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jueves, 10 de noviembre de 2011

Kroke (Kraków o Cracovia)


Los chicos de Kroke, ataviados con sus camisas blancas y sus característicos sombreros, volvieron a darnos un vuelco al corazón, o al alma, con sus sonidos. Una música en verdad hipnótica, con un Kukurba soberbio, que se comió el escenario él solito, como los grandes... actores, capaces de hablar con lo profundo de su voz, como también saben hacer los grandes instrumentistas, gracias a su dominio del violín, al que hace hablar, acaso yiddish, y con su voz poderosa, capaz de llevarnos a las estrellas, para que en definitiva comulguemos con el universo en expansión. Qué cosas digo, santo dios, parece que talmente me hubiera entrado el misticismo en el cuerpo o quizá me hubiera reencarnado en judío. Confieso (sigo religado a alguna divinidad) que me emocionó este concierto. Más incluso que otros suyos, porque este trío de rapaces polacos improvisan, juegan con la música, para devolvernos algo sagrado. Definitivos. Que la paz sea con vosotros, Shalom o Salaam, tal como me  sugiere que os grite José Luis Moreno-Ruiz. 



Permitidme que os deje este texto, que escribiera Ramón Trecet (en tiempos artífice del programa musical Diálogos 3, en Radio 3) a propósito de Kroke:



Kukurba
Es demoledor, en esta época de música de plástico, músicos huecos y periodistas que se quedan cerca de cajeros automáticos porque han visto que hay una cámara, KROKE sale al escenario en cualquier parte de Europa y ofrece una sublime mezcla de creatividad, arte, artesanía y carisma escénico. Es tan demoledor que cuando empiezan a tocar te ves aplastado contra la pared como si fueses un sello y ahí permaneces dos horas, sello aplastado contra la pared de nuestras limitaciones a la hora de asimilar el caudal de creatividad. Y te dices “no es posible”, mientras sientes que esta siendo. Y te vuelves a decir “ya no quedaba de esto”, mientras los polacos despliegan ante ti el cóctel que los hace grandes, creativos, sencillos como E=Mc2, mientras Stanley, que eres tu, encuentra al perdido Livingston, que es la música.
La gran reserva de creatividad europea se ha desplazado hacia el este, Hungría, Polonia, Macedonia, Rumania, Grecia, Turquía. Un violinista, para ser bueno, tiene que competir con 20.000 otros violinistas. No han perdido el fundamental concepto de que sin tocar como virtuosos lo demás no es posible. Y sobre esa plataforma elaboran todo lo demás. Cuando ese virtuosismo se pone al servicio de una energía creativa exuberante, surgen grupos como Kroke.  Ritmos que son pulsaciones, guiños a una cierta manera de entender la improvisación, líneas melódicas que harían llorar de emoción a Goya y a Beethoven, por poner ejemplos de genio malhumorado… Pero conquistado. Utilizando con economía ejemplar la tecnología mas avanzada, estos cuatro músicos de Cracovia ocupan el escenario como si fuesen doce o catorce. Si explotan rítmicamente, te darás cuenta cuando empiecen a dolerte las manos (“¿Estaba aplaudiendo?”) y si deciden “cantar”, recordarás el estremecimiento que te producía escuchar  los vinilos de Pink Floyd de tu hermano mayor. Seria muy increíble lo que estoy contando… Si no fuese porque aun hay más. Kroke es un grupo en el que hay un músico que escapa a cualquier calificativo. Habrá que inventarse nuevos adjetivos para hablar de Tomasz Kukurba. Tiene firmado un pacto con los dioses. Cuando empieza a tocar, su cuerpo parece una marioneta de guiñol, agitado por una posesión que obligatoriamente le hace moverse espásticamente. Parece decirte “fijaos como me esta destrozando la música y que entero acabo”. Kukurba es un rayo láser que inmediatamente  toma posesión del escenario y establece contacto con tu yo mas intimo. Te puede “matar” de diez formas distintas, depende de la noche, porque claro, hay que decirlo sencillamente, sin levantar la voz, sin alterarse mucho. Nunca repiten el mismo concierto. Nunca.
Yo les he visto ocho veces y cada uno era el primero. Y el siguiente, el primero. Que disfrutéis, pero ya os anticipo que vais a tener un problema: Vais a empezar a buscar como locos donde les podéis ver otra vez.

2 comentarios:

  1. ¿Violín dices?
    ¡Qué patas metéis a veces los que os subís al carro de la música en el último momento!

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