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martes, 29 de enero de 2013

La fragua literaria leonesa: Noemí G. Sabugal

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/la-literatura-es-mas-libre-que-periodismo-_764607.html

Noemí G. Sabugal

«La literatura es más libre que el periodismo»

La periodista y narradora leonesa, autora de la premiada ‘El asesinato de Sócrates’, publicará este mes de febrero su segunda novela, ‘Al acecho’

 

Fascinada por la palabra y la comunicación, Noemí G. Sabugal es una periodista vocacional y una joven narradora leonesa, nacida en Santa Lucía de Gordón, que está teniendo gran proyección en el panorama de la literatura española a resultas de la publicación de El asesinato de Sócrates y en breve Al acecho, que verá la luz el próximo mes de febrero.

“Me gusta la novela negra, y la considero un fantástico escalpelo para diseccionar la sociedad”


            Con su primera novela, El asesinato de Sócrates (Ed. Alianza, 2010), fue finalista del XI Premio de Novela Fernando Quiñones y resultó elegida por el Ministerio de Cultura para representar a España en el XI Festival Europeo de Primera Novela de Budapest. “La elección de El asesinato de Sócrates para el XI Festival Europeo de Budapest significó la traducción de extractos de la novela y varias reseñas en periódicos húngaros sobre la obra. También me dio la oportunidad de conocer a escritores del resto de Europa con los que pasé unos días estupendos y comprobé que compartía muy parecidas expectativas y temores”, señala. “Sin embargo para que una novela traspase fronteras hace falta otra editorial además de la del país de origen. Pero todo llegará, seguro”, añade con realismo optimista.
            Todo llegará, claro que sí, porque Sabugal ha conseguido el Premio de Novela Felipe Trigo en la XXXI edición por su segunda obra, Al acecho (Ed. Algaida, 2013), con la que se siente satisfecha porque “va mucho más allá que la primera, es más compleja y ambiciosa (literariamente) y me ha exigido mucho más”.
            Ambas novelas tienen un nexo común, a saber, el género negro en que podrían incluirse, por sus historias criminales.  Sin embargo, Sabugal aclara que el hecho de que sus dos primeras novelas publicadas se puedan encuadrar en el género es circunstancial. “Me gusta la novela negra, sin duda, y la considero un fantástico escalpelo para diseccionar la sociedad… Más adelante vendrán otras historias”. 

 “Mis personajes femeninos suelen ser más positivos que los masculinos, más afectivos y nobles”

            Con El asesinato de Sócrates nos muestra la vida de una pequeña ciudad desde el punto de vista de su protagonista: un inspector de Policía, que es un personaje caracterizado como un “indigente emocional”, incapaz de quererse y de querer a los demás, un reflejo, en el fondo, de la sociedad en la que vive.
            Para Noemí Sabugal es muy importante la creación de personajes. Confiesa su querencia por los personajes perdidos, complejos y torturados (véase al prota de El asesinato de Sócrates) porque “tienen mucho más que decir sobre el lado negativo del ser humano”, y es que la buena literatura, como dijera un afamado escritor, no se hace con buenos sentimientos, antes al contrario, y los personajes “desequilibrados” siempre acaban dando más juego y sustancia, no sólo en la literatura, sino en la propia vida. “Mis personajes femeninos suelen ser más positivos que los masculinos, más afectivos y nobles… También es muy importante para mí sugerir en lugar de enunciar. En la vida no siempre decimos lo que pensamos o sentimos, son nuestros actos los que al final nos quitan la máscara”.  Por eso tal vez a Sabugal le gusta escribir sobre lo marginal y diferente, el conflicto y la obsesión, además de preguntarse por qué somos como somos.
            Con su segunda novela, Al acecho, que toma el título de El hombre acecha, de Miguel Hernández, nos invita a reflexionar sobre hombres al acecho en el marco de los meses previos a la Guerra Civil, “que pudo no haber ocurrido nunca y de esa forma no tendríamos un país con víctimas bajo las cosechas”.

 “En la vida no siempre decimos lo que pensamos o sentimos, son nuestros actos los que al final nos quitan la máscara”. 

            Como periodista ha trabajado para distintos medios de comunicación, no sólo provinciales, sino de ámbito nacional, siendo reconocida su labor en 2005 con el Premio de Periodismo de Castilla y León Francisco de Cossío por su reportaje, De cruce de caminos a cruce de culturas, sobre la inmigración en el barrio leonés del Crucero. “Para mí este premio fue una sorpresa inesperada y un estímulo, claro. Sobre todo por un reportaje que realmente disfruté y que estaba en la línea del periodismo social que me gusta hacer”, dice la creadora de Demasiado humano. Pinocho,  un relato hipnótico y sensual que indaga acerca de lo que nos hace humanos. Y cuyo escenario fundamental es la embriagadora ciudad de Marrakech.
            Noemí Sabugal es consciente de que “el periodismo está viviendo un cambio de modelo a causa de Internet y esto está provocando una esquizofrenia en los medios tradicionales, sobre todo en los periódicos, que a veces intentan competir absurdamente con la inmediatez de un medio totalmente distinto en vez de defender su propio modelo y basarse en un periodismo bien escrito (más literario, si se quiere), documentado, con artículos y reportajes de fondo”. “De todas formas, el futuro está en la versatilidad –añade-. Internet hace mucho que ha dejado de ser el reino del periodismo fácil y rápido”.
            Ahora la periodista y narradora leonesa -para quien “la literatura es más libre que el periodismo, pero también más solitaria”-, está escribiendo una nueva novela que narra una historia de segundas oportunidades. “Este año publicaré algunos relatos en antologías”, especifica Sabugal, que recuerda con afecto su infancia rural,  llena de lecturas; las montañas calizas, la minería, y los inviernos fríos y nevados de su tierra.

«Política y sociedad somos nosotros»

—¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
—Me resulta difícil elegir uno solo, pero me gusta más releer poesía que narrativa.
—Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
—La genética me dice que, en la vida, mis padres. En los libros no hay ningún personaje imprescindible por sí mismo, la literatura es muy amplia, hay muchos países. Un español diría el Quijote; un británico, tal vez Sherlock Holmes. Y las comparaciones son odiosas.
—Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
—De los libros insoportables no hablo, los cierro. ¿Autores insoportables? De momento ninguno con el que me haya tomado un café.
—Un rasgo que defina tu personalidad.
—Intento ser constante en la constancia.
—¿Qué cualidad prefieres en una persona?
—La bondad, claro. Y, si concreto más, la empatía: la capacidad para ponerse en el pellejo de otra persona y comprender.
—¿Qué opinión te merece la política y la sociedad actual?
—Huy, corta pregunta que sólo se contestaría adecuadamente con una respuesta de más de mil palabras o un libro. En fin, la sociedad somos nosotros y la política también. ¿Qué pensamos de nosotros mismos?
—¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?
—Con no tener preocupaciones casi me conformo, pero Woody Allen no está mal.
—¿Por qué escribes?
—Por muchas y variadas razones. Para no ser siempre yo, para ser el malo, para protestar, para sufrir y reírme. No sé, por vicio.
—¿Crees que las redes sociales sirven para ejercitar tu estilo literario?
—No, creo que el estilo se desarrolla ante la página en blanco y se muestra después, si es que existe. Las redes sociales están para otra cosa.
—¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
—Mis referencias literarias son heterogéneas y ahí estarían Clarín y Bradbury, Rulfo y Hammett, Salinas y Herta Müller, Flaubert y Nabokov, entre otros muchos y muchas. Y crecen cada día.
—¿Escribes o sigues algún blog porque te parezca una herramienta literaria?
—Internet es la moderna biblioteca de Alejandría y en él hay de todo, pero la mejor ‘herramienta’ es leer mucho y escribir mucho.
—Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
—No me van mucho los lemas, pero me gusta el de ‘Nosce te ipsum’: conócete a ti mismo.

 

 

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