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sábado, 14 de marzo de 2026

Los domingos, de Ruiz de Azúa, en Cines La Dehesa de Ponferrada

Los domingos, la multipremiada película de la talentosa directora vasca Alauda Ruiz de Azúa, ganó cinco premios Goya, entre otros, a la mejor película, mejor dirección y mejor guion original, cuya responsable es ella misma, además de a la mejor actriz (Patricia López Arnaiz) y a la mejor actriz de reparto (Nagore Aranburu). 

Me entusiasma esta película -el cine que he visto de Ruiz de Azúa-, porque tiene un estilo reconocible, como ocurre con todos los grandes, las grandes del Séptimo arte. Tanto Los domingos como Cinco lobitos, su primera película, con la que ganó el Goya a la mejor dirección novel, son historias íntimas centradas en relaciones familiares. En Cinco lobitos nos muestra su experiencia como madre primeriza, "la idea surge de mi primera maternidad y de enfrentarme a algo de lo que no encontraba mucho relato y tenía muchos momentos de crisis y cosas bonitas, llenas de altibajos", dijo la directora de Barakaldo Alauda Ruiz de Azúa. 

En sus películas imprime su sello de realismo emocional a través de un ritmo pausado y reflexivo, con escenas largas, silencios significativos, que nos permite, como espectadores, observar las emociones de los personajes (a los que sentimos de carne y hueso y con quienes nos identificamos) aparte de ayudarnos a reflexionar sobre lo que ocurre. Los diálogos son naturales, las actuaciones contenidas, las emociones sutiles y complejas sobre el amor, el miedo, la culpa, las dudas. Me hace recordar al cine del director sueco Bergman. https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html 

Lo cierto es que existen similitudes entre el cine de Ruiz de Azúa y el maestro Bergman en el tratamiento íntimo de los personajes y los conflictos interiores (los dilemas personales y emocionales). También en ambos cines se emplean mucho los primeros planos (las miradas, los gestos, el rostro humano como espacio dramático), las actuaciones contenidas, los silencios significativos, las dudas espirituales. Aparte de Bergman, el cine de Ruiz de Azúa -íntimo, realista y centrado en la familia-, es deudor del cine de la Nouvelle Vague de Eric Rohmer, cuyas películas abordan decisiones morales, amorosas o espirituales mediante conversaciones y pequeños gestos. https://cuenya.blogspot.com/2010/01/rohmer.html

Ya había escrito una reseña sobre Los domingos cuando la presenté en los cines Van Gogh de la ciudad de León. Pero ahora es un buen motivo y momento para volver a escribir sobre esta magnífica película, que proyectaremos en los cines La Dehesa de Ponferrada el próximo martes 17 de marzo. https://cuenya.blogspot.com/2025/11/los-domingos-de-alauda-ruiz-de-azua.html

Visualmente, su cine está hecho con luz natural, en espacios cotidianos (casas, calles...). Su puesta en escena es sencilla y centrada en la historia y las emociones de los personajes. Su cine sobresale por el guion y los personajes.

En Los domingos, la directora, además de elegir el estilo visual (cámara, escenas, ritmo) y coordinar el trabajo de todo el equipo de cine, decidió cómo contar esta historia sobre la joven Ainara, dirigiendo por supuesto a todo el elenco actoral.  

Ainara sorprende a su familia (también a los espectadores/as) porque quiere entrar en un convento de clausura, lo que crea un conflicto familiar. Y nos lo cuenta con estilo naturalista y con verdad emocional, centrándose en los personajes, en sus emociones y en la vida cotidiana, donde los silencios y las miradas son tan importantes como los diálogos, que suenan espontáneos (los actores/las actrices hablan de forma natural, como si no estuvieran interpretando un papel). Las conversaciones familiares se sienten como si fueran nuestras propias conversaciones. Las escenas parecen reales, como momentos de la vida diaria, de modo que sentimos que estamos observando a personas reales en vez de observar a personajes. En su cine es muy importante el subtexto emocional, aquello que los actores/actrices no expresan con palabras sino con sus miradas, sus reacciones emocionales contenidas. Por eso, como directora, hace un trabajo detallado con su elenco actoral antes y durante el rodaje para que comprendan la historia personal de sus personajes, de sus motivaciones internas, de sus conflictos emocionales, lo que les permite construir interpretaciones complejas pero muy sutiles. En sus películas, como Cinco lobitos y Los domingos, las relaciones entre los personajes son esenciales. Por eso trabaja las dinámicas entre ellos, la naturalidad en conversaciones grupales, la familia real. Su estilo de dirección deja espacio a los actores/actrices para explorar sus personajes y dar pie a interpretaciones orgánicas y sinceras en escenarios cotidianos, como es el caso de Los domingos, que emplea los espacios de rodaje para contrastar dos mundos, la tensión familiar en la casa del padre y la tía de Ainara y el orden del convento, aparte de los exteriores como espacios de libertad y elección personal. 

Los espacios de rodaje son la casa familiar de Ainara, que muestra la vida cotidiana y los conflictos domésticos, las conversaciones entre Ainara y su padre, las discusiones con la tía Maite; se trata de espacio interior, cerrado, que refleja la tensión familiar y la vida en torno a la memoria de la madre fallecida. Por otro lado, la casa de la tía Maite, que simboliza la influencia del mundo exterior y la razón frente a la vocación religiosa, un lugar de protección y guía para Ainara, donde la tía intenta convencerla de reconsiderar su decisión de hacerse monja de clausura, en este caso se trata de un lugar más abierto que la casa familiar de Ainara, con espacios luminosos que contrastan con la rigidez emocional de la casa paterna. Asimismo, está el convento, que representa la introspección, la disciplina, donde Ainara quiere ingresar, con espacios silenciosos: claustros, celdas, capilla, iluminados con luz natural tenue, y donde Ainara acaba interactuando con la madre superiora. Y también se nos enseñan exteriores a través de algunos planos de calles, parques o plazas de la ciudad, que refuerzan la idea de que la vida cotidiana y la sociedad siguen su curso mientras Ainara toma la decisión de hacerse monja de clausura. Estos exteriores nos muestran el contraste entre un mundo abierto y flexible y la vida cerrada del convento. Predominan las escenas filmadas en interiores.

El guion original -no está basado en un libro ni en otra obra previa, sino escrito directamente para la película- nos cuenta una historia íntima y familiar, centrada en Ainara, una chica de 17 años que le dice a su familia que quiere entrar en un convento de clausura, lo que provoca conflictos, dudas y conversaciones profundas dentro de la familia. Los diálogos son naturales, suenan a conversaciones reales entre padres, hijos y hermanos. A veces son frases simples pero cargadas de emoción. Se aborda la fe, la libertad personal, la relación entre padres e hijos, el miedo de la familia a perder a alguien que aman. Muchas escenas ocurren en situaciones normales como comidas familiares, conversaciones en casa, silencios o miradas entre los personajes. El guion, que tiene una estructura narrativa clásica de tres actos, con un estilo íntimo y pausado, muestra conflictos emocionales reales, y deja espacio para que los espectadores interpretemos los sentimientos de los personajes.

Estructura de guion, con planteamiento, nudo y desenlace 

En el planteamiento se nos muestra la familia protagonista y su vida cotidiana. El ambiente familiar: relaciones, rutinas y carácter de cada miembro. La protagonista Ainara anuncia que quiere entrar en un convento de clausura, una decisión que sorprende y preocupa a toda la familia, que se convierte en el conflicto principal. 

En el nudo se desarrollan los conflictos emocionales. Aparecen discusiones familiares y dudas. Ainara reflexiona sobre su fe, su vocación y su futuro. El guion se centra en conversaciones intensas, silencios y momentos de reflexión; el choque entre la libertad personal y el amor familiar. 

Y en el desenlace la familia debe aceptar o enfrentarse a la decisión de Ainara. Con un final emocional y reflexivo, más centrado en sentimientos que en acción, donde lo importante es la evolución emocional de los personajes.

El guion funciona bien porque utiliza recursos narrativos sutiles como el conflicto que mantiene la tensión dramática (interno: Ainara consigo misma, porque quiere ser monja de clausura, con sus dudas, y externo: Ainara con su familia), el subtexto (lo que los personajes sienten o piensan, pero no dicen directamente), los silencios (aumentan la tensión emocional, hacen que las escenas sean más realistas, permiten que el público sienta lo que pasa sin explicarlo todo). A veces la cámara se queda en los rostros de los personajes mientras podemos percibir lo que sienten. 

Interpretaciones

En cuanto a las interpretaciones, cabe resaltar a Patricia López Arnaiz, que ganó el premio a mejor actriz en los Goya por su papel esta película. Su interpretación resulta natural, realista, creíble y emocionalmente sutil. Parece una persona real enfrentándose a un problema familiar, a través de silencios y expresiones faciales, transmitiendo sentimientos de preocupación, amor y miedo mediante miradas (su mirada es magnética), gestos, cambios en el tono de voz. Su personaje representa a la tía Maite, que en realidad ejerce de madre (o segunda madre), la cual intenta entender la decisión de su sobrina/hija, interpretada por la joven actriz Blanca Soroa, con su primer papel importante en cine, cuya actuación resulta también sutil, introspectiva, auténtica, transmitiendo lo que siente, que es una fuerte atracción por la fe, y lo hace con miradas, silencios, gestos. Se mantiene segura en su decisión de ser monja, aunque con dudas propias de la edad, lo que aumenta el conflicto dramático.

La tía Maite funciona como el contrapunto del padre de Ainara. La tía Maite está presente emocionalmente después de la madre de Ainara, que ha fallecido. Y Ainara halla en su tía (hermana de su padre) el cariño y apoyo que no recibe de su propio padre. La tía Maite me parece un personaje extraordinario, podría decirse incluso que es la protagonista, se muestra atea y crítica con la religión, convencida de que la decisión de su sobrina está tomada con rapidez antes de haberla reflexionado. Y le insiste en que viva experiencias antes de tomar una decisión tan radical. La tía Maite, que representa el escepticismo frente a la fe, ejerce como protectora y guía de Ainara.

Por su parte, está el papel interpretado por el padre de Ainara (Iñaki, hermano de Maite), que hace el actor Miguel Garcés, un personaje complejo y ambiguo ante la decisión de su hija de querer hacerse monja de clausura, aunque él dice respetar su decisión, pero al mismo tiempo no sabe cómo acompañarla en el proceso ni enfrentarse al conflicto familiar. Está viudo y se siente desbordado tras la muerte de su mujer (la madre de Ainara) porque tiene que ocuparse de la educación de Ainara y sus otras dos hijas. Y eso nos lo muestra como un ser emocionalmente ausente. Con un punto de egoísmo, preocupado sobre todo por los asuntos económicos y por rehacer su vida sentimental más que por su hija Ainara. Un padre con dudas, confundido, distante, con falta de habilidades sociales/emocionales para entender lo que le ocurre a su hija Ainara. 


Otro papel importante recae en la actriz Nagore Aranburu, que interpreta a la madre superiora del convento de forma sobria, serena, controlada, con autoridad silenciosa, sin levantar la voz, pues habla con un tono pausado y gestos medidos, construyendo un personaje que contrasta con el caos emocional de la familia de Ainara, lo que le valió el premio Goya a mejor actriz de reparto. Su presencia transmite calma, disciplina y seguridad. Para Ainara, la madre superiora, quien evalúa si la vocación de Ainara es auténtica, representa un refugio. En realidad, representa, a través de la institución religiosa, la posibilidad de una vida espiritual distinta a su mundo familiar. El personaje encarnado por la guionista y actriz vasca Nagore Aranburu ayuda a mostrar mejor el conflicto emocional dentro de la familia cuando Ainara decide que quiere ser monja de clausura.  

Como personaje secundario está el marido de la tía Maite, interpretado por el actor y director argentino Juan Minujín, que tiene un carácter tranquilo y conciliador frente al carácter fuerte y combativo de Maite. Se nos muestra neutral o menos implicado que su mujer en la decisión de la adolescente Ainara de hacerse monja. Aporta equilibrio emocional.

Otros personajes secundarios son las hermanas de Ainara, que se muestran confusas y hasta incrédulas de la vocación de Ainara. Ayudan a reforzar la tensión familiar, mostrando cómo una decisión de tal envergadura puede afectar a toda la familia. 

La fotografía, que favorece los gestos cotidianos (silencios en la mesa familiar, acciones domésticas), se caracteriza por una luz natural, una iluminación que imita la luz doméstica real de los espacios, con tonos suaves en interiores familiares, o colores neutros o apagados, que nos adentran en una atmósfera íntima y recogida, coherente con el drama familiar. Los espacios (el convento o la casa familiar) también son realistas. La película está filmada en planos largos, que dejan respirar la escena, con encuadres que dan protagonismo a los personajes. La cámara acompaña a los personajes como si escucháramos lo que ocurre entre ellos, sumergiéndonos en su intimidad, con el empleo de planos medios (los más frecuentes, que nos muestran a los personajes de cintura hacia arriba), que nos permiten ver sus gestos y reacciones emocionales sin aislarlos del entorno, a través de los cuales asistimos a conversaciones familiares. Empleo asimismo de primeros planos (los rostros ocupan gran parte del encuadre) en momentos de tensión emocional o introspección para enfatizar miradas,  silencios y gestos a través de los cuales percibimos la psicología de los personajes. Uso de planos fijos, con pocos movimientos de cámara, o movimientos suaves (panorámicas o desplazamientos lentos), lo que refuerza el realismo. La composición del encuadre es naturalista, vemos a los personajes integrados en espacios cotidianos. La posición de los cuerpos dentro del plano comunica relaciones entre personajes, cuando aparecen separados en el encuadre es indicativo de distancia emocional entre ellos. 

La dirección artística sigue la misma línea que la fotografía y la puesta en escena, con realismo, sobriedad y atención a detalles cotidianos. Con espacios reconocibles, creíbles, que reflejan la vida familiar y el conflicto interior de la protagonista, una casa familiar con muebles comunes y objetos funcionales. Se da un contraste visual entre espacios familiares (llenos de objetos que procuran sensación de vida cotidiana) y religiosos (vacíos, ordenados, austeros), lo que ayuda a expresar el conflicto entre la vida familiar y la vocación religiosa. Todo está pensado para reforzar el drama íntimo sin distraernos con un diseño llamativo. 

Al igual que el vestuario, que es sencillo, realista y poco llamativo, con colores sobrios y ropa cotidiana, cuya función esencial es apoyar el realismo de la historia y definir a los personajes sin distraernos como espectadores. 

El montaje, que deja que las emociones y silencios de los personajes fluyan de modo natural, imprime un ritmo pausado, coherente con el tono íntimo del drama familiar. Mantiene planos largos y evita cortes rápidos. Las escenas duran lo suficiente para que podamos percibir la tensión familiar y el conflicto interior. Las transiciones entre escenas suelen ser por corte directo, respetando la continuidad espacial y temporal. No hay saltos temporales bruscos ni estructuras fragmentadas para darnos la sensación de estar observando en directo la vida de la familia. El montaje se centra en las miradas entre personajes, momentos incómodos en la mesa familiar, gestos después de una conversación importante, lo que refuerza el subtexto emocional. 

El sonido y la música siguen la misma lógica estética que la fotografía y el montaje: sobriedad, naturalismo y discreción. Con el objetivo de reforzar la intimidad familiar y el conflicto interior de  Ainara. Predominan los sonidos ambientales y cotidianos, realistas, como las conversaciones familiares, los sonidos de la casa (puertas, platos, pasos), el ruido ambiente de los espacios interiores… como si estuviéramos dentro de la casa o del espacio religioso.  En muchas escenas no hay música de fondo, se dejan pausas entre diálogos, se escuchan pequeños sonidos del entorno. El silencio refuerza la tensión emocional y los conflictos no expresados entre los personajes. 

La música, que acompaña de un modo discreto en momentos clave, aparece de forma puntual, con entradas musicales breves, volumen bajo, melodías simples o minimalistas. A través del diseño sonoro podemos diferenciar espacios familiares (sonidos cotidianos constantes, ambiente más cálido) y espacios  religiosos (silencio; reverberación o eco suave, atmósfera espiritual).

El final de la película se presta a varias interpretaciones, porque es abierto y simbólico, deja espacio para la reflexión sobre la vocación, la libertad y las relaciones familiares. Se sugiere que Ainara decide, de un modo consciente, seguir su camino espiritual y entrar en el convento como un paso hacia la independencia emocional y espiritual. No sabemos, como espectadores, si la vida de Ainara será un camino de rosas o de espinas (o un término medio) dentro del convento.

El final muestra que, aunque no todos los personajes compartan su decisión, la respetan, porque la película parece no juzgar la fe ni la vocación, sino que explora cómo una decisión de tal calibre puede transformar las relaciones familiares. La familia de Ainara aprende a aceptar la diferencia, si bien se deja en evidencia la tensión entre el amor familiar y libertad individual.

Conclusión

La cineasta Alauda Ruiz de Azúa, que se define como no creyente, dice que le gusta el cine que nos permite hacernos preguntas, pero no le gusta aleccionar. "La película invita a hacerse preguntas complejas sin caer en maniqueísmos", asegura, porque "las lecturas literales de las películas se pueden hacer, pero creo que el cine tiene la capacidad de evocar cosas muy interesantes", añade. En cualquier caso, Los domingos, según ella, invita al público a sacar "sus propias reflexiones y a pensar por sí mismo o reflexionar con otras personas". Así, su objetivo es "honrar el pensamiento crítico y defender la autonomía del espectador frente a dogmas o adoctrinamientos".

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