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viernes, 21 de abril de 2017

Achicharrados en cuerpo y alma

Cuando se quema nuestra naturaleza, nos estamos quemando los seres humanos, estamos quemando nuestros pulmones, nuestra vegetación, que es fuente de salud, que es oxígeno, que es vida, en definitiva. 
Quienes queman, nos queman, y se queman a sí mismos. ¿No os dais cuenta, cabestros? ¿O es que vosotros estáis hechos de otra madera? 
No se puede permitir, bajo ningún concepto, que alguien, quien sea, queme de un modo impune nuestro patrimonio, natural, cultural, por ende, porque ese es nuestro paisaje, nuestra memoria afectiva, y nos pertenece a todos y todas, esa es nuestra Tebaida, nuestra espiritualidad, nuestra historia. Pero también nos atizan por Benuza (La Cabrera), Ferradillo, incluso por Balouta. Joder, qué poca madre tienen quienes meten cerilla a los bosques sagrados. 
Tebaida berciana

El Bierzo arde, arde Galicia y Asturias, arde nuestro Noroeste verde y hermoso. Y ardemos todos y todas. 
Tras tanto fuego nos quedamos huérfanos, desamparados, con rabia e impotencia, con desolación y las cenizas asfixiando nuestros pulmones. 
El verde, la vegetación, la naturaleza, tan esenciales, se nos mueren,  y eso también acabará también con nosotros. 
¿No os dais cuenta, cabrones?
A veces tengo la impresión de que en vez de evolucionar involucionamos. Y más que humanos parecemos monstruos. A veces creo que vivimos en un mundo de trastornados, que sólo aspiran a destruir. 
Por fortuna, aún queda gente sensata, sensible, que se da cuenta del mundo en que vivimos, cada día más atroz, a tenor de lo visto y vivido. Aunque el mundo nunca haya sido de color rosa.
Imagen tomada de una página de Patricia Fernández, aunque la foto quizá sea de
Sergio López


Siempre la misma cantinela. Cada primavera y verano, llegados a estas épocas, en las que se reseca todo, habida cuenta de la falta de lluvias, dale que te pego al fuego. Si es que ya lo sabemos, pero quién le pone el cascabel al gato, por qué no se ponen las medidas adecuadas para, al menos, impedir que se queme el monte, se queme nuestra flora y nuestra fauna, porque metiéndole fuego a la naturaleza sólo se consigue empobrecimiento, contaminación y muerte. 
No se pueden permitir tales atentados contra la Humanidad. No se pueden permitir estas aberraciones, estas locuras. 
El Bierzo es un bello paisaje y nos lo están destruyendo. Al final, qué nos quedará... nada. 
Me siento triste, muy triste, hoy no sólo por esta barbarie, sino también porque hoy mismo, hace un año, mi padre nos dejó. Y eso es algo que jamás olvidaré, mientras me quede una gota de sangre en las venas. Se me encoge el corazón, se me encoge el alma.

1 comentario:

  1. Comparto ciento por ciento la indignación que se recoge en el texto de arriba. Creo que es cuestión de escala de valores. Mientras no nos sintamos como hijos de nuestra verdadera madre Gaia no tendremos argumentos para impedir estos salvajes asesinatos a la Biodiversidad que nos rodea.

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