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martes, 21 de mayo de 2013

En memoria de Miguel Castaño y la libertad



Si bien no pude acudir ayer lunes a Astorga, invitado por la Concejalía de Cultura, Eduacación e Igualdad de esta ciudad episcopal y gaudiana, sí escribí este texto en homenaje a Miguel Castaño y la libertad, que leyó la Concejala de cultura, Mercedes Rojo

http://www.lacronicadeleon.es/2013/05/20/vivir/la-exposicion-de-miguel-castano-como-reivindicacion-de-la-libertad-de-prensa-183759.htm

http://astorgaredaccion.com/not/1367/la_libertad_de_prensa_como_trasfondo_de_la_inauguracion_de_la_exposicion__miguel_castano__politico_y_periodista_/ 

Con motivo de la exposición que se inaugurará en Astorga sobre Miguel Castaño, quiero rendirle mi pequeño homenaje a este periodista y político leonés, quien fuera Diputado en Cortes por León y alcalde de esta ciudad durante la II República. Fusilado a  manos del ejército franquista unos meses después de que estallara la Guerra Civil/Incivil por atreverse a ejercer la libertad de opinión, de pensamiento, de expresión, Miguel Castaño luchó por una sociedad más justa y democrática. Ese es el precio que a veces (muchas, por cierto) se paga cuando uno aspira a ser libre, nomás, en un mundo castrador, sobre todo en tiempos de convulsión, de crisis, no sólo económica, sino anímica, espiritual, en definitiva.

         La libertad, ese bien tan preciado, ese tesoro, que nos convierte en verdaderamente humanos. El ideal de libertad en un mundo cada día más controlador, acaparador, donde se impone un sistema antropófago, apisonador, que nos acaba devorando. El Gran Hermano nos esclaviza y nos conduce por sus veredas. En realidad, todos y todas formamos parte de este gran rebaño (aunque tendemos a auto-engañarnos), que habitamos los primeros, segundos, terceros… y aun quintos mundos, en los que los propios vecinos y vecinas podrían convertirse, llegado el caso (con frecuencia, me atrevería a decir) en “chivatos” del poder imperante. Dispuestos a juzgarnos, como en un proceso absurdo, kafkiano, y a condenarnos al infierno. El infierno, en verdad, no son sólo los otros sino uno mismo.

            La telepantalla gigante, inmensa, nos vigila donde quiera que nos hallemos y nos impide comportarnos con absoluta libertad. Estamos viviendo, desde hace tiempo, bajo el yugo de la esclavitud (otra forma de esclavitud posmoderna) en la que predomina el tener sobre el ser. Y ahí que nos tienen agarrados. Vivimos, desde hace años, en un mundo distópico, como el que propusieran Orwell en su legendario 1984 o Huxley en Un mundo feliz. Libertad o felicidad. He ahí el dilema. 

         Vivimos dopados por un supuesto bienestar, que no es tal (en el llamado Tercer Mundo ni siquiera podemos hablar de bienestar, antes al contrario) y dejamos de ser libres, de ejercer nuestra libertad (esa, la que debiera guiar al pueblo) en el momento en que sucumbimos al hiper-capitalismo despótico, a los “ismos” (fascismo, nazismo, comunismo…) que desean a todo trapo darnos candela, meternos en vereda, reducirnos a meras marionetas, simples números, autómatas, acabar con nuestra libertad personal, social.

         Deseo que, a través de este homenaje a Miguel Castaño, tomemos conciencia, al menos, del mundo en que vivimos, y hagamos valer nuestra libertad (y la de nuestros congéneres) por encima de todo.

         Un canto a la libertad como algo posible, realizable, en un mundo difícil, en manos de un ente monstruoso, del cual formamos parte y partida, no lo olvidemos. El miedo a la libertad también nos configura.

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