma y convertido ya en un encuentro imprescindible.
También en la plaza de María Pita, donde se yergue la heroína coruñesa, tuve el placer de asistir al concierto de Dorian, la banda catalana que ha sabido fusionar el indie rock con la música electrónica. Aunque conocía algunas de sus canciones, era la primera vez que los veía sobre un escenario, y la experiencia superó con creces mis expectativas. Su sonido envolvente, unido a unas letras que invitan a la reflexión, acabó por resultar hipnótico. Sin duda, habrá que seguirles la pista. https://www.facebook.com/1706120617/videos/pcb.10215825226739374/1020196487493017
El nombre del grupo invita de un modo inevitable a pensar en El retrato de Dorian Gray, la célebre novela de Oscar Wilde, cuyo protagonista simboliza la eterna juventud y la fascinación por la belleza. Quizá esa asociación entre modernidad y raíces clásicas explique, aunque solo sea como una feliz coincidencia, que la música de Dorian posea esa extraña capacidad de sonar contemporánea sin perder cierta hondura atemporal.
Esa misma noche tuve también el placer de disfrutar, en la plaza de Azcárraga, de la actuación de Fantastic Negrito, un músico californiano tan divertido como virtuoso, que envolvió al público con la fuerza y el ritmo de su blues. Todo ello en un marco incomparable, en el corazón de una de las plazas con más encanto de la ciudad. https://www.facebook.com/1706120617/videos/pcb.10215825390383465/1638701641301165
En el centro de esta plaza se encuentra la Fuente del Deseo, hasta hace poco coronada por una escultura de bronce que representaba al Deseo bajo la figura de una mujer que sostenía un farol en su mano derecha. Al parecer, la escultura se encuentra actualmente en restauración. Sorprenden asimismo las plataneras centenarias que rodean la plaza, cuyas frondosas copas forman una especie de techo vegetal que la cubre por entero y dotan al lugar de una atmósfera única y acogedora.
Por este mismo escenario pasaron también, entre otros, grupos como La Perra Blanco, liderada por la gaditana Alba Blanco, con un potente directo de rock, y Moura, una banda gallega que mezcla el rock progresivo y psicodélico con el folk rock, creando una atmósfera que invita al trance. Por cierto, el fundador del grupo es oriundo de Boimorto, donde se celebra el Festival de la Luz.
El Festival del Noroeste continuó con otra serie de propuestas, entre ellas Sés, Sprints, Rusowsky, Echo & the Bunnymen —cuyos sonidos pueden evocar, en algunos momentos, a The Doors— y Bomba Estéreo, que llevaron su música hasta la playa de Riazor.
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Me sorprendió especialmente Bomba Estéreo. Con ellos, Riazor pareció convertirse por un instante en Colombia. La electrónica, el rock, el reguetón y una inconfundible esencia tropical se apoderaron de la playa, transformándola en una gigantesca pista de baile. La banda colombiana, arrolladora sobre el escenario, ofreció un espectáculo magnético ante una multitud entregada que vibró y bailó con su música.
Y quizá esa sea una de las grandes virtudes de Coruña en agosto: conseguir que la ciudad entera, en diferentes escenarios, parezca respirar al ritmo de la música. Desde la belleza resplandeciente del club náutico y la Marina hasta la emoción de María Pita, desde las noches íntimas de Azcárraga hasta la energía desbordante de Riazor, la ciudad se convierte durante un tiempo en un inmenso escenario.
Una ciudad de Luz y música para sentir.
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