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miércoles, 28 de julio de 2010

Amsterdam, ciudad de cuento













Es probable que Amsterdam sea mi ciudad europea preferida, y tal vez por esto es una de las ciudades que he visitado en varias ocasiones, en muchas ocasiones, diría, aunque lo que en verdad me gustaría es vivir una temporada en esta ciudad de cuento, colorida y excitante, tocada por la inspiración humano-divina, ciudad-fetiche, ciudad-bicicleta, ciudad-museo al aire libre, ciudad de belleza comestible, carnosita y deliciosa, con aroma a hachís y marihuana, a fluido rojo... sólo hay que callejear por su belleza encarnada y fosforescente, por los puentes de esta tela de araña, que te atrapa y te engatusa, que te convida a amarla sin interrupción, con un alucinatorio y delirante sentido de la subconsciencia.

Vuelvo a Amsterdam, después de mi último viaje Interrail por Europa, y lo hago en avión, que es otro modo de viaje, quizá menos poético que en tren, aunque elevarse por los aires tiene su encanto y procura cierto grado de éxtasis. Despegar se me antoja "pura levitación".
En esta ocasión viajo acompañado, lo que da sin duda otra dimensión al viaje. Ahora que me da por recordar, la primera vez que puse los pies en esta ciudad también lo hice en compañía. No obstante, el viajero, habituado a viajar solo, descubre o redescubre otra forma de sentir, porque al fin viajar, la mejor forma de viajar -como nos recuerda el poeta Pessoa- es sentir, sentirlo todo excesivamente, porque todas las cosas son, en verdad, excesivas, y toda la realidad es un exceso, una violencia, una alucinación extraordinariamente nítida, que vivimos todos en común con la furia de las almas.

Aterrizo en Schiphol, que se perfila al igual que la ciudad como una tela de araña, y desde ahí -abajo- me encamino, en el trenecito amarillo de las ilusiones, hacia la Estación Central (Centraal Station), cuyo arquitectura me resulta similar a la del Rijksmuseum. Luce el sol y se espera un día hermoso, como linda es la ciudad...
Si Amsterdam es una ciudad de cuento, Holanda -Holland- también se me hace un país de hadas, principitos y querubines, de hadas bellísimas, con los ojos marinos de lo celeste y la sensualidad de lo hechizante, y príncipes aguerridos, montados en la bici de lo libertario.
Viajar a Holanda es como hacerlo a través de un cuento de infancia -nuestra única patria verdadera-, si nos fiamos de Rilke, gran poeta checo, que viajó por España y escribió un interesante epistolario.

Viajar a Holanda -ese país excelso y coqueto bajo el mar y por encima del cielo sagrado de las promesas-, es montar en bicicleta, erotizar los movimientos, lamer luz roja, acostarse con la polisemia, beber cerveza en la fábrica de Heineken, comer arenques en Volendam y queso y leche evaporada en Monickendam, echarse una siesta en alguna pradera tulipanada, a orillas de algún canal de ensueño, y poner en marcha las aspas de un molino de viento, sintiéndose Quijote por un momento, sintiéndose manchego y universal en una sin par aventura, atrevida, exquisita, hecha a medida humana, sintiéndose berciano y universal en Tierras Bajas (Neederland).

Amsterdam es una ciudad hecha a escala humana, ganada al mar, construida y reconstruida por el ser humano, ciudad bucólica y bohemia, que tuve la suerte de visitar por primera vez en la Semana Santa de 1989, en compañía de una amiga, Rocío. Luego, en 1992 -mientras disfrutaba de una Erasmus en Francia-, emprendí de nuevo ruta Interrail hacia la ciudad de los Coffees. Ya en 1993, provisto con otro billete Interrail y habituado a lo que se guisa y se come en esta ciudad holandesa, me introduje, quizá por la gatera de la surrealidad, en su alma. En agosto de 1993, en el hostel de Haarlem, que queda a unos pasitos en tren de Amsterdam, conocí a dos italianas de Milano, o cerca de Milán. Las hermanas Simona y Elisa Brunelli. Simona era morena y cariñosa, y Elisa una gran conversadora. Pero mis deseos de visitar Copenhague me apartaron de ellas. Mi billete Inter-rail estaba llegando a su fin, con lo cual decidí, no sé si acertadamente, prescindir de su compañía para continuar mi viaje a la ciudad de la sirenita y la luminosidad pictórica. Sentí pena -debo confesarlo- por tal apresurado desenlace con las chicas italianas.
Continuará.



martes, 27 de julio de 2010

Mestre, hijo predilecto del Bierzo




Mestre, el Príncipe Bendecido, el Grande, el maestro, el poeta del Bierzo, el villafranquino universal es, desde ayer, Hijo Predilecto de nuestra comarca. Título, honor que bien se merece este sublime trovador, profeta y poeta en su tierra y en todo el universo.
Con un discurso coherente y conmovedor hasta hacernos saltar las lágrimas, Juan Carlos, nuestro paisano y amigo, nos elevó, una vez más, por encima de nuestras miserias, acercándonos a nuestros antepasados, aquellos que inventaron la Vía Láctea y dieron a la intemperie el nombre de necesidad, aquellos que nos han legado su voz, su voz poética, como Gil y Carrasco, Gilberto Ursinos, Ramón Carnicer, Toñín Guerrero, Antonio Pereira..., a los inocentes, desamparados, a los santos inocentes, a los mineros, carpinteros, campesinos, herreros, panaderos, a los que duermen sobre la sangre helada de los martillos... queridos compañeros, a todos cuantos han forjado y conformado, con su sangre, sudor y lágrimas, nuestra historia, nuestra identidad, a todos aquellos que el poder silencia y aparca en las cunetas, a esos que tienen una voz verdadera y una presencia real, una voz bajo la forma de herida, voces puras cuyo país es su alma, porque la suya es cercana, familiar, certera, auténtica, generosa... y nos invita a ser algo más espirituales.


Gracias, querido Juan Carlos, por hacernos vibrar al ritmo melodioso de tu prosa poética, de tu excelsa poesía, esa la que borda la ternura sobre los valles del Bierzo, país de la ribera donde balan las corzas, la que nos habla directamente a las entrañas sobre las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo, sobre la dignidad humana, la dignidad que silba desde el cielo, porque las estrellas son para quien las trabaja, bajo algún cerezo de la melancolía, sobre las aldeas y la alta obsidiana de los montes, sobre lo bueno/bello. Salud y libertad, entrañable Mestre.

viernes, 23 de julio de 2010

El valle de Noceda del Bierzo




Me alegra saber que lo que uno escribió, hace ya un montón de años en el Filandón de Diario de León, luego en la web del Colectivo La Iguiada, El Bierzo y su gastronomía, etc. (con variaciones, matices, añadidos... sobre Noceda y sus fuentes medicinales), sea ahora, desde hace tiempo, fuente de inspiración (valga la redundancia, intertextualización o simple corta y pega) para muchos. 

Volveremos a ti, Noceda del Bierzo, tierra agraciada y mil veces paradisíaca.
Volveremos a ti, a saciar la sed en tus fuentes, a degustarte, toda tú, desde El Mirador de La Gualta; y comprobaremos, una vez más, que tú eres nuestro útero...
1. Introducción

El valle de Noceda, tal vez uno de los valles más hermosos del Bierzo, es probable que fuera, en tiempos remotos, un gran lago. Un lago que aún hoy nos sigue haciendo soñar. Puede que este lago no sea más que una hermosa leyenda. En cualquier caso, esto es algo que nos invita a fantasear y/o reinventar la realidad.
El río Noceda, que tiene su nacimiento en la sierra de Gistredo, recorre todo el valle. El cauce del río es utilizado, a su paso por la villa, como fuerza propulsora de un buen número de molinos de agua. Unos molinos que antiguamente eran utilizados para moler el trigo y centeno con que se hacía pan artesano. Incluso en la actualidad algunos lugareños siguen moliendo en ellos. Hay un total de siete molinos a lo largo de los diferentes barrios del pueblo. Uno de ellos, el Molín de Ampuro, sigue siendo como nuestro molino fetiche. Varios de estos molinos han sido restaurados y permanecen abiertos al público en la llamada Ruta de los Molinos.
Por otra parte, se pueden visitar el Lagar “El Alvarico” y el Horno “Las Matildes”. Lagar y horno, convenientemente restaurados según la tradición, han servido en más de una ocasión festiva para prensar mosto y cocer pan.
También existen en Noceda varias iglesias y ermitas de interés turístico. Hay una, en especial, que fue considerada como el centro religioso del Bierzo Alto. Es la Ermita de las Chanas. A esta ermita se han acercado gentes de muy diversos lugares, con el fin de realizar alguna petición o promesa a la virgen de Las Chanas. Una virgen muy venerada entre la población berciana. Cada año, el 15 de agosto, se celebra una romería en torno a este lugar sagrado.

2.- Las fuentes medicinales

Desde La Fuente del Rubio se divisa, al norte, El Mirador de La Gualta, riscoso, como un castro o castillo romántico, gaélico tal vez, nimbado en misterioso color aluminio. El mirador se perfila como un coche antiguo, museal, estilo Tiburón, dice una excursionista. Al sur se atisba una parte de Noceda: los barrios de Río y San Pedro, y al fondo se entreve la cola o cabeza de una culebra majestuosa tendida en un lecho de color verde esmeralda. Es el bario de Vega. La impresionante Sierra de La Guiana raya el horizonte.

Si los viandantes se sintieran extraviados, siempre podrían contar con el re-curso del río: síganlo y terminarán alcanzando y aun tocando La Catarata de La Gualta, antes de coronar el Mirador.



El agua de la Fuente del Rubio, a la cual se puede acceder desde El Mouro por un sendero que se eleva en zig-zag entre robles (fuyacos, dicen en la zona), escobas silvestres y urces, tiene propiedades oligominerales y es bicarbonatada sódica. Hay quienes aseguran que el agua que mana de este caño fortalece los huesos, es saludable para el reúma, previene la caries y da mucha vida.
La Fuente del Azufre se encuentra en un paraje selvático, donde una hay una cascada espectacular.. El agua bicarbonatada mixta de esta fuente tiñe y salpica de color rojizo a quienes se acercan a echar un trago. Se dice que quien bebe este agua, acaba teniendo un apetito comparable al de un león. Por lo que es un buen lugar para interrumpir el caminar y disfrutar de la merienda.
El manantial de la Salud, también conocido como el manantial de la Doncella, pues el agua brota a chorros por entre un manto de musgo, es otro lugar en el que el visitante debe reposar. Basta asomar el morro al caño, clorurado y salutífiero, para sentirse embriagado... de gusto.



Los visitantes, no satisfechos con los manantiales, pueden dejarse arrullar por la catarata de La Gualta. Un poderoso chorro de agua cae a plomo desde unos treinta metros de altura sobre un pozo, en el que los excursionistas pueden descansar a pata suelta. Esta catarata nos hace recordar un anuncio publicitario, fragancia Fá o Heno de Noceda.
El visitante puede acabar coronando el mirador de La Gualta, donde el viento de la sierra alivia el sudor del caminante. Desde esta posición privilegiada se puede contemplar el hermoso y sublime valle de Noceda, como una inmensa corola de genciana, tal y como escribiera nuestra entrañable Felisa Rodríguez.

3.- Los castros

El valle de Noceda del Bierzo, que es zona abundante en yacimientos arqueológicos y explotaciones auríferas, cuenta con un total de trece castros -mineros en su mayoría-, y siete explotaciones auríferas romanas.



De los trece castros, el de La Forca es el único que no está relacionado con una explotación minera. Se podría considerar como posible yacimiento prerromano. Tiene una gran superficie habitable, conserva una posición estratégica de control y posee el mejor territorio agrícola de todo el valle de Noceda. Sobre este castro se han hallado varias tumbas, prueba evidente de la existencia de una necrópolis.
En Soñando tesoros por los castros de Noceda, la poeta Felisa Rodríguez nos cuenta extraordinarias leyendas en torno a estos fortines, y nos recuerda que en el corón de Fuentetorres apareció, cual diosa de la fecundidad por una cara y dios de la inmortaliad por otra, el Ídolo de Noceda. Una preciada y preciosa figurilla, que a veces me hace recordar a El halcón maltés. Este Ídolo, perteneciente a la civilización megalítica, se halla en las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, aunque los museos de Noceda y de Ponferrada cuentan con dos reproducciones del mismo.



Este elevado número de castros mineros hacen de la cuenca de Noceda una de las más explotadas por los romanos. Y tal vez sea éste el valle más rico en cuanto a yacimientos arqueológicos que hay en el Bierzo Alto.