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miércoles, 16 de enero de 2013

La fragua literaria leonesa: Pilar Blanco




 
Pilar Blanco en Carracedo

«Ahora, y casi siempre, estoy en crisis creativa»
La poeta bembibrense, profesora de lengua y literatura en Alicante y autora de El jardín invisible y la luz herida, ha publicado recientemente una antología titulada Con la cal en los dedos.
Poeta nacida en Bembibre, la capital del Bierzo Alto y ahora villa histórica del Reino, Pilar Blanco se define como “oriunda de un rincón de la memoria por el que el tiempo no transcurre ni hiere, solo guarda”. En el fondo, su auténtica matria es la lengua que le enseñaron sus antepasados, la lengua en la que sueña y escribe, incluso la lengua que “da forma al amor que no tiene palabras”.


         En la actualidad, y desde hace años, la autora de La luz herida vive e imparte clases de lengua y literatura en Alicante, ciudad en la que ha escrito, con inteligencia y pasión, una gran parte de su fascinante y desgarradora obra, que bucea en los abismos y recovecos del alma humana para devolvernos una poesía esencial, filosófica (“dichoso el que no sabe”), hecha con muchas interrogantes e impregnada de luz y belleza, sombra y melancolía, mares de silencio y jardines de sueños.                

         “A veces he achacado mi sesgo melancólico a las raíces bercianas con su dosis de ‘noroestina’, quizás por una cuestión de luz, pero lo cierto es que mis libros más desgarrados los he escrito en el Mediterráneo, así que me temo que los paisajes o son del alma o se quedan en decorado. Y el alma se nutre de cualquier circunstancia. Es omnívora”.

         Recientemente, la poeta ha publicado Con la cal en los dedos, una antología editada por la Diputación en la Colección Provincia de Poesía. En esta obra se recoge una muestra de su trayectoria poética (1982-2010), en la que figuran asimismo algún racimo de inéditos como La apariencia o El manantial.

         En realidad, la obra poética de Pilar Blanco, según Ricardo Virtanen, poeta y prologuista de su última antología, se puede leer como un solo libro, cuya temática recurrente, el amor –y el desamor–, el tiempo, la memoria y la muerte, ahonda en una espiral existencialista, que ella misma reconoce, aunque no en exclusiva, porque su decir poético también es meditativo, elegíaco (léase sobre todo su Mar de silencio, con evidentes reminiscencias a Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique).

         En el fondo, la creadora de Ceniza y El jardín invisible –dos de sus mejores poemarios- profundiza en el ser humano desde todos sus ángulos, en lo misterioso de la persona a partir del yo, “pero es un yo que implica necesariamente al otro. Al escribir yo me doy: ‘heme aquí’, que diría Lévinas. No doy respuestas, ofrezco preguntas. Para que quien me lea se reconozca en su misma indagación”.

         Estamos, pues, ante una poeta reflexiva, descreída, que nos habla casi siempre desde el dolor, siempre con voz genuina, porque “el dolor alimenta la verdad” y el saber produce un inmenso sufrimiento. “Casi nunca la plenitud vivida. Esa la apuro, no la escribo”, dice Pilar Blanco, que ha sido galardonada con prestigiosos premios, entre otros, con el Francisco de Quevedo por Vocabulario íntimo, el Miguel Hernández por Ceniza o el San Juan de la Cruz por El jardín invisible.

         Aparte de excelente poeta, que encuentra inspiración en lo que ve, lee (Juan Ramón Jiménez, Gamoneda, Colinas, Valente, por citar sólo algunas de sus fuentes) o se le cruza, Pilar Blanco podría haber sido actriz o periodista de verbo florido o una excelente narradora, que lo es en verdad, porque le gusta contar y jugar con el lenguaje, y también ha hecho sus pinitos en el mundo teatral escribiendo algunas obras para sus alumnos y alumnas de teatro, entre otras Locos por la tele o Una de circo.

         “La ventaja de ser poeta es que no exige ejercer profesionalmente –aclara-. Me gusta el teatro, siempre me ha gustado, y en la vida cotidiana soy básicamente ‘teatrera’. Pero no creo que me encontrara a gusto siendo actriz. Aunque es hablar por hablar”.

         Con su característica ironía y retranca berciano-galaica, la poeta de la revelación, que ha escrito mucho y bien, y que sin duda lo seguirá haciendo mientras las musas no la abandonen, dice que El jardín invisible es el que más le gusta, tal vez porque es su libro más depurado y redondo, en el que logra plasmar breves e intensas composiciones, que se revelan como genuinas reflexiones sobre la vida y la muerte, el tiempo y la memoria, “lo que pasa es que desde entonces hay otros inéditos que quizás me representan mejor. Estoy ya en otro decir. Creo”.

         Y como afirma Hugo Mújica, según ella, “lo nuevo tiene que abrirse espacio entre lo viejo y ese abrir espacio se llama crisis.”

         “Ahora –y casi siempre- estoy en crisis creativa”, remata la poeta.


«La literatura requiere tiempo y poso»

 

—¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
—Releería Poesía vertical, de Roberto Juarroz, La Divina Comedia, tantos…
Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
—El héroe desinteresado. O el perdedor heroico. En ambos.
—Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
Herrumbrosas lanzas es uno de los que se me cayó de las manos. En cuanto a autores, tengo muchas fobias de las que prefiero abominar para mis adentros.
—Un rasgo que defina tu personalidad.
—Solitaria con visos de asocial.
—¿Qué cualidad prefieres en una persona?
—La conciencia ética endulzada por la sensibilidad.
—¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
—La política ha pervertido los valores de la sociedad y la perversión de los valores de la sociedad permite, cuando no alienta, la perpetuación de una clase política viciada. En este apartado es imposible una respuesta breve. Y educada.
—¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?
—Palabrear sobre lo divino y lo humano jugando a no creer que la vida iba en serio.
—¿Por qué escribes?
—¿Por qué respiro?
—¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
—Huy, no. A mí solo me sirven para curiosear, para lo inmediato. La literatura requiere tiempo y poso. Lo que en las redes escribo es fugitivo, de usar y olvidar. Quizás lo demás también, pero la pretensión es otra.
—¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
—Son subterráneas, así que no las puedo acotar. La vida y la propia literatura, supongo: acción, reflexión y emoción.
—¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
—No. Y menos con entusiasmo. Mi indisciplina es refractaria al compromiso reglado que exige llevar un blog, y ya no digo a adquirir las mínimas destrezas técnicas…; en cuanto a su lectura, me cuesta fijar la atención en una pantalla, por eso huyo de las bitácoras con demasiadas pretensiones eruditas. Para algo serio preciso otro formato, lo cual me coloca en una obsolescencia no programada que delata mi edad más que las arrugas.
—Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
—Hay muchas y cambian según me encuentre. Ahora me siento identificada con el ‘Fiat lux’. Quizás porque son tiempos sombríos para todos y la luz (de la razón, de la pasión, de la voluntad, de la verdad… hace más falta.








       

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